DEBATES
Dr. Virgilio Beltrán
Subsecretario de Política y Estrategia del Ministerio de Defensa
BUSCANDO NUEVOS ROLES PARA LOS EJERCITOS DE AMERICA LATINA
(*)
1.
EL CAMBIO EN EL PARADIGMA ESTRATEGICO (1)
Las relaciones internacionales de seguridad antes de fines de 1989, lo que podría llamarse el orden de la Guerra Fría, tenía características que fueron únicas en la historia:
a) Una polarización político-estratégica que alcanzaba casi todo el globo. Ambas superpotencias (EE.UU. y la URSS) se enfrentaban en todas las dimensiones del poder (militar, política, psicosocial, diplomática, económica, tecnológica, etc.). La confrontación, si bien se centró en el continente euroasiático, penetró en las relaciones internacionales y en los conflictos internos, en casi todo el mundo.
b) Todos los conflictos internacionales e intestinos, aún los de origen puramente endógeno, terminaban por alinearse, de un modo u otro, en relación al conflicto principal, el cual los ordenaba, les daba orientación y ponía límites a su escalada.
c) El peligro siempre presente del desastre nuclear reguló los conflictos para mantenerlos fuera del nivel de las armas atómicas, evitó la confrontación militar directa entre ambas superpotencias y constituyó, a la postre, un elemento estabilizador.
Este orden terminó formalmente con la Declaración Conjunta del Consejo de Seguridad y Cooperación Europea y el Tratado sobre (reducción) de Armas Convencionales en Europa, suscripto en París el 19 de noviembre de 1990.
La Guerra Fría terminó así, felizmente, sin guerra caliente entre los bloques, por la declinación de uno de los contendientes, incapaz de mantener las apuestas económicas, científicas y militares de su oponente.
El nuevo orden mundial se encuentra aún en gestación (2) y, en las turbulencias del cambio, se presenta todavía como un desorden, cuando se compara con el anterior. Tiene los siguientes rasgos generales:
a) Ante el colapso de la URSS resta una sola superpotencia militar mundial en un contexto aún no bien definido, en el que ésta debe competir con Japón y la Comunidad Europea. (3)
Sin el poder cohesivo que daba a su bloque la amenaza soviética (4), su capacidad de liderar los asuntos mundiales tiene límites (5), si bien mantiene medios militares muy superiores a los de sus competidores.
b) Al desaparecer el conflicto principal organizador Este-Oeste, los conflictos tienden a desorganizarse y, por ello, serían más posibles aquellos originados en errores de apreciación o de cálculo. Por otra parte, un posible descontrol de la difusión de la tecnología nuclear podría crear amenazas si éstas llegan a manos de naciones de menor desarrollo relativo, si bien las que ya han alcanzado esa tecnología o están cerca de logrrlo, no tienen ni la cantidad, ni la potencia, ni los medios de proyección.
c) Cobran nueva relevancia asuntos vinculados con la calidad de vida de las personas como la pobreza, el subdesarrollo, la estabilidad política, la salud, la educación, los derechos humanos, etc.
d) Adquieren importancia nuevas dimensiones de los conflictos -algunas como resucitadas del pasado siglo- como son las originadas en motivos étnicos, nacionalistas, territoriales y religiosos, que replantean las cosas en términos de "nosotros" y "ellos". Aparecen o se intensifican otros nuevos como los de raíz ecológica, las migraciones indeseadas y el narcotráfico (a veces asociado con el terrorismo como en América Latina).
Frente a los elementos disruptores de este orden todavía no hallado, las áreas centrales (las de los países altamente industrializados) ejercen la función de ordenadores del sistema: los EE.UU. de América en primer lugar, por sus capacidades militares, y las otras potencias del Grupo de los 7.
Son poderes ordenadores aquellos actores internacionales que tienen las capacidades efectivas para: 1) producir las normas del sistema, por sí o asociados a otros actores regionales de gravitación, 2) interpretar dichas normas en su alcance, aplicación y oportunidad, 3) hacerlas cumplir por su capacidad político-militar y la legitimación de su actuación a través de su capacidad de convicción de la opinión pública internacional.
Los ordenadores constituyen un "ring of nations" centrales que buscan estabilizar y consolidar el statu quo. Podría sugerirse que para ellos habría "terminado la Historia" (6) mientras que la periferia estaría aún enredada en la Historia (7).
El resto del mundo parecería ser un área a controlar por los ordenadores para evitar, regular o desescalar conflictos que, por lo demás, están condicionados:
a) Por la limitada capacidad logística y de movilización de recursos de los contendientes.
b) Por el tipo de armamento y equipo a emplear, teniendo en cuenta la falta de acceso a los medios de destrucción masiva y a las tecnologías militares modernas.
c) Por la posible lesión de intereses vitales de las potencias centrales (por ejemplo, petróleo) (8).
d) Por la acción de los subordenadores regionales que puedan existir.
2.
LA AGENDA NORTE-SUR (9)
La desaparición del desafío ideológico y la reducción notable de la amenaza militar proveniente del ex campo socialista (El Segundo Mundo) ha hecho perder identidad al Tercer Mundo, que se había presentado -sin llegar a serlo nunca- como una opción diferente y en equilibrio entre los dos bloques antes en pugna. Como se ha mencionado antes, viejos problemas aparecen con nuevos ropajes y otros adquieren mayor saliencia también en la dimensión Norte-Sur. Ellos son:
a) Conservación del Medio Ambiente
Las naciones industriales han advertido que los recursos naturales del planeta son agotables y degradables. Sus inmensas potencialidades ponen en peligro la existencia misma de muchos de los bienes disponibles en el mundo y desean conservar aquellos que se hallan en reserva en el Sur, donde las sociedades no tienen, hasta ahora, capacidades de magnitud para consumirlos o deteriorarlos.
El Sur considera que la presión recibida para conservar el medio ambiente resulta, en buena medida, de la intención del Norte de reservarlos para su oportuna explotación en beneficio de las naciones industrializadas, negando su aprovechamiento inmediato por la región que, precisamente, es la menos capaz de destruirlos. Tampoco hay que olvidar la creciente necesidad de las regiones industrializadas de deshacerse de residuos nucleares y tóxicos de todo tipo. Un destino probable de ellos es la periferia no industrializada.
b) Migraciones Hacia el Norte
La presión migratoria de las regiones pobres -que además son las de mayor crecimiento demográfico- sobre las ricas es de anorme magnitud y de difícil control. Desde Asia, Africa y América Latina el flujo es constante hacia Europa y Norteamérica. Luego de ocupar, en general, las posiciones más modestas en la actividad laboral, los inmigrantes demandan bienes, servicios y bienestar, de mucho mayor nivel que aquél que conocían en sus países de origen, que son producidos por la sociedad receptora y que ésta considera justo reservarlos para sus nacionales-contribuyentes.
c) Proliferación y Transferencia de Tecnología de Posible Uso Militar
El Norte hace cuestión no negociable y de seguridad propia la transferencia de tecnologías sensitivas, acentuando el abismo tecnológico entre ambas regiones y bloqueando desarrollos (p. ej. nucleares y misilísticos) que también podrían ser competidores de sus empresas en el mercado mundial.
d) Terrorismo
Si bien el terrorismo parece endémico en ciertas partes del Norte (País Vasco, Irlanda, Alemania, etc.) está más difundido en el Sur, como metodlogía escogida por la parte más débil en los conflictos que tienen lugar en esa región.
La seguridad internacional en los transportes, personas e instalaciones es un costo ineludible frente a esta amenaza. También es un hecho que la frecuencia de los atentados ha disminuído y que los países que los apoyan han reducido su respaldo a esa actividad, pero el peligro continúa y la posibilidad de que los terroristas accedan a tecnologías sensitivas, refuerza el celo por el control de ellas.
e) Narcóticos
Su consumo ilegal representa una notable lesión al potencial humano de las sociedades industriales, es una inagotable fuente de corrupción y delincuencia y genera ingentes gastos para su control y para la rehabilitación de los afectados.
Las medidas adoptadas para reducir su oferta han dado escaso o ningún resultado. Los bloqueos se han burlado. La represión en las áreas de producción se hace difícil, particularmente, frente a la alianza táctica narco-guerrilla-terrorismo y por la escasez de políticas de sustitución o de subsidios a los agricultores que producen la materia prima.
Si continúa la situación con estas características, dice E. Mortimer, puede concebirse una guerra del opio al revés, en la que una o más potencias industrializadas consumidoras ataquen militarmente las áreas de producción o los puntos de tráfico para limitar o eliminar la oferta.
f) Comercio
Los países del Norte no sólo tienen ventajas financieras, tecnológicas, de comercialización, etc. inalcanzables para las sociedades del Sur, sino que, además, no practican la doctrina de libre cambio que propugnan ideológicamente, regulando políticamente el comercio internacional a su favor y subsidiando productos primarios competitivos con los del Sur.
Estas áreas problemáticas, salvo, quizás, la del terrorismo y el narcotráfico, es muy improbable que produzcan conflictos de contenido militar entre el Norte y el Sur. En todos los casos, los países no industrializados carecen de las capacidades de iniciar un conflicto en este sentido, salvo, por supuesto, conductas irracionales.
3.
CONDICIONAMIENTOS PROYECTADOS DESDE ORGANIZACIONES INTERNACIONALES
Pueden señalarse al menos cuatro tendencias, empíricamente observables, como indicadores de la voluntad de regular efectivamente los conflictos con componente militar en la periferia no industrializada y, a la vez, descartar posibles amenazas a las sociedades industriales.
1) Las Decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
Desde la Guerra del Golfo las Naciones Unidas funcionan como un sistema colectivo de seguridad de alcance mundial, como se había previsto en sus orígenes, apto para imponer las decisiones del Consejo de Seguridad, inclusive por la fuerza militar.
Las operaciones anteriores de la Organización, de conservación de la paz, interposición, observación, etc. (peace keeping) han dado lugar, por primera vez, a una operación de imposición de la paz (peace enforcing) a través de una coalición militar liderada por los Estados Unidos de América, apoyada por decenas de otros países y financiada en parte por otros como Alemania y Japón.
Esta aplicación efectiva de la Carta de las Naciones Unidas y el desarrollo de los correspondientes órganos ejecutivos, de inteligencia, de planeamiento militar, etc., bajo la autoridad del Consejo de Seguridad y del Secretario General anticipan posibilidades de intervención que hasta ahora (salvo Corea, 1950) no se habían visto (10).
2) La limitación de Difusión de Tecnologías Sensibles
A través del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) y los acuerdos sobre control de difusión de tecnología misilística (MTCR) se busca, y obtiene en buena medida, mantener cierto monopolio sobre el conocimiento de tecnologías de uso posible en la construcción de armas de destrucción masiva. Diversas decisiones y convenios también limitan la exportación de material militar y "know how" de cierta complejidad a los países periféricos, salvo en casos excepcionales. No existiendo la contrapartida soviética, como en el caso ejemplar del Medio Oriente antes de la debâcle de la URSS, la limitación tiene un resultado efectivo. (11)
3) Intervención Humanitaria
A partir de la Resolución Nº 688/91 del Consejo de Seguridad, dictada en auxilio de la minoría kurda en Irak, se ha desarrollado una firme tendencia internacional que legitima la intervención de fuerzas militares de las Naciones Unidas en casos graves de "violación de los derechos humanos que
pongan en peligro la paz" (arts. 55 y 56 de la Carta) (12). Se trata de intervenciones protectivas, con o sin invitación del país afectado. De igual manera no tienen precedentes las medidas de desarme misilístico y de eliminación de posibles capacidades nucleares impuestas a Irak por las Naciones Unidas.
4) Condicionamientos Financieros
El Banco Mundial recomienda a los países del Tercer Mundo bajar sus gastos militares hasta "niveles óptimos", para considerar facilidades financieras. Dice un informe oficial que serán considerados especialmente aquellos países que gasten menos del 2% del PBI en el "sector seguridad" (13).
En suma, se trataría de una división del trabajo militar por administración calculada de la difusión y transferencia de tecnología aplicable al desarrollo de medios masivos de destrucción, de material militar sofisticado y de las capacidades técnicas y organizacionales relacionadas con ellos.
Siempre que los integrantes de la "troika" (EE.UU., Europa y Japón) se mantengan firmes en la limitación de la exportación de armas, material y tecnología y salvo que se produzcan situaciones imprevistas que reanuden el reaprovisionamiento, las fuerzas armadas de América Latina se irán desarmando por propia obsolescencia salvo que encuentren alternativas proporcionales a sus necesidades de defensa. En este aspecto sólo la producción o adquisición de equipo militar y tecnología intermedia, permitiría a las fuerzas armadas de América Latina conservar cierta relevancia en el manejo de los eventuales conflictos regionales y siempre tratándose de operaciones relativamente reducidas en tiempo e intensidad.
La relativa desorganización del sistema internacional parece inducir a las potencias ordenadoras a presionar el desarme de las naciones periféricas a la vez de inducir el empleo de los recursos financieros respectivos en salud, educación y desarrollo, en general.
Quizás la idea sea que el Sur entre en un proceso "civilizatorio" que pacificará la resolución de los conflictos por las limitaciones militares de los posibles contendientes, consolidará el mecanismo del mercado para la distribución de bienes y recursos naturales, dentro del libre flujo internacional de ellos, en una paz garantizada por organismos internacionales.
Estos condicionamientos y la profunda transformación de la situación y la praxis estratégica deberán impulsar la elaboración de conceptos nuevos en la región. Por una parte, resulta evidente que solamente fuerzas armadas bien estructuradas, preparadas para compromisos de toda índole, dentro de la situación de cada país, pueden asegurar la protección necesaria de los intereses de sus pueblos. Por la otra, el pensamiento militar se encuentra con barreras tecnológicas y de política internacional difíciles de superar, capacidades presupuestarias reducidas e indeterminación de la amenaza que oriente el planeamiento. (14)
Como se verá más adelante, lo primero será advertir la existencia de distintos niveles de compromisos de seguridad: los que atañen exclusivamente al país y los que se deriva de esta internacionalización contemporánea de los problemas de seguridad (15).
4.
CONCEPTOS ESTRATEGICOS Y DE EMPLEO DE LA FUERZA A CONSIDERAR EN AMERICA LATINA
Teniendo en cuenta los factores apuntados más arriba, que limitan pero también estimulan, no resultaría ocioso explorar las posibilidades de una nueva conceptualización estratégica para la región, con la necesaria adaptación a las realidades y necesidades de cada país, pues, como se sabe, los recursos asignados para la defensa se hallan en función de la percepción que tiene la comunidad de las amenazas que puedan afectarla.
Los cambios del paradigma estratégico y las restricciones ya mencionadas sugieren cambios en la organización, doctrina, instrucción y formas de empleo de las fuerzas armadas que permitan enfrentar los nuevos y viejos desafíos.
No se trata simplemente de comprar "llave en mano" un conjunto de ideas sino de tomarlas como una orientación para pensar por cuenta propia desde las realidades nacionales.
Así como todas las estructuras de seguridad han devenido obsoletas en este período, que muchos convienen en considerar de transición, en el hemisferio americano también se da una situación similar respecto de un sistema de seguridad hoy arcaico (OEA, TIAR).
En fin, repensar los conceptos estratégicos básicos y derivar de ellos las consecuencias prácticas que les siguen es un desafío que los latinoamericanos no pueden dejar de resolver.
4.1. La Región
En lo concerniente a esta cuestión el área puede ser descripta sucintamente como sigue:
a) América Latina es un ámbito que ya cuenta con limitados medios de violencia (16) que, con toda probabilidad, no serán ampliados notablemente en el previsible futuro, no sólo por el control de armamentos sino también por sus propias limitaciones económicas y tecnológicas.
b) La evolución cultural moderna y los valores sugeridos por los medios masivos de comunicación, hacen que la sociedad civil, en especial en las áreas urbanas, comparta una escala de valores en los cuales los temas de seguridad y defensa no están en los primeros lugares.
c) Puede percibirse también una aceptación cada vez más generalizada del humanismo internacionalista de la ONU y la confianza, más o menos sólida, en los mecanismos diplomáticos regionales y mundiales de preservación de la paz. El enorme costo de la agresión, para los que no son ordenadores -luego de la Guerra del Golfo- también es muy claro.
d) En la última mitad de este siglo la región ha presentado un bajo nivel de conflictualidad internacional -si bien las tensiones internas, en algunos casos, son de importancia- que coincide con la tradición jurídico-política pacifista de las naciones de América Latina.
e) Los acuerdos de seguridad hemisféricos, liderados por los Estados Unidos de América, han tenido como enemigos a los enemigos de la potencia líder. Durante la Segunda Guerra Mundial, las potencias del Eje y en la Post Guerra, el bloque comunista. Desaparecidos estos peligros, no se advierte amenaza extracontinental cierta, determinada y/o posible (17).
f) La mayoría casi absoluta (excepto Cuba y Haití) de los países de América Latina cuentan con gobiernos de estructura democrática, con mandatarios responsables ante el electorado. Por ello, las posibilidades de un ataque por sorpresa de uno a otro no parece probable (18). En caso de ruptura de los procedimientos constitucionales (p. ej. Perú) ésta ha sido parcial y es de prever que las que puedan producirse en el futuro guarden las formas (19).
4.2. Reformulación del Pensamiento Militar
Si las afirmaciones que se dejan consignadas tienen algún sustento, las condiciones que se dan en América Latina podrían dar lugar a la reformulación del pensamiento militar de la región sobre algunos de estos supuestos (20):
a) Las estructuras de seguridad existentes en el Hemisferio no corresponden a la realidad estratégica actual y deben ser reelaboradas consensualmente por los participantes en ellas, o crear nuevas.
b) En estos tiempos la seguridad doméstica y la seguridad internacional se superponen e interrelacionan íntimamente y no pueden ser consideradas sino simultánea y entrelazadamente.
c) El concepto de soberanía nacional se está transformando rápidamente. Las dimensiones que lo componen tienen cada vez menor referencia territorial. Las amenazas que afectan a un determinado país provienen de sectores económicos, tecnológicos, financieros, de comercio exterior, etc., que no siempre tiene referencia geográfica en el sentido tradicional (21). Por ello, también es obsoleto definir los intereses de seguridad en términos predominantemente geográficos.
d) Los Estados no tienen capacidades ilimitadas de coacción respecto de sus propios ciudadanos o habitantes. Los derechos humanos son un asunto de interés internacional.
e) Las estructuras militares de cada nación no siempre se preparan para una amenaza determinada, sino que deben tener gran flexibilidad para lo imprevisto, contar con nuevas reglas de compromiso militar y con renovados criterios de empleo de la fuerza.
f) Los problemas importantes de seguridad, donde están en juego los más relevantes intereses de las unidades políticas son materia de acción militar colectiva, que toma legitimidad de niveles superiores (tipo ONU, pactos regionales), economiza recursos y facilita el consenso internacional.
Esto no supone que deban excluirse organizaciones militares con capacidad para enfrentar las amenazas tradicionales, proteger los recursos naturales y la jurisdicción del Estado, explorar regiones de difícil acceso, luchar conflictos de baja intensidad, participar en la elaboración y mantenimiento de ámbitos de confianza (Confidence Building Measures), etc.
g) El control de la transferencia de armas y tecnología de uso militar, no sólo con respecto de armas de destrucción masiva sino de material convencional de cierta sofisticación, impondrá un "techo" a las capacidades operacionales de las fuerzas armadas de América Latina.
h) El apoyo de la opinión pública nacional e internacional es cada vez más necesario, para lograr la aceptación, tanto del contribuyente que debe mantener sus fuerzas armadas como la del público internacional en la legitimación de las acciones militares.
4.3. El Modelo de Fuerzas Armadas
Si de lo expresado anteriormente puede deducirse que existe:
1) un conjunto de sociedades con baja probabilidad de guerras, al menos convencionales;
2) la posibilidad de obtención de material en base a tecnologías militares intermedias, adecuadas a las capacidades de cada país;
3) fuerzas armadas incluídas en sociedades en procesos de modernización general;
podría ser menos aventurado pensar en un modelo de fuerzas armadas latinoamericanas con algunos rasgos del tipo de "Sociedades sin Guerra" propuesto por C. Moskos (22).
Dicho modelo supone fuerzas armadas:
a) Basadas en un cuadro profesional en servicio activo y fuerzas de reserva de rápida y fácil movilización. (Europa tiene po ahora, un sistema mixto. El promedio de voluntarios-profesionales en los países de la NATO es de 45.5%).
b) Con fuerte orientación hacia los valores cívicos y subordinación al poder político.
c) Conducidas por cuadros de oficiales y suboficiales de alta capacitación, no sólo profesional militar sino terciaria y universitaria. La disciplina no será predominantemente autoritaria o apoyada en diferencia de clase, sino que se obtendrá en función de las misiones a cumplir.
d) Reducido en sus dimensiones pero muy flexible, versátil y móvil. Apto para operaciones conjuntas (Joint Operations) y combinadas (Combined Operations), con fuerzas armadas de otros países.
e) Con equipamiento diferente según las misiones. En parte de cierta complejidad tecnológica (misiones combinadas) y en parte de tecnología convencional (misiones convencionales).
f) Con una amplia base de reclutamiento. Con promociones y posiciones asignadas con criterios exclusivamente meritocráticos.
g) Con menos referencia a valores puramente institucionales, es decir, con mayor comunión con los valores generales de la sociedad, manteniendo siempre el núcleo duro e irreductible de las pautas del comportamiento militar (23), fundadas en su misión de aplicar la violencia del Estado, en combate.
4.4. Criterios de Empleo de la Fuerza Militar
En esta misma línea de razonamientos también sería posible intentar la introducción de modernos criterios de empleo de la fuerza militar que atiendan a las nuevas condiciones de la región, a los valores aceptados por la comunidad internacional y a los intereses de cada nación.
Las normas sugeridas para el empleo de las fuerzas armadas de la región podrían seguir las siguientes pautas (24):
a) El alistamiento comprende todas las situaciones: de paz (peace commitments), conflcitos de baja intensidad, alivio de catástrofes, guerra convencional, manejo de crisis, emergencias ecológicas, apoyo de las fuerzas de seguridad y policiales (bajo control de las autoridades civiles), etc.
El concepto central es que el empleo de la fuerza militar es supletorio a las negociaciones (diplomáticas o entre sectores en conflicto) y cesa tan pronto como esas negociaciones puedan restablecerse. La fuerza militar actúa como estabilizador de crisis y trata de evitar, en lo posible, la escalada a niveles superiores de crisis o conflicto.
b) El criterio a emplear en todos los casos es el del empleo de la mínima fuerza necesaria para lograr el objetivo propuesto. La victoria es cada vez más un objetivo táctico, el objetivo estratégico es lograr acuerdos de paz amplios y duraderos. Por tanto, el propósito del combate no es el aniquilamiento del oponente, debe ser la imposición de un castigo o un costo (disuasión), tenderá a su neutralización, o a minar su moral de combate, o a su desarme, etc. El objetivo final ha de ser el de la reconciliación.
Por ello, todo plan de batalla debe adecuarse en lo posible a minimizar los efectos colaterales y las bajas innecesarias del enemigo, de tal manera que resulte más fácil lograr, más tarde, relaciones internacionales o entre grupos sociales, viables y duraderas.
c) La postura del soldado será entonces protectiva no destructiva. Sus misiones en el siglo XXI, dice Däniker, serán "proteger, ayudar y evitar los sufrimientos". Es decir, mantener la paz y la seguridad. Por esas razones también, las funciones de verdadero combate no serán las más frecuentes en la vida del soldado (25).
d) La flexibilidad y multifuncionalidad serán tan importantes como el poder de fuego y la movilidad en el campo de batalla. Los comandantes deberán reunir las condiciones de versatilidad y de educación para cubrir una amplia gama de misiones.
5.
AMERICA LATINA
5.1. Importancia Estratégica
La región ha salido de la dialéctica de la Guerra Fría. Un nuevo contexto democrático ha reducido las probabilidades del retorno a los proverbiales gobiernos militares. LAs competencias por el predominio y las carreras armamentistas se han reducido o han desaparecido (el caso Argentina/Brasil es el más notorio). En la presente década se han difundido políticas de ajuste económico orientadas hacia el mercado y a la reducción del papel del Estado. Al mismo tiempo susbsisten grandes desigualdades económicas y sociales en el seno de las sociedades de la región y tampoco las instituciones democráticas están totalmente consolidadas (26). En suma, la importancia estratégica del área, desde el punto de vista mundial, ha perdido relevancia. También se discute su valor para los EE.UU. (27).
La actividad guerrillera subsistente no sólo se ha reducido notablemente sino que opera sin el apoyo externo que otrora gozaban los movimientos subversivos desde el campo socialista, directamente o vía Cuba (28). En Colombia y particularmente en Perú, la guerrilla y el terrorismo han adquirido una notable peligrosidad por su alianza con el narcotráfico, amenazando la estabilidad misma de estos Estados.
La función como retaguardia y seguridad territorial que las fuerzas armadas latinoamericanas desempeñaban en el dispositivo estadounidense de defensa de los años '50, como garantes de vías de comunicación expeditas, provisión de algunas materias primas y rechazo de la penetración sociética, comenzó a debilitarse y perder contenido hacia los '60 y '70, momentos en que la amenaza subversiva y terrorista alcanzó su máximo pico de actividad.
Producido el cambio de enemigo (de las potencias del Eje, al bloque comunista y a la guerrilla) las provisiones de armas y equipo militar por parte de los EE.UU. a las fuerzas armadas de América Latina fue cambiando del "surplus" de la II Guerra Mundial a la provisión de material ligero, de comunicaciones, helicópteros, etc., aptos para la lucha contrainsurgente.
Con ello la brecha tecnológica militar en detrimento de los países de América Latina se hizo aún más amplia y evidente. Algunos países, principalmente Argentina y Brasil, en los años '60 y '70 aceleraron el desarrollo de industrias militares domésticas y obtuvieron el materil bélico de nuevos proveedores, principalmente de Europa (29). Estas alternativas están actualmente en retroceso por el control internacional de armamentos que se ha mencionado, las limitaciones propias de los mismos actores latinoamericanos, y la recesión del mercado regional de equipo militar. Aún tratádose de un área de paz cuasi-estructural, como se ha expresado, aún es posible detectar algunas causas posibles de conflicto (30) vinculadas a:
a) Cuestiones de límites, que han sido frecuentes en el pasado. Hay muchas fronteras no bien delimitadas en la región, si bien, en la gran mayoría de los casos, han sido resueltas pacíficamente a través de tratados o por el distema hemisférico de resolución de disputas.
b) Cuestiones sobre recursos naturales. Se han solucionado o se hallan en trance de hacerlo por mecanismos similares a las anteriores.
c) Descolonización. Aún existen en América Latina y el Caribe territorios en poder de potencias extraconmtinentales sobre los cuales los países del área alegan fundados derechos.
d) Desborde de conflictos internos. Un efecto "dominó" siempre es posible.
e) Aquellos provenientes de la oposición Norte/Sur.
f) Imprevistos. Que obviamente, no pueden identificarse, pero que exigen fuerzas militares preparadas y listas para operar en corto tiempo.
5.2. Los Estados Unidos de América
"La existencia de una potencia hegemónica en el continente es un dato de la realidad. Como lo es su capacidad de influir en los países del área y de dictar normas internacionales ordenadoras en aquélla. De allí que los roles asignados por los EE.UU. a las fuerzas armadas del continente, conforme a la visión del marco estratégico mundial por ellos elaborada, no pueden ser ignorados." (31)
Sin duda, este país queda como la única superpotencia militar restante. Sin embargo, enfrenta inquietantes cuestiones domésticas como su déficit fiscal (32), y el desequilibrio de su comercio exterior, a la vez que siente el esfuerzo de la competencia económica y tecnológica con Japón y, en segundo término, con la Europa comunitaria.
La desaparición de su enemigo principal ha desatado fuertes presiones internas para disminuir los gastos de defensa y transferir esos fondos principalmente a servicios sociales, para un sector no despreciable de su población en estado de pobreza. De allí también que piense no sólo en competir sino en cómo compartir responsabilidades "ordenadoras" con la Europa comunitaria y el Japón.
EE.UU. mantiene la mayor capacidad de disuasión nuclear contra eventuales disrupciones en el sistema internacional que afecten sus intereses. Ella ya no se dirige principalmente hacia los estados sucesores de la URSS -si bien los emplazamientos nucleares en sus territorios están siendo vigilados estrechamente- sino que constituye una respuesta posible a las amenazas provenientes de países radicalizados (Libia), "santuarios" nucleares protegidos por el principio de soberanía territorial (Corea del Norte) o grupos terroristas que puedan acceder a la tecnología atómica.
Siempre mantendrá, asimismo, poder militar suficiente para proyectar poder en todo el mundo (global reach), individual o colectivamente y capacidad para intervenciones militares "quirúrgicas", sobre objetivos muy puntuales, tratando de minimizar los daños colaterales (33).
Los lineamientos generales de los intereses de seguridad que los EE.UU. tienen respecto de América Latina pueden extraerse de la literatura proveniente de esa misma fuente (34).
Ellos son:
a) Control de la insurgencia y el terrorismo.
b) Apoyo a la lucha contra el tráfico ilegal de narcóticos.
c) Desarrollo social y económico, entendido como lucha contra las condiciones que originan las insurgencias, a través de tareas de acción cívica por parte de las fuerzas armadas de América Latina para paliar las condiciones de pobreza de la región.
d) Apoyo a los gobiernos democráticos, lo que incluye la reformulación de las relaciones civil/militares. Donde sea necesario, acciones de apoyo a la "nation building".
No en todos, en cambio, aparecen los siguientes temas:
a) Dar mayor eficiencia a la OEA, para estabilizar la región.
b) Apoyar las "misiones de paz" en el Hemisferio.
c) Sostener la formación de sistemas de seguridad regionales.
d) Impulsar ejercicios militares o navales combinados con los diversos países de América Latina (tipo "Unitas").
e) Control de desastres naturales, aprovechando la capacidad organizacional y el equipamiento de las fuerzas armadas.
Estas pautas de política de seguridad hemisférica llevan consecuencias evidentes para el equipamiento, doctrina, organización e instrucción de las fuerzas armadas de América Latina y produce varios tipos de reacciones:
1) Las implicancias para el equipamiento militar de las fuerzas armadas latinoamericanas son claras y se suman a las restricciones de transferencia de material y tecnología por parte de los países industrializados y a las decisiones que por sí mismas han tomado ya algunas de las naciones del área (35).
2) Las nuevas condiciones de la situación mundial y hemisférica no siempre son percibidas adecuadamente por los órganos políticos y militares que deben estudiar y decidir los cambios inevitables en el formato y las misiones de las fuerzas armadas de América Latina. Por una parte, los funcionarios civiles no siempre muestran conocimientos o interés suficientes en el área de la Defensa Nacional y, por la otra, los militares conservan una especie de monopolio sobre esos asuntos que los políticos no siempre quieren o pueden quebrar.
3) Los oficiales militares responsables deben enfrentar las resistencias personales e institucionales naturales al cambio y los temores, fundados, de que cualquier transformación del formato de las fuerzas armadas latinoamericanas, siempre significará una reducción de personal (como lo está siendo en todas partes del mundo).
4) Muchos oficiales militares, particularmente los pertenecientes a los países de mayor importancia en América Latina han sido educados y se han ejercitado en la doctrina militar de las grandes operaciones tipo II Guerra Mundial y no se han visto obligados a pensar, hasta ahora, en nuevos roles para sus fuerzas armadas, en la situación estratégica post-Guerra Fría. Ellos no parecen resignarse a aceptar papeles que estiman de menor importancia, que el planeamiento de operaciones al nivel Teatro, Cuerpo de Ejército o equivalentes.
5.3. Roles Tradicionales y Posibles Nuevos Roles para las Fuerzas Armadas de América Latina
La primera salvedad que no por obvia debe omitirse, es que América Latina es un continente de amplias diversidades económicas, políticas y sociales. También sus relaciones con el exterior, en particular, con los EE.UU. son diferentes en cada caso. Asimismo, cada unidad nacional tiene sus necesidades de defensa y sus intereses de seguridad respecto de sus vecinos, de su situación interior y de sus relaciones hemisféricas.
Por lo tanto, los presupuestos efectuados más arriba y las sugerencias que siguen deben considerarse a la luz de la voluntad política de cada nación, sus necesidades y sus posibilidades.
En principio, pueden visualizarse tres tipos de misiones generales para las fuerzas armadas del área:
a) Las tradicionales o convencionales de defensa de la soberanía nacional, de los intereses vitales y de los recursos naturales de su país. A éstas se agregan la vigilancia general del territorio y fronteras, defensa de los gobiernos legítimos, exploración y ocupación de áreas de difícil acceso (desiertos, selvas, zonas polares), etc.
b) La participación en misiones militares combinadas de defensa regional, cuando se establezcan sistemas colectivos de seguridad viables en la región.
c) Misiones de conservación de la paz, interposición, humanitarias, de vigilancia, etc., o de preservación o restablecimiento del orden jurídico internacional (peace enforcing), fuera del territorio nacional y bajo autoridad internacional (ONU).
5.3.1. Reestructuración de las Misiones Tradicionales
Si resultan aceptables algunas de las proposiciones efectuadas en el punto 4) precedente, la concepción estratégica de las fuerzas armadas de América Latina podría guiarse por el principio de la suficiencia defensiva, es decir el que indica que debe contarse con las capacidades necesarias para cumplir las misiones mencionadas en el punto 5.3.a) precedente, pero no aptitudes para montar un ataque significativo por sorpresa sobre otro país o lograr una penetración en profundidad y en gran escala en el territorio de un vecino (36).
Las peculiaridades nacionales harán que algunos países del área privilegien el conflicto de baja intensidad o la vigilancia de fronteras o la protección de recursos naturales o de las vías de navegación o la ocupación de áreas de difícil acceso, etc.
En términos generales, las fuerzas armadas comprometidas en este proceso de modernización deberían pensar en medidas relacionadas con:
a) La organización de unidades militares muy versátiles y flexibles para componer unidades mayores, tipo "fuerza de tareas", aptas para cumplir las variadas misiones que les puedan ser asignadas. Una o más unidades o estructuras (Ingenieros, Comunicaciones, Acción Psicológica, Contrainsurgencia, etc.) serían la columna vertebral, según el compromiso a enfrentar.
b) El armamento y equipo sería convencional. El más moderno que sea posible obtener de acuerdo a la asignación de recursos públicos y la capacidad de absorción y manejo del personal.
c) La elaboración de nuevas normas de empleo en la acción (Rules of Engagement) en cada caso, según los concepto aplicables de los señalados en el punto 4.
d) El despliegue de las fuerzas no sería territorial, sino concentrado en centros de asentamiento e instrucción, con movilidad suficiente para ser empleadas en cualquier punto del territorio. La existencia de lucha antisubversiva constituye una clara excepción a este principio. La mayor potencia de fuego y los medios de desplazamiento y apoyo deben compensar la disminución en el número de efectivos.
5.3.2. Participación en Sistemas Colectivos de Seguridad
Un sistema colectivo de seguridad es un sistema regulador de la vida internacional que previene y controla los conflictos intra y extra sistema y está preparado para enfrentar flexiblemente eventos no previsibles que lo afecten negativamente. Un ordenamiento de este tipo presupone que:
a) Los miembros comparten puntos de vista generales, es decir que tenga ciertos valores básicos compartidos.
b) Cada uno de los miembros recibe beneficios en función de sus intereses individuales.
c) Todos los miembros deben ser, de alguna manera, vulnerables a las medidas colectivas.
d) Cada Estado perteneciente al sistema controle su orden político interno.
e) Ningún miembro formule objeciones fundamentales al sistema.
f) Si se trata de un subsistema regional, sus disposiciones, acciones y sanciones sean compatibles con el orden mundial (ONU). (37)
- Viabilidad de un Sistema Hemisférico de Seguridad
Un análisis breve indica que las posibilidades de un sistema de seguridad con este alcance son, por el momento, remotas.
a) Una consideración hemisférica del problema de la seguridad colectiva hace resaltar, en primer lugar, la contraposición Norte-Sur en su interior. La diversidad de intereses y la dialéctica de las oposiciones de la agenda ya descripta imponen considerar algún tipo de nivelación (a más de la jurídica, que es el presupuesto teórico pero no práctico de los instrumentos existentes) entre la potencia hegemónica y su estrecho aliado canadiense y el resto del continente. Es decir un impulso notable al desarrollo y a la modernización de los más débiles, para que puedan identificarse con mayor facilidad los intereses comunes de los socios a incorporarse al sistema.
b) En un sistema de seguridad colectivo, como se ha dicho, todos los miembros deben ser, de alguna manera, vulnerables a las medidas colectivas que legalmente se tomen para prevenir los conflictos, sancionar las violaciones y mantener la seguridad de todos.
En el hemisferio americano la potencia de los EE.UU. es de una magnitud tal, en relación al resto de los países, aún considerándolos en conjunto, que descarta toda vulnerabilidad a una sanción colectiva.
c) La dimensión y potencia extraordinaria de los EE.UU. hacen poco probable que no actúen en el sistema sino persiguendo sus propios intereses vitales. Así lo ha demostrado en Grenada y Panamá.
d) Si uno de los objetivos esenciales de un sistema colectivo de seguridad es preservar el statu quo, dando previsibilidad al desarrollo de la conducta de los participantes, la situación a preservar en el momento corriente es claramente insatisfactoria para buena parte del área, lo que lleva a deducir que el interés de los menos favorecidos sería, al menos, vacilante.
e) Todo proyecto encaminado a la organización de un sistema de seguridad hemisférica deberá ser compatible:
- Con los intereses de la potencia hegemónica del continente. Ello no significa dejar la iniciativa esclusivamente en sus manos. Entraña coordinar y conciliar entre todos los miembros, intereses que no siempre son fáciles de conciliar.
- Con las capacidades económicas, técnicas, políticas, etc. de cada uno de los miembros, para lo cual deben partir de un mínimo aceptable para la participación activa en el sistema.
f) El sistema colectivo de seguridad también debe demostrar ser más eficiente que otros organismos más generales (ONU) para proteger la seguridad jurídica, el imperio del derecho internacional y rechazar la agresión.
g) El TIAR (1947) constituye una alianza contra un enemigo extra americano innominado, que no podía ser otro que la ex-URSS, para alinear a los países del continente junto a los EE.UU. en la Guerra Fría y debería ser reemplazado por otro instrumento internacional de similar nivel con el consenso de todos los estados del continente.
h) Sobre este último aspecto, una tendencia observable es la de dar nueva vida a la OEA por medio de un órgano ejecutivo similar al Consejo de Seguridad de la ONU, adaptado a las necesidades hemisféricas. Sus miembros podrían tener designación rotativa y sin el sistema oligárquico de membrecía permanente, con poder implícito de veto, que tiene el Consejo de Seguridad de la ONU. Esto también podría significar dar un rol efectivo a la Junta Interamericana de Defensa, como órgano de planeamiento militar de la OEA.
- Sistemas Regionales de Seguridad:
Entendidos como "áreas de seguridad" que pueden apoyarse en emprendimientos preexistentes como el Mercosur, el Pacto Andino o la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (Caribbean Basin Iniciative), etc. con las características más arriba definidas y con un dispositivo militar combinado para proteger los intereses defensivos del conjunto.
Esta posibilidad ha sido entendida como un estadio superior y más avanzado de los acuerdos económicos y políticos ya vigentes entre los miembros actuales, al nivel militar.
En principio no parece padecer de las desventajas de un eventual sistema hemisférico y supone la posibilidad de alcanzar un grado razonable de interoperabilidad (38) entre las fuerzas militares comprometidas y un sistema de comando y responsabilidades políticas que funcione en un nivel superior de coordinación, con la necesaria autoridad.
Una de las ventajas a contabilizar es lo que podría llamarse las "economías de escala" en los gastos de defensa de los países miembros y la suma de capacidades técnicas para su aplicación a investigación y desarrollo comunes aplicables a usos militares. Como desventaja, la dificultad teórica de pensar una estrategia sin tener, en principio, un adversario preestablecido (39).
Un sistema de seguridad colectiva, particularmente en el área considerada, estaría siempre sujeto a los avatares político-económicos de sus miembros, puesto que exige cierto grado de compatibilidad o complementariedad de sus economías y de control del orden político interno por parte de cada Estado miembro.
Las misiones de un sistema colectivo de seguridad también pueden ampliarse a la supervisión de áreas marítimas, pesquerías, cuestiones ecológicas, espacios aéreo y exterior, etc.
En el Cono Sur de América Latina se han comenzado estudios de importancia sobre la posibilidad de implementar un sistema colectivo de seguridad entre los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Entre el 22 y el 26 de junio de 1992 se celebró en Vicente López (localidad cercana a Buenos Aires) el VI Simposio de los Estados Mayores Conjuntos de los países del Mercosur, actuando representantes de las fuerzas armadas chilenas como observadores. El trabajo presentado por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Argentinas bajo el título "¿Es viable un sistema colectivo de defensa en el Cono Sur en un contexto de integración regional en marcha?" (40) representa un notable avance en el estudio de estas posibilidades, como paso futuro de la integración de los países del Mercosur (41). Finalmente cabe recordar, asimismo, que la formación de sistemas regionales de seguridad restaría fundamentos a la constitución de una fuerza interamericana de intervención bajo control de la OEA, proyecto difícilmente aceptable por los países latinoamericanos.
- Otras medidas para Consolidar la Paz en el Continente:
Si bien los posibles sistemas regionales de seguridad pueden contribuir a establecer "áreas de seguridad" y, por lo tanto, de paz en América Latina, hay otros medios convencionales de conservación de la paz que ya existen o que pueden implementarse en el futuro.
a) Los mecanismos diplomáticos existentes dentro de la OEA y la ONU son de valor reconocido y en muchos casos, particularmente los de la OEA, han sido efectivos.
b) El Tratado sobre Armas Convencionales en Europa (París, 19/12/90), la experiencia del Consejo de Seguridad y Cooperación Europeas y la "tradición" de Helsinki tienen principios y conceptos de utilidad que pueden extenderse fácilmente a América Latina. La comunicación de movimientos militares, la formación de un Centro de Prevención de Conflictos y Procesamiento de Crisis en países neutrales (respecto de aquellos que tienen disputas pendientes en el área) son sólo ejemplos de caminos a explorar (42).
c) Las áreas de cooperación militar en investigación y desarrollo, cofabricación de armamento y equipo, ejercicios combinados, son también medios accesibles no sólo para reducir costos sino para ampliar la confianza mutua entre los países del área.
5.3.3. Misiones Bajo Autoridad Internacional
"La opción militar de fuerzas multinacionales constituirá, sin duda, en el futuro, la más legítima respuesta (...) ante los perturbadores del orden y la convivencia mundiales (...) Toda nación debe disponer permanentemente organizada y alistada, una fuerza de proyección de dimensión moderada y acorde con el potencial de cada Estado (...). Un contingente de proyección (...) debe ser multipropósito, asegurando que, con sólo un cambio de configuración de armamento y equipo, el mismo participe en fuerzas de intervención, de mantenimiento de paz, observación o ayuda humanitaria, según sea necesario." (43)
Es decir que un sector de las fuerzas armadas debe estar en condiciones de actuar bajo autoridad internacional y ser interoperable con las fuerzas armadas de los países industrializados. Tener compatibilidad doctrinaria, de organización, lenguaje, frecuencias de comunicaciones, calibres de las armas, etc. Condiciones que no son fáciles de llenar si recordamos, por ejemplo, las dificultades existentes en la Brigada Franco-Alemana y en la fuerza de paz interna que está preparando la Mancomunidad de Estados Independientes.
Los problemas no son sólo técnicos ya que las fuerzas que participan en operaciones multinacionales deben compartir, aunque sea parcialmente, pautas culturales y sociales.
En el continente, Argentina en los últimos años ha dado los primeros pasos, que consolidan una tendencia anterior (44), al enviar dos fragatas a la Operación para restablecer la independencia de Kuwait en 1991 y un Batallón para servir con las Fuerzas de Paz de la ONU en Yugoslavia (1992 a la actualidad) (45). El 21 de abril de 1992 el entonces Secretario de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa de Argentina, Ferreira Pinho, solicitó a la ONU la creación de un centro de adiestramiento militar en ese país para tropas destinadas a operaciones de paz. Asimismo, Argentina envía 75 miembros de su Gendarmería Nacional a Camboya y estudia una mayor participación de fuerzas de paz en ese país.
En la publicación oficial del Ejército Argentino se coloca a las misiones de paz bajo autoridad internacional como las de segunda importancia, sólo a continuación de la misión de contar "con una capacidad de disuasión (convencional) creíble que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales." (46)
6.
EPILOGO
Probablemente este "paper" pueda ser visto como perteneciente al campo de la ciencia ficción o de la estrategia ficción, toda vez que se apoya en tendencias que se cree advertir, pero que nadie puede asegurar que continúen, en el sentido en el cual actualmente se manifiestan.
Se ha subrayado, quizás con excesivo énfasis, la importancia y las consecuencias de la brecha tecnológica entre los países centrales industrializados y el resto del mundo y sus efectos en las relaciones internacionales de seguridad, pero tal relación parece la variable con mayor capacidad explicativa en el contexto de este trabajo (47).
Si bien puede parecer arrogante proyectar la experiencia del presente hacia el siglo XXI, en una situación mundial y hemisférica tan cambiante, las conceptualizaciones teóricas, si ocasionalmente sirven para provocar el debate y orientar los cambios en la realidad, cumplen una función positiva que me he atrevido a intentar.
(*) Este trabajo fue presentado en ocasión del Congreso Internacional de Sociología Militar celebrado en Valparaíso, Chile, del 29 al 31 de agosto de 1992.
(1) En este punto sigo, en general, los lineamientos de MEARSHEIMER, J.J. "Back to the Future: Inestability in Europe After the Cold War", en International Security, nº 15, 1990, págs. 5/56, y la discusión de sus tesis en la Mesa Redonda Especial de la Biennial International Conference del IUS, Baltimore, Md, Oct. 1991. Ver también BRZEZINSKI, Z. "Selective Global Commitments", en Foreign Affairs, Vol. 70, Nº 4, 1991.
(2) "Hoy todos saben lo que la nueva era no es: se acabó la guerra fría. Nadie sabe aún qué es." GRONDONA, M. La Nación, Buenos Aires, 12/7/92. También NYE, J.S. "What New World Order?", en Foreign Affairs, Vol. 71, Nº 2, 1992.
(3) HUNTINGTON, S.P. "America's Changing Strategic Interests", en Survival, Vol. XXXIII, Jan/Feb 1990; MONETA, J.C. "Mitos y Realidades del Nuevo Orden Mundial", en SELA, Capítulos, Nº 29, abril/junio, 1991.
(4) "Huérfano de enemigo Occidente ya no sabe a qué atenerse". GRONDONA, M., op. cit.
(5) "The U.S. remains a super power in military terms, but it occupies a less than commanding role in the international economy. Hence, the unipolar model is dubious". FREEDMAN, L. "Order and Disorder in the New World", en Foreign Affairs, Vol. 71, Nº 1, 1992.
(6) En los términos de FUKUYAMA, F. "¿El final de la Historia?", en Revista Occidental, año 8, Nº 2.
(7) CERESOLE, N. Argentina y el Ocaso de los Poderes Hegemónicos de la Política Mundial. ILCTRI, Buenos Aires, 1992, cáp. VI.
(8) "(...) peripherical conflicts in areas without strategic value and strategic resources, like Yugoslavia, will only be supervised and contained by Europe". JOFFE, J. "Collective Security and the Future of Europe: Failed Dreams and Dead Ends", en Survival, Spring, 1992.
(9) Ver MORTIMER, E.J. New Fault Lines: Is a North-South Confrontation Inevitable in Security Terms? Adelphi Papers, Nº 266, 1991-1992.
(10) Ver URQUHART, B. The UN: From Peace-Keeping to a Collective System, y CHANG HENG CHEE. From Peace-Keeping to Peace-Making? Adelphi Papers Nº 265, 1991-1992. NYE, J.S. "What...", op. cit.
(11) Ver SAYIGH, Y. Confronting the 1990s: Security in the Developing Countries. Adelphi Papers Nº 251, 1990. DUNN, L.A. Containing Nuclear Proliferation. Adelphi Papers Nº 263, 1991. ROBERTS, B. Chemical Disarmament and International Security. Adelphi Papers Nº 267, 1992. NYE, J.S. "What...", op. cit.
(12) ROBERTS, A. International Law and the Use of Force, I y GARDNER, R.N. International Law and the Use of Force, II. Adelphi Papers Nº 266, 1991-1992. WEISS, T.G. y CAMPBELL, K.M. "Military Humanitarianism", en Survival, Vol. XXXIII, Nº 5, set-oct 1991. NYE, J.S. "What...", op. cit.
(13) MC NAMARA, R.S. "The Post-Cold War World and the Implications for Military Expenditure in the Developing Countries", World Bank, Anual Conference in Development Economics, 1991. Ver nota 16.
(14) Ver ROPER, J. Shaping Strategy Without Threat. Adelphi Papers Nº 257, 1990-1991.
(15) "There will always be small-scale operations that a single country undertakes by itself in support of secondary interests, but the truly vital interests are collective, and they will require a collective response." FREEDMAN, L. "Escalators and Quagmires: Expectations and the Use of Force", en International Affairs, Nº 67, I, 1991.
(16) El gasto militar promedio en América Latina y el caribe en el período 1972-1988 ha sido del 2,3% del Producto Bruto Interno, muy reducido con respecto a la media mundial en el mismo período (durante la Guerra Fría) de 16,5% del PBI. Las excepciones en ese lapso las constituyen Cuba con 11,7%, Guyana con 7,2% y Chile con 6,7% HEWITT, D.P. Military Expenditure: International Comparison of Trends. IMF, Fiscal Affairs Dept. WP/91/54, 1991. Este documento aconseja ejercer presión sobre los países del Tercer Mundo para que la asistencia financiera del FMI no sea empleada en gastos militares. También del mismo autor, Military Expenditure: Econometric Testing and Political Influences. IMF, Fiscal Affairs Dept. WP/91/53, 1991.
(17) Ver CAFFREY, D.F. "The Inter-American Military System. Rethoric vs Reality", en FAURIOL, G. (ed). Security in the Americas. National Defense University Press, Washington, 1989.
(18) SCHWELLER, R.L. "Domestic Structure and Preventive War: Are Democracies More Pacific?", en World Politics, Vol. 44, Nº 2, Jan. 1992. También HURREL, A. "Latin America in the New World Order: A Regional Bloc of the Americas", en International Affairs 68:I, 1992.
(19) Debe tenerse en cuenta que en América Latina hay hoy una ola de descontento respecto de los incumbentes de los roles políticos, por imputaciones de ineficiencia y corrupción. En Brasil, Colombia y Venezuela se han producido importantes crisis por diferentes motivos. La difícil situación de Perú ha sido ya recordada. Por otra parte, en la OEA, se trata de impulsar el establecimiento de sanciones dentro del sistema hemisférico para el caso de producirse cambios de gobiernos por medios no constitucionales. Datos inquietantes obtenidos por Samuel Fitch y aún no publicados, muestran que en Ecuador, por ejemplo, más del 60% de la población encuestada vería con buenos ojos que los militares se hicieran cargo del gobierno.
(20) Sigo a CHIPMAN, J. "The Future of Strategic Studies", en Survival, Spring 1992.
(21) Este cambio se refleja también en los nuevos intereses de inteligencia de las naciones. Ver TURNER, S. "Intelligence in a New World Order", en Foreign Affairs, Fall 1991.
(22) MOSKOS, C. "Armed Forces in a Warless Society". Paper based on luncheon address to the IUS, Baltimore, Md. 1989.
(23) Para un panorama general de la cuestión ver MOSKOS, C. y WOOD, F.R. The Military: More Than Just a Job? Pergamon Brassey's, 1988. BOENE, B. (ed.). La Espécificité Militaire. Armand Colin, París, 1990.
(24) En las siguientes proposiciones sigo a JANOWITZ, M. The Professional Soldier. Free Press, Glencoe, 1960, cáp. VIII, "Towards the Constabulary Concept". DANIKER, G. Wende Golfkrieg Von Wesen und Gebrauch künftiger Streitkräfte. Verlag Huber, Frauenfeld, 1992, en la transcripción y síntesis presentada en SCHWEIZER-MEYER, H.J. y MEYER-SCHWEIZER, R. "Swiss Security Policy and its Reception by Public and Parties". Paper presentado en la IUS Biennial Conference, Baltimore, Md, Oct. 1991. Similares conceptos se vuelcan en Plan Directeur de l'Armée. Report du Conseil Federal aux Chambres Fédérales, 1992. Las adaptaciones al contexto de América Latina y a lo ya dicho en este trabajo son de mi responsabilidad.
(25) Tampoco lo son en las fuerzas armadas que se han conocido hasta el día de hoy. La mayor parte de su tiempo, el soldado lo ocupa en su entrenamiento, instrucción, ejercicios, etc. No podría ser de otra manera.
(26) Ver RIAL, J. Las Fuerzas Armadas de América del Sur y su relación con el Estado en el nuevo contexto democrático, en un mundo en cambio constante. PEITHO, Montevideo, Doc. de Trabajo Nº 70, 1991. PERELLI, C. El nuevo ethos... (publicado en este mismo volumen de SER en el 2000, pp.).
(27) Ver KAUFMAN PURCELL, S. US Policy Towards Latin America after the Cold War. Adelphi Papers Nº 256, 1990-1991.
(28) Para una visión general de la cuestión ver FAURIOL, G. (ed.). Latin American Insurgencies. Georgetown University, CSIS, Washington, 1985.
(29) Esta diversificación de las fuentes de aprovisionamiento de equipo militar permitió que Argentina intentara recuperar las Islas Malvinas en 1982.
(30) Un excelente análisis del tema para América del Sur puede hallarse en CHILD, J. "Geopolitical conflicts in South America", en FAURIOL, G. Security..., op. cit.
(31) BELTRAN, V. Marco General para el Estudio de la Reorganización del Ejército. Mimeo, 1991.
(32) El déficit fiscal federal se aproxima a 400.000 millones de dólares, es decir al 6% del producto Bruto Interno y una cuarta parte del gasto fiscal federal total.
(33) Para una visión de este punto proveniente de fuentes oficiales ver JOINT CHIEFS OF STAFF. Joint Military Net Assesment, Washington, 1991. ASSOCIATION OF THE U.S. ARMY. The Army Budget for Fiscal Years 1992-1993, Washington, 1991. STONE, P.W. y SULLIVAN, G.R. Strategic Force, Strategic Vision for the 1990' and Beyond. House of Representatives, Washington, 1991. JOINT CHIEFS OF STAFF. National Military Strategy of the United States. Washington, 1992.
(34) Las fuentes que han podido ser consultadas son las siguientes:
a) Documentos académicos:
- MARCELLA, G. y WOERNER, F. Strategic Vision and Opportunity: The US and Latin America in the 1990's. Discussion Draft, Feb. 1991.
- NATIONAL DEFENSE UNIVERSITY, INSTITUTE FOR NATIONAL STRATEGIC STUDIES. Latin American Development Shop. Fort Mc Nair, Washington, septiembre 1990.
- NATIONAL DEFENSE UNIVERSITY, INSTITUTE FOR NATIONAL STRATEGIC STUDIES. OFFICE OF REGIONAL STUDIES. Refining US Interests in Latin American. Washington, 1992.
- WILSON, M.G. Towards the next American century: Building a new partnership with Latin America. Backgrounder, The Heritage Foundation, 1992.
- MARCELLA, G. "Military participation in the democratic process", en FAURIOL, G. Security..., op. cit.
- GOETZ, R.B. "US Security interests in Latin America"; FALCOFF, M. "Military and strategic issues in Latin America"; FAURIOL, G. "Social and economic challenges to hemispheric security", todos en GARRITY, P.J., ENDICOTT, J.E. y GOETZ, R.B. (eds.). Regional Security Issues. National Defense University, Institute of Higher Defense Studies, Washington, 1991.
- VARAS, A. (ed.). Hemispheric Security and U.S. interests in Latin America. Westview Press, Boulder, Colorado, 1989.
b) Programas Especiales: particularmente la International Service School, College of Law de la Washington University, y fundaciones como National Democratic Endowment, McArthur, etc. Estudios con énfasis en las relaciones civiles-militares y la capacitación de funcionarios civiles latinoamericanos para conducir los asuntos militares, defensa de los derechos humanos, etc.
c) Conferencias de Ejércitos Americanos: en la XIXa Conferencia celebrada en Washington D.C. en noviembre de 1991, los temas propuestos por la Secretaría Ejecutiva Permanente (Documento SEPCEA Nº 32/91) como desafíos para los ejércitos (latinoamericanos) eran:
1. La violencia política.
2. El tráfico de narcóticos.
3. Las condiciones económicas y sociales de América Latina.
En este documento se hace referencia sólo tangencialmente a las misiones militares "clásicas", como la defensa del territorio nacional y los intereses vitales de los países, como propios de los ejércitos latinoamericanos.
(35) Así, entre los ejemplos más recientes:
1. Brasil y Argentina acordaron, el 28/11/90, en renunciar a la producción o adquisición de armas nucleares y en someter sus instalaciones nucleares a la inspección mutua.
2. La XIIa Asamblea General de la OEA (Sgo. de Chile, junio de 1991) se reunió para tratar el tema "Cooperación para la seguridad del Hemisferio" y produjo importantes declaraciones sobre defensa de la democracia, mecanismos de seguridad colectiva, control de armamentos y limitación de armas de destrucción masiva (7/7/91).
3. El 5/9/91 Argentina, Brasil y Chile acuerdan no producir, no poseer ni usar armas químicas o biológicas.
4. El 13/12/91 los Presidentes de Argentina y Brasil firmaron los acuerdos de salvaguardia nuclear con la International Atomic Energy Agency y pusieron sus instalaciones nucleares bajo control de esa agencia, etc.
En este punto, y con referencia a Argentina, ver DIAMINT, R.C. Cambios en la política de seguridad en la Argentina en busca de un perfil no conflictivo. Mimeo, enero 1992.
(36) Ver WALKER, J. "New thinking about conventional arms control", en Survival, Vol. XXXIII, Nº 1, Jan.Feb. 1991. BELTRAN, V.R. "El concepto de suficiencia defensiva" en Seguridad Estratégica Regional, Nº 1, Buenos Aires, 1992.
(37) BELTRAN, V.R. "La seguridad hemisférica y el nuevo orden internacional" en Military Review, edición española, sep.oct. 1992.
(38) El concepto de interoperabilidad puede verse en U.S. DEPARTMENT OF THE ARMY. Army Regulation 34-1, "International Military Rationalization, Standardization and Interoperability", Washington, 1985.
(39) "Ha perdido realismo la antigua teoría del planeamiento estratégico basado en una guerra con un enemigo determinado (...). Es necesario un poder militar sin determinismos ni enemigos prefijados". FERRER, J.O., Almirante, Jefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina. Conferencia ofrecida en el Colegio Interamericano de Defensa, Fort McNair, Washington, l 19/10/91. También ROPER, J. Shaping strategy..., op. cit.
(40) Preparado por DEIMUNDO PIÑEIRO, A.J., DOMINGUEZ, R.F., HERRERA, A.J. y LOBAIZA, H. Todos oficiales superiores del Ejército Argentino, en situación de retiro.
(41) Se prepararon otros notables trabajos en el mismo sentido: HERNANDEZ OTAÑO, F., LAIDLAW, C.E. y LUSSO, E., con el mismo título y temática del anterior, publicado en Revista de la Escuela Superior de Guerra, Nº 504, Buenos Aires, enero-marzo 1992. Los autores también son oficiales superiores del Ejército Argentino. Otro, DONADIO, M., DRUETTA, G. y TIBILETTI, L. "Los nuevos conceptos sobre seguridad estratégica regional", en Seguridad Estratégica Regional, Nº 1, Buenos Aires, 1992. Otra visión favorable a la creación de sistemas regionales de seguridad en RUBINO, S. "La reconversión militar en América del Sur", en Revista Española de Defensa, Año 5, Nº 51, mayo 1992.
(42) Ver WALKER, J. "New thinking...", op. cit. Para América Central ver CHILD, J. (ed.). Conflict in Central America: approaches to peace and security. St. Martin's Press, New York, 1986; y CHILD, J. "Cómo verificar los acuerdos de paz y fomentar la confianza en América Central", en Geopolítica, Vol. XV, Nº 39, Buenos Aires, 1989.
(43) FERRER, J.O., op. cit.
(44) En funciones de observadores y verificadores de acuerdos por cuenta de la ONU hay 6 oficiales en Palestina, 7 en Angola, 6 en Irak-Kuwait y 15 en el Sahara. Otros 29 oficiales y suboficiales, con 4 lanchas rápidas, se encontraban en el Golfo de Fonseca (hoy en El Salvador para supervisar los acuerdo con la guerrilla). N. de la R.: situación a agosto de 1992.
(45) El Jefe del Estado Mayor General del Ejército Argentino, Teniente General M. Balza, dijo en esa oportunidad que esa misión era: "... la más trascendente operación de paz en el exterior que haya realizado la Fuerza".
(46) Verde Oliva, Nº 2, junio de 1992.
(47) KENNEDY, P. The rise and fall of the great powers. Vintage Books, New York, 1989. El autor resalta la relación entre poder industrial y poder político-militar. En pp. 150-157, por ejemplo, señala la capacidad igualadora que tiene el desarrollo industrial entre las naciones.