ARGENTINA Y EL FUTURO DE LA SEGURIDAD INTERNACIONAL

Editorial
Lic. Luis Tibiletti - Lic. Marcela Donadío


En los últimos años la política exterior argentina realizó una fuerte apuesta a la participación en el sistema de seguridad internacional. Esta política determinó entre otras cosas la mayor participación de nuestras Fuerzas Armadas en las operaciones de mantenimiento de la paz y otras acciones bajo mandato de las Naciones Unidas.
Esto originó que en muy diversos foros se buscara el debate acerca de las implicancias nacionales y regionales que tal política traía aparejada, acompañando otro no menos intenso: el que se produce actualmente en todo el mundo al calor del papel protagónico asumido por las Naciones Unidas en la posguerra fría. (1)
En nuestro propio Seminario "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000" contamos con la participación para ese debate de diversas personalidades nacionales e internacionales.
Sin embargo varios elementos hacen que en el año 1994 sea imprescindible una profundización de este debate:

1) El ingreso de Argentina como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, en una decisión avalada por distintos sectores regionales y extrarregionales.

2) El año 1993 fue el año de la manifestación de los límites que la comunidad internacional encontró en sus esfuerzos de restauración de la paz a través del actual sistema de seguridad internacional. Los ejemplos de la ex-Yugoslavia, Angola, Somalía y Haití son más que suficientes en esta dirección.

3) La aparición, con mayor fuerza, de algunas de las tendencias reactivas a los procesos de globalización (2) al interior del Estado-Nación motivados por los modelos económicos desequilibrantes de la estructura social, vieron su expresión por ejemplo en Rusia y México.
4) De este modo empieza a aparecer nuevamente una tendencia de diversificación entre las agendas de seguridad de los países del Norte (preocupados fundamentalmente por los problemas de la proliferación de las armas de destrucción masiva), y la de los países del Sur (donde los problemas de los desequilibrios sociales vuelven a ser vistos como prioritarios por sus secuelas de violencia política y riesgos de desintegración nacional en Estados que han perdido su capacidad de resolver los conflictos intraestatales, o se encuentran debilitados por procesos de reforma estructural sin consolidar).

5) La aparición de la propuesta de los Estados Unidos sobre la Asociación para la Paz. Su influencia o no sobre el sistema internacional parece sin embargo un tema todavía lejano, si se observa el complejo proceso de búsqueda de definición en que se encuentra la política exterior de este país frente a su papel en la seguridad internacional.

6) La política de aceptación de ciertos regímenes internacionales, cada vez más prioritaria en la agenda de las principales potencias occidentales, comenzó a producir trastornos en relación con nuestras opciones de seguridad estratégica regionales. En particular la reciente declaración argentina sobre su voluntad de adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y la incorporación al grupo de MTCR (que no es un régimen de la ONU) podría complicar la política de acercamiento que venía llevándose a cabo en estos temas sin mayores tropiezos desde 1985, con nuestro principal socio del Mercosur: el Brasil.

7) Los inconvenientes señalados en el punto 2) para las operaciones de mantenimiento de la paz, han hecho que los gastos derivados tanto a nivel internacional como nacional, exijan un replanteo de las formas de actuación y las fuentes de financiamiento. En el caso nacional quedó claro que los requerimientos a futuro deberán contar con un financiamiento asegurado, un plazo de actuación previsible y una incidencia económica razonable en relación a las necesidades del todavía incipiente proceso de reestructuración y modernización de nuestras Fuerzas Armadas.

Frente a todos estos elementos también se debe ser claro para identificar una posición de equilibrio entre dos tendencias extremas:

1) La que lleva, desde supuestas posiciones realistas, a considerar inútil todo esfuerzo de construcción de sistemas de seguridad regionales e internacionales, con lo cual no hacen más que legitimar un status quo que sólo fortalece a los más capacitados económica, política y militarmente a nivel regional e internacional.

2) La otra que, en un idealismo utópico, supone los esfuerzos de la seguridad internacional como una panacea que hará desaparecer los conflictos del futuro de la humanidad. Esta postura puede acompañarse también con una tendencia a no considerar la verdadera complejidad de los conflictos y de los límites de la intervención internacional.

Creemos que aceptar que la actual estructura de la seguridad internacional (que como en todas las otras expresiones de las relaciones de poder no es todo lo justa que desearíamos) nos puede llevar a abortar los esfuerzos en pos de la vigencia de los principios del derecho internacional y los objetivos que la comunidad de naciones se fijó para la ONU tras la Segunda Guerra Mundial.
Por otra parte, queda clara la necesidad de mantener un razonable grado de autodefensa, como premisa básica de todo Estado eficiente.
Es acerca de los "cómo" de este camino que convocamos a que todos los sectores se integren con sus aportes a esta discusión, para que nuestra participación en el Consejo de Seguridad no sea una oportunidad perdida.

(1) Vale en este sentido resaltar el esfuerzo realizado en 1993 por el CARI en los diversos seminarios que organizó sobre el tema.
(2) Ya identificadas en 1991 por el Seminario "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000". Ver SER EN EL 2000, Nº 1, marzo 1992.




Actualizado: 20/05/96 9:34:55 AM
SER en el 2000