LA SEGURIDAD REGIONAL (*)

Tte. Gral. Martín Balza


Los cambios operados en la situación estratégica mundial en el último lustro permiten percibir que nos encontramos en el difícil tránsito hacia una nueva era de la humanidad, que se caracteriza por múltiples crisis que afectan la noción de seguridad de los Estados. Seguridad que ha sido definida por las Naciones Unidas (UN) como un concepto relativo que consiste en "la condición en que los Estados no se hallan en peligro de un ataque militar, presión política ni coerción económica para proseguir libremente su desarrollo y progreso".
La seguridad hemisférica presupone integrar un sistema cuyos participantes mantengan preocupaciones comunes en torno de estos problemas, sostengan la existencia de valores e intereses compartidos y reconozcan el beneficio individual que significa su compromiso con un mecanismo de seguridad multilateral.
Un sistema de seguridad regional nuevo, que tenga por meta la cooperación y que se nutra de los intereses de largo plazo en el campo de la defensa, es lo deseable en las presentes circunstancias.

VALORES E INTERESES COMUNES
Tal como manifesté recientemente ante la Junta Interamericana de Defensa, al referirnos a valores e intereses comunes al continente, entendemos como los de mayor importancia para nuestro sistema interamericano: el mantenimiento de la paz y la seguridad, la consolidación de los sistemas republicanos y el desarrollo económico, social y cultural de nuestros pueblos.
Estos principios constituyen el eje básico sobre el que debe articularse el accionar de nuestra vocación de soldados. Aún cuando la coincidencia esencial sobre tales valores sea hoy una realidad, las asimetrías de poder existentes en nuestra América plantean un desafío a la eficiencia del sistema, que la historia muestra como de difícil superación. La heterogeneidad señalada, sumada a la complejidad de los problemas que afectan a cada Estado, obliga a elaborar propuestas realistas y a aceptar que la modestia de los logros iniciales suele ser la exigencia de una estructura perdurable.

SEGURIDAD GLOBAL
Debemos desarrollar sistemas de defensa nacional que encuentren su inserción en una arquitectura de seguridad global y donde se tengan en cuenta los intereses vitales de unos y otros, naturalmente difíciles de conciliar con facilidad. Por su parte, el papel de las Naciones Unidas deberá ser apoyado para promover las soluciones más satisfactorias de crisis y conflictos.
La participación del componente militar en la seguridad regional exige un replanteo del modelo clásico surgido de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. En la República Argentina se diferencia el concepto de defensa nacional del concepto de seguridad. Así, la defensa "es la responsable de garantizar de modo permanente su soberanía e independencia, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, protegiendo la vida y libertad de sus habitantes ante una agresión de origen externo" (Art. 2 Ley de Defensa Nacional). Para el logro de tal propósito, la Nación prepara todas las fuerzas de que dispone, incluído un instrumento militar particular: sus Fuerzas Armadas. Esta ubicación, como el más elevado escalón de violencia armada legítima a disposición del Estado, las jerarquiza y preserva.


LA MISION PRINCIPAL
El Ejército Argentino, durante la reunión de la XIX Conferencia de Ejércitos Americanos de 1991, afirmó que frente a la crisis de funciones y roles que afectan al Estado "debe reivindicarse la razón misma de ser de las Fuerzas Armadas, discriminando su misión principal (la defensa de la soberanía nacional) de aquellas otras tareas que, si bien resultan importantes, son de carácter coyuntural con respecto al papel fundamental". Esta afirmación subraya el reconocimiento universal que vincula la razón de ser de las Fuerzas Armadas con los principios de capacidad de autodeterminación y autodefensa.


MODIFICAR UN MODELO HISTORICO
Es necesario señalar que enfrentamos circunstancias donde resulta menester modificar un modelo histórico. El Ejército actual no deberá ser una versión reducida del mismo ejército de la guerra fría. Debemos, por el contrario, encontrar un modelo que nos permita ser eficaces en un mundo inestable e incierto.
Entre los riesgos y amenazas que hoy enfrenta la seguridad continental deben identificarse algunos que resultan componentes centrales de cualquier análisis estratégico que sirva a la defensa. Ellos son, entre otros, la acumulación de armamentos que genera asimetrías regionales, incluyendo prioritariamente en ellos los de destrucción masiva, el terrorismo, las obligaciones emergentes del equilibrio ecológico, el narcotráfico o los conflictos ajenos que puedan afectarnos como integrantes de un mundo cada día más interrelacionado.
Es indudable que el grado de vulnerabilidad de los Estados frente a amenazas y riesgos varía significativamente, y los mecanismos empleados para enfrentarlos deben adecuarse a la realidad de estas circunstancias. Sin embargo, creo que existe un conjunto de iniciativas sobre las cuales podría edificarse un accionar hemisférico común. Como un aporte a estas iniciativas deseo exponer las siguientes ideas cooperativas:


PROPUESTAS
- Instrumentar eficaces medidas de fomento de confianza que eliminen recelos del pasado y estimulen una amplia y contínua comunicación de todas las Fuerzas Armadas del continente americano.
- Propender al desarrollo de proyectos tecnológicos comunes.
- Alentar el desarrollo de políticas de control, registro y limitación de armamentos de destrucción masiva.
- Eliminar toda forma de proliferación de armamentos de destrucción masiva.
- Desarrollar mecanismos de información sobre los procedimientos y la legislación que rijan la transferencia de armamentos convencionales.
- Incrementar el intercambio de personal e información entre las Fuerzas Armadas, tanto en el ámbito académico como en el de las ejerci-taciones combinadas.
- Fomentar todo tipo de cooperación en zonas limítrofes que evite la expansión de los riesgos y amenazas descriptas.
- En conclusión, la integración americana es un anhelo que acompaña a nuestros pueblos desde su nacimiento, es parte constitutiva del pensamiento de los libertadores y una constante en la política continental, preexistente aún al surgimiento de la UN.
Frente a la problemática del nuevo escenario mundial, sostenemos nuestra convicción de que el continente americano, pese a las amenazas que hoy lo afectan, se encuentra en una oportunidad histórica para consolidar un sistema hemisfé-rico en el que la confianza, el conocimiento mutuo, la capacidad de interacción de las Fuerzas Armadas y la defensa de intereses comunes sean su esencia. Este sistema debe ser el resultado del aporte cooperativo de todos los Estados del hemisferio, en pleno ejercicio de su voluntad soberana.

(*) La Nación, 17/8/93.



Actualizado: 15/05/96 10:33:22 AM
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