HOMBRES


General Goffredo Canino


"He llamado «Hombres» a esta charla porque deseo hacer hincapié justamente sobre el elemento fundamental de cada organización y, con más razón, de una estructura articulada y compleja como aquella militar. El Ejército en particular, por su misma naturaleza está basado sobre los hombres." (*)

EJERCITO DE HOMBRES
El Ejército italiano está desarrollando en estos días las medidas correspondientes al reordenamiento. Suspensiones, reducciones en el "cuadro", traslados: son todas actividades que la Fuerza Armada vive con gran emotividad y también con gran perplejidad. Los pr esupuestos de carácter geopolítico que habían llevado a pensar en una reducción del Ejército en los últimos meses de 1989 y los primeros de 1990 ahora se han re dimensionado.
Muchos requerimientos, teóricos y prácticos, para una drástic a reducción del Ejército, han naufragado con la crisis del Golfo Pérsico. El con flicto nos hizo asistir a la invasión de un país militarmente débil, a la "liber ación" con destrucción preventiva de una ciudad moderna y, ahora, al comienzo de su reconstrucción, que es sólo cuestión de tiempo dados sus enormes recursos en petrodólares. Pero si en vez de Kuwait City habláramos de Venecia, ¿no creen qu e sería mil veces mejor crear seguramente las condiciones para impedir la "liber ación" y su imposible reconstrucción?
Las esperanzas de liberarse de una es tructura militar fuertemente organizada sobre todo el territorio nacional están chocando con la realidad de un mundo del Este en ebullición, de un Sur inestable y de relaciones internacionales completamente nuevas.
Los límites geográfi cos se revelan, hoy más que nunca, como puertas entre mundos diversos, entre cul turas, sociedades, exigencias que no podrán no ser consideradas en antagonismo, por mucho tiempo aún.
Además, los acontecimientos de estos últimos años han puesto en evi-dencia la interdependencia de la seguridad internacional.
La s exigencias de seguridad son comunes y no hay un acontecimiento internacional q ue pueda ser solamente competencia de los "demás". En relación al rol que se qui ere desarrollar en el consenso europeo, atlántico o mundial, es necesario indica r con claridad qué aporte, contribución, apoyo, se pretende ofrecer con las Fuer zas Armadas.
Si, en definitiva, no existe más la posibilidad de aislarse, n o habrá tampoco posibilidad de sustraerse a compromisos de seguridad militar cad a vez más urgentes a pesar de que a veces son operativamente menos ligados a la guerra tradicional.
Las distintas soluciones propuestas pueden ser dictadas por buenas intenciones, pero no siempre tienen cuenta de las profundas modifica ciones hechas por el cuadro normativo de referencia.
El Ejército, al que mu chas hipótesis intentan reformar en relación a cambiar exigencias operativas y n uevos empujes sociales, no puede ni siquiera ser considerado un "viejo modelo". Años de condicionamientos lo han modificado progresivamente, al punto tal de lle varlo al límite de la credibilidad funcional con respecto tanto a las viejas com o a las nuevas exigencias.
En dicha situación cualquier cambio no puede ser considerado irrelevante.
Pensar, por ejemplo, que la reducción de dos mese s del servicio militar, de 20.000 hombres del contingente militar o de 20 mil mi llones del presupuesto puedan ser absorbidos por la organización sin inconvenien tes no es correcto. La misma incorporación de 20 ó 30 mil voluntarios conlleva n o una adecuación formal, sino una fundamental y sustancial revisión de la estruc tura. Unicamente si se analiza con esta óptica el problema del nuevo modelo defe nsivo puede resolverse de manera convincente y duradera.
Por esto con mi in tervención se propone ofrecer un aporte constructivo al debate sobre los problem as de la defensa, analizando algunos aspectos referentes al personal y tratando de reconstruir, desde cero, un modelo de referencia teórica que tenga en cuenta las nuevas exigencias funcionales y, sobre todo, las exigencias de aquellos que deberán administrar las estructuras. Es un modelo que puede aparecer casi utópic o porque es muy distante de la realidad a la cual los múltiples condicionamiento s de los últimos 40 años nos han acostujmbrado. Pero es también un modelo que pu ede llevar a considerar en la justa medida todos los presupuestos fundamentales que se fueron perdiendo en la rutina o en la búsqueda de las soluciones parciale s.
Me refiero a la equidad social, a la operatividad de las unidades, al ro l de las Fuerzas Armadas, a su función social, a la formación del personal y al justo reconocimiento del servicio a las armas.
Ninguna veleidad de interfer ir en competencias ajenas, sino solamente la intención de indicar algunos "conce ptos guía" dictados por la experiencia y referidos principalmente a la component e terrestre.

Las exigencias de defensa
Un modelo de defensa parte del examen de las exigencias de carácter político y estratégico. Si las exigenci as son reales y claramente explícitas, es necesario encontrar los recursos para satisfacerlos. Si no hay recursos, se deben aceptar compromisos sucesivos, siemp re y exclusivamente de carácter político-estratégico, hasta cuando no se llegue a un equilibrio entre exigencias y recursos. Pero existen límites por debajo de los cuales los compromisos se transforman en verdaderos riesgos para la segurida d.
El primer campo en el cual es posible el compromiso es la renuncia al ai slamiento en el campo internacional, a la absoluta autosuficiencia del instrumen to militar. Pero no hay que creer que dicha renuncia puede constituir excusas pa ra enmascarar una movilización nacional o que signifique desempeño. Es más, a lo s empeños nacionales internos se suman aquellos internacionales que, como estamo s viendo, pueden ser ajenos a la defensa armada pero de todos modos requeridos a las Fuerzas Armadas multinacionales.
Las nuevas exigencias de la seguridad italiana no están aún suficientemente definidas. Lo único claro es la voluntad de estar sustancialmente presentes en als eventuales acciones de "policía intern acional". Esta que debería ser una exigencia accesoria parece ser sin embargo la única, y está sobrepasando enormemente en atención y consideración las exigenci as de defensa del territorio, de integración de la defensa con aquellos países c on los cuales existe una relación de interdependencia en cuanto a seguridad, de preparación de los ciudadanos, de mantenimiento de la operatividad de las unidad es italianas.
En este contexto, es necesario discutir un modelo de defensa global, integrado en el ámbito internacional, duradero, calibrado sobre las cara cterísticas geo-estratégicas y sociales nacionales, y no limitarse a estudiar me didas reducidas en las finalidades y en las perspectivas.

El momento de las decisiones
Aún con un marco de incertidumbres de objetivos, se está de cidiendo el destino de las Fuerzas Armadas. Lo que se decidirá valdrá por los pr óximos 20 años. El Ejército que se está delineando hoy no estará listo antes de 10 años, y tendremos las preubas materiales de la validez de las decisiones actu ales en el próximo decenio.
Las decisiones de hoy no son únicamente estruct urales, son institucionales. Consideremos por ejemplo la consistencia del Ejérci to.
No es absolutamente matemático que un gran ejército sea necesariamente ineficiente, así como no es axiomático que uno pequeño, por más que sea eficient e, sea tan eficaz.
La eficiencia está de hecho ligada a un parámetro netame nte estructural, mientras que la eficacia está ligada a las tareas a cumplir.
Decir pues que un gran ejército "elefantiásico" es -en cuanto tal-, ineficien te, no es algo cierto. Nada es más potente y eficaz que un elefante, basta darle de comer.
Tampoco es real decir que un pequeño ejército es -en cuanto pequ eño- eficiente. Un ratón sin queso es tal vez más ineficiente y ciertamente más ineficaz que un elefante hambriento.
La mágica frase "más calidad y menos c antidad", si no está acompañada de "recursos adecuados" y "tareas dimensionadas" , es tal vez el engaño más sutil y peligroso por parte de quien la propone como fórmula ganadora para obtener la eficacia deseada.
Menos cantidad y mismas funciones, o bien menos cantidad y menos recursos, no llevarán nunca a un increm ento de la calidad.
A esta altura puede plantearse uno de los cuestionamien tos fundamentales: ¿cuán grande debe ser un ejército? La respuesta puede parecer obvia, pero no es comprendida o aceptada por todos: el que se necesita para cum plir con las funciones asignadas y para garantizar credibilidad al rol político que la nación pretende tener en el concilio internacional.
Y aquí se manifi estan los nudos que deben desatarse antes de comenzar un estudio de modelo defen sivo: funciones y rol. En ausencia de indicaciones sobre estos parámetros se pue den hacer sólo hipótesis. Por otro lado, puesto que el planteo al modelo de defe nsa se efectúa, como se ha dicho, desde el punto de vista del personal, no afron taré el aspecto cuantitativo y me limitaré a las implicancias cualitativas de la s distintas elecciones operativas en lo que se refiere al "sistema Hombre".

Veamos las posibles opciones:

- La primera: un ejército de profe sionales. Podrá ser también la solución técnica más favorable. Puede ser que en el futuro sea la única posible. Es claro que, bajo el simple aspecto técnico-ope rativo, es la que más prefieren los militares profesionales. Esta solución conll eva sin embargo la abolición de la obligación del servicio militar. Implica el r eclutamiento de buenos voluntarios, su serio adiestramiento; la adquisición de m edios modernos y sofisticados, la aseguración de la más amplia movilidad. Implic a un apoyo logístico flexible y potente; cuadros motivados y preparados. Por otr o lado, si los recursos son pocos, se tendrá un instrumento pequeño, tal vez efi ciente, en el sentido de que puede dar al máximo con los medios a disposición, p ero no eficaz en relación a las funciones a cumplir. Es un instrumento largo par a formar y costoso para mantener.
Con un ejército de este tipo muchas tarea s confiadas ahora por ley a las Fuerzas Armadas deberán ser supervisadas.
E n el caso de voluntarios "ciudadanos" destinados a ser profesionales, y no merce narios, el problema de los incentivos se convierte en fundamental. Y mayor es su incidencia así como menores son el sentido cívico por un lado y el prestigio/im agen del Ejército por el otro. El incentivo además debe ser tanto más alto como mayores son las ofertas y las oportunidades de elección alternativas.
Si el Ejército no ofrece una serie de incentivos que, en general, superen las ofertas reales de los demás, este potencial voluntario no adherirá ni siquiera al puest o de informaciones.

- Segunda posibilidad: un ejército de milicia. O s ea, formado por unidades de adiestramiento en tiempo de paz y unidades operativa s a constituirse en emergencia. Conlleva una especie de revolución social.
Se basa sobre una voluntad popular a someterse para toda la vida activa a un sis tema de contínua prestación personal. Tratar de presentar este modelo con el hal ago del servicio a 3 meses y de los 15 años al año de llamado es el clásico "esp ejito para las alondras". El sistema se funda sobre la capacidad constante y con tinuada de movilización. En Italia técnicamente desde 1848 hasta hoy -como se de muestra a través de un estimable estudio de Ferruccio Botti- todas las movilizac iones han fracasado. Esperar que súbitamente la sociedad italiana cambie es un p ecado de presunción. Si se quiere ir hacia el sistema de milicia será necesario, antes de comenzar a adoptar las pesadas (en términos de recursos y de estructur as) medidas técnico-militares, cambiar toda la sociedad italiana.
Pero hay que estar seguros de lo que se puede obtener. En una entrevista televisiva, aún declarándose contrario a la abolición del Ejército, Max Frish (el gran escritor helvético desaparecido recientemente) afirmó textualmente: "Suiza no tiene un ej ército de pueblo, sino el Ejército de quien manda, de quien tiene en puño la eco nomía. El Coronel es director de banco, el Mayor es vicedirector y así sucesivam ente. Allí el empleado, el obrero, también el capataz, aprenden a obedecer y el cuadro intermedio aprende a dirigir. Todo esto contribuye a la militarización. I mprevistamente te das cuenta de que el ejército es un , no el único, hay diverso s".
Si el Ejército de profesión es "el sueño en el cajón" de todos los "ope rativos", aquél descripto por Frish es sin dudas el sueÑo de quien lo ve como in strumento de poder. No estoy seguro de que ambos sueños sean completamente compa rtibles por el pueblo italiano.

- Tercera posibilidad: el Ejército de alistamiento. En teoría no implica mpodificaciones: es lo que tenemos, o lo que deberíamos tener. Se basa sobre el principio de la obligatoriedad para todos los ciudadanos de prestar servicio militar. Es un sistema justo porque es legítimo y porque comprende a todos los ciudadanos en la defensa, pero no es equitativo: las mujeres no prestan servicio, el servicio sustitutivo civil no se ha transfor mado nunca en servicio nacional y se limita a manejar prestaciones gratuitas no en favor del estado sino de varios "entes convencionados". Entre exonerados, exi midos, etcétera, se ha creado una vasta corriente de inequidad que es el hecho d ominante de la hostilidad al sistema militar.
A esto se agregan las carenci as de recursos que, frente a los innumerables compromisos de adiestramiento, de concurso, de intrevención, de apoyo, de sustitución de otros servicios del Estad o, no garantizan un sistema de adiestramiento y operativo coherente y coordinado .
Es claro también que mantener el actual sistema militar no sería a costo cero, ni en recursos ni en empeño político-social. Es un sistema que debe funcio nar según lo previsto por las leyes y que básicamente debe ser equitativo: es de cir, debe prever o bien la equitativa distribución de empeños, o bien la compens ación de aquellos mayormente sometidos.

- Ultima posibilidad: el siste ma mixto: profesionales de reclutamiento. No es ciertamente la panacea para todo s los males. Es más, es tal vez el más complejo de realizar porque además de man comunar ventajas y desventajas de los dos sistemas crea nuevos problemas de "con vivencia" e integración.
Sin embargo, es el único modo para garantizar una gradual evolución sin saltos al vacío o veleidades.
Es el sistema "sabio" q ue se adapta a la incertidumbre, a la exigencia de reflexión, a la búsqueda de u na clara fisonomía nacional. Con ello se garantizan las exigencias "nuevas" de p olicía internacional prestando atención a la interdependencia de la seguridad na cional. Se pueden garantizar, además, las exigencias de intervención interna en colaboración y/o sustitución de las fuerzas del orden.
Con una componente p rofesional preparada y madura el Ejército podría ser también disponible para uti lizar a las Fuerzas de Policía en las frecuentes operaciones de control del terr itorio, que tienen poco de "policial" y mucho de militar. Las fuerzas del orden podrían volver a ejercer "en exclusiva" las funciones de policía judicial que ah ora deben descuidar porque están ocupados en otras funciones "de masa".

Un posible modelo de alineamiento entre derechos, deberes y exigencias
La adopción de un ejército mixto puede constituir un posible modelo si respeta los siguientes criterios esenciales:
- Obligatoriedad general del servicio mili tar, ejercida con absoluta equidad. Hombres y mujeres deben prestar servicio al Estado. El servicio militar es por lo tanto el único punto de referencia para la obligación general. Los idóneos tienen la obligación del servicio base de 12 me ses, que debe considerarse el límite necesario para entrenarse seriamente y tene r una base de operatividad.
Es el límite mínimo para formar un soldado y no solamente un operador de arma o un "portador de fusil".
Y es soldado solam ente aquel que sabe cumplir con responsabilidad y disponibilidad con sus obligac iones, plena y libremente conciente de la legítima autoridad ejercida por la jer arquía. El que sabe operar en el ámbito de una unidad.
Pensar en formar y e ducar a un soldado semejante en menos de 12 meses de vida en común, de adiestram iento, de empleo, de responsabilidades, y de obediencia conciente, está fuera de la realidad.
- Componente profesional (Oficiales, Suboficiales, tropa volu ntaria y profesionales). Este componente
El componente profesional de las Fuerzas Armadas, pero más que nada, del Ejército, debe ser considerado como crea ción directa del sistema de servicio militar de leva.
Las unidades profesio nales podrán ser más o menos en relación a la forma de alimentación establecida por el reclutamiento o por la disponibilidad de reservas.
De todas formas, su número estará comprendido entre el mínimo establecido por las exigencias polí ticas y un máximo que no está dictadopor las exigencias, sino por su "com-patibi lidad fisológica" en el ámbito del sistema global basado sobre el servicio milit ar. El mecanismo que garantizaría un verdadero sistema de autoregulación es el " factor D" (Digeribilidad), por lo cual sólo si la relación entre servicio obliga torio y voluntariado es mayor de 1 se evita el ejército a dos velocidades.
- El tercer criterio se refiere a los recursos iniciales (jóvenes, hombres y muj eres) no desafectados de otros reclutamientos alternativos o por revocaciones ya sea temporarias, incluyendo aquellas por motivos de estudio además del bachille r. Los jóvenes destinados a servicios más ino por su "com-patibilidad fisológica " en el ámbito del sistema global basado sobre el servicio militar. El mecanismo que garantizaría un verdadero sistema de autoregulación es el "factor D" (Diger ibilidad), por lo cual sólo si la relación entre servicio obligatorio y voluntar iado es mayor de 1 se evita el ejército a dos velocidades.
- El tercer crit erio se refiere a los recursos iniciales (jóvenes, hombres y mujeres) no desafec tados de otros reclutamientos alternativos o por revocaciones ya sea temporarias , incluyendo aquellas por motivos de estudio además del bachiller. Los jóvenes d estinados a servicios más gravosos deben tener incentivos y remuneraciones adecu adas.
- Y por último, el servicio militar debe estar acompañado por un váli do servicio sustitutivo civil. La prestación personal solicitada a todos los ciu dadanos debe ser efec-tivamente desempeñada a favor del Estado.
Solamente l uego de haber desempeñado la obligación militar o el servicio sustitutivo el jov en puede integrarse a la vida social y productiva de la nación.
Para todos el Servicio Na-cional constituye el primer empeño guiado y sostenido en la activ idad social a favor de la colectividad.
Decía al comienzo que un modelo con cebido de esta manera puede parecer utópico. Es cierto. Pero es una base raciona l y posible de par-tida. Es la única propuesta técni-camente correcta que se pue de esperar de técnicos.
Las modificaciones, si fue-ran necesarias, deberán partir de esta base y no de una situación -como aquella actual- ya ampliamente c om-prometida.


EL SISTEMA DEL SERVICIO MILITAR

A la luz d e dichos criterios los jóvenes seleccionados para el servicio militar constituye n la base de alimentación para todas las exi-gencias de Cuadros directivos y eje -cutivos de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos Armados. En particular, solamen te de los voluntarios que han cumplido con el servicio sin demérito podrán recog erse los efectivos de las Fuerzas de Policía y de otros entes asimilados para em peños de movi-lización. De esta manera se puede obtener, al lado de una "madurac ión" natural de los efectivos de las fuerzas del orden por efecto de la mayoría de edad, una calificación media superior a la actual.
Para la formación y e l em-pleo de los Cuadros la diferencia se establece según las cualidades indi-vi duales objetivamente verificables, las aspiraciones personales y las exigencias del Ejército.
A partir de la idoneidad del enrolamiento y durante el servic io militar, a los jóvenes que egresan del bachillerato se le presentan cuatro ví as fundamentales:

- La primera: concurrir para las Academias de Oficia les o Sub-oficiales de las Fuerzas Armadas y Cuerpos Armados en relación a las a spiraciones personales y a la dispo-nibilidad para cursar un ciclo de estu-dios de 5 años, que llevará a la gradua-ción, o de 2 años (para los Subofi-ciales). < br> Un caso particular está cons-tituído por los jóvenes provenientes de las Esc uelas Militares o de la única Escuela Militar que ha quedado: la "Nunziatella". Estos jóvenes podrían acceder a las Academias con concurso aparte, que tenga en cuenta los puntajes obtenidos en el bachillerato y la nota de las aptitudes mili tares que ha emitido la Escuela. La prove-niencia de la "Nunziatella" no debería exonerar del período de servicio militar obligatorio.

- La segunda ví a: concursos para Oficiales de Reserva garan-tizando un servicio de primera, nom -bramiento de tres meses más largo que el reclutamiento obligatorio, y teniendo perspectivas sucesivas de mejor calificación y puntajes prefe-renciales en los c oncursos públicos.

- La tercera vía: contraer servicio voluntario por un mínimo de tres años, con la certeza de transitar sucesivamente por las Fuerza s de Policía, los Bomberos, el Cuerpo Mi-litar de la Cruz Roja, y los roles efec -tivos de las Fuerzas Armadas.
- La cuarta vía: continuar con el normal ser vicio militar con la garantía de que el servicio cobra valor tanto como puntaje preferencial en los concursos, como certificado de calificación transferible en califica-ción profesional.

Para los jóvenes con el certificado de estu dios de escuela "nivel medio inferior" están abiertas las dos últimas oportunida des inme-diatas, con la posibilidad de concurrir para el enrolamiento en las cat egorías Oficiales y Suboficiales una vez obtenido el idóneo título de estudio. < br> La importancia de los Cuadros es reconocida en la formación y en las funcion es asignadas.
Desde el punto de vista conceptual, se pueden ver dos únicas categorías en comunicación entre sí: Servicio Permanente y Reserva alimentadas p or una base única, el servicio.
En el ámbito de la Reserva se puede ver el Rol Especial que, además de constituir posición de transición para el personal e n for-mación, es también Rol de Formación por "tiempo indeterminado" para los Cu adros que no han querido o podido llevar a término el ciclo de estudios previsto para la primera categoría.
Obviamente los Oficiales deeste rol no podrán t ener obligaciones de comando o de servicio de Estado Mayor, sino solamente tarea s de apoyo técnico-operativo y de staff, con la perspectiva de un grado máximo l imitado, pero de todo respeto, como por ejemplo Coronel.
Es evidente que a cada rol debe corresponder una serie de funciones precisas.
Por ejemplo, pa ra los Oficiales, los Roles Normales son aquellos que preven la atribución del c omando. No en forma obligatoria e indiscriminada, sino más bien, como mínimo, de l Batallón para arriba, previo juicio de idoneidad emitido por una Comisión Cent ral.
De los Roles Normales de-ben salir los Oficiales destinados a los curs os de Estado Mayor, cuyo completamiento podrá culminar en una segunda graduación , toda militar, en Ciencias Militares.
Con una hipótesis similar, para los Suboficiales las dos cate-gorías Servicio Permanente y Re-serva, están articulad as en roles espe-cíficos. En particular, el Rol Normal debe prever el Comando de unidades hasta nivel pelotón, la dirección de órganos ejecutivos técnicos y lo- gísticos, los cargos administrativos-contables de mayor responsabilidad en las u nidades y en los Comandos. El rol puede tener como grado vértice aquel de "Ayuda nte de batalla", un grado de notable prestigio histórico que se podría sacar a r elucir también para el período de paz.
También para los Subofi-ciales de Re serva, además de encua-drar en el Rol correspondiente los complementos y el grad o de Sargento como "transición", comprende el Rol Especial de Suboficiales "Inst ructores y Especialistas", en servicio por tiempo indeterminado, provenientes de l voluntariado de tropa. Estos Suboficiales, equivalentes de los "drill sergeant ", podrían obtener el grado máximo de Suboficial Mayor.
Otro principio base que deberá sancionarse es el de la "inter-comunicación de las categorías".
Ser Oficiales, Suboficiales o tropa no es cuestión de clase sino de requisitos.
Con un sistema de "vasos comunicantes" los roles de las distintas categorí as pueden ser abiertos al paso de uno a otro lado de aquellos que paulatinamente adquie-ren los requisitos necesarios.


CULTURA Y STATUS MILITARES
Este sistema, basado sobre la fuente común del servicio militar, sin embarg o no debe impedir que formaciones y funciones de los dis-tintos componentes esté n netamente separadas. Es una exigencia estruc-tural y también moral. A cada uno su rol y sus responsabilidades en relación a los títulos y a las cualidades dem os-tradas.
Además es un hecho cultural:
- El soldado conscripto o volu ntario es el principal destinatario de la cultura militar y también el elemento que garantiza el constante intercambio con las distintas culturas nacionales.
Cuando un voluntario pasa a ser profesional, a la gradual ade-cuación cultura l debe corresponder la oportunidad de asumir roles y funciones propias del statu s del nivel inmediatamente superior: el Sub-oficial.
- Los Suboficiales exp resan el alma pragmática y técnica de la cultura militar. Están destinados al co mando de las unidades operativas menores, a la dirección de los órganos ejecutiv os de la logística y de la parte administrativa. Su responsabilidad se mueve en el campo de la aplicación que, confiada a personal con edu-cación escolar de niv el superior y formación profesional bienal, puede alejarse de la ejecución liter al de normas y reglamentos y prever el inteligente cumplimiento de la tarea tamb ién sobre bases de iniciativa.
- Los Oficiales representan la cultura milit ar en el sentido más amplio de la palabra. Proyectados a la dirigencia, se calif ican académi-camente con un título en una facul-tad libremente elegida, durante la formación quinquenal de base, y una en Ciencias Militares luego del curso sup erior de Estado Mayor. Profesio-nalmente ejercen las actividades di-rectivas y, sobre todo, el comando y el servicio de Estado Mayor. Para un Oficial la "regla" no es limitación o quite de responsabilidad, sino el ins-trumento mejor para ob tener el obje-tivo.
Si la Regla no permite esto, es el Oficial el que propo ne la modificación hasta que no se obtiene una, la mejor posible, capaz de obten er el objetivo asignado.
La pertenencia a las Fuerzas Armadas de hombres a los cuales se les asignan "status" especiales, condi-cionamientos personales y r eglas más duras a respetarse, debe ser reconocida en forma adecuada.
Primer o, a nivel individual y material, garantizando un trata-miento normativo y econó mico que asegure una forma de vida adaptada al rol de cada uno en la institución y en la sociedad.
Segundo, a nivel funcional, haciendo corresponder a las respon-sabilidades efectivamente asignadas la autoridad legítima.
Tercero - y como lo más im-portante- a nivel moral, rescatando en los Cuadros la concienci a de perte-necer a una institución que la sociedad en general juzga importante y útil porque le confía tareas fundamentales y los recursos necesarios para satis -facerlos.
El status: sin ser un "mis-terio de fe", es de todos modos "uno y triple". "Uno" porque la condición de militar que une a todos los com-ponentes del personal es condición unificadora. "Triple" porque a cada uno de los tres n iveles (tropa, oficiales y suboficiales) corresponden limita-ciones, prerrogativ as, responsabi-lidades, distintas autoridades.
El status se expresa en nor- mas de reconocimiento, establecidas o implícitas, originales o derivadas, acepta das o rechazadas, pero de todos modos universalmente conocidas.
La condició n militar (factor "uno) debe tener normas recono-cedoras claras que la distingan de las otras condiciones. En un sistema de Servicio Nacional Militar y Civil, e l status militar distingue exclusivamen-te para el empleo de las armas en un mar co democrático que repudia la guerra como medio de resolución de las controversi as internacionales, pero que está dispuesto a aceptarla con-dicionando todo el p ueblo para la de-fensa de los propios intereses vitales.
Ninguna otra tarea , ninguna otra característica, puede constituir reconocimiento del status milita r.
El empleo de las armas, de la fuerza, del último recurso demo-cráticamen te establecido; el adiestra-miento para el empleo de las armas, la aceptación de riesgos y sacrificios físicos y psíquicos que el empleo de las armas conlleva. Todo esto da vida al "corpus" de normas a través de las cuales el militar se pre senta a la so-ciedad, y a su vez la sociedad nacional reconoce la condición mili tar como íntima y conciente expresión de su totalidad.
Las distintas condic iones co-rrespondientes a los tres niveles de personal (factor "triple"), de acu erdo con esta óptica, no pueden ser con-sideradas solamente funcionales.
En nuestra sociedad actual las divergencias entre cultura gene-ralizada y cualidad es militares es algo demasiado elevado como para permi-tir una complementación c ompleta sin una preparación adecuada. El fraccionamiento de la cultura en sus co mponentes cualitativas ha pasado a ser carácter persistente de nuestro mundo int electual.
Por lo tanto, la formación de las componentes militares no puede no hacerse cargo también de una edu-cación social específica.
No se trata m ás de formar a un profesional con funciones y tareas técnicas, sino de formar al hombre-soldado, al hombre-suboficial, al hombre-oficial.


LOS COST OS DE LA INEQUIDAD

A menudo en estas notas he hablado de equidad. Y tr atándose de personal, de hombres y no de números, me parece más que pertinente. Hablar de equidad no significa estar seguros de garantizarla. Es por esto que en un régimen de inseguridad es necesario, con toda la tristeza que la constatació n impone, prever que el sistema del personal, el sistema de hombres, funcione en la inequidad.
Aunque alejados de la idea de instaurar un sistema inicuo, l a situación general podría imponerlo, y la compensación se haría necesaria no pa ra transformar el sistema sino para postergar los efectos negativos.
He aqu í, como ejemplo, algunas hipótesis:

1) El servicio militar no es oblig atorio: se necesitan voluntarios o hay que pagarlos en caso de necesidad. ¿Cuánt o? Si el volun-tariado se dirige a los ciudadanos, además de la paga es obvio qu e depende mucho de las perspectivas para el futuro que se ofrecen. Para los merc enarios es solamente cuestión de dinero. Queda el problema de la guerra. Aquella verdadera, que toda la nación debería hacer una vez que se agoten los voluntari os, o ni bien se haya constatado que son insuficientes.
En este caso, o se constituyen reservas entrenadas seriamente o se "espera" tener tiempo durante la emergencia de adiestrar al personal necesario. En un caso o en el otro, la conf ianza en la movilización no puede ser excesiva.
La misma constituye instru- mento de guerra o de amenaza. Aún queriendo, podría ser imposible cum-plirla.
Hacer que un sistema de voluntarios sea confiable implica que sean numerosos y eficientes: dos parámetros muy costosos.

2) El servicio militar es o bligatorio, pero no para todos. Son más los exonerados, los eximidos, que aquell os llamados.
En este caso. o se paga a aquellos que lo hacen, o se penaliza a aquellos que no lo hacen. Compen-sación y penalización se equivalen. Se trata de establecer para qué sirve el servicio militar, en términos de estudio, de tr abajo, de oportunidades o de riesgo, de disciplina, de difi-cultades, de disponi bilidad pasada, presente y futura a morir para los otros.
La compensación d ebe en-contrar a un multiplicador en la rela-ción entre quién hace y quién no el servicio militar. Mayor es el porcen-taje de los eximidos, mayor debe ser la re muneración para quien lo hace.

3) Las fuerzas de Policía siguen incorp orando auxiliares sobrepagándolos. Entonces es ne-cesario pagar de la misma mane ra también a aquellos que hacen el servicio militar.

4) Hay un servici o sus-titutivo civil sólo para los hombres. Obviamente, no pudiendo pensar en pe nalizar a las mujeres, sería nece-sario compensar en forma adecuada a los hombre s.

5) No se logra instituir un Servicio Nacional Civil sustitutivo. En este caso, en las moras de la institución del servicio civil, habría que prever que al personal destinado al mismo se le conceda licencia ilimitada provisoria. En el período de "vacatio legis", quedando firmes los vínculos de admisiones pr ioritarias y las facilidades de estudio para los mi-litares en licencia, a los c onscriptos podría corresponderles un especial premio de licencia.
Como se i ntuye, son todas situaciones límite que no dejan prever estabilidad y armonía so cial.


CONCLUSIONES
El cumplimiento de todos estos conceptos n o es factible con simples estudios o con pronun-ciamientos oficiales. Son temáti cas difíciles de tratar en un "Libro Blanco". Obviamente los problemas ligados a éstas no pueden encontrar solución siquiera en la definición de un modelo, por más completo que sea. Pasar de un sistema a otro, en este campo, prevé una serie de instru-mentos legislativos para cada sector de intervención y estrictamente interdependientes.
Ante todo, es necesario una Ley de Ordenamiento que trad uzca en cantidad, cualidad, tipo de unidad, tareas, articulación de las fuerzas, comandos, dependencias, responsa-bilidades, atribuciones y jurisdiccio-nes terr itoriales, las líneas esenciales del modelo de defensa.
De la Ley de Ordena miento deben surgir inmediatamente las leyes de personal, referentes al reclu-ta miento, el tratamiento económico, la formación de los Cuadros, las re-laciones c on las otras instituciones del Estado y con el mundo laboral, la transición entr e personal militar y civil de la Defensa y la incorporación de los militares de baja en el marco social.
Se necesita una nueva ley que regule la movilización en sus aspectos militares y civiles, ya sea de defensa, como técnico-industrial.
Se necesitan además leyes sobre los materiales y sobre los recur-sos. Leyes de valoración y moderni-zación y leyes de presupuesto. Leyes sobre las infraestructuras y sobre las servidumbres militares.
Son todas las leyes que deben respetar la referencia del "modelo" elegido, pero que necesariamente deberán adaptarse a las realidades políticas y sociales que se presentarán durante su formación.
Estas adaptaciones podrán también transformarse en compro-misos que modifiquen en la sustancia la idea originaria. es justamente para evitar este riesgo que además de un "modelo" la Defensa italiana necesita urgentemente una ley "marco": un marco legislativo que fije los límites inderogables en los cuales las leyes sucesivas deberán moverse.
Un marco general que tenga en cuenta la eficacia del aparato militar en la armónica integración funcional de sus componentes, en el respeto de las peculiaridades de cada uno y protegiendo la profesionalidad y los intereses del personal. Todo esto no es un empeño sin importancia. La realización de dicho proyecto requiere una fuerte voluntad política y el franco y objetivo apoyo de las Fuerzas Armadas. No es un proyecto para soñadores, y ni siquiera para aquellos que representan intereses distintos a la realización de una Defensa seria y eficaz.
Es por esto que considero fundamental que desde este "marco problema" se ocupen los máximos exponentes del mundo político, social y cultural. O sea aquellos que, por valor intelectual y profesional, son capaces de analizar todos los as-pectos del problema, de evaluarlos correctamente en el marco más amplio de la realidad nacional e internacional y de asegurar soluciones suficien-temente estables.




Actualizado: 17/05/96 9:10:03 AM
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