HOMBRES
General Goffredo Canino
"He llamado «Hombres» a esta
charla porque deseo hacer hincapié justamente sobre el elemento fundamental de
cada organización y, con más razón, de una estructura articulada y compleja como
aquella militar. El Ejército en particular, por su misma naturaleza está basado
sobre los hombres." (*)
EJERCITO DE HOMBRES
El Ejército italiano
está desarrollando en estos días las medidas correspondientes al reordenamiento.
Suspensiones, reducciones en el "cuadro", traslados: son todas actividades que
la Fuerza Armada vive con gran emotividad y también con gran perplejidad. Los pr
esupuestos de carácter geopolítico que habían llevado a pensar en una reducción
del Ejército en los últimos meses de 1989 y los primeros de 1990 ahora se han re
dimensionado.
Muchos requerimientos, teóricos y prácticos, para una drástic
a reducción del Ejército, han naufragado con la crisis del Golfo Pérsico. El con
flicto nos hizo asistir a la invasión de un país militarmente débil, a la "liber
ación" con destrucción preventiva de una ciudad moderna y, ahora, al comienzo de
su reconstrucción, que es sólo cuestión de tiempo dados sus enormes recursos en
petrodólares. Pero si en vez de Kuwait City habláramos de Venecia, ¿no creen qu
e sería mil veces mejor crear seguramente las condiciones para impedir la "liber
ación" y su imposible reconstrucción?
Las esperanzas de liberarse de una es
tructura militar fuertemente organizada sobre todo el territorio nacional están
chocando con la realidad de un mundo del Este en ebullición, de un Sur inestable
y de relaciones internacionales completamente nuevas.
Los límites geográfi
cos se revelan, hoy más que nunca, como puertas entre mundos diversos, entre cul
turas, sociedades, exigencias que no podrán no ser consideradas en antagonismo,
por mucho tiempo aún.
Además, los acontecimientos de estos últimos años han
puesto en evi-dencia la interdependencia de la seguridad internacional.
La
s exigencias de seguridad son comunes y no hay un acontecimiento internacional q
ue pueda ser solamente competencia de los "demás". En relación al rol que se qui
ere desarrollar en el consenso europeo, atlántico o mundial, es necesario indica
r con claridad qué aporte, contribución, apoyo, se pretende ofrecer con las Fuer
zas Armadas.
Si, en definitiva, no existe más la posibilidad de aislarse, n
o habrá tampoco posibilidad de sustraerse a compromisos de seguridad militar cad
a vez más urgentes a pesar de que a veces son operativamente menos ligados a la
guerra tradicional.
Las distintas soluciones propuestas pueden ser dictadas
por buenas intenciones, pero no siempre tienen cuenta de las profundas modifica
ciones hechas por el cuadro normativo de referencia.
El Ejército, al que mu
chas hipótesis intentan reformar en relación a cambiar exigencias operativas y n
uevos empujes sociales, no puede ni siquiera ser considerado un "viejo modelo".
Años de condicionamientos lo han modificado progresivamente, al punto tal de lle
varlo al límite de la credibilidad funcional con respecto tanto a las viejas com
o a las nuevas exigencias.
En dicha situación cualquier cambio no puede ser
considerado irrelevante.
Pensar, por ejemplo, que la reducción de dos mese
s del servicio militar, de 20.000 hombres del contingente militar o de 20 mil mi
llones del presupuesto puedan ser absorbidos por la organización sin inconvenien
tes no es correcto. La misma incorporación de 20 ó 30 mil voluntarios conlleva n
o una adecuación formal, sino una fundamental y sustancial revisión de la estruc
tura. Unicamente si se analiza con esta óptica el problema del nuevo modelo defe
nsivo puede resolverse de manera convincente y duradera.
Por esto con mi in
tervención se propone ofrecer un aporte constructivo al debate sobre los problem
as de la defensa, analizando algunos aspectos referentes al personal y tratando
de reconstruir, desde cero, un modelo de referencia teórica que tenga en cuenta
las nuevas exigencias funcionales y, sobre todo, las exigencias de aquellos que
deberán administrar las estructuras. Es un modelo que puede aparecer casi utópic
o porque es muy distante de la realidad a la cual los múltiples condicionamiento
s de los últimos 40 años nos han acostujmbrado. Pero es también un modelo que pu
ede llevar a considerar en la justa medida todos los presupuestos fundamentales
que se fueron perdiendo en la rutina o en la búsqueda de las soluciones parciale
s.
Me refiero a la equidad social, a la operatividad de las unidades, al ro
l de las Fuerzas Armadas, a su función social, a la formación del personal y al
justo reconocimiento del servicio a las armas.
Ninguna veleidad de interfer
ir en competencias ajenas, sino solamente la intención de indicar algunos "conce
ptos guía" dictados por la experiencia y referidos principalmente a la component
e terrestre.
Las exigencias de defensa
Un modelo de defensa parte
del examen de las exigencias de carácter político y estratégico. Si las exigenci
as son reales y claramente explícitas, es necesario encontrar los recursos para
satisfacerlos. Si no hay recursos, se deben aceptar compromisos sucesivos, siemp
re y exclusivamente de carácter político-estratégico, hasta cuando no se llegue
a un equilibrio entre exigencias y recursos. Pero existen límites por debajo de
los cuales los compromisos se transforman en verdaderos riesgos para la segurida
d.
El primer campo en el cual es posible el compromiso es la renuncia al ai
slamiento en el campo internacional, a la absoluta autosuficiencia del instrumen
to militar. Pero no hay que creer que dicha renuncia puede constituir excusas pa
ra enmascarar una movilización nacional o que signifique desempeño. Es más, a lo
s empeños nacionales internos se suman aquellos internacionales que, como estamo
s viendo, pueden ser ajenos a la defensa armada pero de todos modos requeridos a
las Fuerzas Armadas multinacionales.
Las nuevas exigencias de la seguridad
italiana no están aún suficientemente definidas. Lo único claro es la voluntad
de estar sustancialmente presentes en als eventuales acciones de "policía intern
acional". Esta que debería ser una exigencia accesoria parece ser sin embargo la
única, y está sobrepasando enormemente en atención y consideración las exigenci
as de defensa del territorio, de integración de la defensa con aquellos países c
on los cuales existe una relación de interdependencia en cuanto a seguridad, de
preparación de los ciudadanos, de mantenimiento de la operatividad de las unidad
es italianas.
En este contexto, es necesario discutir un modelo de defensa
global, integrado en el ámbito internacional, duradero, calibrado sobre las cara
cterísticas geo-estratégicas y sociales nacionales, y no limitarse a estudiar me
didas reducidas en las finalidades y en las perspectivas.
El momento de
las decisiones
Aún con un marco de incertidumbres de objetivos, se está de
cidiendo el destino de las Fuerzas Armadas. Lo que se decidirá valdrá por los pr
óximos 20 años. El Ejército que se está delineando hoy no estará listo antes de
10 años, y tendremos las preubas materiales de la validez de las decisiones actu
ales en el próximo decenio.
Las decisiones de hoy no son únicamente estruct
urales, son institucionales. Consideremos por ejemplo la consistencia del Ejérci
to.
No es absolutamente matemático que un gran ejército sea necesariamente
ineficiente, así como no es axiomático que uno pequeño, por más que sea eficient
e, sea tan eficaz.
La eficiencia está de hecho ligada a un parámetro netame
nte estructural, mientras que la eficacia está ligada a las tareas a cumplir.
Decir pues que un gran ejército "elefantiásico" es -en cuanto tal-, ineficien
te, no es algo cierto. Nada es más potente y eficaz que un elefante, basta darle
de comer.
Tampoco es real decir que un pequeño ejército es -en cuanto pequ
eño- eficiente. Un ratón sin queso es tal vez más ineficiente y ciertamente más
ineficaz que un elefante hambriento.
La mágica frase "más calidad y menos c
antidad", si no está acompañada de "recursos adecuados" y "tareas dimensionadas"
, es tal vez el engaño más sutil y peligroso por parte de quien la propone como
fórmula ganadora para obtener la eficacia deseada.
Menos cantidad y mismas
funciones, o bien menos cantidad y menos recursos, no llevarán nunca a un increm
ento de la calidad.
A esta altura puede plantearse uno de los cuestionamien
tos fundamentales: ¿cuán grande debe ser un ejército? La respuesta puede parecer
obvia, pero no es comprendida o aceptada por todos: el que se necesita para cum
plir con las funciones asignadas y para garantizar credibilidad al rol político
que la nación pretende tener en el concilio internacional.
Y aquí se manifi
estan los nudos que deben desatarse antes de comenzar un estudio de modelo defen
sivo: funciones y rol. En ausencia de indicaciones sobre estos parámetros se pue
den hacer sólo hipótesis. Por otro lado, puesto que el planteo al modelo de defe
nsa se efectúa, como se ha dicho, desde el punto de vista del personal, no afron
taré el aspecto cuantitativo y me limitaré a las implicancias cualitativas de la
s distintas elecciones operativas en lo que se refiere al "sistema Hombre".
Veamos las posibles opciones:
- La primera: un ejército de profe
sionales. Podrá ser también la solución técnica más favorable. Puede ser que en
el futuro sea la única posible. Es claro que, bajo el simple aspecto técnico-ope
rativo, es la que más prefieren los militares profesionales. Esta solución conll
eva sin embargo la abolición de la obligación del servicio militar. Implica el r
eclutamiento de buenos voluntarios, su serio adiestramiento; la adquisición de m
edios modernos y sofisticados, la aseguración de la más amplia movilidad. Implic
a un apoyo logístico flexible y potente; cuadros motivados y preparados. Por otr
o lado, si los recursos son pocos, se tendrá un instrumento pequeño, tal vez efi
ciente, en el sentido de que puede dar al máximo con los medios a disposición, p
ero no eficaz en relación a las funciones a cumplir. Es un instrumento largo par
a formar y costoso para mantener.
Con un ejército de este tipo muchas tarea
s confiadas ahora por ley a las Fuerzas Armadas deberán ser supervisadas.
E
n el caso de voluntarios "ciudadanos" destinados a ser profesionales, y no merce
narios, el problema de los incentivos se convierte en fundamental. Y mayor es su
incidencia así como menores son el sentido cívico por un lado y el prestigio/im
agen del Ejército por el otro. El incentivo además debe ser tanto más alto como
mayores son las ofertas y las oportunidades de elección alternativas.
Si el
Ejército no ofrece una serie de incentivos que, en general, superen las ofertas
reales de los demás, este potencial voluntario no adherirá ni siquiera al puest
o de informaciones.
- Segunda posibilidad: un ejército de milicia. O s
ea, formado por unidades de adiestramiento en tiempo de paz y unidades operativa
s a constituirse en emergencia. Conlleva una especie de revolución social.
Se basa sobre una voluntad popular a someterse para toda la vida activa a un sis
tema de contínua prestación personal. Tratar de presentar este modelo con el hal
ago del servicio a 3 meses y de los 15 años al año de llamado es el clásico "esp
ejito para las alondras". El sistema se funda sobre la capacidad constante y con
tinuada de movilización. En Italia técnicamente desde 1848 hasta hoy -como se de
muestra a través de un estimable estudio de Ferruccio Botti- todas las movilizac
iones han fracasado. Esperar que súbitamente la sociedad italiana cambie es un p
ecado de presunción. Si se quiere ir hacia el sistema de milicia será necesario,
antes de comenzar a adoptar las pesadas (en términos de recursos y de estructur
as) medidas técnico-militares, cambiar toda la sociedad italiana.
Pero hay
que estar seguros de lo que se puede obtener. En una entrevista televisiva, aún
declarándose contrario a la abolición del Ejército, Max Frish (el gran escritor
helvético desaparecido recientemente) afirmó textualmente: "Suiza no tiene un ej
ército de pueblo, sino el Ejército de quien manda, de quien tiene en puño la eco
nomía. El Coronel es director de banco, el Mayor es vicedirector y así sucesivam
ente. Allí el empleado, el obrero, también el capataz, aprenden a obedecer y el
cuadro intermedio aprende a dirigir. Todo esto contribuye a la militarización. I
mprevistamente te das cuenta de que el ejército es un , no el único, hay diverso
s".
Si el Ejército de profesión es "el sueño en el cajón" de todos los "ope
rativos", aquél descripto por Frish es sin dudas el sueÑo de quien lo ve como in
strumento de poder. No estoy seguro de que ambos sueños sean completamente compa
rtibles por el pueblo italiano.
- Tercera posibilidad: el Ejército de
alistamiento. En teoría no implica mpodificaciones: es lo que tenemos, o lo que
deberíamos tener. Se basa sobre el principio de la obligatoriedad para todos los
ciudadanos de prestar servicio militar. Es un sistema justo porque es legítimo
y porque comprende a todos los ciudadanos en la defensa, pero no es equitativo:
las mujeres no prestan servicio, el servicio sustitutivo civil no se ha transfor
mado nunca en servicio nacional y se limita a manejar prestaciones gratuitas no
en favor del estado sino de varios "entes convencionados". Entre exonerados, exi
midos, etcétera, se ha creado una vasta corriente de inequidad que es el hecho d
ominante de la hostilidad al sistema militar.
A esto se agregan las carenci
as de recursos que, frente a los innumerables compromisos de adiestramiento, de
concurso, de intrevención, de apoyo, de sustitución de otros servicios del Estad
o, no garantizan un sistema de adiestramiento y operativo coherente y coordinado
.
Es claro también que mantener el actual sistema militar no sería a costo
cero, ni en recursos ni en empeño político-social. Es un sistema que debe funcio
nar según lo previsto por las leyes y que básicamente debe ser equitativo: es de
cir, debe prever o bien la equitativa distribución de empeños, o bien la compens
ación de aquellos mayormente sometidos.
- Ultima posibilidad: el siste
ma mixto: profesionales de reclutamiento. No es ciertamente la panacea para todo
s los males. Es más, es tal vez el más complejo de realizar porque además de man
comunar ventajas y desventajas de los dos sistemas crea nuevos problemas de "con
vivencia" e integración.
Sin embargo, es el único modo para garantizar una
gradual evolución sin saltos al vacío o veleidades.
Es el sistema "sabio" q
ue se adapta a la incertidumbre, a la exigencia de reflexión, a la búsqueda de u
na clara fisonomía nacional. Con ello se garantizan las exigencias "nuevas" de p
olicía internacional prestando atención a la interdependencia de la seguridad na
cional. Se pueden garantizar, además, las exigencias de intervención interna en
colaboración y/o sustitución de las fuerzas del orden.
Con una componente p
rofesional preparada y madura el Ejército podría ser también disponible para uti
lizar a las Fuerzas de Policía en las frecuentes operaciones de control del terr
itorio, que tienen poco de "policial" y mucho de militar. Las fuerzas del orden
podrían volver a ejercer "en exclusiva" las funciones de policía judicial que ah
ora deben descuidar porque están ocupados en otras funciones "de masa".
Un posible modelo de alineamiento entre derechos, deberes y exigencias
La
adopción de un ejército mixto puede constituir un posible modelo si respeta los
siguientes criterios esenciales:
- Obligatoriedad general del servicio mili
tar, ejercida con absoluta equidad. Hombres y mujeres deben prestar servicio al
Estado. El servicio militar es por lo tanto el único punto de referencia para la
obligación general. Los idóneos tienen la obligación del servicio base de 12 me
ses, que debe considerarse el límite necesario para entrenarse seriamente y tene
r una base de operatividad.
Es el límite mínimo para formar un soldado y no
solamente un operador de arma o un "portador de fusil".
Y es soldado solam
ente aquel que sabe cumplir con responsabilidad y disponibilidad con sus obligac
iones, plena y libremente conciente de la legítima autoridad ejercida por la jer
arquía. El que sabe operar en el ámbito de una unidad.
Pensar en formar y e
ducar a un soldado semejante en menos de 12 meses de vida en común, de adiestram
iento, de empleo, de responsabilidades, y de obediencia conciente, está fuera de
la realidad.
- Componente profesional (Oficiales, Suboficiales, tropa volu
ntaria y profesionales). Este componente
El componente profesional de las
Fuerzas Armadas, pero más que nada, del Ejército, debe ser considerado como crea
ción directa del sistema de servicio militar de leva.
Las unidades profesio
nales podrán ser más o menos en relación a la forma de alimentación establecida
por el reclutamiento o por la disponibilidad de reservas.
De todas formas,
su número estará comprendido entre el mínimo establecido por las exigencias polí
ticas y un máximo que no está dictadopor las exigencias, sino por su "com-patibi
lidad fisológica" en el ámbito del sistema global basado sobre el servicio milit
ar. El mecanismo que garantizaría un verdadero sistema de autoregulación es el "
factor D" (Digeribilidad), por lo cual sólo si la relación entre servicio obliga
torio y voluntariado es mayor de 1 se evita el ejército a dos velocidades.
- El tercer criterio se refiere a los recursos iniciales (jóvenes, hombres y muj
eres) no desafectados de otros reclutamientos alternativos o por revocaciones ya
sea temporarias, incluyendo aquellas por motivos de estudio además del bachille
r. Los jóvenes destinados a servicios más ino por su "com-patibilidad fisológica
" en el ámbito del sistema global basado sobre el servicio militar. El mecanismo
que garantizaría un verdadero sistema de autoregulación es el "factor D" (Diger
ibilidad), por lo cual sólo si la relación entre servicio obligatorio y voluntar
iado es mayor de 1 se evita el ejército a dos velocidades.
- El tercer crit
erio se refiere a los recursos iniciales (jóvenes, hombres y mujeres) no desafec
tados de otros reclutamientos alternativos o por revocaciones ya sea temporarias
, incluyendo aquellas por motivos de estudio además del bachiller. Los jóvenes d
estinados a servicios más gravosos deben tener incentivos y remuneraciones adecu
adas.
- Y por último, el servicio militar debe estar acompañado por un váli
do servicio sustitutivo civil. La prestación personal solicitada a todos los ciu
dadanos debe ser efec-tivamente desempeñada a favor del Estado.
Solamente l
uego de haber desempeñado la obligación militar o el servicio sustitutivo el jov
en puede integrarse a la vida social y productiva de la nación.
Para todos
el Servicio Na-cional constituye el primer empeño guiado y sostenido en la activ
idad social a favor de la colectividad.
Decía al comienzo que un modelo con
cebido de esta manera puede parecer utópico. Es cierto. Pero es una base raciona
l y posible de par-tida. Es la única propuesta técni-camente correcta que se pue
de esperar de técnicos.
Las modificaciones, si fue-ran necesarias, deberán
partir de esta base y no de una situación -como aquella actual- ya ampliamente c
om-prometida.
EL SISTEMA DEL SERVICIO MILITAR
A la luz d
e dichos criterios los jóvenes seleccionados para el servicio militar constituye
n la base de alimentación para todas las exi-gencias de Cuadros directivos y eje
-cutivos de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos Armados. En particular, solamen
te de los voluntarios que han cumplido con el servicio sin demérito podrán recog
erse los efectivos de las Fuerzas de Policía y de otros entes asimilados para em
peños de movi-lización. De esta manera se puede obtener, al lado de una "madurac
ión" natural de los efectivos de las fuerzas del orden por efecto de la mayoría
de edad, una calificación media superior a la actual.
Para la formación y e
l em-pleo de los Cuadros la diferencia se establece según las cualidades indi-vi
duales objetivamente verificables, las aspiraciones personales y las exigencias
del Ejército.
A partir de la idoneidad del enrolamiento y durante el servic
io militar, a los jóvenes que egresan del bachillerato se le presentan cuatro ví
as fundamentales:
- La primera: concurrir para las Academias de Oficia
les o Sub-oficiales de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Armados en relación a las a
spiraciones personales y a la dispo-nibilidad para cursar un ciclo de estu-dios
de 5 años, que llevará a la gradua-ción, o de 2 años (para los Subofi-ciales).
<
br> Un caso particular está cons-tituído por los jóvenes provenientes de las Esc
uelas Militares o de la única Escuela Militar que ha quedado: la "Nunziatella".
Estos jóvenes podrían acceder a las Academias con concurso aparte, que tenga en
cuenta los puntajes obtenidos en el bachillerato y la nota de las aptitudes mili
tares que ha emitido la Escuela. La prove-niencia de la "Nunziatella" no debería
exonerar del período de servicio militar obligatorio.
- La segunda ví
a: concursos para Oficiales de Reserva garan-tizando un servicio de primera, nom
-bramiento de tres meses más largo que el reclutamiento obligatorio, y teniendo
perspectivas sucesivas de mejor calificación y puntajes prefe-renciales en los c
oncursos públicos.
- La tercera vía: contraer servicio voluntario por
un mínimo de tres años, con la certeza de transitar sucesivamente por las Fuerza
s de Policía, los Bomberos, el Cuerpo Mi-litar de la Cruz Roja, y los roles efec
-tivos de las Fuerzas Armadas.
- La cuarta vía: continuar con el normal ser
vicio militar con la garantía de que el servicio cobra valor tanto como puntaje
preferencial en los concursos, como certificado de calificación transferible en
califica-ción profesional.
Para los jóvenes con el certificado de estu
dios de escuela "nivel medio inferior" están abiertas las dos últimas oportunida
des inme-diatas, con la posibilidad de concurrir para el enrolamiento en las cat
egorías Oficiales y Suboficiales una vez obtenido el idóneo título de estudio.
<
br> La importancia de los Cuadros es reconocida en la formación y en las funcion
es asignadas.
Desde el punto de vista conceptual, se pueden ver dos únicas
categorías en comunicación entre sí: Servicio Permanente y Reserva alimentadas p
or una base única, el servicio.
En el ámbito de la Reserva se puede ver el
Rol Especial que, además de constituir posición de transición para el personal e
n for-mación, es también Rol de Formación por "tiempo indeterminado" para los Cu
adros que no han querido o podido llevar a término el ciclo de estudios previsto
para la primera categoría.
Obviamente los Oficiales deeste rol no podrán t
ener obligaciones de comando o de servicio de Estado Mayor, sino solamente tarea
s de apoyo técnico-operativo y de staff, con la perspectiva de un grado máximo l
imitado, pero de todo respeto, como por ejemplo Coronel.
Es evidente que a
cada rol debe corresponder una serie de funciones precisas.
Por ejemplo, pa
ra los Oficiales, los Roles Normales son aquellos que preven la atribución del c
omando. No en forma obligatoria e indiscriminada, sino más bien, como mínimo, de
l Batallón para arriba, previo juicio de idoneidad emitido por una Comisión Cent
ral.
De los Roles Normales de-ben salir los Oficiales destinados a los curs
os de Estado Mayor, cuyo completamiento podrá culminar en una segunda graduación
, toda militar, en Ciencias Militares.
Con una hipótesis similar, para los
Suboficiales las dos cate-gorías Servicio Permanente y Re-serva, están articulad
as en roles espe-cíficos. En particular, el Rol Normal debe prever el Comando de
unidades hasta nivel pelotón, la dirección de órganos ejecutivos técnicos y lo-
gísticos, los cargos administrativos-contables de mayor responsabilidad en las u
nidades y en los Comandos. El rol puede tener como grado vértice aquel de "Ayuda
nte de batalla", un grado de notable prestigio histórico que se podría sacar a r
elucir también para el período de paz.
También para los Subofi-ciales de Re
serva, además de encua-drar en el Rol correspondiente los complementos y el grad
o de Sargento como "transición", comprende el Rol Especial de Suboficiales "Inst
ructores y Especialistas", en servicio por tiempo indeterminado, provenientes de
l voluntariado de tropa. Estos Suboficiales, equivalentes de los "drill sergeant
", podrían obtener el grado máximo de Suboficial Mayor.
Otro principio base
que deberá sancionarse es el de la "inter-comunicación de las categorías".
Ser Oficiales, Suboficiales o tropa no es cuestión de clase sino de requisitos.
Con un sistema de "vasos comunicantes" los roles de las distintas categorí
as pueden ser abiertos al paso de uno a otro lado de aquellos que paulatinamente
adquie-ren los requisitos necesarios.
CULTURA Y STATUS MILITARES
Este sistema, basado sobre la fuente común del servicio militar, sin embarg
o no debe impedir que formaciones y funciones de los dis-tintos componentes esté
n netamente separadas. Es una exigencia estruc-tural y también moral. A cada uno
su rol y sus responsabilidades en relación a los títulos y a las cualidades dem
os-tradas.
Además es un hecho cultural:
- El soldado conscripto o volu
ntario es el principal destinatario de la cultura militar y también el elemento
que garantiza el constante intercambio con las distintas culturas nacionales.
Cuando un voluntario pasa a ser profesional, a la gradual ade-cuación cultura
l debe corresponder la oportunidad de asumir roles y funciones propias del statu
s del nivel inmediatamente superior: el Sub-oficial.
- Los Suboficiales exp
resan el alma pragmática y técnica de la cultura militar. Están destinados al co
mando de las unidades operativas menores, a la dirección de los órganos ejecutiv
os de la logística y de la parte administrativa. Su responsabilidad se mueve en
el campo de la aplicación que, confiada a personal con edu-cación escolar de niv
el superior y formación profesional bienal, puede alejarse de la ejecución liter
al de normas y reglamentos y prever el inteligente cumplimiento de la tarea tamb
ién sobre bases de iniciativa.
- Los Oficiales representan la cultura milit
ar en el sentido más amplio de la palabra. Proyectados a la dirigencia, se calif
ican académi-camente con un título en una facul-tad libremente elegida, durante
la formación quinquenal de base, y una en Ciencias Militares luego del curso sup
erior de Estado Mayor. Profesio-nalmente ejercen las actividades di-rectivas y,
sobre todo, el comando y el servicio de Estado Mayor. Para un Oficial la "regla"
no es limitación o quite de responsabilidad, sino el ins-trumento mejor para ob
tener el obje-tivo.
Si la Regla no permite esto, es el Oficial el que propo
ne la modificación hasta que no se obtiene una, la mejor posible, capaz de obten
er el objetivo asignado.
La pertenencia a las Fuerzas Armadas de hombres a
los cuales se les asignan "status" especiales, condi-cionamientos personales y r
eglas más duras a respetarse, debe ser reconocida en forma adecuada.
Primer
o, a nivel individual y material, garantizando un trata-miento normativo y econó
mico que asegure una forma de vida adaptada al rol de cada uno en la institución
y en la sociedad.
Segundo, a nivel funcional, haciendo corresponder a las
respon-sabilidades efectivamente asignadas la autoridad legítima.
Tercero -
y como lo más im-portante- a nivel moral, rescatando en los Cuadros la concienci
a de perte-necer a una institución que la sociedad en general juzga importante y
útil porque le confía tareas fundamentales y los recursos necesarios para satis
-facerlos.
El status: sin ser un "mis-terio de fe", es de todos modos "uno
y triple". "Uno" porque la condición de militar que une a todos los com-ponentes
del personal es condición unificadora. "Triple" porque a cada uno de los tres n
iveles (tropa, oficiales y suboficiales) corresponden limita-ciones, prerrogativ
as, responsabi-lidades, distintas autoridades.
El status se expresa en nor-
mas de reconocimiento, establecidas o implícitas, originales o derivadas, acepta
das o rechazadas, pero de todos modos universalmente conocidas.
La condició
n militar (factor "uno) debe tener normas recono-cedoras claras que la distingan
de las otras condiciones. En un sistema de Servicio Nacional Militar y Civil, e
l status militar distingue exclusivamen-te para el empleo de las armas en un mar
co democrático que repudia la guerra como medio de resolución de las controversi
as internacionales, pero que está dispuesto a aceptarla con-dicionando todo el p
ueblo para la de-fensa de los propios intereses vitales.
Ninguna otra tarea
, ninguna otra característica, puede constituir reconocimiento del status milita
r.
El empleo de las armas, de la fuerza, del último recurso demo-cráticamen
te establecido; el adiestra-miento para el empleo de las armas, la aceptación de
riesgos y sacrificios físicos y psíquicos que el empleo de las armas conlleva.
Todo esto da vida al "corpus" de normas a través de las cuales el militar se pre
senta a la so-ciedad, y a su vez la sociedad nacional reconoce la condición mili
tar como íntima y conciente expresión de su totalidad.
Las distintas condic
iones co-rrespondientes a los tres niveles de personal (factor "triple"), de acu
erdo con esta óptica, no pueden ser con-sideradas solamente funcionales.
En
nuestra sociedad actual las divergencias entre cultura gene-ralizada y cualidad
es militares es algo demasiado elevado como para permi-tir una complementación c
ompleta sin una preparación adecuada. El fraccionamiento de la cultura en sus co
mponentes cualitativas ha pasado a ser carácter persistente de nuestro mundo int
electual.
Por lo tanto, la formación de las componentes militares no puede
no hacerse cargo también de una edu-cación social específica.
No se trata m
ás de formar a un profesional con funciones y tareas técnicas, sino de formar al
hombre-soldado, al hombre-suboficial, al hombre-oficial.
LOS COST
OS DE LA INEQUIDAD
A menudo en estas notas he hablado de equidad. Y tr
atándose de personal, de hombres y no de números, me parece más que pertinente.
Hablar de equidad no significa estar seguros de garantizarla. Es por esto que en
un régimen de inseguridad es necesario, con toda la tristeza que la constatació
n impone, prever que el sistema del personal, el sistema de hombres, funcione en
la inequidad.
Aunque alejados de la idea de instaurar un sistema inicuo, l
a situación general podría imponerlo, y la compensación se haría necesaria no pa
ra transformar el sistema sino para postergar los efectos negativos.
He aqu
í, como ejemplo, algunas hipótesis:
1) El servicio militar no es oblig
atorio: se necesitan voluntarios o hay que pagarlos en caso de necesidad. ¿Cuánt
o? Si el volun-tariado se dirige a los ciudadanos, además de la paga es obvio qu
e depende mucho de las perspectivas para el futuro que se ofrecen. Para los merc
enarios es solamente cuestión de dinero. Queda el problema de la guerra. Aquella
verdadera, que toda la nación debería hacer una vez que se agoten los voluntari
os, o ni bien se haya constatado que son insuficientes.
En este caso, o se
constituyen reservas entrenadas seriamente o se "espera" tener tiempo durante la
emergencia de adiestrar al personal necesario. En un caso o en el otro, la conf
ianza en la movilización no puede ser excesiva.
La misma constituye instru-
mento de guerra o de amenaza. Aún queriendo, podría ser imposible cum-plirla.
Hacer que un sistema de voluntarios sea confiable implica que sean numerosos
y eficientes: dos parámetros muy costosos.
2) El servicio militar es o
bligatorio, pero no para todos. Son más los exonerados, los eximidos, que aquell
os llamados.
En este caso. o se paga a aquellos que lo hacen, o se penaliza
a aquellos que no lo hacen. Compen-sación y penalización se equivalen. Se trata
de establecer para qué sirve el servicio militar, en términos de estudio, de tr
abajo, de oportunidades o de riesgo, de disciplina, de difi-cultades, de disponi
bilidad pasada, presente y futura a morir para los otros.
La compensación d
ebe en-contrar a un multiplicador en la rela-ción entre quién hace y quién no el
servicio militar. Mayor es el porcen-taje de los eximidos, mayor debe ser la re
muneración para quien lo hace.
3) Las fuerzas de Policía siguen incorp
orando auxiliares sobrepagándolos. Entonces es ne-cesario pagar de la misma mane
ra también a aquellos que hacen el servicio militar.
4) Hay un servici
o sus-titutivo civil sólo para los hombres. Obviamente, no pudiendo pensar en pe
nalizar a las mujeres, sería nece-sario compensar en forma adecuada a los hombre
s.
5) No se logra instituir un Servicio Nacional Civil sustitutivo. En
este caso, en las moras de la institución del servicio civil, habría que prever
que al personal destinado al mismo se le conceda licencia ilimitada provisoria.
En el período de "vacatio legis", quedando firmes los vínculos de admisiones pr
ioritarias y las facilidades de estudio para los mi-litares en licencia, a los c
onscriptos podría corresponderles un especial premio de licencia.
Como se i
ntuye, son todas situaciones límite que no dejan prever estabilidad y armonía so
cial.
CONCLUSIONES
El cumplimiento de todos estos conceptos n
o es factible con simples estudios o con pronun-ciamientos oficiales. Son temáti
cas difíciles de tratar en un "Libro Blanco". Obviamente los problemas ligados a
éstas no pueden encontrar solución siquiera en la definición de un modelo, por
más completo que sea. Pasar de un sistema a otro, en este campo, prevé una serie
de instru-mentos legislativos para cada sector de intervención y estrictamente
interdependientes.
Ante todo, es necesario una Ley de Ordenamiento que trad
uzca en cantidad, cualidad, tipo de unidad, tareas, articulación de las fuerzas,
comandos, dependencias, responsa-bilidades, atribuciones y jurisdiccio-nes terr
itoriales, las líneas esenciales del modelo de defensa.
De la Ley de Ordena
miento deben surgir inmediatamente las leyes de personal, referentes al reclu-ta
miento, el tratamiento económico, la formación de los Cuadros, las re-laciones c
on las otras instituciones del Estado y con el mundo laboral, la transición entr
e personal militar y civil de la Defensa y la incorporación de los militares de
baja en el marco social.
Se necesita una nueva ley que regule la movilización en sus aspectos militares y civiles, ya sea de defensa, como técnico-industrial.
Se necesitan además leyes sobre los materiales y sobre los recur-sos. Leyes de valoración y moderni-zación y leyes de presupuesto. Leyes sobre las infraestructuras y sobre las servidumbres militares.
Son todas las leyes que deben respetar la referencia del "modelo" elegido, pero que necesariamente deberán adaptarse a las realidades políticas y sociales que se presentarán durante su formación.
Estas adaptaciones podrán también transformarse en compro-misos que modifiquen en la sustancia la idea originaria. es justamente para evitar este riesgo que además de un "modelo" la Defensa italiana necesita urgentemente una ley "marco": un marco legislativo que fije los límites inderogables en los cuales las leyes sucesivas deberán moverse.
Un marco general que tenga en cuenta la eficacia del aparato militar en la armónica integración funcional de sus componentes, en el respeto de las peculiaridades de cada uno y protegiendo la profesionalidad y los intereses del personal. Todo esto no es un empeño sin importancia. La realización de dicho proyecto requiere una fuerte voluntad política y el franco y objetivo apoyo de las Fuerzas Armadas. No es un proyecto para soñadores, y ni siquiera para aquellos que representan intereses distintos a la realización de una Defensa seria y eficaz.
Es por esto que considero fundamental que desde este "marco problema" se ocupen los máximos exponentes del mundo político, social y cultural. O sea aquellos que, por valor intelectual y profesional, son capaces de analizar todos los as-pectos del problema, de evaluarlos correctamente en el marco más amplio de la realidad nacional e internacional y de asegurar soluciones suficien-temente estables.