LA COMUNIDAD DE INTELIGENCIA
¿CUAN IMPORTANTE?
David L. Boren
Senador de los EE.UU.
Presidente de la Comisión Selecta del Senado sobre Inteligencia
En un artículo precedente a los cambios en la Ley de Inteligencia de los Estados Unidos -publicados en la sección Documentos- uno de los actores de dichas modificaciones explica que "los cambios más radicales desde el comienzo de la Guerra Fría requieren los cambios más radicales en el moderno aparato de inteligencia del gobierno. Si la comunidad de inteligencia no realiza estos cambios, se convertirá en un dinosaurio caro e irrelevante, justo cuando EE.UU. más necesita información y penetración en los nuevos y complejos desafíos que enfrenta."
Nada es más difícil de cambiar que nuestra idea básica del mundo y nuestro rol en él. Esta es la razón por la cual muchos norteamericanos que diseñan las políticas reaccionaron inicialmente con alarma ante la rapidez del cambio en Europa Oriental y la Unión Soviética. Los cambios no estaban dándose en nuestro cronograma. Irónicamente, los instintos de muchos altos funcionarios del gobierno los llevaron realmente a sentirse más confortables con el orden que con la libertad porque era más predecible.
Aún en la actualidad, hay entre los funcionarios de inteligencia y política exterior quienes extrañan los viejos días de la Guerra Fría porque sus desafíos eran más fáciles de definir. De muchas maneras, ésta es la mayor amenaza para nuestra propia seguridad nacional: el fracaso de cambiar nuestro pensamiento, de manera de coincidir con todos los cambios ocurridos en el mundo.
La Historia nos enseña que la desintegración de imperios multinacionales o la liberación de Estados culturalmente distintos, con frecuencia, crean un período de inestabilidad. De muchas maneras, el mundo de la década del '90 se asemeja más al de la década del '20 que al del '80. Sería poco sensato creer que entre las ruinas de un imperio mayor y la creación de nuevos Estados-Naciones dejaríamos de ver conflictos contínuos, al menos con fundamentos regionales.
Queda claro que para continuar siendo un líder mundial en el próximo siglo, Estados Unidos requerirá medios muy diferentes a los usados previamente. En el pasado, la fuerza militar estaba en el centro de nuestra influencia política porque nuestros aliados en todo el mundo necesitaban nuestra protección contra la amenaza soviética. Pero en tanto nuestros aliados se sienten menos amenazados militarmente, también se sentirán menos deseosos de seguir nuestro liderazgo. Las fuerzas económicas y sociales, de muchas maneras, se convertirán en los determinantes de la influencia mundial.
Las implicancias de la comunidad de inteligencia norteamericana son claras. Los cambios más radicales desde el comienzo de la Guerra Fría requieren los cambios más radicales en el moderno aparato de inteligencia del gobierno desde que se creó la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en virtud de la Ley de Seguridad Nacional en 1947. Si la comunidad de inteligencia no realiza estos cambios, se convertirá en un dinosaurio caro e irrelevante, justo cuando EE.UU. más necesita información y penetración en los nuevos y complejos desafíos que enfrenta.
Algunos discuten que en lugar de cambiar la comunidad de inteligencia, simplemente debería eliminársela. Cantan "primero Estados Unidos", y demandan que EE.UU. se desligue del resto del mundo y comience a ocuparse sólo de los norteamericanos.
Aquellos que predican este nuevo aislacionismo engañaron al pueblo norteamericano con la falsa idea de que existe un conflicto entre lo que nosotros necesitamos hacer en el país y lo que necesitamos hacer en el exterior. Estos no son objetivos que compiten entre sí, sino que son complementarios. Cerrarnos al resto del mundo no nos garantizará seguridad. Antes bien, deberíamos prepararnos para vivi constructivamente y, cuando fuera necesario, competir eficazmente en el nuevo medio internacional. El hecho de adoptar la clase correcta de rol en el mundo nos ayudará a reconstruir nuestra fuerza en nuestro país.
Con nuestro bienestar económico tan dependiente de las exportaciones y del movimiento de capital internacional para financiar nuestra deuda, el retiro de la comunidad internacional dañaría tan severamente la salud económica de nuestra nación que quizás nunca nos podríamos recuperar.
Tampoco podemos darnos el lujo de ignorar que los efectos económicos de la ayuda externa son utilizados por nuestros competidores, que dan créditos en lugar de dinero efectivo a áreas como Europa Oriental. Lo hacen en un esfuerzo de ubicar sus productos en las nuevas infraestructuras en desarrollo, creando mercados para sus bienes y servicios en el futuro. Estados Unidos debería hacer lo mismo. Ubicar nuestro equipamiento en la infraestructura de otros países no sólo creará puestos de trabajo aquí, sino que también creará un mercado futuro para nuestros productos, repuestos y servicios.
Quienes abogan por el retiro y niegan la necesidad de inteligencia oportuna sobre los desarrollos globales muestran una ignorancia total de la historia. El retiro de EE.UU. de Europa después de la Primera Guerra Mundial ciertamente no mejoró la paz mundial ni la estabilidad, ni su propia seguridad nacional.
Obviamente, un país que ha estado gastando 300 mil millones de dólares por año en una carrera armamentista, y desviando capitales necesarios para realizar proyectos internos, debe controlar los desarrollos de la ex-Unión Soviética. EE.UU. tiene un gran interés en alejar del poder a nacionalistas extremos que podrían volver a encender la carrera armamentista.
Queda claro que en tanto el mundo se vuelve multipolar se necesitará más inteligencia, no menos; más compleja, no ya comprensible a través del prisma de la competencia soviética.
Pero aún entre quienes admiten que hay una necesidad contínua de inversión en la reunión de información y el análisis de inteligencia, hay quienes argumentan que EE.UU. ya no necesita una comunidad de inteligencia separada. Algunos, por ejemplo, han sugerido abolir la CIA y ubicar todas las funciones de inteligencia bajo el control del Departamento de Estado. Un cambio tal no sería sensato por varias razones.
En primer lugar, pondría en peligro la relación a prudente distancia entre aquellos cuya tarea es la de ofrecer información objetiva, y aquellos que tienen a su cargo el diseño de la política. Ciertamente, la inteligencia producida por agencias separadas, pasa por alto algunas veces la cuestión que necesitan tratar quienes diseñan políticas. Sin embargo, si la reunión de información y el análisis de inteligencia están totalmente dominados y controlados por quienes diseñan políticas, habrá una tentación muy grande de la inteligencia a "servir" o "vender" las políticas antes que a "informar" sobre ellas.
En segundo lugar, algunos métodos de reunión de información de inteligencia son inapropiados para las misiones diplomáticas y, por lo tanto, para el Departamento de Estado. Finalmente, éste no está organizado de manera de darle a la inteligencia una forma útil para los militares en épocas de conflicto, una preocupación aún en este nuevo ambiente mundial que producirá más que su justa proporción de conflictos regionales y de baja intensidad.
Si el Departamento de Estado no está equipado para asumir el rol de agencia líder en inteligencia, tampoco lo está el Pentágono. En tanto los factores no militares se vuelven más importantes para la seguridad nacional, la inteligencia creada únicamente con la perspectiva militar sería bastante menos relevante que en el apogeo de la Guerra Fría.
La respuesta no es eliminar la inteligencia, ni eliminar una comunidad de inteligencia separada, sino más bien cambiar la comunidad existente, inclusive la CIA. El cambio debe darse en dos áreas de importancia: nuevas prioridades y una nueva estructura, mejor adaptada a dichas prioridades.
III
La comunidad de inteligencia se construyó primariamente con un objetivo: las sociedades "cerradas" del mundo de la Guerra Fría, que contabilizaban tanto como un tercio del globo. En la actualidad, dicho objetivo ha disminuido considerablemente. Para estar seguros, la comunidad de inteligencia debe continuar adquiriendo información que no puede obtenerse públicamente, sobre las amenazas a la seguridad y bienestar de EE.UU. Sin embargo, su énfasis geográfico ha cambiado a áreas importantes de preocupación, tales como la proliferación de armas de destrucción masivas y el contraterrorismo en cualquier lugar que ocurra. Los métodos de operación de la comunidad también deben cambiar.
Una nueva prioridad de la nueva comunidad de inteligencia debe ser su énfasis en la inteligencia de origen humano. Con menor cantidad de fuerzas militares norteamericanas ubicadas en todo el mundo, será esencial una advertencia temprana de intenciones hostiles de potenciales adversarios. En tanto las fotografías satelitales y otros datos técnicos pueden revelar movimientos militares antes de un ataque, no pueden ofrecer una advertencia temprana de las intenciones de un enemigo. Probablemente serán menos útiles en el impredecible Tercer Mundo que contra la ex-Unión Soviética, donde los movimientos de tropas y el desplegamiento de tecnología se daban a una escala mayor y más detectable.
Además, la advertencia ofrecida por los movimientos militares a menudo se da muy tarde para dar opciones significativas a quienes diseñan políticas. Si el Presidente Bush hubiera conocido las intenciones de Saddam Hussein meses antes, en lugar de unos pocos días antes de la invasión iraquí a Kuwait, habría tenido la oportunidad de considerar otras opciones que podrían haber prevenido la guerra.
Los recursos humanos son también los recolectores de información de inteligencia más eficaces en otras áreas. En tanto la inteligencia de señales es de gran ayuda para los recursos humanos de inteligencia, estos últimos tienen una importancia crítica para la penetración de las organizaciones terroristas y de tráfico de drogas. Una fotografía satelital no puede detectar las acciones de un terrorista que fabrica elementos explosivos en un edificio abandonado. Ni tampoco pueden los sistemas técnicos ofrecer la penetración necesaria para entender y manejar los esfuerzos extranjeros para ganar ventajas económicas y comerciales sobre Estados Unidos.
No sólo necesitaremos mejores recursos humanos en inteligencia sino que los funcionarios de inteligencia necesitarán capacidades diferentes. Quizás con la mitad de nuestros recursos de inteligencia que previamente apuntaban a la amenaza militar soviética, necesitamos urgentemente cambiar las prioridades hacia personas que entiendan a la opinión pública y a los movimientos de masa de aquellas áreas del mundo donde el poder se ha convertido en mucho más descentralizado. Necesitaremos más economistas y graduados en administración de empresas que comprendan la competencia comercial, y menos expertos en tecnología militar o en el orden de batalla soviético.
Además de mejorar la reunión de información de inteligencia de origen humano, también debemos mejorar las funciones analíticas de la comunidad de inteligencia. Los análisis deben hacer mejor uso de las fuentes abiertas y deben