EL DEBATE SOBRE INTEGRACION REGIONAL Y DEFENSA EN CHILE


La idea de la seguridad compartida no puede regirse por meras consideraciones principistas. Cotejar las verdaderas percepciones de amenaza que tienen los países de la región implica comenzar la tarea de crear confianza mutua partiendo desde la realidad por más dura que ella aparezca. Es con esta idea que la Dirección de SER ha querido presentar estos materiales elaborados por académicos y actores de la defensa chilenos, donde pueden detectarse tanto las percepciones de amenaza a la seguridad como tanbién la conciencia de la necesidad de promover la integración regional e involucrar en ella a las políticas de defensa.
En primer lugar, ofrecemos el debate producido en relación a la oportunidad o no de integrar un sistema defensivo sudamericano, que tuvo como eje la publicación del libro "Defensa Chile 2000", del académico chileno Daniel Prieto Vial, del cual ofrecemos los párrafos en cuestión. Y junto con ello, el comentario realizado al mismo por el Mayor General Alejandro Medina L., y la réplica de Prieto Vial.
A continuación, presentamos las conclusiones principales presentadas en un Seminario organizado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Armada chilena y el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile, acerca de la cooperación económica e integración con Argentina.

Sudamérica requiere defenderse coordinadamente
Daniel Prieto Vial (*)




Desde que se firmó el Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile por la disputa austral, y tras la mejoría de las relaciones con nuestros vecinos (especialmente Perú), es legítima la interrogante acerca de qué perspectivas tendrán ahora las Fuerzas Armadas de nuestros países, ya que su razón de armarse y perfeccionarse deja de tener sentido con el acuerdo.
En realidad ahora se da una oportunidad histórica para los institutos armados de los países del Cono Sur: coordinar su potencia militar para objetivos comunes.
Las Fuerzas Armadas siempre son necesarias si la intención es mantener una paz estable, basada en ciertos grados de equilibrio y disuasión, como lo señala la experiencia histórica. Sin embargo, la maquinaria militar se anquilosa, y pierde motivación, si no se le da un desafío real sobre el cual trabajar.
Chile podría trabajar con Argentina para la defensa conjunta del Atlántico Sur, del Pacífico Sur, de los pasos australes y de la Antártida. Más aún, podría realizar ejercicios militares conjuntos orientados a este propósito.
Para ello se hace necesario, como primer paso, romper el esquema de rivalidades vecinales, organizando pequeños -pero crecientes- entrenamientos conjuntos entre nuestras Fuerzas Armadas para objetivos de interés común, cada vez más ambiciosos. Por ejemplo, nuestra Armada podría invitar inicialmente a un destructor argentino a realizar ejercicios con nuestra Escuadra en el Pacífico. A su vez, Argentina podría invitar a un buque de guerra chileno equivalente a participar en los ejercicios de FLOMAR (Flota del Mar) en el Atlántico Sur. Un pequeño hecho como ese introduciría un importante cambio histórico.
Más tarde estos ejercicios navales se podrían ampliar a mayor cantidad de unidades, incorporando a las fuerzas aéreas, y a unidades móviles de los ejércitos, planteando hipótesis de defensa del continente, o de áreas de éste, ante amenazas de conflictos internacionales que de un modo u otro afecten nuestros intereses.
También Uruguay, y más tarde Paraguay, podrían integrarse a una eventual alianza denominada Cono Sur, que trabajaría como un sub-bloque latinoamericano, tras la búsqueda de una nueva entidad. Esta entidad nos sacaría poco a poco de una perspectiva meramente regional, casi provinciana, otorgándonos una proyección interamericana y aún mundial, donde podríamos tener un mayor peso relativo, fruto de esta nueva unión.
Si Brasil hace otro tanto, y, finalmente, se incorpora el Pacto Andino, se habrá logrado la coordinación de los tres bloques para hipótesis de defensa sudamericana conjunta. Ello se puede traducir en hechos concretos como la lucha mancomunada contra el terrorismo, la defensa de las vías de comunicación marítima y las operaciones de vigilancia aérea de carácter subcontinental.
Complementariamente con el afianzamiento del Cono Sur y el Pacto Andino, deben considerarse independientemente las realidades de los teatros del Pacífico y del Atlántico. Chile podría coordinarse con Perú para iniciar un programa de ejercicios navales, aeronavales y aéreos en el Pacífico. Asimismo, se podría coordinar en ejercicios combinados conjuntos con fuerzas terrestres de intervención a gran distancia. Ambos países son las mayores potencias militares del sector Pacífico sudamericano. Si se pudiera superar las irracionales desconfianzas mutuas, podrían reorientar sus políticas de seguridad, sumando sus fuerzas (en vez de neutralizarlas mutuamente con la competencia vecinal como ocurre hoy), adquiriendo así un peso específico enorme en este sector del mundo. Ambos países deberán, a su vez, convidar a Ecuador y Colombia, para combinar un programa de defensa naval y aeronaval en el Pacífico sudamericano. También Venezuela participaría dentro de un programa de coordinación de fuerzas terrestres, para hipótesis de intervención sobre la inestable zona de centroamérica. Sin embargo, su fuerza naval debe quizás combinarse con Brasil, en lo que es el Atlántico.
De este modo se pueden entrelazar las relaciones militares en un tejido que contempla diversas formas de participación y coordinación entre las Fuerzas Armadas sudamericanas.
El desarrollo de cómo lograr todo esto es, por falta de espacio, materia de otro trabajo. Lo importante primero es crear conciencia de la necesidad de hacerlo y tomar la iniciativa -y el liderazgo si es posible- planteando su urgencia a nivel del "continente" sudamericano.

¿Por qué no se intentó antes?

Hay diversas hipótesis para explicar la división iberoamericana. Una de ellas señala que Inglaterra -a pesar de ser circunstancialmente aliada de España- contribuyó a la independencia iberoamericana, con el fin de destruir, y después atomizar, al Imperio Español. Influyó para ello en Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Bernardo O'Higgins, Andrés Bello, López Méndez, etc. Ya antes Inglaterra intentó apoderarse de estratégicos sectores de América del Sur (las fracasadas expediciones a Venezuela en 1806 y Buenos Aires en 1805 y 1807). Desde entonces Inglaterra, en su carácter de imperio mundial, ha jugado un astuto rol de "dividir para reinar", política que también podría haber desempeñado posteriormente EE. UU. para ejercer su propia hegemonía en el área.
Si bien es posible que haya mucho de cierto en todo eso, no podemos eludir la responsabilidad que nos cabe a los propios iberoamericanos (y especialmente a los sudamericanos) en nuestra desunión. Los próceres americanos que combatieron en España contra Napoleón -Carrera, San Martín, Alvear, Blanco Encalada, etc.- tuvieron una visión inicial conjunta y coordinada de su quehacer. Pero después, durante las guerras de la Independencia, se produjeron enormes divisiones entre las sociedades criollas hispanoamericanas. José Miguel Carrera, en su estadía en EE. UU. durante 1815, escribe a Simón Bolívar (exiliado en Jamaica) proponiéndole ya entonces un proyecto para elegir un solo representante sudamericano en EE. UU., fletar una escuadra común y adoptar una coordinación militar para la defensa sudamericana conjunta, que de haber prosperado, habría dado pie a los Estados Unidos de Sudamérica. Más tarde Bolívar hizo suya esta idea cuando propuso el Congreso de Panamá, pero se volvió a fracasar.
Después del caos posterior a la Independencia, vinieron las primeras guerras nacionales y las disputas territoriales. Los nuevos estados no tenían un proyecto geográfico previo claramente delimitado. Ello causó enormes problemas para fijar los límites. Los conflictos generados terminaron por afianzar las nacionalidades y la separación de los nuevos estados.
En la división sudamericana posterior, ha tenido un importante papel la forma de interpretar y escribir la historia de cada país. Ella ha estado orientada a afianzar la propia personalidad -y tradición nacional- en competencia geopolítica con el estado vecino.
En un esquema de rivalidades, es lógico que las Fuerzas Armadas de cada país deben prepararse para imponer su capacidad o resistir al vecino. Sin embargo, a estas alturas de nuestra evolución histórica, podemos sondear la posibilidad de volver a la cooperación.
En efecto, hoy se dan nuevas condiciones -enfrentados a tantos problemas y desafíos comunes como estamos- para intentar una nueva orientación geopolítica conjunta a nuestras sociedades y sus institutos armados, del tipo que propuso Carrera allá por 1815. Para ello será necesario objetivizar cada una de las historias nacionales, y englobarlas en una historia común, de carácter continental (sudamericana), que no fomente odio, el recelo o las antipatías mutuas.
Por ejemplo, en Perú se ha enseñado una historia antichilena en la educación escolar y militar, indicando todo tipo de supuestas atrocidades que el Ejército chileno habría cometido al tomarse ese país en la Guerra del pacífico. En Bolivia ocurre otro tanto. En Chile se enseña que Argentina nos quitó la Patagonia, que era nuestra. En Argentina se enseña que Chile les quitó el Estrecho de Magallanes, la mitad de la isla grande de Tierra del Fuego y la Patagonia Occidental. Lo mismo ocurre entre Bolivia y Perú, entre Ecuador y Perú, entre Colombia y Venezuela, también entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Argumentos como estos se utilizan generando interpretaciones históricas mutuamente odiosas, que sólo contribuyen a separarnos. Lo mismo ocurre entre todos los países sudamericanos.
Las diferencias históricas empezaron ya al escribir los hechos de las guerras de la Independencia. La historia que conocemos, aún cuando es cierta, responde sólo a líneas exclusivamente nacionalistas de interpretación, realizadas por lo demás muy posteriormente a la época y a los acontecimientos que relatan. Esa visión patriótica puede también ser compatibilizada hoy día con una visión global conjunta, que reconozca que decenas de próceres españoles y argentinos intervinieron en Chile y en Perú, que también decenas de próceres chilenos intervinieron en Argentina, Perú y en Bolivia, así como también intervinieron allá próceres venidos de lo que hoy es Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador (en-tonces llamada la Gran Colombia), etc. También Brasil intervino en la formación de Uruguay y en las luchas federales argentinas. En realidad todo esto fue accionar común, de carácter sudamericano (e incluso iberoamericano), roto sólo años después con las guerras argentino-brasileñas; boliviano-peruanas; chilena en contra de Perú y Bolivia; Argentina contra Bolivia; y también, de Brasil, Uruguay y Argentina contra Paraguay, etc.

Conflicto vecinal (**)

También Chile debe estar preparado para la eventualidad de que no prosperen nuestras ideas de coordinación sudamericana, tanto en defensa como en todas las otras formas de cooperación e integración que se están proponiendo e intentando en la actualidad.
Ello puede generar amenazas que nos obliguen a enfrentar una agresión vecinal unilateral, bilateral o trilateral. Ello podría parecer, a nuestro eventual agresor principal, el arreglo de mayor interés. Es bien sabido la alta reputación bélica que tiene históricamente Chile en Sudamérica. Ello refuerza la hipótesis de que parecerá conveniente a nuestros enemigos la coordinación antichilena entre dos o más países, también vecinos de Chile, de modo de tener mejores expectativas de éxito. Esto supone que nuestro país debería enfrentar dos o más agresores sucesivos o simultáneos, en un conflicto que podría escalar a grandes proporciones. Ello pondría en grave riesgo la supervivencia de nuestra integridad territorial y aún de la existencia misma del país como nación independiente.
Frente a esto, nuestras Fuerzas Armadas deben accionar con extraordinaria decisión y rapidez. Toda guerra lenta, de desgaste, nos sería, a la larga, perjudicial. Además de todo el accionar diplomático y económico, el papel del frente interno y del frente bélico sería decisivo. El país deberá estar preparado para resistir el embate inicial y retomar cuanto antes la iniciativa, llevando la guerra al territorio enemigo y buscando doblegar su volluntad de lucha en la fuente misma de sus centros vitales y de sus centros logísticos. Este accionar contraofensivo debería poder hacerse sucesiva o simultáneamente, en al menos uno o dos frentes, tanto en operaciones directas como indirectas, con maniobras menores o mayores, en operaciones convencionales o irregulares, en unidades grandes y con-centradas o chicas y dispersas, visibles o clandestinas, pero siempre con doctrinas conjuntas y combinadas, entre fuerzas de aire y/o mar y/o tierra.
Si bien el país debe estar preparado para salir exitoso de esta situación extrema y lamentable, las políticas exteriores y las políticas de las propias Fuerzas Armadas debe procurar, por todos los medios, contribuir al acercamiento con los vecinos, romper los esquemas de rivalidad y procurar la coordinación para objetivos comunes. Todo ello dentro de un respeto mutuo, donde la dignidad de Chile sea estrictamente respetada.
El poder relativo de Chile frente a los vecinos servirá asimismo para negociar una mejor posición, ya que, aún cuando prospere la coordinación militar sudamericana, será razonable esperar varias desaveniencias esporádicas y aún amenazas, las cuales deberemos sortear con éxito, basados también en nuestras fuerzas relativas. El pleno entendimiento prosperará y madurará sólo con el tiempo, y tras un arduo trabajo. En ese sentido no podemos hacernos ilusiones ingenuas.

Comentario a "Defensa Chile 2000"(***)
Mayor General Alejandro Medina L.


El indudable interés que en la actualidad han adquirido los temas relativos a la Defensa Nacional responde a una necesidad y también a una curiosidad.
Necesidad, porque hay una "mea culpa" sobre el histórico descuido con que las élites políticas enfrentaron el tema de la Defensa Nacional en el pasado como acertadamente lo señala Augusto Varas en la presentación del libro y,
Curiosidad, porque la realidad de lo sucedido en Chile, que ya es parte de su historia, demostró la capacidad de sus integrantes para gobernar exitosamente y completar el proceso de transición hacia la democracia, con la entrega ejemplar del poder al gobierno elegido democráticamente, en condiciones que se comparan muy favorablemente con nuestros países hermanos de Latinoamérica, y que posibilitan su éxito futuro, que también es el de Chile, salvo errores garrafales que es deber de todos tratar de evitar.
Y es precisamente ese adecuado equilibrio entre Desarrollo y Seguridad, uno de los puntos cruciales que incide en Defensa Nacional, y que en el pasado gobierno posibilitó priorizar el Desarrollo, superando exitosamente en dos oportunidades la inminencia de una guerra vecinal, gracias a esta fórmula disuasiva basada en una eficiente y suficiente Defensa Nacional.
(...)
La acogida a la solicitud de efectuar un comentario de este libro en mi carácter de Director del Centro de Estudios de la Nacionalidad (CEDENAC), aportando un enfoque especializado fruto de la experiencia y el estudio, corresponde al espíritu que nos anima de lograr la mayor interacción entre todos los organismos de estudios sobre esta temática, de modo de lograr el más alto grado de consenso posible sobre la base del debate que busque las mejores soluciones, con el máximo realismo, como una contribución necesaria para superar mitos y distorsiones propias de la coyuntura, en un tema que es vital para la supervivencia como nación libre e independiente, y cuya proyección y permanencia supera los límites de tiempo no sólo del período de un Gobierno, sino de varios, que pueden ser de distinta orientación política, pero que necesariamente deben compartir la preocupación y responsabilidad por aquello que es esencial para el más alto interés nacional.
Definido el marco global, podemos entrar a analizar el libro que hoy se presenta, con la máxima objetividad y ponderada crítica.
El título del libro, como está en su portada "Defensa Chile 2000", representa acertadamente su contenido y enfoque real pero lo que se agrega de "Una Política de Defensa para Chile", amerita su análisis de detalle, para no caer en la confusión que se observa con frecuencia de elementos que son más bien propios de una "Política Militar", o "Política para las Fuerzas Armadas", que no son lo mismo.
La visión doctrinaria señala que se debe partir de un Objetivo Nacional, como interpretación de las aspiraciones de la comunidad nacional, compulsadas con la realidad internacional y nacional que determinan lo que efectivamente es posible alcanzar, y será este Objetivo Nacional la guía que iluminará la fijación de objetivos para los distintos Campos de Acción, Interno, Externo, Económico y de la Defensa Nacional.
A su vez, para lograr estos objetivos se elaborarán las Políticas correspondientes, que deben estar estrechamente coordinadas entre sí para ser En consecuencia, hablar de Políticas de Defensa, sin hacer mención a cuál es el Objetivo por alcanzar, tanto del sector Defensa como a nivel Nacional, implica un error serio de enfoque, en que hay descoordinación con los otros campos de acción de la actividad nacional, y por ende falta de realismo; por ejemplo, ¿podría a caso fijarse una Política de Defensa sin considerar los recursos económicos necesarios, y cuyo monto global no esté coordinado con la asignación de recursos a las otras actividades nacionales? O incluir actividades como la Espacial, que no están resueltas en cuanto a dependencia y financiamiento.
La estructura del libro comprende una introducción con una visión global y características generales del trabajo, con supuestos escenarios para definir las futuras amenazas y tipo de conflictos que pueden afectar a Chile, y de los tipos de fuerzas y capacidad defensiva a implementar a juicio del autor.
Continúa con un primer capítulo en que establece la tesis de su enunciado que "Sudamérica requiere defenderse coordinadamente", llegando a concluir en la formulación "algún día no lejano, de los Estados Unidos de Sudamérica", con una visión de que es posible un proyecto geopolítico basado en el origen étnico europeo de Chile y Argentina, que permitiría generar políticas militares comunes, las que a su vez servirían de pauta para contribuir a la integración política, económica y social, y sobre todo a afianzar la paz y la seguridad de nuestras sociedades.
Esta tesis es altamente controvertible, basándose en un racismo y más aún en sobreestimar la importancia de políticas militares comunes, suponiendo que pudieran lograrse, como pauta a la integración política, económica y social. Además del natural escepticismo sobre la factibilidad de hipotéticas integraciones, debe establecerse una secuencia distinta, que indudablemente parte de una decisión política y no de una decisión de carácter militar.
Por cierto aparece curioso plantear una política de Defensa para Chile, a partir de su negación como entidad independiente, salvo para reafirmar su necesidad y rebatir a utópicos integracionistas.
En su segundo capítulo "Hipótesis de Amenazas", desarrolla en muy buena forma los escenarios de posibles amenazas, a partir de la de Seguridad Interior con sus componentes subversivos, ideológicos y de desinformación exterior, ya experimentada en Chile y persistente en sus efectos, pese al cambio de gobierno.
Continúa luego con un excelente análisis sobre Conflicto Mundial Convencional prolongado y su impacto en Chile, incluyendo posibles tareas para las FF.AA. en caso de resolverse apoyar a EE.UU. en este tipo de conflicto, cuya escasa probabilidad hace poco conveniente a nuestro juicio considerarla como elemento esencial para la organización y desarrollo de nuestra Defensa.
Finalmente desarrolla la hipótesis de conflicto vecinal, con los fundamentos esenciales que ameritan en excelente forma, que ésta sigue siendo la más probable y peligrosa para Chile, haciéndose cargo de la poca probabilidad de coordinación sudamericana ya comentada previamente.
El tercer capítulo, "Organización de la Defensa" comprende las ideas del autor sobre Estado Mayor Conjunto, Política de Guerra, Política de Armamentos, Política de Exportación de Armamento, Manejo de Crisis y Política Presupuestaria, que obligan a su análisis pormenorizado.
Habría sido preferible titular "Organización del Mando" lo que indica como Estado Mayor Conjunto o Estado Mayor de la Defensa Nacional, ya que además de lo establecido constitucionalmente en relación al Presidente de la República de "Asumir, en caso de guerra, la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas", y la dependencia de las FF.AA. del Ministerio de Defensa Nacional, existe el concepto de comando que comprende un Comandante y un Estado Mayor; en el caso nacional las normas legales establecen la existencia de la Junta de Comandantes en Jefe de las FF.AA., y en caso de guerra la designación de un militar como Comandante en Jefe de las FF.AA., sirviendo a ambos el Estado Mayor de la Defensa Nacional.
Es decir, existe un Mando Militar, que no puede sustituirse por un concepto de dependencia administrativa o funcional, y se basa en el profesionalismo requerido para desempeñar esa función.
Se concuerda absolutamente en el carácter Conjunto que debe ser preeminente, por ser así la Guerra moderna, siendo necesaria para nues-tra solución nacional una conducción mixta de Fuerzas Conjuntas y de Instituciones, según la organización que se dé para cada hipótesis de guerra, y para ello se requiere la más estrecha coordinación e integración en todas aquellas áreas comunes, así como el respeto al desarrollo de aspectos netamente institucionales.
(...)
La inclusión de una mal denominada "Política de Combate" no se puede entender como "Política", por cuanto la normativa para el combate está incluída en los diferentes reglamentos. En lo indicado sobre "Tratamiento de prisioneros", es necesario conocer que ello ha sido y es materia de instrucción, en cumplimiento a las Convenciones de Ginebra y al Derecho de Gentes. Asimismo lo referido a alguna doctrina de guerra psicológica sobre supuestos éxitos de guerra prefabricados, nada tiene que ver con la realidad chilena militar, y en todo caso es parte de la conducción político estratégica durante una guerra, y no la Defensa Nacional.
Lo referido a Política de Armamento comprende algunas ideas valiosas y la creación de una Dirección de Política de Armamento, que el autor asemeja al ARMSCOR, INI o IMI, de Sudáfrica, España e Israel, y que a mi juicio corresponde a una creciente necesidad del desarrollo de nuestra industria de Defensa, tanto estatal como privada, y que en Chile tiene una representación distinta, según funciones directivas, de control o ejecutivas, tanto a nivel conjunto (CONSUDENA y Comité de Adquisiciones y Enajenaciones de las FF. AA.) como a nivel institucional (Ejército con el Comando de Industria e Ingeniería Militar, FAMAE, Complejo Químico e Industrial del Ejército, Instituto Geográfico Militar, Instituto de Investigaciones y Control, etc., sólo para mencionar lo existente en una de las FF.AA.). Lo referido a Política de Exportaciones de Armamento se estima que es parte integral de la concepción nacional que se adopte sobre la existencia y desarrollo de la Industria de Defensa, que por su vinculación intersectorial se estima debiera considerarse en una futura reestructuración del Ministerio de Defensa Nacional, como una Subsecretaría funcional.
Lo desarrollado en "Manejo de Crisis" en realidad es parte del procedimiento a seguir por el Mando Militar Conjunto, y corresponde a la aplicación del concepto C3I (Comando, Control, Comunicaciones e Inteligencia) en los Cuarteles Generales, a partir del que despliega permanentemente el Estado Mayor de la Defensa Nacional, antiguo COFFAA, y con un modernísimo proyecto en desarrollo actualmente, para la conducción y coordinación de operaciones, como Puesto de Mando.
Lo referido a Política Presupuestaria es sin duda una parte esencial de una Política de Defensa, e incluye algunas ideas acertadas y otras que no lo son como por ejemplo el plantear como fuente de recursos la reducción de contingentes en las tres FF.AA., lo que tiene diferente impacto en ellas, obligando a un cuidadoso estudio de los mínimos indispensanbles para poder cumplir su misión, mantener fuerzas en presencia para disuasión, formar y entrenar reservas, dar seguridad, mantener equipos, etc.
(...)
La relación de Fuentes de Fondos y Uso de Fondos evidencia un enfoque prioritario sobre equipos y armamentos y su manejo financiero, omitiendo lo principal que es el Presupuesto Nacional como fuente de recursos, y el elemento humano en cuanto a gastos de personal, alimentación vestuario e infraestructura, que es el esencial de nuestra concepción militar.
Discrepando fuertemente en algunas de las ideas expresadas en el libro que comento estimo que más que pretender dar soluciones parciales sin conocer el problema de fondo de un organismo complejo y equilibrado, que debe ser resuelto por los altos mandos con sus asesorías especializadas, lo que interesa para una Política de Defensa es fijar el marco global, sea en relación al Producto o al Presupuesto, con mínimos asegu-rados en montos o porcentajes, como la actual legislación la considera; de otro modo hay riesgo, interferencias indebidas e ineficiencias.
Los siguientes tres capítulos agrupan las materias referidas al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, con los títulos de Política Militar, Naval y Aérea.
(...)
El autor establece como pilar de la Política "Defensa Chile 2000" el paso al Ejército voluntario, con grandes contingentes de reserva semiactiva, lo que dice permitirá reducir al Ejército desde 57.000 a 36.000 hombres.
Por lo delicado de este tema, su tratamiento superficial puede difundir ideas que son altamente negativas y contrarias al propósito perseguido.
En un somero análisis no se encuentra fundamento alguno para las cantidades indicadas, que en una parte reduce en 21.000 y en otra en 12.000.
La estructura y monto de fuerzas sigue un procedimiento complejo y cuidadoso, ya que debe corresponder a las presuntas amenazas por enfrentar y lograr un mínimo de disuasión y capacidad para enfrentar exitosamente un hecho bélico. Veamos...
Hay que mantener permanentemente fuerzas en presencia con capacidad operacional, restando de la dotación 1/3 del total en período de instrucción mínimo de 6 meses, con un servicio de 18 meses. En un supuesto de 36.000 hombres como postula el autor para un Ejército Movilizado de 100.000, de los cuales 21.000 son soldados, sólo 14.000 podrían estar en Unidades y 7.000 en instrucción, y de esos 14.000 habría que restar 4.000 en funciones de mantenimiento y seguridad (80 cuarteles con 50 c/u), luego quedarían sólo 10.000 para Unidades con capacidad operativa, es decir el 13% de lo mínimo en caso de guerra, distribuídos en miles de kilómetros de frontera, que no da un mínimo de seguridad ni tampoco posibilitan ejercicios superiores al nivel de Brigada en ninguna parte, además de descartar toda posibilidad de cumplir funciones de Seguridad Interior.
Para llegar a la cantidad de 700.000 a 1.000.000 de soldados que el autor dice que Chile debe estar en condiciones de movilizar, con 14.000 soldados anuales en instrucción se demoraría de 50 a 71 años en hacerlo (Reservistas de 20 a 91 años).
Este breve ejercicio creo, demuestra la contradicción profunda en el planeamiento del autor, que no resiste mayor análisis como se ha demostrado.
En lo que sí concuerdo es en la necesidad de un reentrenamiento periódico más intenso de reservistas, lo que tiene las conocidas limitaciones financieras, que es posible superar para poder enfrentar la hipótesis más probable, HV3 [N. de la R.: alianza de los tres vecinos: Argentina, Bolivia y Perú], en que como bien indica el autor la comparación de población al año 2000 será de 1 a 5,4 las tasas de crecimiento actuales de población, respecto a nuestros tres vecinos.
En lo referido al Equipamiento, el autor demuestra su gran conocimiento y experiencia en la industria de armamentos, estableciendo pautas generales sobre lo que debería ser un moderno programa de equipamiento del Ejército del año 2000, pero mezcla condiciones deseables técnicas con ejercicios de ficción, para llegar a determinar cantidades y tipos de elementos principales, tales como aeronaves, tanques, piezas de artillería y morteros con resultados antojadizos e inadecuados.
Por ejemplo de la alternativa de 280 carros SHARK, como tanques a rueda. Se ignora totalmente que la consistencia del suelo, arenoso en el norte y esponjoso en lo austral, obliga al uso de orugas para una adecuada transitabilidad. ¿Y por qué 280? Las cantidades deben corresponder al número de Unidades de Combate requeridas, por ejemplo 10 y cada una con 45 tanques = 450 o bien 8 con 36 = 288.
Asimismo hay gran confusión de conceptos sobre armas y especialidades, como por ejemplo lo referido a Fuerzas Especiales, Comandos y Paracaidistas, que denomina fuerzas de élite de infantería, que no lo son, y crear cientos de unidades de "patrullaje", para misiones de reconocimiento, sabotaje o combate.
(...)
El último capítulo denominado "Política Espacial", propone la creación de un Comando Espacial, como otra Institución de Defensa, pero con participación de personas de todas esas Instituciones, lo que en el fondo es un órgano más de tipo conjunto, pero no una Institución, sin perjuicio de considerar lo que el propio autor indica que su creación implica una decisión política, cuya rentabilidad habría que evaluar cuidadosamente a mi juicio, por cuanto exigirá implementar una red satelital de monitoreo y comunicaciones. Nuevamente surgen las preguntas, ¿a qué costo? y ¿con qué beneficio desde el punto de vista de la Defensa Nacional? ¿Hay otras opciones mejores como multiplicadores de poder nacional?
El trabajo desarrollado por Daniel Prieto Vial, que pudiera conocer casi desde sus inicios, representa un enorme mérito de esfuerzo personal, aplicando sus conocimientos y experiencias en una obra novedosa, con muchas ideas originales y con prolífica información gráfica de tipo técnico.
Sin embargo, por su natural temperamento inquieto incursiona en áreas difíciles de dominar, de carácter netamente profesional institucional, por lo que necesariamente llega a conclusiones erróneas o manifiesta juicios no fundamentados, que la realidad nacional y la experiencia hacen rechazar al profesional castrense.
Su libro constituye un positivo aporte al debate, con sus creativas proposiciones, que por lo mismo no pueden aceptarse a priori sin un estudio profundo; representa una imaginativa visión de la Defensa de Chile 2000, pero no una Política de Defensa para Chile.
Su lectura producirá controvertidas opiniones, en especial de los verdaderos profesionales de las armas, de todas las Fuerzas Armadas, debiéndose recordar -una vez más- que el conocimiento real sólo es posible de obtener con la integral dedicación y la experiencia especializada, lo que jamás puede improvisarse.
Chile debe contar, al iniciarse el próximo milenio, con Fuerzas Armadas profesionales, eficientes, bien dotadas y con claras misiones constitucionales, para asegurar el orden interno, la paz y el desarrollo, con plena aplicación de las funciones políticas de Desarrollo y Seguridad Nacional, para el logro del Objetivo Nacional de hacer de Chile una gran nación y alcanzar el mayor Bien Común posible. Para ello se requiere una meditada política de Defensa, con las características ya expresadas, que supere la contingencia y se proyecte eficazmente hacia el futuro, por sobrepasar la permanencia de uno o varios períodos de Gobierno, lo que requiere a su vez el más alto grado de consenso para su continuidad y por estar indisolublemente vinculada al más alto interés nacional.
La extrema complejidad de la tarea amerita un esfuerzo combinado de las autoridades de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, de los Centros de Estudios especializados, y muy en especial de las Fuerzas Armadas, con aportes selectivos del más alto nivel del conocimiento profesional especialista para un resultado que asegura la supervivencia misma como Nación libre e independiente de nuestra querida Patria.

Respuesta al comentario del Mayor General
Alejandro Medina L. (****)
Daniel Prieto Vial


El General Medina es una persona a quien yo he respetado mucho por su trayectoria militar. Le pedí que comentara mi libro pensando en un largo y positivo informe que me hizo sobre el mismo en 1989, cuando le presté el primer manual para su consideración. Sin embargo, en el día del lanzamiento me encontré con la sorpresa de esta ácida crítica, apenas matizada por numerosos elogios que, sin embargo, no desarrolla, dando una visión desequilibrada con apariencias de objetividad. Desarrolla en cambio, sus objeciones que por desgracia son mucho más adjetivadas que fundamentadas, donde pone de manifiesto las diferencias que existen en nuestras concepciones. En realidad es natural que sea así, es otra generación. Sería peor que alguien que está pensando en los clásicos conflictos vecinales como razón de ser suprema del Ejército, pudiera estar de acuerdo con alguien que busca nuevas fórmulas de cooperación militar regional y explora al mismo tiempo, ideas distintas para enfrentar con más éxito la disuasión vecinal en el futuro.
Pensar en la unión sudame-ricana no es anular a Chile, todo lo contrario, es acrecentar su estatura y la de su sociedad con la sinergia que da el conjunto. Más aún, el papel protagónico que podrían desempeñar muchos chilenos -y sus prestigiadas Fuerzas Armadas- en el liderazgo continental abre insospechadas oportunidades a nuestro actual mundo semiprovincial.
Atribuirle concepciones racistas a la idea del Cono Sur es contradictorio con todo lo que yo he planteado. Cómo podría tener una idea racista si precisamente busco la unión continental, con sociedades tan ricas por su diversidad de razas y culturas. La grandeza de Iberoamérica radica precisamente en esa fascinante variedad y policromía. Sólo la histórica epopeya ibérica y su religión, lengua y cultura nos es común.
Al señalar que no he considerado los recursos económicos necesarios para mis ideas está en un error. Todo el tiempo hago referencia a la necesidad de hacer detalladas evaluaciones de costos versus rendimientos en cada nueva cosa propuesta. También se hace la salvedad de que todas estas novedades deberán probarse en la realidad, dejando un amplio margen de ajuste al resultado práctico de ellas. Además, el señor General Medina parece olvidarse de que estoy hablando a diez años plazo, es decir, hacia el año 2000 y después. Parto de la base de que el Producto Geográfico Bruto de Chile podría casi duplicarse de aquí hacia fines de siglo. También he hecho la salvedad de que si ello no ocurriera (si disminuyera el alto ritmo de crecimiento económico de los últimos 5 años del gobierno militar), entonces habría que hacer los ajustes correspondientes. Todo eso ha sido tratado. En ese sentido no estoy hablando del Chile de hoy, sino el del año 2000.
Cuando el General Medina discute la incompatibilidad de las reservas semiactivas en gran escala con el Chile actual, parece olvidarse de lo que ha sido el Chile histórico, ese que tuvo tanto éxito militar en el siglo pasado. Las reservas existían en Chile desde siempre. Primero fueron las milicias coloniales y después la Guardia Nacional o Guardias Cívicas. Ellas también se autoentrenaban. Sus estándares eran variados, pero algunas unidades eran muy buenas. Lo mismo ocurre aún hoy con el ejército profesional, ciertas fuerzas son mucho me-jores que otras. Que los civiles no pueden tener gran experiencia militar no importa. Pueden adquirirla. Ha ocurrido tantas veces en la historia. Por lo demás su éxito ha sido notable.
Que hay que tener grandes fuerzas en presencia en los extremos del país, estamos totalmente de acuerdo, pero el cómo llevarlo a cabo, es lo relativo.
Hoy nadie discute la habilidad militar de Suecia, Israel, Suiza o Finlandia. No se demoran 71 años en preparar 700.000 ó 1.000.000 de hombres como dice irónicamente el señor general. Tampoco sus contingentes tienen "de 20 a 91 años" como él sostiene. En realidad estos cuatro países tienen gigantescos ejércitos de ciudadanos civiles, que logran entrenarse en los más sofisticados sistemas de equipos y armamentos, y con pleno éxito operacional. Esto es reconocido por todos los especialistas objetivos que han analizado el fenómeno. Sería interesante que el señor General Medina revisara su sistema de rotación combinando entrenamiento y presencia. Se sorprendería cuánto de esa experiencia puede ser aprovechada en Chile. Pero al contrario a lo que él insinúa, no he querido dar recetas únicas, sólo algunas pautas y ejemplos alternativos de análisis, realizados por lo demás después de una larga maduración.
Chile debe disuadir adecuadamente a sus vecinos tanto para negociar en el proceso de unión sudamericana como para enfrentar las rivalidades clásicas. El señor General, que dice no creer en la coordinación regional; al menos cree en la disuasión. Pues bien, estamos de acuerdo (aunque por motivos distintos). Entonces, busquemos una fórmula adecuada para lograr disuasión regional, considerando que los vecinos sumarán 72 millones de habitantes en el año 2000 y Chile solamente 15 millones. La situación puede ser abru-madoramente difícil ahora que no contamos con el apoyo brasileño (ha firmado numerosos tratados estratégicos y militares con Argentina). Ello hace imperiosa la necesidad de incorporarnos también nosotros al nuevo sistema "Cono Sur-Brasil", que como se sabe, ya está en marcha. Lo demás es irrealismo histórico. No hacerlo, sería caer en una dinámica perdedora a largo plazo.
Que el libro tiene un error serio de enfoque porque no he delimitado el objetivo nacional, me parece una exageración. Probablemente para dejar tranquilo al señor General Medina, habría que haber dicho que el objetivo nacional es "hacer de Chile una gran nación y alcanzar el mayor bien común posible" (?). En realidad siempre me pareció innecesario señalarlo por obvio. No creo que ese tipo de análisis aporten mucho.
Respecto a que las cifras de unidades que yo señalo no responden a ninguna distribución cuantitativa razonable, me parece sólo una opinión más. Cuando el Ejército compró 50 AMX 30 (llegaron sólo 21) ó 150 MOWAG 6x6 ó 150 M-51 (ver Military Balance 1989), eran siempre cifras redondas independientes de las verdaderas necesidades orgánicas ideales. Más bien ellas estaban mo-tivadas por restricciones presupuestarias del momento. Yo en cambio, he tratado de concebir estos tipos y cantidades de material blindado pensando en la correlación de fuerzas, para disuasiones mínimas, frente a los vecinos. Han sido pensadas para integrar unidades de alta maniobra, capaces de realizar eventuales ope-raciones en profundidad. También considerando el papel que podrían desempeñar en posibles fuerzas de despliegue rápido en el futuro sudamericano (por ejemplo para intervenir en el Golfo Pérsico, en una operación internacional donde Chile pudiera dar un aporte significativo como parte del sistema sudamericano de defensa). Y, desde luego, se ha tenido en cuenta nuestras posibilidades presupuestarias y sobre todo logísticas.
También se equivoca el señor General Medina si cree que no conozco los teatros de operaciones norte y austral en lo referente al uso de carros a rueda. Los he recorrido varias veces. También fui personalmente por todo Chile para evaluar este problema con los carros blindados a rueda MOWAG 6x6. Donde hay turbales grandes no pasan ni los tanques a orugas. Simplemente hay que evitarlos. Para eso se puede identificar y mapear las zonas vedadas. Por lo demás estos carros también pueden usar el sistema de presión variable en sus ruedas así como colocarle cadenas con palas de goma, todo lo cual aumenta considerablemente su tracción. Su ventaja es que lo hacen a costos bajísimos y son más rápidos si se le compara con los sistemas a orugas. Aún así, y pese a lo anterior, yo jamás he descartado el uso de orugas. Más aún, creo que se requieren fuerzas de los dos tipos, siendo, eso sí, las a ruedas muchísimo más rentables considerando lo gastado en ambas alternativas, peso por peso.
Respecto a su crítica de que los militares no pueden plantear políticas de integración, se olvida el señor General Medina que yo soy un ciudadano civil. Estoy haciendo una proposición política, a todo el estamento político de nuestra sociedad (que también incluye a las Fuerzas Armadas). Cuando planteo la "Coordinación Militar Sudamericana para la Defensa Conjunta", no violo la prescindencia militar de lo político. Pero sí creo que corresponde también a las Fuerzas Armadas opinar como ciudadanos que integran la sociedad y colaborar a cómo lograrlo cuando la sociedad -junto con ellos- lo haya decidido, después del correspondiente análisis.
Respecto a su intento de criticar mi idea de qué es lo político y lo estratégico, creo estar en mucho mejor posición que él para decidir qué es qué. Mi carrera y mi postgrado han estado en gran parte dedicados a definir estos conceptos, tal como ellos se manejan en el mundo desarrollado. Los enfoques localistas -o los que él quiera darse- pueden ser válidos, pero no son los únicos. Todo es cuestión de definición. Si queremos superarnos tenemos que luchar contra las rigideces.
Respecto a la "Política de Combate" todo lo que he dicho en ningún modo contradice la política actual de nuestras Fuerzas Armadas. He sostenido que Chile en esto es un ejemplo. En ese sentido tampoco comparto algunas críticas que se han hecho a la actuación militar. Pero también hay casos en que la crítica puede tener razón. Lo importante es reforzar en el futuro doctrinas y filosofías de operación que refuercen la corrección moral del proceder en combate.
El General Medina llega a decir en una de sus críticas respecto a las fuentes de fondos del presupuesto nacional de defensa, que yo he "omitido lo principal". Se refiere específicamente al gasto de "personal, alimentación, vestuario e infraestructura". Sin duda el señor General no leyó bien el libro. No se dió cuenta de que precisamente ahí hacía una clara distinción, diciendo: "Este análisis incluye sólo la compra de armamentos y equipos". "No incluye el gasto de sueldos y de operación de las Fuerzas Armadas, cuyos fondos vienen de la asignación normal de recursos". En realidad es lamentable que no se haya fijado. Si tan sólo se hubiera referido a un pequeño ítem de la fuente de fondos del presupuesto fiscal normal de defensa que también va para armas y repuestos, aunque su monto es insignificante a nivel global. Pero no, en su crítica, él se refería a "personal, allimentación, vestuario e infraestructura", precisamente lo que yo no estaba analizando.
Probablemente el verdadero espíritu de sus objeciones se destaca cuando señala que el problema de fondo... "debe ser resuelto por los altos mandos"... sin "interferencias". Ello podría ser válido si publicáramos planes secretos específicos, pero no puede pretender que la ciudadanía deje de interesarse por su propio desarrollo y seguridad. Entiendo que hay una antigua corriente de opinión -por fortuna minoritaria-, sumamente celosa de que los civiles podamos opinar o proponer cuestiones sobre la defensa de nuestra sociedad. Pero en los países más modernos y desarrollados esto no ocurre. Si fuéramos a aceptar este predicamento, dejaríamos de ser una auténtica democracia. En realidad la sociedad chilena es muy madura y conciente de su propio rol en su autodefensa para aceptar esa restricción. Las Fuerzas Armadas son un instrumento de la sociedad, no un fin en sí mismas. La gloriosa historia militar de Chile está escrita sobre esta premisa. Si los militares trataran de ganar una guerra externa sin el aporte civil, la perderían. Es al revés, los militares deberían exigir a los civiles que se interesen y participen en los problemas de defensa. Afortunadamente, la mayoría de los militares lo saben. Por el contrario, se molestan de que "los civiles no se interesen más y que no haya suficiente cultura de los problemas bélicos que enfrenta toda sociedad. Si la hubiera -sostienen- nuestra labor se facilitaría y sería mejor comprendida". El país estaría más preparado para enfrentar una emergencia grave. La plena participación civil con sus Fuerzas Armadas garantizaría la colaboración mutua y optimizaría la seguridad del país y de su pueblo.
Una crítica que me sorprendió es lo referente a una política espacial para Chile, dando como argumento la falta de presupuesto. En ello no se observó ningún interés por detenerse a considerar la relación de costo versus rendimiento que esa tecnología aporta a la sociedad. Es como si a principios de siglo el Ejército y la Armada hubieran decidido dejar a Chile sin aviación. Que yo recuerde ocurrió todo lo contrario. Probablemente de hacerle caso al señor General Medina nos quedaríamos rápidamente marginados del fascinante mundo del siglo XXI.
En otra oportunidad sostiene que "hay una gran confusión de conceptos sobre armas y especialidades, como por ejemplo lo referido a fuerzas especiales, comandos y paracaidistas". Hasta ahí parece que dará un argumento poderoso, pero todo se desinfla cuando se limita a decir que no son "fuerzas de élite de la infantería" (?). Quizás él está pensando que corresponden a especialidades distintas, pero nadie duda que en realidad son fuerzas de infantería y también de élite. Así al menos se entiende en otras partes del mundo.
En todo caso -y para que no se crea que nuestras posiciones son irreconciliables- también debo reconocer que entre líneas introduce numerosas alabanzas, las que le agradezco. (...)
Pero lo que es más importante, también destaca la necesidad de aumentar la importancia, el entrenamiento y el equipamiento de las reservas. A mi juicio si logro influir sólo en ese aspecto del problema, ya el libro estaría plenamente justificado y me doy por satisfecho. En otra parte, también reconoce el carácter conjunto del actuar militar, naval y aéreo, lo que me parece de la mayor importancia.
(...)
En realidad la estrategia político-militar planteada en el libro es de doble vía; por un lado, se destaca la necesidad de continuar con la disuasión vecinal, y por otro, de pasar a otra etapa, buscando la integración continental. Esto es a mi juicio lo único lógico si no queremos quedar aislados y debilitados como sociedad frente al mundo. Por no adaptarnos a la renovada tendencia a formar bloques que se observa -y después a la globalización del planeta-, podemos caer en la política meramente reactiva, con limitada capacidad de negociación frente a los grandes intereses del planeta. En esa situación las iniciativas estarán siempre en manos de otros, fuera de nuestro continente. Perderemos así la oportunidad de tener un papel protagónico y posiblemente sufriremos las consecuencias de largo plazo que afectarán nuestro poder relativo y, finalmente, nuestro desarrollo.
En el mundo de hoy hay otros formidables enemigos emergentes, que nos son comunes a todos los seres humanos. Por ejemplo, la degradación ecológica del planeta, el proteccionismo económico de los mercados, el riesgo estratégico de los nuevos bloques emergentes, la desestatización y privatización de los actores internacionales (organismos no estatales y personas naturales), la velocidad de los cambios imprevistos de las amenazas terroristas, etc. Creo que sería muy acertado que la sociedad chilena -y nuestras Fuerzas Armadas- se adelantaran a los signos de los tiempos, encarando oportunamente todos estos nuevos desafíos. Estoy seguro de que el propio señor General Medina tarde o temprano me encontrará razón.

(*) PRIETO VIAL, DANIEL. Defensa Chile 2000. Una política de defensa para Chile. FLACSO, Santiago de Chile, 1990, pp. 45-51. Publicado con autorización del editor

(**) Defensa Chile... Cap. II "Hipótesis de amenazas", p.70-72

(***) Condensación publicada con autorización del editor. En Sociedad y Fuerzas Armadas. Revista del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile, nº 2, julio 1990, pp. 91-98.

(****) Condensación de "Respuesta al comentario del Mayor Generall Alejandro Medina L. al libro "Defensa Chile 2000 - Una política de defensa para Chile", en Sociedad y Fuerzas Armadas. Revista del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile, nº 3-4, diciembre 1990/marzo 1991, págs. 169 a 175. Publicado con autorización de la misma.

Cooperación económica e integración
entre Chile y Argentina


En abril de 1992 se realizó en Valparaíso, Chile, el Seminario "Bases de una política nacional frente al nuevo orden mundial, regional y vecinal", organizado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Armada y el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile.
Como lo expresara el Director Ejecutivo del CEEA, Vicealmirante Rigoberto Cruz Johnson, en las palabras de apertura, los objetivos del seminario estaban dirigidos a los siguientes interrogantes (1):
"¿Qué ventajas y desventajas presenta la integración de nuestro país con Argentina?
"¿Qué riesgos se corren?
"¿Qué rol les cabe al Gobierno y a la Empresa privada en dicho proceso?
"¿Las actividades desarrolladas al efecto, han sido adecuadas y convenientes para los intereses nacionales?; de no serlo, ¿qué cursos de acción cabría adoptar?
"¿El nuevo orden mundial tendrá alguna incidencia en el rol que cumple actualmente el factor Militar en una Política nacional? Ante los posibles nuevos escenarios a nivel Mundial, Regional y Vecinal, ¿qué roles se aprecian a futuro para el factor Militar? En cuanto a Estrategia Marítima, ¿qué importancia tendrá para Chile en el escenario futuro, el contar con un poder naval adecuado, que respalde una postura Nacional acorde con la realidad de nuestra posición geográfica?
"Sobre estas materias, no deja de preocupar lo que Morgenthau expresara en 1948 en su libro Politics among nations, respecto de las relaciones entre las naciones, al plantear que no existen países verdaderamente amigos, sino países con intereses afines y países con intereses divergentes. ¿En qué grado se mantendrá la vigencia de las medidas de integración, ante posibles cambios en los intereses nacionales de nuestros países o tal vez, ante la percepción que esos intereses le merezcan a futuros gobernantes, Políticos o Empresarios? ¿Será posible revertir los efectos de tales medidas, si se aprecian negativos? La integración tiene un delicado margen que bordea la absorción del más débil, por parte del más fuerte y una posibilidad de pérdida o cesión de soberanía, para facilitar acuerdos con la otra parte."
Una de las tres mesas de dicho Seminario la constituyó el tema Cooperación Económica e Integración con Argentina. Como una ponencia en dicha mesa se presentó la del Oficial de Marina Capitán de Navío (R) Francisco Le Dantec Gallardo, Magister en Ciencia Política e Investigador del CEEA, de la cual presentamos las principales conclu-siones acerca de esta importante cuestión para el futuro de la integración bilateral.
El esquema del trabajo presentado comienza con el análisis de los Tratados y Convenios entre Chile y Argentina antes de 1984: primeros incidentes, Tratado de 1856, crisis en las relaciones chileno-argentinas hasta el Tratado de 1881, y las principales crisis hasta el Tratado de 1984. Finalizado este recorrido histórico, se plantean las siguientes conclusiones (2):

"a) Se observa una permanente actitud expansionista de Argentina, la que se ha materializado en un importante cercenamiento del territorio Chileno. Esto se ha agravado por la complaciente posición de nuestros gobernantes e intelectuales que han privilegiado un americanismo mal entendido, al mantenimiento de nuestra integridad nacional, contrastando con lo que sucede en Argentina, donde a pesar de la inestabilidad política interna, se mantienen los criterios uniformes de sus gobernantes en cuanto a política exterior.
"b) Siempre está presente, abierta o veladamente la persistencia Argentina de obtener una salida al Pacífico, sea ésta por teritorio soberano o por convenios de carácter económico y comerciales, con una clara decisión de convertirse en país bioceánico.
"c) A lo largo de su historia, que irremediablemente estará ligada a la nuestra, Argentina ha demostrado actuar en el plano internacional con un pragmatismo, muchas veces prepotente con Chile, desconociendo acuerdos y árbitros elegidos por los dos países, en especial cuando por alguna razón nuestro país aparece como más débil en el respaldo de la fuerza.
" d) Los más de 250 documentos suscritos con Argentina abarcan prácticamente todos los aspectos posibles para mantener la paz y buscar la cooperación económica y comercial, pero por razones de desigualdad económica y jurídica no llegan a concretarse.
"e) Es innegable que mientras Chile ha tenido un Poder Naval fuerte, no se han producido problemas limítrofes, y la posición chilena ha sido respetada por Argentina, como sucedió en 1881 y 1902."

La segunda parte del estudio, se dedica al tema específico de la cooperación económica e integración entre ambos países, analizando las derivaciones del Tratado de Paz y Amistad de 1984, y la más reciente Declaración de Buenos Aires firmada por los Presidentes Aylwin y Menem, así como las posibilidades del proceso de integración, concluyendo que

"a) El proceso integracionista entre ambos países no es un hecho independiente que puede ser manejado exclusivamente por los gobiernos de Chile y Argentina, dada la interdependencia internacional, política y especialmente económica.
"b) Todo proceso de este tipo posee dos dimensiones: una política y la otra económica. Normalmente la integración se inicia en el plano económico, obstaculizada por lo político. Se deben establecer reglas y normas comunes que llevan a ceder parte de la soberanía política de cada Estado en beneficio de la integración. Mientras más fuertes sean los intereses económicos y físicos, mayor será la homogeneidad política, pudiéndose prever que, a largo plazo, se producirá un fenómeno dialectos, en el cual ninguno de los dos países conservará su identidad inicial, transformándose en una tercera unidad política y económica distinta.
"c) Los conceptos a los que permanentemente se recurre en los discursos integracionistas latinoamericanos son mitos, que en vez de unir, desunen, por lo que el sueño de Bolívar y de otros próceres de la Independencia, quedó sólo como una utopía, porque la integración se logra con homogeneidad cultural, política y económica, situación que en América está muy lejos de producirse.
"d) En el proceso integracionista de Chile y Argentina, hay algunos aspectos que no permiten un desarrollo rápido de esto, porque hay un desnivel notable en el plano económico y también en el plano jurídico, lo que unido a los problemas de honestidad de los funcionarios públicos, que persisten en Argentina, dificultan el avance del proceso.
"e) Afecta seriamente el desarrollo de este proceso, la poca percepción en Chile de los reales beneficios que se obtendrían con esta integración.
"f) Los tópicos en los cuales se ha buscado una integración económica y física, son claros y específicos, intensificándose las conversaciones a partir de 1965 [sic], pero todos apuntan por parte de Argentina, al uso de puertos chilenos para sacar sus exportaciones. Esto se comprueba con el tenor de los temas tratados, que buscan facilitar el transporte terrestre, simplificar los problemas aduaneros y mantener el máximo de Pasos Fronterizos habilitados.
"g) Llama la atención que en Argentina el proceso integracionista es promovido por las autoridades y empresarios privados de las provincias limítrofes o paralimítrofes con Chile, con una respuesta similar en Chile, conformándose varias unidades regionales a lo largo de la frontera y que bajo la perspectiva productiva y económica tienen intereses distintos e independientes.
"h) Actualmente en Chile, al no percibirse claramente los beneficios de la integración, hay opiniones contrarias al proceso, destacando por su oposición las asociaciones gremiales exportadoras, las que sólo ven competencia y no beneficios. Esta también se produce en el ámbito del comercio billateral debido a que la poca flexibilidad de la burocracia Argentina no permite un intercambio recíproco expedito.
"i) La voluntad política demostrada en las declaraciones de personeros de gobierno, que se ha plasmado en algunos hechos, permite concluir que al menos durante la permanencia de los actuales Presidentes, el proceso de integración física y económica se verá impulsado, aunque no es posible predecir cuál será su real avance. En todo caso, ya se han dado importantes pasos para permitir la salida de productos argentinos hacia terceros países, por puertos chilenos. Sin embargo el proceso no podrá adquirir dimensiones significativas mientras no se nivelen las economías de los dos países y no se den pasos claros para flexibilizar y estandarizar la legislación de Chile y Argentina, haciéndolas compatibles a lo menos." (3)

En cuanto a la política marítima de Chile, y la incidencia en ella del proceso integracionista,

"a) El Tratado de Paz y Amistad de 1984 constituye otro éxito para Argentina. A través de la integración física con Chile logra beneficios que no tienen ninguna equivalencia con los que obtuvo este último.
"b) Al otorgarse a Argentina facilidades para la navegación por canales fueguinos y al extender estas facilidades a buques de terceras banderas, se cometió el mismo error que en 1881, cuando se internacionalizó el Estrecho de Magallanes, afectando seriamente nuestra soberanía marítima en la Posesión Magallanes.
"c) Argentina ha demostrado una sostenida vocación bioceánica, siempre en desmedro de Chile. Ahora pareciera que esta aspiración, según sus gobernantes, transformada en necesidad por el tiempo, pretenden satisfacerla en forma pacífica. Con ello se sigue el ejemplo de países como Japón, Alemania y otros, que dejando de lado el uso de la fuerza, están logrando sus objetivos mediante la utilización del poder económico. Este argumento no había sido utilizado por Argentina.
"d) La conquista del mercado de la Cuenca del Pacífico por Argentina depende de la actitud de Chile, y de su decisión de habilitar pasos fronterizos, de adecuar las rutas camineras y de desarrollar los puertos acorde con las necesidades que se planteen. Estos aspectos pueden y deben ser manejados hábilmente por Chile, para obtener beneficios de esta actividad.
"e) Desde la perspectiva de la Defensa Nacional, la aprtura de pasos fronterizos con Argentina no es un problema estratégico muy peligroso, siempre que se adecuen convenientemente los medios terrestres para mantener un control permanente.
"f) Considerando que la capacidad total de los puertos chilenos no está saturada, el aumento de carga en tránsito no debería producir mayores problemas portuarios en el corto plazo, siempre que se haga un adecuado manejo para utilizar prioritariamente aquellos terminales marítimos que disponen de capacidad.
"g) Aunque todavía es poco significativa la incidencia de la carga en tránsito desde Argentina en el volumen total de carga movilizada, es necesario tener la precaución de prever el aumento progresivo que tendría esta carga y programar oportunamente las inversiones en aquellas obras portuarias que se justifique, por un incremento sostenido en el tiempo, del volumen de carga en tránsito. Este último dato será también fundamental para los armadores, quienes deberán proveer el transporte marítimo, utilizando cualquiera de las modalidades del negocio naviero.
"h) Salvo en lo referente al movimiento portuario y actividades conexas, el posible aumento de tráfico marítimo hacia y desde puertos nacionales, motivado por la carga en tránsito no producirá efectos espectaculares. El aumento del tráfico acarreará un beneficio económico, pero no se divisan grandes beneficios sociales, pues dicho aumento no redundará necesariamente en un aumento significativo de fuentes de trabajo.
"i) Desde la perspectiva portuario-marítima, es posible estimar que los beneficios para el país no serán significativos y que los efectos en el área específica de actividad serán marginales, al menos por el momento y en un largo tiempo más." (4)

Por último, en base a todo lo analizado respecto del proceso de integración y cooperación económica con Argentina, desde la perspectiva chilena, y a la evaluación de sus viabilidades y alternativas, el autor pre-senta la siguiente conclusión final:

"Del análisis de los antecedentes reunidos para este estudio se desprende la firme decisión Argentina de proyectarse a la Cuenca del Pacífico. Lo que un comienzo fue, tal vez, una idea general hoy se ha convertido en una meta que sus actuales gobernantes promueven con entusiasmo. Aunque con menos intensidad que el gobierno Argentino, el Chileno también se ha hecho parte de este proceso, a pesar que los actuales beneficios para el país no son muy evidentes y hay sectores que no están de acuerdo con la integración y cooperación económica. La actitud de ambos gobiernos, ha producido avances efectivos en el proceso de integración. Sin embargo, todavía no se ven los beneficios reales, debido a las profundas diferencias existentes en el plano económico y en los aspectos legales. En lo económico la diferencia puede acortarse rápidamente y aún revertirse en el futuro.
"Grupos de empresarios regionales de los dos países, se han definido como decididos impulsores de la integración y de la cooperación económica. Así han formado asociaciones para impulsar la integración, pero en el ámbito de sus actividades y en el específico de sus Regiones y Provincias Federales. Estos acercamientos y comunión de intereses se han producido en los siguientes sectores:

"1º) II. y III. Regiones de Chile, con las Provincias de Tucumán, Salta, Córdoba y del Noroeste Argentino.
"2º) IV. y V. Regiones de Chile, con las Provincias de San Juan y Mendoza.
"3º) VII. VIII. y IX. Regiones de Chile, con la Provincia de Neuquén.

"Este afán regionalista, apoyado también por políticos de diferentes ideologías de los dos países, está llevando paulatinamente a la formación de tres polos integracionistas con intereses independientes y diferentes. Estos polos, en el futuro pueden conducir a la creación de espacios políticos regionales, en un eje Este-Oeste. La materialización de esta tendencia puede resultar incitada por el fuerte centralismo existente en Argentina y Chile, e intensamente estimulada por las diversas medidas de cooperación económica que van creando fuertes lazos de intereses en ambos lados de la Cordillera, por los vínculos culturales y sociales que dichos intereses generarán y por las medidas que forzosamente habrán de aplicarse en el ámbito laboral, en el del reconocimiento de títulos profesionales y el del intercambio académico y tecnológico.
"Es previsible que en el largo plazo pueden llegar a producirse, entre otras, algunas de las siguientes alternativas integracionistas: 1) Que Chile y Argentina formen un solo espacio económico y político, con preeminencia de aquel país que sea económica y culturalmente más fuerte. 2) Que Chile atraiga a su ámbito político y económico a las Provincias Argentinas fronterizas, segregadas de Buenos Aires. 3) Que se formen dos o tres espacios políticos Este-Oeste, terminando con el actual esquema Norte-Sur. Ello dependerá del manejo político y del desarrollo social y culltural que allí impulse nuestro país.
"En lo marítimo lo más importante lo constituye el aumento del flujo de carga en tránsito. Este promoverá un aumento en la actividad marítima en general, que si bien no será significativo, producirá algún beneficio al país. Ello obliga a Chile a regular muy bien las inversiones que se hagan en este sector de acuerdo con las demandas de carga nacionales y de otros países. Circunstancialmente podrían haber incrementos económicos de alguna importancia, en otras actividades como la pesca, la reparación y mantención de navs mercantes y los deportes naúticos, este último como consecuencia del aumento del flujo turístico.
"El sector que más se opone a la integración es el de los exportadores chilenos, pues los obliga a entrar a competir con los productos argentinos. Adicionalmente temen que si no se adoptan, entre otras, medidas fitosanitarias adecuadas, puede verse afectada la actividad productora nacional. Esta posición puede retardar el proceso de integración, pero no lo detendrá.
"Los productos chilenos parten con ventajas comparativas por el transporte. El mercado chileno en la Cuenca del Pacífico está consolidado con el tiempo. Los productos argentinos deberán buscar nuevos mercados, con la dificultad de que el volumen exportador será controlado por Chile a través del transporte marítimo y los pasos cordilleranos.
"Como lo indica la tendencia mundial de crear grandes espacios económicos integrados, es conveniente entender que este proceso de integración es irreversible, por lo que Chile y Argentina no pueden evitar que la integración se convierta en una realidad a largo plazo. Hay muchos aspectos que resolver, porque entre ambos países hay grandes diferencias económicas, políticas, jurídicas y sociales, las cuales deberán ser estudiadas y analizadas para hacerlas compatibles y equitativas para los intereses de las dos naciones. Es en este aspecto, que el Gobierno de Chile debe negociar convenientemente para que los intereses nacionales no se vean afectados y se mantengan aquellos aspectos que ya están internalizados en nuestra sociedad.
"Junto con las medidas ya señaladas es prioritario que el gobierno fortalezca en las regiones la presencia cultural chilena, a través de la educación y en fuerte desarrollo social. Así logrará evitar la influencia cultural argentina que pareciera ser más fuerte que la nuestra, más débil y agravada por la gran permeabilidad a modelos extranjeros que tienen los chilenos en general. Esto es muy importante para evitar la absorción cultural de lo chileno.
"Como corolario, es del caso reiterar que Chile debe aprovechar su posición ventajosa en cuanto posee el control sobre los pasos cordilleranos y del uso de los puertos nacionales, para obtener beneficios económicos a través de una adecuada regulación del flujo exportador Argentino, lo que motivará un incremento en actividades económicas, especialmente en labores de servicios y marítimas.
"Esta realidad constituye un desafío trascendental para nuestro país, porque está en juego en último término nuestra idiosincracia e identidad cultural, como también nuestra soberanía territorial y política. Por ello, se insiste en que se deben adoptar todas las medidas conducentes a fortalecer nuestra cultura nacional, especialmente en aquellas regiones más expuestas a la influencia extranjera, como también el efectuar un adecuado manejo en los aspectos económicos y sus consecuentes derivaciones políticas que surjan del proceso integracionista para no afectar nuestros intereses y soberanía nacional". (5)

(1) CENTRO DE ESTUDIOS ESTRATEGICOS DE LA ARMADA - INSTITUTO DE CIENCIA POLITICA DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE. Seminario Bases de una política nacional frente al nuevo orden mundial, regional y vecinal. Valparaíso, 15 de abril de 1992, p. 3.


(2) LE DANTEC GALLARDO, FRANCISCO. "Cooperación Económica e Integración Física con Argentina", en Bases..., p. 21.


(3) Ibid., pp. 31-32.

(4) Ibid., p. 36.

(5) Ibid., pp. 37-38.




Actualizado 29/04/96 10:01:08 AM
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