DEBATES

Lic. María Cecilia Politi

Profesora Universidad del Salvador

Lic. Eduardo J. Saavedra

Profesor Universidad de Buenos Aires

EL FUTURO DEL ESTADO-NACION Y LA INSERCION DE LAS FUERZAS ARMADAS


A partir de la caída del muro de Berlín, el sistema internacional ha entrado en un período de transición en el cual las dudas y las incertidumbres son las notas salientes que inauguran un lapso pleno de acontecimientos novedosos. Entre las dudas presentes, muchas se refieren al Estado-Nación y a si éste sobrevivirá al sitio que le imponen una serie de actores que hoy en día compiten con él en pos de organizar y tener participación activa en las decisiones a nivel doméstico e internacional.


Uno de los debates actuales tiene como pregunta central cuál será el perfil que adquirirá el Estado hacia fines del presente siglo. En general, existe amplio consenso en torno a la idea de que el futuro nos presentará Estados bien distintos a los que conocemos hoy en día. Fragmentados, disociados o con atribuciones menos amplias que las actuales, varios pensadores preven su fin o al menos una transformación profunda, variando los modelos alternativos entre la emergencia de una Edad Media o en Estado con características supranacionales (1).
El mismo avance tecnológico de los últimos treinta o cuarenta años es una parte de las principales causas que revolucionaron las formas en que el mundo se ordenaba hasta no hace pocos lustros, donde el Estado-Nación jugaba un rol preponderante.
Al compás del desarrollo de las comunicaciones y el transporte fue creándose un entramado que superó las unidades nacionales y, según algunos autores, hay certezas de que nos estamos acercando a la era de una "Aldea Global" en la que todos los habitantes de este planeta compartirán gustos y preferencias (2). A modo de ejemplo, es de hacer notar que la mayoría de los jóvenes de las zonas urbanas de la mayor parte del planeta comparten el gusto por una manera determinada de estética, signada por los medios de comunicación e influenciada por la música de rock.
Una Aldea Global supondría un mundo compuesto por "barrios" con escasa diferenciación relativa. Este modelo se contrapone frontalmente con la estructura actual del sistema internacional, cuyo núcleo se funda en la existencia de Estados soberanos culturalmente diferente. En la actualidad, la reafirmación cultural de las identidades nacionales ganó espacios de relevancia, manifestándose en un creciente movimiento de reclamos y separatismos en todo el orbe, lo cual al parecer reafirma los particularismos nacionales por sobre una cultura universal.
Paralelamente a ese proceso, que podríamos denominar de fragmentación del sistema internacional, el desarrollo de los medios de comunicación estaría fomentando la creación de una opinión pública internacional, formada por cualquier ciudadano del mundo que tenga acceso a un aparato de TV o radio. Recordemos el éxito y difusión que logró la CNN (Cable Network News) durante la Guerra del Golfo (3). Esta opinión pública internacional es sensible a ciertos temas que son incluídos en las transmisiones internacionales de las principales cadenas televisivas del mundo; entre otros, la guerra en Bosnia-Herzegovina y la hambruna en Somalía. En este último caso, fue particularmente relevante la cantidad de minutos que ocupó la TV en mostrar las calamidades del pueblo somalí antes de la intervención de la ONU con apoyo de los EE.UU., lo cual de alguna manera debió formar una corriente de opinión favorable -a nivel internacional- para la participación de este país en el Cuerno de Africa.
Ya en la década del '60 Zbigniew Brzezinski observó un fenómeno parecido. "Por primera vez está empezando a manifestarse una conciencia humana global. Esta conciencia es una prolongación natural del largo proceso en virtud del cual se han ensanchado los horizontes personales del hombre. Con el transcurso del tiempo, la autoidentificación del hombre se expandió de su familia a su aldea, de ésta a su tribu, de ésta a su región y de ésta a su nación. Más recientemente se expandió a su continente." Siguiendo a Brzezinski, es de suponer que de la conciencia continental a la conciencia global sólo resta un paso (4).
En este contexto de transición, donde coexisten paradojalmente tendencias a la fragmentación y a la globalización, es de hacer notar que el Estado-Nación es un producto histórico de reciente formación, con no más de doscientos años. Inclusive, algunos de los países más pujantes de la actualidad (como Alemania, Italia, etc.) lograron la unificación recién a finales del siglo pasado, por lo tanto no es extraño suponer que su supervivencia puede llegar a estar comprometida tan rápidamente como fue su génesis, debido precisamente a las tensiones que significan la interacción de los dos procesos antes mencionados.
Estas presiones podrían cambiar su naturaleza así como la dinámica modernizadora de la burguesía dislocó al Estado Feudal, cambio que daría paso a un sistema medieval o a una comunidad de provincias federadas bajo la conducción de un gobierno mundial. Ello dependerá de varios factores, pero los cambios antes enunciados y la nueva conciencia mundial tendiente a defender determinados valores (derechos humanos, paz, seguridad) por sobre la soberanía y la no-intervención, generarían cambios en la forma que tenemos de ver y concebir al Estado. Por otra parte, esta forma de concebir al Estado daría paso a otras instituciones, siempre y cuando no se torne disfuncional con respecto a su cometido principal, es decir, ser la organización política que goza del suficiente consenso para regular los intereses de la sociedad y contener, en un espacio territorial dado, los deseos de esa sociedad.
En este mismo sentido, y de manera creciente, las compañías transnacionales, organizaciones internacionales, regionales o no gubernamentales (ONG), comenzaron a disputar los espacios comúnmente reservados a los poderes nacionales. En algunos casos este proceso fue consensuado (v.g. la integración europea) y en otros caos en cambio hubo una apropiación de las funciones que le correspondían al Estado (v.g. las crecientes atribuciones a las que acceden las ONG en el campo de la preservación del medio ambiente), de la cual la más dramática es l erosión del poder estatal por parte de las mafias y carteles de la droga, que en algunos casos han logrado controlar amplios espacios territoriales para desarrollar sus actividades.
Bernard Kouchner (fundador de la organización Médicos sin Fronteras y ex Ministro de Acción Humanitaria de Francia) sostiene que los límites de la intervención deben ampliarse. "Es preciso llegar a los lugares oscuros donde las personas están gritando por socorro", afirma. "Llegará el día en que podremos golpear la mesa y exclamar: Señores chinos, ustedes no tienen derecho de masacrar a los tibetanos. No srá mañana. Pero, cuando suceda, será una bella revolución". (5)
En este punto son interesantes las conclusiones a las que arribó Riccardo Petrella, quien en un reciente artículo augura un futuro signado por la emergencia de ciudades-región, que en su desarrollo desplazarán al Estado-Nación como sujeto activo del equilibrio y del orden internacional (6).
Algunas de las proposiciones de este autor aseguran que las nuevas ciudades-región, relacionadas activamente por medio de las empresas transnacionales, desplazarán al Estado al poner la ciencia y la tecnología al servicio de los objetivos del mercado, organizándose y tomando las decisiones en forma similar a como lo hacían los europeos de los siglos XIV y XV "gobernados por ciudades hanseáticas y alianzas interciudades que alojaban uniones de comerciantes y mercaderes entrelazados".
En su análisis Petrella incluye el concepto de nodos activos para referirse a las megaciudades en torno de las cuales en la actualidad se estructura la economía internacional. En este sentido, sostiene que son treinta las polis que forman un sistema donde predomina la alta etcnología, entre las que se incluyen las siguientes: Londres, Nueva York, Chicago, San Francisco, Los Angeles, Houston, Miami, Tokio, Toronto, México (DF), San Pablo, Seúl, Taipei, Hong Kong, Singapur, Bangkok, París, Zurich, Viena, Milán, Madrid, y el corredor de Randstadt en Holanda.
En estas regiones altamente integradas e interdependientes, las corporaciones transnacionales forman entramados institucionales al margen del control estatal. A modo de ejemplo, Petrella describe una nueva red de instituciones corporativas entre Barcelona, Lyon, Milán, Estrasburgo y Stuttgart, que habrían crecido sin la menor administración de los gobiernos locales. En algunos casos, la importancia asignada al rol de las corporaciones es exagerada. Según Norman Macrae (periodista de The Economist), algún día los ciudadanos elegirán entre empresas en lugar de políticos para gobernar sus ciudades (7).
En esta corriente de opinión existen otras posiciones más radicalizadas. Por ejemplo la de Jefferson Barros, quien considera que a las megacorporaciones multinacionales les interesa el debilitamiento -cuando no la abolición- del Estado-Nación. Al mismo tiempo éstas, desde su nacimiento después de la II Guerra Mundial, tienden a restaurar el carácter privado de los asuntos públicos. El Tratado de Maastricht, que prevé la superación de la Europa de las nacionalidades por la de las regiones -tal cual lo querían las corporaciones multinacionales- es en este sentido, un modelo que tiende a instaurar una nueva Edad Media, pues al eliminarse el carácter público del Estado, se elimina también la racionalidad de la administración política (8).
La previsión de que la humanidad se está acercando a una nueva Edad Media no es novedosa. Ya Umberto Eco, en su libro La Estrategia de la Ilusión, citando una tesis de Roberto Vacca explicaba que desde la perspectiva de este autor "la degradación de los grandes sistemas típicos de la era tecnológica que, demasiado vastos y complejos para ser coordinados por una autoridad central y también para ser controlados individualmente por un aparato directivo eficiente, están condenados al colapso y, por interacciones recíprocas, a producir un retroceso de toda la civilización industrial." (8)
Sin embargo, para que una nueva Edad Media pueda surgir, siguiendo más o menos los pasos de ese período histórico, antes debería existir un imperio universal que haya homogeneizado los principales ámbitos de la existencia humana, los cuales podemos englobar en forma genérica en el término cultura -entendido como todo aquello que el hombre hace.
Esta serie de acontecimientos históricos son de dudosa repetición en el presente, tanto porque no existió un imperio universal durante el período de la Guerra Fría, como porque no es imaginable un asalto bárbaro a los centros de poder mundial, hechos que de alguna forma marcaron el paso a una Edad Media. Por otra parte, se puede convenir que se ha roto una gran Pax, pero ésta -a diferencia de la que había creado el Imperio Romano- estuvo sustentada por el equilibrio del terror nuclear de dos superpotencias en lucha, y su derrumbe no provocó un clima de anarquía y guerra universal -como la que siguió a la caída de Roma- sino que surgieron algunos conflictos acallados por la lógica de la Guerra Fría.
El próximo milenio difícilmente nos presente, entonces, un sistema internacional con características medievales. Empero, puede ser que accedamos a un sistema donde los elementos que caracterizaban al Estado-Nación cambien de manera relativa y así se reformulen los principios que rigieron las relaciones internacionales.
Desde un punto de vista clásico, los elementos del Estado son cuatro: el territorio, la población, el poder y el gobierno. De entre ellos son particularmente importantes los cambios relativos producidos en la forma de percibir al territorio y al poder.
En lo que hace al territorio, vuelven a tener importancia los adelantos tecnológicos, que han acortado distancias y reducido el tiempo necesario a medida que se perfeccionaban los medios de comunicación y transporte, tanto en el campo civil como militar. Hoy en día no es necesario que alguna de las potencias importantes desplace ejércitos si lo que busca es destruir completamente a un país enemigo, sólo debe emplear una cantidad suficiente de misiles nucleares y dirigirlos a su objetivo. A la vez, el teléfono, el fax y los aviones modernos, comunican cualquier parte del mundo en un período corto o inmediato de tiempo. Y si a esto le sumamos los nuevos desarrollos en el campo de la agricultura, veremos que los países que antes eran importadores de alimentos, en la actualidad no sólo han logrado alimentar a sus poblaciones sino que también poseen sobrantes para la exportación (v.g. la Comunidad Europea y la India), fenómeno conocido como la "revolución verde".
El territorio, bajo la presión de las transformaciones antes descriptas, comienza a tener una menor importancia relativa. Es decir, ya no sería necesaria la posesión de grandes extensiones de tierras o de espacio vital para alcanzar niveles de desarrollo importantes.
En el campo del poder, los procesos de integración revelan nuevas formas de incrementar las capacidades de los países para hacer frente a un mundo crecientemente competitivo, donde las reglas del mercado mundial signadas por un dinámico movimiento de factores supera en muchos casos el marco del Estado, lo cual supone una lógica diferente en la forma de producción de bienes. Así es que, la mayoría de los países buscan insertarse, a partir de la integración económica, en un mundo en proceso creciente de transnacionalización y globalización. Esto es, la economía internacional tiende a reconocer menos a las unidades nacionales como bases de producción y en mayor medida al mercado mundial como escenario privilegiado de competencia y creación de riquezas. Es así que muchos países consideran a los procesos de integración como los instrumentos válidos para superar las limitaciones del Estado.
De las múltiples formas de determinar el poder de un Estado, parecería más conveniente la de Raymond Aron, por englobar a todas las demás y presentar un panorama abarcativo. Ella es:
a) El espacio que ocupan las unidades políticas.
b) Los materiales disponibles y el saber para transformarlos en armas.
c) La capacidad de acción colectiva. (9)
Ya hemos relativizado el espacio en vista de los cambios tecnológicos; en igual sentido, el punto b) presenta modificaciones relevantes. Hoy en día, muy pocos países poseen la capacidad de producción completa de los bienes que se ofrecen en los mercados internacionales. Muchos de los componentes electrónicos utilizados por las armas de última tecnología de los EE.UU. son de procedencia japonesa, y fuera del campo militar, en el ámbito civil, cada vez es más difícil determinar cuál es la procedencia de un bien, debido a la partición de la producción a nivel mundial; es decir, un bien puede ser fabricado con partes que se manufacturaron en varios países.
En cuanto a la capacidad de acción colectiva, su trascendencia es incuestionable y no parece haber disminuído, sino que por el contrario, su importancia traspasó los límites de las fronteras. En la actualidad se piensa en destinos comunes en términos de integración, donde la unión económica, política, social y militar, son concebidas como un medio para afrontar "colectivamnte" un mundo en transición.
En vista de los cambios antes reseñados, cabría preguntarse cuáles son los temas que en la actualidad atrapan la atención, los esfuerzos y el poder nacional para lograr ventajas competitivas con respecto a otros países. Una lista no taxativa incluye: el mejorar sus relaciones comerciales, asegurar sus mercados, defender su medio ambiente, lograr mejores niveles de vida para su población en general, desarrollar tecnologías o tener preeminencia cultural.
Todos estos objetivos son menos tangibles que los que anteriormente perseguían los Estados, tales como la adquisición de territorios o zonas de influencia sobre áreas vitales, los cuales contaban con el poder militar como factor fundamental sobre el cual descansaban las posibilidades de éxito de las naciones (10).
En este contexto, cambian sustancialmente los factores que hacen al poder nacional, dado que la diversidad de temas que se incorporan a la agenda internacional inciden en la aplicación de los recursos. Así, nuevos recursos de poder pueden ser la existencia de buenas comunicaciones o la capacidad de enfrentar eficazmente una negociación internacional sobre temas percibidos como fundamentales. En otros términos, el poder deja de ser concebido como la sumatoria de recursos y la habilidad de administrarlos legítimamente, y pasa a tener mayor preponderancia la capacidad de influir sobre determinados actores.
Estos cambios en los instrumentos del poder nacional, en los cuales tienen menos importancia los factores tradicionales y surgen otros nuevos que evitan el uso de fuerzas militares, y que en cambio privilegian el acceso a la información y la capacidad de negociación, señalan la emergencia de un mundo más integrado y moderado en el uso de los recursos del poder para llegar a fines determinados.
Al no existir un mundo dividido en bloques y crecer la tendencia a la integración, y teniendo en cuenta las repercusiones del comportamiento de la economía mundial y las nuevas tecnologías, impondría la necesidad de crear algún tipo de mecanismo internacional que contenga estas mutaciones en un marco jurídico o institucional. De esta manera, es concebible un Derecho Internacional más riguroso que el actual, donde los Estados nacionales conservarían el pleno derecho al desarrollo de su cultura que "... las Naciones Unidas -con los medios adecuados- se encargarían de hacer respetar." (11)
En este punto es conveniente resaltar algunas de las propuestas del nuevo Secretario General de las Naciones Unidas, Boutros Boutros Ghali, quien sostiene que debe ejercerse una acción internacional más dinámica desde dicho organismo internacional, sugiriendo en el documento Una Agenda para la Paz (12) la "imposición de la paz" y la "diplomacia preventiva" como medios de asegurar la seguridad internacional, para lo cual Ghali estima que debería contarse con tropas disponibles que dinamicen los procesos de paz. En este sentido, existen propuestas encaminadas a resolver el problema de la disponibilidad de tropas por parte de la ONU, a partir de la constitución de una "Legión Extranjera" para el mundo -similar a la francesa. Así se expidió Edward Luttwak, quien completó la idea al sentenciar que ningún gobierno sería responsable de la suerte de los soldados si éstos fuesen reclutados sobre una base individual (13).
Las iniciativas antes mencionadas han sido polémicas, y su posible concreción ya fue criticada por Jeane Kirkpatrick -ex-embajadora de los EE.UU. ante la ONU- quien sostuvo que "El secretario general de la ONU (...), continúa su campaña por hacer de sí el comandante en jefe del mundo. Esos esfuerzos sin precedentes de un secretario general por crear amplios poderes militares para sí y su puesto deben firmemente rechazarse porque la posición no tiene ni la autoridad ni la competencia para librar guerras". Agregando que "La Constitución de la ONU le prohíbe intervenir en los asuntos internos de una nación y explicita y específicamente confiere al Consejo de Seguridad las decisiones sobre la paz y seguridad internacionales." (14)
Todo esto nos indica que, al menos en el campo de las hipótesis, se manejan proyectos que de alguna manera recortarían las atribuciones de los Estados, apropiándose la ONU o algún otro conjunto de países, de una capacidad que hasta hace poco tiempo les estaba vedada de hecho: es decir, tener una participación más activa en los procesos de paz y seguridad internacionales a partir de la formación de un concepto de ingerencia más amplio. Recordemos que el canciller francés Roland Dumas habló del derecho a la "intervención por razones humanitarias" cuando se hayan violado los derechos humanos en algún Estado; posición compartida por el Papa Juan Pablo II y por el ex-presidente norteamericano Ronald Reagan.
Recientemente, Ronald Reagan se preguntaba lo siguiente: ¿por qué no pueden unirse ahora las potencias responsables para imponer estándares civilizados de comportamiento sobre quienes se burlan de toda medida de decencia humana? A lo cual se respondía que la ONU -con una fuerza permanente- podría constituir santuarios humanos "mediante la fuerza si es necesario" (15). Por su parte, Juan Pablo II apoyó decisivamente la idea de establecer pautas moralmente aceptables, haciendo su más fuerte llamado para fijar lo que llamó una "intervención humanitaria" en los conflictos, como en la guerra civil en Bosnia-Herzegovina. El Pontífice señaló, a renglón seguido, que "los principios de soberanía de los Estados y la no interferencia en sus asuntos internos no pueden constituir una pantalla detrás de la cual se realicen actos de tortura y asesinato".
Es de hacer notar que ya hubo misiones punitivas contra un EStado que no respetaba los derechos humanos. En efecto, terminada la Guerra del Golfo y ante la insurrección del pueblo kurdo, las fuerzas armadas iraquíes intentaron detener tal insurrección mediante la fuerza, lo cual llevó a la interdicción de zonas de su territorio por parte de las principales potencias que habían participado anteriormente en la lucha por la desocupación de Kuwait. Tiempo más tarde, otra porción del territorio iraquí también fue interdictada en pos de defender los derechos de la minoría chiíta que habita en la parte sur de Irak. Operaciones todas patrocinadas por la ONU. (16)
En este contexto es de significativa relevancia la Resolución 688 del Consejo de Seguridad de la ONU (abril de 1991), en la cual se reconoció por primera vez que la dispersión forzada de la población representa una amenaza a la paz y seguridad internacionales. Experiencia que sienta un precedente a la vez que puede servir de ejemplo en otros casos donde se vulneren los derechos humanos (v.g. la ex-URSS, Liberia, Camboya y Sri Lanka). (17)
Dos años más tarde, otro evento marcaba un nuevo jalón en el creciente prestigio de la ONU en lo relativo al control y/o promoción de los derechos humanos. En esa oportunidad dio comienzo un proceso judicial en la Corte Internacional de Justicia de La Haya iniciado por Bosnia-Herzegovina contra la República Federal Yugoslava (RFY), constituída ahora por Serbia y Montenegro, por graves crímenes de guerra. la relevancia de este juicio estuvo dada porque es "la primera vez que el concierto de naciones es el que se hace cargo de sancionar delitos de esta naturaleza". En los casos anteriores -como el de los juicios de Nüremberg- los jueces eran juez y parte, ya que el proceso judicial fue instrumentado por los países vencedores de la Segunda Guerra Mundial. En esta oportunidad, en cambio, era un organismo internacional el que se hacía cargo de llevar adelante el proceso. (18)
"La conciencia universal sobre los derechos humanos ha progresado notablemente desde la II Guerra Mundial, y ello explica las crecientes presiones sobre la ONU para que intervenga allí donde éstos son violados, para que limite el espacio de soberanía nacional de los Estados. Sólo reduciendo aún más este espacio podrá conseguirse una mayor eficacia de las Naciones Unidas", afirmó Pierre Sané, Secretario General de Amnistía Internacional (19).
Ante estas novedades, son interesantes las reflexiones hechas por Boutros Ghali, quien señala lo siguiente: "(...) La doctrina secular de la soberanía absoluta y exclusiva ya no se sostiene como se la concibió en la teoría. Un gran requisito intelectual de nuestro tiempo es repensar el concepto de soberanía -no para debilitar su esencia, la cual es crucial para la cooperación y seguridad internacionales, sino para reconocer que puede tomar más de una forma y representación y más de una función." (20). Por ende, a criterio de Boutros Ghali, la soberanía de los Estados es un concepto flexible, por el cual los criterios que determinan sus límites difieren en cada caso. De esta manera, el Secretario General de la ONU agregó como ejemplo el caso de Somalía, apreciando que cuando no existe un gobierno real no puede hablarse de soberanía.
En este caso también son relevantes las apreciaciones de Paul Johnson, al establecer que "Hoy somos testigos de un rejuvenecer del Colonialismo, aunque en una nueva forma. (...) No hay una alternativa más simple en aquellas naciones donde los gobiernos han sucumbido y la mayoría de las condiciones básicas para la vida civilizada desaparecieron, como es el caso de la mayoría de los países del tercer mundo". Para superar tal situación, Johnson propone reeditar el sistema de "protectorado" en aquellos casos en los que sea patente que un Estado no está en aptitud de llevar adelante el autogobierno, revirtiendo la creencia convencional de los últimos cincuenta años, que indica que todos los pueblos están listos para la independencia. (21)
En las propuestas reseñadas anteriormente subyace la idea de establecer un gobierno mundial que limite las ambiciones de los Estados, evite la guerra de todos contra todos y proteja a los más débiles.
Concluída la I Guerra Mundial, el presidente estadounidense Woodrow Wilson impulsó decididamente la creación de un organismo internacional que lograse estos fines. La Sociedad de las Naciones fue el llamamiento para tal cometido, que a poco de andar demostró los límites que le imponían los intereses nacionales de la mayoría de los actores relevantes del sistema internacional de ese entonces, echndo por tierra esta iniciativa de ordenar las relaciones internacionales. En general, las concepciones que pregonaban la creación de un gobierno mundial estuvieron sustentadas por personajes idealistas, que de esta manera buscaban detener las guerras y asegurar un futuro pacífico para la humanidad. No obstante las buenas intenciones de estas personas, los Estados continuaron basándose en principios moralmente reprochables, persiguiendo el interés propio en desmedro de la paz (22).
A pesar del fracaso, las intenciones idealistas fueron cumplidas en parte, y no gracias a las reglas o normas del derecho internacional, sino a que un proceso de interdependencia creciente fue limitando las ambiciones estatales, allí donde la dependencia mutua estbaleció ámbitos de cooperación y eliminó el conflicto entre muchos países -particularmente en la faz militar. En la actualidad, es impensable una guerra entre Francia y Alemania o entre EE.UU. y Japón, precisamente por el carácter de interdependencia de sus economías y sociedades, proceso al que poco a poco van sumándose otros Estados.
En este punto apreciamos nuevamente que, ante determinados fenómenos, el Estado-Nación queda al margen y nuevas formas de comunicación y relaciones se establecen en el campo internacional. Una de las características principales del fenómeno de la interdependencia es el alto nivel de relacionamiento que se establece entre los países involucrados, proceso facilitado especialmente por el grado de desarrollo y modernización de las sociedades industriales avanzadas. (23)
El desarrollo de los medios de comunicación a nivel global colabora de manera creciente a incrementar los canales que interconectan las sociedades de distintos Estados, muchas veces sin la intermediación de éste. estos canales de conexión se incrementan cuando fundaciones privadas u organizaciones no gubernamentales intercambian personas, valores e ideas, fomentando la creación de grupos transnacionales. Todo lo cual, según algunos pensadores, nos acerca a un Estado supranacional, que puede ser el resultado de un conjunto de procesos que llevan a la emergencia de una sociedad civil internacional en búsqueda de un respaldo institucional y político a su conciencia globalizada.
De esta manera, puestos a determinar el futuro de los Estados cuando se inicie el próximo siglo, la opción plausible sería la de un ente supranacional con atribuciones muy limitadas, que intente controlar algunos de los problemas que enfrenta el mundo moderno, en general incluídos en lo que se denomina la agenda internacional: el narcotráfico, el medio ambiente, los derechos humanos, la proliferación de armas de destrucción masiva, entre los más importantes. Todos ellos son percibidos primero como de responsabilidad colectiva de la humanidad en su conjunto, y en segundo plano de los Estados en particular.
En este caso, los Estados conservarían muchas de las atribuciones que les son propias; empero, se ajustarían a un derecho internacional más severo que limite sus intenciones de transgredir pautas que, crecientemente, la comunidad internacional percibe como inquebrantables. El Estado Supranacional contaría con la legitimación de la fuerza y con un instrumento militar que respalde sus acciones, siempre limitadas y de carácter multinacional.
El gran interrogante que despierta este esquema es si tal derecho internacional sería aplicado con igual criterio de justicia a todos, sobre todo teniendo en vista la experiencia de un sistema internacional dominado por Estados, en el cual los más fuertes tienen como respaldo la fuerza, y el derecho sólo es respetado en la medida en que sirve a sus intereses y objetivos. Al parecer, en este campo continuarían teniendo vigencia algunas de las perspectivas realistas del sistema internacional, las cuales remarcan el interés egoísta de los Estados y la contínua guerra en pos de defenderlo sin respetar cualquier tipo de ingeniería legal que intente controlarlo.
En este contexto, la fuerza seguiría siendo un valor sustancial cuando esté en juego la supervivencia del Estado, y la posesión de un instrumento militar moderno su respaldo más evidente. Las incertidumbres y dudas sobre el futuro del sistema internacional aún siguen vigentes. Por ello, los temas relacionados a la seguridad parecen tener mayor peso que aquellos que refieren al desarrollo, entendiendo por seguridad un concepto amplio que no sólo prioriza y abarca la faz militar, sino que también incluye en sus postulados otros temas: desde el comercio y la prosperidad económica hasta la protección de un medio ambiente limpio y apto para la existencia humana.
El período de transición abierto por la finalización de la Guerra Fría puso definitivamente en crisis muchos de los postulados que durante varios años guiaron a los dirigentes y estadistas mundiales, entre ellos el de soberanía y de la continuidad del Estado.
Una de las acepciones de crisis significa cambio, y tal característica lleva consigo una gran carga de temor por lo que puede acontecer en el futuro.
En síntesis, estamos en presencia de un conjunto de mutaciones que desdibujan los límites entre la sociedad civil y el Estado, y entre éste y el sistema internacional.
Ante las condiciones actuales y sus posibles repercusiones futuras, cabría preguntarse cuál sería el papel de las fuerzas armadas en un sistema internacional que tal vez deje de llamarse de esta manera. A la vez, es de hacer notar que las Fuerzas Armadas, cuya esencia radica en la custodia de la soberanía y del espacio territorial que ocupa el Estado-Nación, se encontrarían ante un desafío inusitado -a muy largo plazo. La respuesta a estos interrogantes se torna compleja y difícil; sin embargo, y en forma apriorística, podemos inferir algunas ideas con un alto grado de especulación.
En cualesquiera de los dos modelos alternativos antes desplegados las Fuerzas Armadas, como institución típucamente estatal, serían arrastradas a formar parte de una nueva organización política. Siempre y cuando se diluyan las lealtades nacionales y se dé paso a un nuevo tipo de conciencia que privilegie o bien la adscripción a un grupo social ampliado (Modelo de Estado Supranacional) o bien restringido (Modelo de Edad Media).
Ellas deberían dejar de lado su lealtad a la patria, para poner sus armas al servicio de organizaciones locales o a una organización global, según se hayan definido las tendencias enunciadas. En ambos casos, deberían preverse nuevas hipótesis estratégicas para evitar tal desenlace, o adaptarse a él.


(1) A fines de 1990 un informe especial de la revista norteamericana Newsweek preveía que con la caída del comunismo las fronteras de Europa, que permanecieron invioladas por 45 años, cambiarían sustancialmente al surgir nuevos países, nuevos grupos regionales, y expandirse las viejas alianzas, lo cual en definitiva crearía un nuevo mapa europeo hacia el año 2000. Varios "Redrawing the map", en Newsweek, Nº 48, noviembre de 1990, págs. 10 a 16.
(2) MCLUHAN, MARSHALL. Guerra y Paz en la Aldea Global. Planeta-Agostini, Buenos Aires, 1985. Otro estudio al respecto puede verse en IANNI, OCTAVIO. A sociedade Global. Editorial Civiliøao Brasileira, Río de Janeiro, 1992, págs. 35 a 52.
(3) En 1990 la CNN brindaba su servicio a 54 millones de norteamericanos y llegaba a 91 países, pero según Jonathan Alter "probablemente no alcanzará a traspasar el mundo de las elites y llegar a las masas". ALTER, JONATHAN. "CNN's Global Village", en Newsweek, Nº 25, junio de 1990.
(4) BRZEZINSKI, ZBIGNIEW. La Era Tecnotrónica. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1973, pág. 105.
(5) "Los nuevos misioneros", en Veja (Brasil), 7/4/93, págs. 46 a 48.
(6) PETRELLA, RICCARDO. "Un peligroso 'apartheid' tecnológico", en La República. Montevideo, 10/8/92.
(7) GRUNWALD, HENRY. "El año 2000. ¿El comienzo o el fin?", en revista Noticias. Buenos Aires, 10/5/92.
(8) BARROS, JEFFERSON. "Quem devemos separar", en Jornal do Brasil. Río de Janeiro, 10/5/93.
(9) ECO, UMBERTO. La estrategia de la ilusión. Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1988, págs. 87 a 113.
(10) ARON, RAYMOND. Paz y Guerra entre las Naciones. Alianza Universidad, Madrid, 1985, Tomo I (Teoría y Sociología), Cap. II, pág. 85.
(11) Algunas reflexiones sobre las mutaciones del poder del Estado pueden encontrarse en POLITI, MARIA CECILIA y SAAVEDRA, EDUARDO JORGE. "La determinación del Poder Nacional", en Revista Geopolítica, Nº 47, Año XVIII, 1992.
(12) N. de la R.: Publicado en SER EN EL 2000, Nº 3, mayo de 1993.
(13) SABINO, CARLOS. "El fin de la soberanía limitada", en La Prensa. Buenos Aires, 17/3/93.
(14) KIRKPATRICK, JEANE. "Los errores de Boutros Ghali", en El Cronista. Buenos Aires, 23/3/93. Las opiniones de la embajadora son sustentadas por los arts. 47 y 48 de la Carta de las Naciones Unidas, que establecen las competencias del Consejo de Seguridad en lo relativo al uso de la fuerza.
(15) REAGAN, RONALD. "Las demandas de la posguerra fría", en El Mercurio. Santiago de Chile, 18/1/93.
(16) FERCSEY, JUAN. "La idea de una legión de la ONU", en La Prensa. Buenos Aires, 12/3/93.
(17) MINEAR, LARRY y WEISS, THOMAS. "Groping and coping in the Gulf Crisis: Dicerning the shape or a new humanitarian order", en World Policy Journal, Fall/Winter 1992.
(18) Reportaje a María Teresa Moya. "Evidencia del nuevo orden internacional", en Clarín. Buenos Aires, 1/4/93.
(19) "Hay que limitar la soberanía para defender los derechos humanos". El País, Madrid, 1/5/93.
(20) GHALI, BOUTROS-BOUTROS. "Empowering the United Nations", en Foreign Affairs, Winter 1992/93, págs. 98 y 99.
(21) JOHNSON, PAUL. "Colonialism's back - and not a moment too soo", en The New York Times Magazine, 18/4/93, págs. 22, 43 y 44.
(22) Un interesante estudio al respecto puede encontrarse en WALTZ, KENNETH. El hombre, el Estado y la guerra. Editorial Nova, Colección Hombre y Circunstancia, Buenos Aires, 1970.
(23) Con respecto a este tema ver KEOHANE, ROBERT y NYE, JOSEPH S. Poder e interdependencia: La política internacional en transición. Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1988.



Actualizado: 19/05/96 10:34:55 AM
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