EL EJERCITO ARGENTINO EN EL FUTURO
General Martín Balza
Jefe de Estado Mayor del Ejército Argentino
Los cambios espectaculares que afectan hoy las relaciones internacionales ponen en tela de juicio el nuevo orden mundial; orden que se nos presneta, actualmente, fracturado e inestable. Hacer prospectiva o imaginar escenarios futuros con un cuadro de situación que acumula numerosas variables de riesgo, resulta un esfuerzo intelectual prácticamente inútil. Los interrogantes se han multiplicado y amplificado, complicando más la seguridad cuya naturaleza es por sí viva y compleja.
Pese a ello existen ciertas tendencias, que por estar impregnadas de los avances de la ciencia y la tecnología, nos permitirían proyectar dentro de la incertidumbre que plantea el mentado "nuevo orden mundial", cómo serían las exigencias que se plantearían en el campo de batalla en el largo plazo (principios del siglo XXI), en donde el Ejército Argentino debería continuar cumpliendo con su actual misión.
La emergencia de nuevas tecnologías seguirá marcando en el futuro el ritmo de la evolución de los sistemas de armas, quedando bajo la amenaza de ser obsoletas en el mediano plazo gran parte del sofisticado equipamiento que hoy es patrimonio exclusivo de unas pocas naciones privilegiadas por un gran desarrollo científico.
Es de prever que con su modernización la Fuerza accederá a muchos de los avances tecnológicos que hoy nos asombran y a otros que aún no conocemos, modificando sensiblemente su actual perfil, pero siempre dentro de los principios permanentes y animados del concepto de nuestra propia modernidad e Identidad Nacional.
Esta mutación basada en la incorporación de tecnología transformará sin duda, el concepto de Ejército que funda su fortaleza en lo cuantitativo, supliéndolo por la preeminencia de lo cualitativo.
Existe la convicción de que el Instrumento Militar Terrestre será el que deberá incorporar mayores transformaciones tecnológicas en el futuro si aspira a mantener una mínima aptitud para disuadir, y eventualmente confrontar con posibilidades de éxito, en un ambiente operacional moderno.
La "transparencia" del campo de batalla como consecuencia del empleo de los sensores "todo tiempo" y permanentes facilidades espaciales, permitirá a ambos contendientes eliminar su actual "opacidad", entendida ésta como la capacidad de observar tanto de día como de noche y en cualquier condición de visibilidad.
Esta imposición tecnológica requerirá inexorablemente avanzar con decisión y rapidez en la drástica reducción de "firmas" (rastros visuales infrarrojos, electromagnéticos y acústicos), más nítidas ante la detección de blancos lentos y voluminosos.
El Ejército del futuro estará dotado de medios de "comando, control, comunicaciones e inteligencia" (C3I), sustentados en sistemas informáticos que asegurarán la transparencia del campo de batalla y la rápida transmisión de órdenes; confiriendo gran dinamismo y fluidez a las operaciones militares.
Para hacer frente a este exigencia nos imaginamos organizaciones terrestres reducidas, potentes y muy móviles (blindadas, mecanizadas, aeromóviles, y aerotransportadas), operando en amplios espacios bajo el paraguas de adecuados medios de vigilancia (satelitales, aeroterrestres y terrestres de gran complejidad). Se puede aventurar la aplicación de tecnología relacionada con el soft kill o "muerte dulce" (equipos que sin utilizar la energía cinética o explosiva, pero sí el espectro electromagnético inhibirán o dañarán los sistemas de armas del adversario), en los futuros ambientes operacionales que involucren la Fuerza. La robótica, los drones, las comunicaciones protegidas, la inteligencia artificial, serán herramientas de uso normal para resolver parte de los problemas que planteará el ambiente técnico-operacional descripto.
La reacción eficiente y anticipada de las fuerzas que participen en la batalla aeroterrestre, en un medio caracterizado por la alta letalidad de los sistemas de armas, será la clave de su propia supervivencia. En ese orden de ideas, se aprecia que la cristalización de la modernización del Ejército Argentino trasuntará en organizaciones:
1. Cuantitativamente reducidas, pero cualitativamente superiores.
2. Con gran movilidad estratégica y táctica, y menos aferradas a la servidumbre que actualmente le impone el terreno.
3. Que operarán a "tiempo completo", superando con un profuso empleo de navegadores inerciales y visores térmicos o de intensificación de imágenes, la actual restricción que la "opacidad" del campo de combate impone.
4. Fortalecidas en cuanto a la letalidad de sus medios: helicópteros de ataque y asalto, armas inteligentes ("dispara y olvídate").
5. Dotadas de medios sustentados por tecnología sensitiva superior.
6. Elevada capacidad de interoperabilidad y compatibilidad básica.
7. Aptas para la batalla conjunta.
8. Altamente dotadas de potencia de choque y maniobrabilidad de los fuegos.
9. Con capacidad de responder a una amplia gama de eventualidades, incluida la participación activa del Ejército en distintos escenarios dentro del marco de las Organizaciones Militares de Paz de las Naciones Unidas.
10. Apoyadas por la electrónica aplicada (comando, control, comunicaciones e inteligencia; optrónica; visión nocturna; radárica), inteligencia artificial (modelización y simulación asistida), tecnología satelital (posicionamiento, adquisición, transmisión, y procesamiento).
La conducción de la batalla moderna requerirá disponer de una adecuada calidad intelectual, lograda mediante la formación de hombres altamente capacitados en la adopción de rápidas y certeras resoluciones, y con los conocimientos técnico-teóricos que lo capaciten en la dirección y operación de sofisticados materiales y tecnología sensitiva convencional.
Entre otros aspectos podemos señalar que la informática y el empleo de los simuladores en las ejercitaciones están produciendo el cambio cultural imprescindible para que los futuros Oficiales y Suboficiales estén a la altura del desarrollo tecnológico de los sistemas de armas.
La excelencia está siendo privilegiada en todas las resoluciones y medidas que la involucran, no sólo como una necesidad cercana de la Institución, sino apuntando a la demanda que impondrá el ambiente operacional en el próximo siglo. Cabe destacar, que en bien de esta excelencia se exploran formas de voluntariado que aseguren el máximo de eficiencia en la operación de los medios de mayor complejidad técnica; manteniendo el servicio de conscripción vigente como una fuente de reclutamiento que satisfaga las necesidades de menor especialización, y el espíritu de la Ley Fundamental de la Nación cuando dispone el compromiso del ciudadano en las actividades relacionadas con la defensa de la Patria.
Hasta aquí he querido describir la transformación que deberá concretarse en la Fuerza para adecuarse a las futuras exigencias impuestas por el desarrollo tecnológico.
Como axioma que no admite cambios, el Soldado del Siglo XXI seguirá sustentando su fortaleza espiritual en los valores trascendentes de la profesión militar: la lealtad, la honestidad, el espíritu de sacrificio, la subordinación, el ejemplo personal, el coraje, y la disciplina, entre otros.
Tampoco variará sustancialmente la actual misión de la Fuerza, por haber sido concebida con la mayor prospectiva posible y con una atención especial hacia las necesidades de la comunidad. Por tratarse del eje aglutinante de las acciones vigentes y futuras del Ejército.
En síntesis, compartiendo una visión moderna del Estado, dedicado a garantizar eficientemente sus funciones indelegables, una de las cuales es proveer a la Defensa Nacional que asegure la supervivencia de la Nación y sea garante de la libertad de sus habitantes; aspiramos a modernizar nuestro Ejército al servicio de todos los argentinos. Un Ejército que en el próximo siglo alcance la máxima eficiencia en el cumplimiento de su misión, reestructurado y más reducido pero cualitativa y tecnológicamente superior, menos disperso pero ocupando los espacios nacionales críticos, capaz de responder con rapidez y potencia graduable a las situaciones de crisis, que obtenga el máximo rendimiento de los recursos asignados y coadyuve al desarrollo científico-tecnológico, sirva a la proyección exterior de la Política Nacional y contribuya solidariamente al alivio de nuestros conciudadanos frente a los desastres naturales.