LAS MISIONES DE LOS EJERCITOS

Ejes conceptuales que sirvieron de base a la ponencia del Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General Martín Balza, en la XIX Conferencia de Ejércitos Americanos


Hace dos años, cuando se reunía la XVIII CEA, nadie pudo imaginar a pesar de los sensibles y poderosos sistemas de información existentes, la nueva situación político-estratégica que se configuraría en el mundo algunos meses después y, consecuentemente, no se acordaron bases para enfrentarla, lo que nos motiva a meditar profundamente sobre esta circunstancia y la actualidad.
Es así que en poco tiempo pasamos de un mundo bipolar y supuestamente predecible, a otro multipolar, fracturado e inestable. La racionalidad político-estratégica propia de la guerra fría, perdió su vigencia instalándose una nueva lógica, aún no definitivamente estructurada.
En apretada síntesis, la nueva situación internacional, que evoluciona a partir de fines de 1989 con la caída del Muro de Berlín, la desintegración del bloque del Este y del Pacto de Varsovia, el colapso económico de la URSS, el conflicto del Golfo Pérsico y el despertar de nacionalismos latentes, evidencia que el viejo orden, basado en la denominada Guerra Fría y asentado en el eje Washington-Moscú, ha perdido vigencia. De hecho, esta situación ha generado una situación internacional, todavía no muy precisa ni definida, pero de la que se habla, generalizando situaciones, simplificando problemas y extrayendo conclusiones no siempre ajustadas a los hechos y tendencias.
Una de estas simplificaciones está referida a la aparición de un nuevo rol o misión a las Fuerzas Armadas, sugiriendo que las misiones de los Ejércitos están supeditadas a los cambios de la situación macroestratégica.
El proceso de consolidación de los nuevos roles de liderazgo mundial, las tensiones demográficas, los espacios vacíos, las disputas por los recursos y los mercados, la presencia de enclaves coloniales irritantes, la desigualdad de oportunidades para el desarrollo económico, los problemas limítrofes territoriales no resueltos, los sistemas sociales atacados por la corrupción sistemática, la emergencia de nacionalismos disgregacionistas, la intemperancia religiosa, las amenazas ecológicas, la proliferación de armamentos, la producción y tráfico de drogas y otros flagelos de sometimiento social, enmarcan los síntomas más visibles del actual panorama estratégico regional y mundial.
En ese escenario, se estaría conformando una estructura de relaciones, aún en proceso de desarrollo y sin consolidación definitiva. Esto nos coloca frente a una coyuntura transitoria y cambiante, de impredecible evolución.
Existen por ello para los Ejércitos, misiones permanentes y trascendentes, y roles secundarios. Al diseñarlos con vistas al futuro, en un marco de incertidumbre, no podemos seguir derroteros que hipotequen el porvenir. Parece entonces mucho más sensato, reflexionar respecto de nuestras misiones permanentes, nuestros intereses y las amenazas probables y nuestras experiencias.
Los roles secundarios en cambio, son los que ofrecen, a nuestro juicio, las mejores posibilidades para avanzar hacia un sistema de seguridad de complementación regional apoyado en las bases legales que estatuya cada Gobierno, preservando cada identidad y con sincera vocación integradora.
Para desarrollar esas ideas afirmamos entonces que la desaparición de la denominada "Guerra Fría" y de la bipolaridad, acrecienta nuevamente la importancia de las Naciones en un mundo multipolar, fuertemente interdependiente.
Las alianzas o bloques, basados en intereses comunes, tendrán un peso significativo en la capacidad de negociación y el aislamiento, voluntario o forzado, constituirá una forma de discriminación costosa.
El ejercicio del liderazgo de estos nuevos subsistemas del orden político mundial, puede ser motivo de fricciones y de mutaciones. Estas organizaciones fragmentarias deberán contar entonces con mecanismos de solución de controversias que podrán disminuir la repercusión de los conflictos regionales a escala mundial, pero, paralelamente, incrementarán la posibilidad de conflictos regionales, generando situaciones de inestabilidad y de crisis.
Este nuevo marco internacional impone a las Fuerzas Armadas nuevas exigencias, pero sin constituir con ello una rémora financiera, ya que las sociedades hoy priorizan mayores inversiones en desarrollo y bienestar antes que en defensa militar. Dentro de este marco situacional, deberá establecerse con claridad, la exigencia presupuestaria, que asegure una capacidad de defensa suficiente ante el cuadro de amenazas y riesgos probables.
Dentro de este planteo, la democracia se muestra como la forma de gobierno y el estilo de vida más apreciado y será condición de acceso a las relaciones internacionales. Se establecerá así, un nuevo código de valoración entre Estados, basado en la legitimidad.
Esta situación que hemos descripto, caracterizada por el fin de la bipolaridad y de la lucha ideológica Este-Oeste, ha generado una tendencia despreciativa del valor, de la función militar.
Sin embargo, desde el momento en que el conflicto es inherente a toda sociedad y está omnipresente en cualquier tipo de relación, resulta improbable su superación definitiva. Por tal motivo, no podemos relativizar la misión general y primaria de las Fuerzas Armadas cual es conformar un instrumento militar efectivo para preservar los intereses vitales de la Nación, transformándose globalmente, en un elemento disuasivo de defensa creíble.
Esta misión primaria o principal se mantiene invariable a través de los tiempos más allá de la organización política de la que se forme parte y de las eventuales circunstancias históricas. Permite a los Estados ejercer plenamente su soberanía y disponer de lo propio, da tranquilidad en el diario trajinar y brinda libertad en la elección del progreso en paz.
La prevención, el control y su contribución a la solución de conflictos en el ámbito de la política constituyen la esencia de esta misión primaria o principal, y es el factor determinante de la necesidad de un Ejército.
Los Ejércitos son también parte del progreso y bienestar de los pueblos, para ello cumplen roles secundarios que tendrán solo las restricciones propias de la ley.
Su organización y capacidad técnico-operacional les permitirá ejecutar con eficiencia funciones secundarias segregando elementos para cumplir misiones de paz, desempeñarse como Fuerzas de Interposición de la ONU, o eventualmente, de la OEA, integrarse con naciones vecinas para actuar ante cataclismos o desastres de la naturaleza y cubrir con flexibilidad y eficiencia otros roles propios a su singularidad. Asimismo deberán estar en aptitud de apoyar la lucha contra el narcotráfico que ejecuten otras organizaciones no militares en sostén técnico de comunicaciones, logístico, de transporte, y sanitario.
Estas funciones secundarias se incrementarán posiblemente en el futuro y representarán una mayor exigencia de equipamiento y de capacitación técnica.
Los Ejércitos deberán emplear la masa de los recursos disponibles para acrecentar su nivel tecnológico con materiales de última generación, desarrollando un instrumento militar equilibrado cualitativa y cuantitativamente. Este avance debe transformarse en un factor de integración y estabilidad para la región y, permitirá acortar la brecha existente con los países más desarrollados.
Concretado el precedente desarrollo conceptual, podemos afirmar de manera sintética que la misión del Ejército puede expresarse de la siguiente manera:

MISION DEL EJERCITO

Disponer en el marco específico y en el de la acción militar conjunta una capacidad de disuasión creíble, que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales.
SUBSIDIARIAMENTE
1. Participar en misiones de organizaciones militares de paz.
2. Prestar apoyo logístico, de asesoramiento técnico, de comunicaciones y de transporte en la lucha contra la narcosubversión.
3. Colaborar con medios y personal para hacer frente a desastres naturales que afecten a los bienes y a las personas.
4. Brindar apoyo a la comunidad explotando su capacidad de organización y técnica operacional.

El 27 de junio de 1990 el Presidente de los Estados Unidos propuso la llamada "Iniciativa para las Américas", proyecto de zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
La República Argentina, como otros países de la región, adhirió a la iniciativa en el convencimiento de que la tendencia económica mundial se orienta a la conformación de alianzas o bloques ante los que la marginalidad y el aislamiento conducen a la pobreza y a la irrelevancia internacional.
Pero debemos comprender, con una dosis de realismo político y económico, que esta integración es, en el corto plazo, dificultosa para nuestros Ejércitos, ya que no existe integración militar posible sin equilibrio estratégico. Esta condición es imprescindible antes de integrarnos en plenitud aunque ello no implica carrera armamentista alguna.
A pesar de esta objeción, los Ejércitos de América deben comenzar sus tareas de complementación para acompañar a sus países en esta ansiada construcción del bloque americano.
Los sectores militares deberán adaptarse por ello a las nuevas circunstancias y ser elementos potenciadores de las posibilidades favorables a la prosperidad de sus naciones.
Los Ejércitos no pueden ni deben quedar al margen de esta discusión, por lo que deberían ir reflexionando sobre la manera de acompañar a sus Gobiernos, materializando esta intención mediante acciones concretas de complementación y cooperación entre los Ejércitos de la región.
En tal sentido, el encaminarse a un sistema de intercambio de expertos y a un adiestramiento combinado que respalde técnicamente la proyección de la región en el mundo, puede ser el primer paso hacia esa complementación.
En las postrimerías de este siglo asistimos al nacimiento de un orden internacional aún incierto pero que obliga a tomar decisiones estratégicas trascendentes. En este mundo nuevo, la tendencia a la globalización económica y la importancia creciente de los organismos internacionales parece afirmarse, dando paso a nuevos bloques y nuevas alianzas.
La República Argentina, junto con Brasil, Paraguay y Uruguay, han iniciado acciones efectivas de integración en el marco regional y a las que, no dudamos adherirán los otros vecinos del área con quienes mantenemos excelentes relaciones.
Desafío para nuestra capacidad creadora y apelación a nuestra responsabilidad como pilares de la defensa de cada uno de nuestros países, será proponer a nuestros respectivos Gobiernos la manera inteligente de avanzar en esta integración respetando las características y la misión permanente de cada Ejército en cada país.
Creemos que el principio de esta integración debe ser, como ya hemos expresado, la complementación de roles en las funciones secundarias, fundamentalmente, en el campo científico y tecnológico de la educación, del apoyo a la lucha contra el narcotráfico y ante desastres y catástrofes naturales, quedando el efecto de disuasión que el instrumento militar debe proporcionar ante la amenaza y la agresión, una responsabilidad indelegable y no subrogable de cada Estado y de cada Ejército.
El desafío futuro, al que necesitamos entrar con decisión, consiste entonces en identificar las alternativas que el orden internacional en construcción genera, en revitalizar las misiones tradicionales y trascendentes de los Ejércitos y, paralelamente, en ajustar los roles secundarios a la nueva situación estratégica, avanzando firmemente en la complementación como manera de integrarnos, manteniendo nuestra singular identidad, para aportar a la paz y seguridad la vocación solidaria de nuestros jóvenes y pujantes pueblos.



Actualizado: 19/04/96 10:20:15 AM
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