Seguridad, defensa e intereses nacionales en la Argentina del 2000




Al analizar la situación regional, nuestro seminario identificó una de las causas principales de la crisis de la región: la parálisis del pensamiento propio, manifiesta a lo largo de la década de los ochenta.
Nuestro país no ha sido ajeno a ésto y quizás la mejor prueba haya sido lo sucedido durante 1992, con la invasión de expertos extranjeros que conferenciaron en Buenos Aires. Fue necesario traer desde el norte a numerosos analistas para que la dirigencia argentina captara las transformaciones que se estaban produciendo en el mundo.
Algunas de ellas son las que dieron como resultado el triunfo de Bill Clinton en los EE.UU., las que produjeron desmembramientos estatales como en las ex-URSS y Yugoslavia, o la declinación de los gobiernos socialistas en Europa. Las usinas de pensamiento del paíes no eran capaces de "leer" el mundo fuera de los clisés que ya eran viejos en otras latitudes.
¿Por qué este silencio desde lo nacional? Si bien una respuesta profunda debería bucear -entre otros ítems- , en el déficit de nuestro sistema político, educativo y de investigación, una punta explicativa puede estar en lo que sucedió durante la explosión del pensamiento de los años 60 y 70.
Las visiones de esa época estaban basadas en una filosofía esencialmente confrontativa, de reconocer las propias identidades sólo en lo diferente del otro, que a la vez se interpretaba como negativo. Esta visión podía ser funcional para aglutinar voluntades contra el colonialismo, los imperialismos y la falta de libertades, pero pecaba de una falencia fundamental: era incapaz de desarrrollar el pensamiento afirmativo-propositivo, y por lo tanto no sirvió para definir identidades ni caminos concretos y posibles para la realización nacional.
Los errores de esta visión esencialmente elitista y confrontativa que tiñó toda esa época, ocasionaron demasiado daño a nuestro pueblo, que al pasar al otro extremo del péndulo hizo que toda visión "diferente" fuera considerada como un intento de retorno a las posiciones setentistas.
Al mismo tiempo podemos consignar que esto no le ocurrió a otros países que en contextos de difíciles condiciones externas mantuvieron una capacidad de elaboración conceptual basada en la afirmación de sus propias identidades. Pensamos por ejemplo en la situación altamente restrictiva en términos de soberanía clásica que sufrieron Alemania y Japón después de la Segunda Guerra.
En nuestro caso este marcado contraste entre la voluntad de conocer las tendencias mundiales de pensamiento y la ausencia simultánea de una lectura desarrollada desde la propia realidad de estas tendencias, aparece como una de las causas, tanto de la reiterada lentitud que la clase dirigente ha demostrado para adaptar el país a las tranformaciones del entorno global, como al propio reciclamiento de los estamentos de decisión.
Este es sin duda el gran desafío para la dirigencia argentina: ser capaces de manejar los condicionamientos de los marcos globales y regionales sin recaídas en la visión confrontativa, pero también sin abdicar de la defensa de los intereses nacionales.
En los primeros números de SER en el 2000 centramos nuestra visión en las tendencias principales que -en el orden global primero y en el regional después-, condicionan el análisis de los problemas de seguridad estratégica.
En este tercer número queremos hacer hincapié en la relación que existe entre un modelo de nación -resultante de las transformaciones profundas que hoy se están llevando a cabo- y el lugar que políticas sectoriales como la seguridad y la defensa ocupan y/o deberían ocupar en dicho modelo.
Nuestro seminario a través de varias jornadas de análisis globales y sectoriales de la realidad local, alcanzó a producir un conjunto de tendencias de la evolución nacional; resta ahora el proceso de interpretar cuáles son los intereses permanentes que cada una de ellas implican, para poder identificar los riesgos y las oportunidades estratégicas que se abren.
La articulación adecuada entre intereses permanentes, riesgos y oportunidades -con la debida atención a los marcos condicionantes ya expuestos-, será la que delinee el para qué, el cómo, los tiempos y movimientos de las políticas de seguridad, defensa y sus instrumentos.
Sin duda, esto hace relevante el esfuerzo de conceptualización en torno al "interés permanente" como categoría de análisis, al mismo tiempo que el proceso de identificación y articulación legítima en el marco de una sociedad compleja y cambiante como lo es la Argentina de hoy.
Intentar evitar este camino para el debate y tomar atajos simplistas que limiten los problemas de la seguridad y la defensa a decisiones relacionadas con misiones y recursos -meramente estatales-, puede ocasionar no sólo un empobrecimiento de la reflexión, sino una exclusión de la sociedad y por lo tanto un debilitamiento real del tema de la defensa en términos concretos.
Abrimos aquí entonces algunas ideas fuerza para orientar el debate planteado:
- Redefinición de los conceptos de seguridad y defensa a la luz de las transformaciones del estado nación argentino, producto de su propia historia, los cambios profundos en desarrollo y sus intereses permanentes.
- Reposicionamiento de los conceptos de seguridad y defensa dentro del modelo.
- Pautas para la articulación de los conceptos de seguridad y defensa en instrumentos militares armónicamente rediseñados.
- Comunicación social y educación permanentes de las razones profundas que sustentan los nuevos conceptos sobre la seguridad, la defensa, la prevención de conflictos y la paz.



Actualizado: 18/05/96 9:34:28 AM
SER en el 2000