Base de Datos SER en el 2000



DE LA INSEGURIDAD A LA SEGURIDAD
Lic. Jaime Garreta


Al plantearse el debate de los diferentes problemas que plantea el abordaje del concepto de seguridad, su redefinición, su aplicación en los niveles internacional, regional, nacional o interno, le plantea la decisor político, al analista y hasta al investigador una situación paradojal inmediata.

Por un momento daría la impresión de que sabemos exactamente cuál es el objeto de nuestro análisis, cuáles sus características, -la multidimensionalidad por ejemplo-, las herramientas más adecuadas a utilizar en cada una de sus dimensiones, los niveles, asi como también sus límites y limitaciones.

Al momento siguiente somos presas de la impresión contraria y sentimos que entramos de lleno en un laberinto analítico, conceptual y práctico, donde todo se torna ambiguo y resbaladizo. La seguridad aparece como un concepto que abarca y contacta muchas cosas y planos pero que su comprensión no nos devela ni su esencia, ni la red de relaciones que subyace entre el concepto y las cosas a las cuales remite, contacta o para las que tiene que ser operativa.

De este modo, el tema de la seguridad, su definición conceptual, su organización para operar en la realidad se torna caprichoso, inconexo, por fin : INASIBLE.

A modo de ratificación de lo dicho: ¿Qué sucede cuando uno se propone, con la mejor intención, buscar una definición clara, concisa y práctica del concepto de seguridad? La mayoría de las veces no nos podemos poner de acuerdo en que hemos hallado alguna. De todos modos, cuando la hallamos y aún reconociendo que la definición bien puede ser provisoria, ésta casi siempre resulta : Poco operativa, demasiado generalizante, escasamente abarcativa de la realidad que pretende definir, anticuada, demasiado específica o bien muy superficial. Sin duda, un tema complejo...

Por ello, y sin desmedro de aceptar que la provisionalidad en materia de definiciones conceptuales no es "pecado capital" o sin dejar de valorar adecuadamente la importancia de los planos técnicos y teóricos, hemos preferido aquí, abordar el tema de la seguridad desde un ángulo diferente que nos permita otra comodidad y flexibilidad para analizar la ecuación hombre-seguridad.

Pero antes de abordar la temática en sí, desearíamos destacar algo en lo que, a nuestro juicio, hay que ser categóricos: permanentemente oímos hablar de los "PROBLEMAS DE LA SEGURIDAD" o de los "PROBLEMAS DEL CONCEPTO DE SEGURIDAD".

Admitimos que este tipo de afirmaciones tiene una capacidad simbolizante real en quien la piensa y para quien la escucha. El problema es que lo que denota la idea de "que la seguridad tiene problemas", es precisamente lo que nos conduce al marasmo de la confusión, al mismo tiempo que nos impulsa al retoque y ajuste permanente del concepto, para ponerlo supuestamente así, en armonía con las cuestiones que teóricamente debería resolver.

A nuestro entender, no deberíamos aceptar para nada la idea de que el "concepto de seguridad tiene ¿padece? de problemas" y que por lo tanto debemos rápidamente correr a revisarlo, renovarlo o agiornarlo para hacerlo funcional a los nuevos tiempos que corren. No ! El concepto de seguridad no tiene problemas. El aspecto problemático, entonces, debe residir en algún otro lado.

Deseamos aclarar antes de seguir que lo dicho no nos impide poder reconocer que es aceptable hablar de que pueden existir "problemas" en el plano del modo en que se aplica o despliega operativamente el concepto de seguridad.

Afirmamos entonces que el problema en esta cuestión no está donde generalmente se piensa que es en : el nivel de la conceptualización de la seguridad.

El problema, a nuestro juicio, reside en la manera cambiante en que se expresan los temores y las amenazas en la conciencia del hombre.

Podríamos, por contraposición, decir que el problema permanente está en la INSEGURIDAD DEL SER HUMANO, y más aún, en la cambiante percepción que de esa inseguridad éste tiene.

Finalmente nos parece más adecuado abordar el concepto de seguridad como la respuesta que el hombre procura para resolver esa percepción cambiante de su inseguridad, sea en el plano de lo individual, de lo ciudadano, de lo estatal, de lo regional, de lo internacional, o bien que lo tomemos en el continuo de la evolución histórica del hombre desde los albores de la civilización hasta nuestros días.

El objetivo de la idea de seguridad para el hombre es, a nuestro juicio, la búsqueda permanente de modos concretos que le permiten achicar la distancia permanente que siempre existe, en cada momento y en cada plano, entre la inseguridad objetiva y la percepción que de ella éste tiene. Ello con la misión, a su vez, de restablecer el equilibrio entre esas dos variables para que el nivel de incertidumbre al que el ser humano se ve sometido se torne tolerable.

De esta idea se deriva que el concepto de seguridad será siempre provisional, debido a su estrecha vinculación con la tan dinámica percepción que de las amenazas que el hombre, o si se quiere la sociedad, van teniendo en cada momento histórico.

Es dentro de los límites de este enfoque que debemos procurar colocar el debate más puntual sobre la supuesta controversia entre seguridad pública y seguridad privada, que por otra parte es el eje temático de este número de la revista.

Al respecto de este debate, lo primero que deseamos consignar es que, aún cuando aceptamos que existe una diferencia entre el sujeto que brinda la seguridad pública y el que brinda la seguridad privada, ninguno lo hace en desmedro del otro. Ello, independientemente de la calidad del servicio que unos y otros realmente brinden. Seguramente siempre será atinado analizar y evaluar los niveles de eficiencia de la operativización del concepto de seguridad, para corregir y mejorar el servicio que tanto la seguridad pública o la privada brindan (ello ayudaría a reducir en todo caso el nivel de percepción de inseguridad del ciudadano) pero claro, esto no es el motivo que nos preocupa hoy aquí.


Lo que en verdad nos importa discernir aquí, es que así como la seguridad pública procura dar respuesta desde el Estado y en un nivel mínimo suficiente a la percepción de inseguridad que el hombre tiene en tanto ciudadano de un país, la seguridad privada propende a dar respuestas, desde aquellas empresas privadas, habilitadas legalmente y que operan dentro del marco normativo jurídico que hoy prevé el Estado, a las nuevas percepciones de inseguridad del hombre, ya no tanto en su calidad de ciudadano, cuanto en su rol de actor social de esa cada vez más compleja red que tanto el desarrollo de las nuevas tendencias internacionales y su reflejo en lo nacional han ido generando. Red que constituye el tejido de lo más sofisticado de nuestra sociedad moderna y que está constituído, entre otras cosas, por la aparición de nuevas elites, nuevas formas de agrupamientos urbanos, por complejos emprendimientos industriales y de servicios de todo tipo, que requieren una presencia diferente del factor seguridad en el sentido de más amplia, más permanente e infinitamente más diversificada.

Es evidente que tanto la revolución científico tecnológica, la globalización, las modificaciones producidas en el mundo tras la caída del muro y la implosión de la ex URSS, ha traído aparejado profundos cambios para los hombres en todas las latitudes, al tiempo que también les ha producido cambios en los esquemas sobre los que tenían planteada su red de relaciones en los diferentes niveles y dimensiones. Todo esto, claro está, ha generado rupturas de los antiguos equilibrios existentes a todo nivel entre la inseguridad y las percepciones que de ésta tenían los hombres.

Por ello, el ser humano comienza a desarrollar, al mismo tiempo que aparecen nuevas amenazas y desaparecen otras, nuevas maneras y combinaciones de respuesta a todos los niveles para restablecer ese "umbral de incertidumbre tolerable" dentro del que puede seguir siendo productivo, creativo y transformador de su mundo circundante que, admitámoslo, desde siempre, le ha planteado más interrogantes e incertidumbres de las que está en condiciones de resolver.

Los cambios, al generar nuevas incertidumbres, plantean, entonces, nuevas demandas de seguridad. Ello es así tanto en lo que concierne a la seguridad internacional, a la seguridad regional, a la seguridad nacional y a la seguridad pública ciudadana, como así también a ese nuevo tipo de seguridad que denominamos la seguridad privada, que nace no tanto de las deficiencias de la seguridad pública como se ha venido planteando, como de la irrupción de nuevos actores demandantes de este servicio como lo son los ejemplos antes dados y otros tales como: la informática como fenómeno omnipresente en la vida cotidiana, la necesidad de un espectro radioeléctrico que garantice no sólo comunicaciones seguras sino un flujo permanente de éstas, el tránsito de mercancias a nivel nacional o regional, la protección del flujo permanente de ciertos recursos energéticos de quien el Estado se ha desligado para su obtención, producción o comercialización, etc.

Del mismo modo, debemos consignar aquí la aparición de nuevas formas delictivas que requieren complejos sistemas de seguridad para conjurarlas que el Estado no posee ni está en condiciones presupuestarias de poseer en lo inmediato y que, por lo tanto, lo resuelve subcontratando los servicios de empresas privadas -quienes trabajan por propia cuenta y riesgo- para que sean éstas las que provean los tipos puntales de seguridad requeridos.

En síntesis, así como la sociedad actual nos va planteando en su compleja riqueza nuevos problemas y por tanto, nuevas incertidumbres, nuestra respuesta humana a ellos, dentro de esta idea de restablecer permanentemente el equilibro de "incertidumbre tolerable", debe basarse en principio en la idea de cambio de respuesta permanente a cada dimensión y nivel en que se ve modificada la "percepción de inseguridad de la sociedad".

Al mismo tiempo y a modo de eliminar el riesgo de los errores que por exceso o por defecto genere esta dinámica de cambio permanente en la respuesta de seguridad, es que debemos recostarnos en la confianza de nuestra riqueza institucional, que con una adecuada conducción política, con una participación activa de las instituciones del Estado, sociales, no gubernamentales, pero también del ciudadano mismo ejerciendo sus derechos constitucionales, permitirá ir construyendo una realidad que abra el camino a nuestra comunidad para que alcance los objetivos de una mejor calidad de vida en un marco de progreso y paz.

Es indudable también que para que ésto sea posible debemos vivir como sociedad en el espíritu y bajo el principio que dice :"TODOS Y SIEMPRE ESCLAVOS DE LA LEY".






Actualizado: 14/08/97 3:03:10 PM
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