LA RECONVERSION MILITAR
EN AMERICA DEL SUR
(*)
Silvana Rubino
Los cambios que están sacudiendo las viejas estructuras mundiales, han convertid
o la integración regional y subregional en uno de los puntos más importantes de
la agenda política. Iberoamérica no es una excepción y los procesos de integraci
ón económica están a la orden del día, como alternativa para paliar las desastro
sas consecuencias de una situación económica que está amenazando la estabilidad
política de los países de la región.
La integración de mercados lleva paula
tinamente a considerar -y también a imponer- la cooperación en otras áreas. Entr
e ellas, la seguridad regional, entendiendo por tal la consideración de la prote
cción del medio ambiente, de los recursos naturales, la prevención y respuesta a
catástrofes, el mantenimiento y mejor uso de las fuentes energéticas y la promo
ción de la investigación y el desarrollo para impulsar el crecimiento de la regi
ón. Aspectos militares como la preservación de la soberanía e integridad territo
rial y la no proliferación de armamentos no convencionales son también parte del
debate.
En Iberoamérica se están promoviendo instancias para debatir alter
nativas a la diversa problemática de la seguridad regional. En junio de 1991, la
Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Santiago de
Chile decidió constituir un grupo de trabajo cuyo cometido es definir las bases
de la seguridad hemisférica. Integrado por las delegaciones políticas en la orga
nización, dicho grupo de trabajo cuenta con la presencia de oficiales militares
delegados ante la Junta Interamericana de Defensa -órgano asesor permanente de
la OEA- pero en carácter de observadores.
A nivel subregional, y en el área
propiamente militar, se han realizado encuentros de oficiales de Estados Mayore
s Conjuntos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, países que integran el Mer
cosur -Mercado Común del Sur- a los cuales posiblemente se incorpore Chile en un
futuro próximo. Una de las consecuencias más positivas de este tipo de instanci
as es que crea un espacio para un contacto más fluído entre las fuerzas militare
s de estos países, el cual se ha visto muchas veces dificultado por la existenci
a de conflictos de frontera de larga duración. Generar mecanismos para debatir e
sta problemática en el marco de la integración e incorporar a los mismos a las f
uerzas militares es extremadamente importante para evitar se sigan alimentando h
ipótesis de conflicto. Si se tiene en cuenta que en MERCOSUR, Brasil representa
aproximadamente el 79 por 100 de la población y el 77 por 100 del Producto Inter
ior Bruto de la región afectada por el tratado, es sin lugar a dudas previsible
que a nivel militar se genere preocupación en cuanto a la preservación de intere
ses nacionales de los restantes países involucrados, particularmente los más peq
ueños como Paraguay y Uruguay, pero también Argentina, que ha disputado históric
amente con Brasil la posesión de un rol hegemónico en el continente.
Pese a
las dificultades, la realización de ambos encuentros es altamente positiva ya q
ue genera un espacio para el intercambio de ideas y acercamiento entre los actor
es involucrados. Sin embargo, la relevancia de ambas instancias se ve en cierto
modo oscurecida por el escaso nivel de interacción entre civiles y militares. Po
r un lado, es necesario incorporar el tema militar a la agenda de discusión glob
al de la integración regional, para evitar que se perpetúe el aislamiento de los
militares y el consiguiente incremento de su grado de alerta en pos de la defen
sa de los intereses y soberanía del Estado al que sirven. Pero en este marco, es
también imprescindible que dichas instancias cuenten con la participación de of
iciales militares, junto con gobernantes civiles, legisladores, representantes d
e las fuerzas políticas, diplomáticos, periodistas, expertos civiles en el tema
militar y empresarios relacionados con el sector industrial de defensa.
Uno
de los obstáculos más importantes para la realización de este tipo de encuentro
s a nivel regional es que tampoco existe comu-nicación fluída entre la élite civ
il gobernante y los militares a nivel de los países de la región. Por otra parte
, los civiles poseen escaso conocimiento sobre el tema militar -el cual constitu
ye frecuentemente un no tema- y las más de las veces no poseen la información mí
nima, no sólo respecto a la orientación doctrinaria, sino también a la capacidad
y organización de las fuerzas militares de sus propios países. A esto se le sum
a la situación cada vez más decadente de las FAS que hace imperiosa la necesidad
de estudiar seriamente las posibilidades de reforma de las instituciones milita
res, sin limitarla a propuestas de mera reducción numérica y encarando una trans
formación de fuerzas militares masivas en cuerpos profesionales, con capacidad h
umana y material para ejecutar las misiones constitucionalmente enco-mendadas.
<
br> Pese a que la definición de estos temas a nivel nacional es prioritaria, ins
tancias regionales de debate sobre el tema militar y su relación con la segurida
d de toda la región, no sólo son importantes en sí mismas sino que impulsarían p
rocesos paralelos de interacción fluída entre civiles y militares en cada uno de
estos países.
El Tratado de MERCOSUR presenta las condiciones necesarias p
ara tomar este tipo de iniciativas. Compuesto por países a los que unen interese
s comunes y separan profundas diferencias, podría convertirse en un ejemplo para
toda la región, demostrando que pese a las dificultades que caracterizan la pue
sta en marcha de proyectos de mercado común, las áreas de cooperación son numero
sas. Si bien las diferencias más discutidas hasta el momento son las de índole e
conómica -funda-mentalmente el tema de la fijación de un arancel externo común y
la eliminación de restricciones no arancelarias, el problema de la inestabilida
d económica de los países miembros y el tipo de medidas a tomar para enfrentarla
- otros temas deberían tratarse en forma paralela al económico. A modo de ejempl
o, MERCOSUR podría impulsar la creación de una instancia permanente que atienda
la temática de la seguridad e integración militar de los países miembros, para l
a cual existe una extensa agenda. En primer lugar, este tipo de evento permitirí
a analizar las alternativas para la resolución de históricos conflictos de front
era, que han sido relegados de la agenda política democrática la más de las vece
s, mientras que a nivel de las Fuerzas Armadas constituyen una tradicional fuent
e de inspiración para sus hipótesis de conflicto. Asimismo se podría impulsar la
cooperación regional como forma de empezar a contrarrestar una orientación geop
olítica agresiva por parte de los militares que ha predominado históricamente y
que aún está presente. Esta temática generaría un nuevo ámbito para la interacci
ón cívico-militar en el cual se incorporarían a los militares en el diseño de la
s políticas exteriores nacionales y regionales y se introduciría al sector civil
en temas geopolíticos que le han sido ajenos siempre.
En segundo lugar, la
herencia del período de la guerra fría, y los legados de los procesos autoritar
ios, marcan la existencia de un alto porcentaje de recursos destinado al sector,
que pese a haber sido reducido por los nuevos gobiernos democráticos, constituy
e aún hoy una causa de debilitamiento de la economía, particularmente en los cas
os de países pequeños como Uruguay y Paraguay. La situación es aún más grave cua
ndo se observa que, por su carácter masivo y por el deterioro logístico y de equ
ipamiento estos recursos no son suficientes para mantener unas fuerzas militares
que como consecuencia no están siquiera capacitadas para realizar el entrenamie
nto y preparación que aseguren una defensa eficaz. Las reducciones de los presup
uestos de defensa realizadas por los nuevos gobernantes, dado el escaso compromi
so de los civiles en la definición de prioridades del sector, han sido en porcen
tajes globales y no reflejan un estudio pormenorizado que, sin embargo, se impon
e. Esta reducción indiscriminada ha perjudicado aún más al sector militar, dismi
nuyendo la capacidad de supervivencia de sus estructuras paquidérmicas y poniend
o en peligro en varias oportunidades la subordinación de la institución militar
al liderazgo civil y la estabilidad del sistema democrático.
En este marco,
las ventajas que una estructura regional de integración para la seguridad -con
activa participación de la élite civil y militar- puede ofrecer son enormes, tanto en el caso de MERCOSUR como a nivel de toda la región. No solamente por brindar la oportunidad de realizar ejercicios conjuntos y colaborar en entrenamiento y aspectos militares propiamente técnicos -actividades muchas veces ya realizadas en forma bilateral- sino también en el impulso de una reforma institucional que refleje la nueva realidad de cooperación en el área y disminuya la magnitud del gasto, a la vez que mejore la capacidad de las fuerzas militares y su nivel de profesionalidad. Esto estimularía un proceso de aprendizaje recíproco que haría desaparecer la desconfianza mutua entre ambas partes, distendería tensiones entre fuerzas armadas, de países vecinos, aseguraría la eficaz subordinación de las fuerzas militares a un liderazgo civil responsable y entendido, y sobre todo, propiciaría la efectiva consolidación de las bases democráticas de los países de la región. El reciente intento de golpe de Estado en Venezuela e incluso la particular situación que vive el Perú, plantean una vez más, la necesidad de encarar la definitiva integración de las fuerzas militares en el contexto democrático. Pese a sus peculiaridades, ambos casos tienen potencialmente la capacidad de influir negativamente en la visión de las demás instituciones militares de la región, particularmente en lo que respecta a la vigencia de ciertos mecanismos para expresar su disconformidad con los regímenes democráticos. La búsqueda de espacios que incrementen el diálogo entre civiles y militares y promuevan la cooperación y los valores democráticos es una tarea prioritaria en el intento de asegurar la estabilidad política de la región.
[ST1](*) Revista Española de Defensa, año 5, nº 51, mayo 1992, p. 62. Transcripto con autorización de la misma.
[ST1]