DEBATES

Gen Div Gleuber Vieira
2º Subjefe del Estado Mayor del Ejército del Brasil

LA VARIABLE ESTRATEGICA EN EL PROCESO DE CONSTITUCION DEL MERCOSUR
Las perspectivas estratégicas de integración en el MERCOSUR fueron el tema de la disertación que el General Gleuber Vieira ofreció en Buenos Aires en .... de 1993, en el marco del Seminario "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000".


INTRODUCCION
En primer lugar, quisiera agradecer al Senador Eduardo Vaca por su amable invitación para tomar parte en este Seminario, en el que se discutirán las perspectivas estratégicas de integración en el MERCOSUR.
Mi calidad de General efectivo influye necesariamente en mi forma de tratar el tema. Además, mis palabras serán indudablemente consideradas como si fueran del Ejército brasileño. Por esta razón, limitaré mi pensamiento (y les ruego que lo comprendan) a lo aconsejable para mi cargo y limitada capacidad en las áreas política y estratégica.
En el siglo pasado, a Lord Salisbury se le atribuyeron las siguientes palabras: "No nos debemos fiar de los especialistas en forma incondicional. Si creemos en los médicos, nadie es sano. Si creemos en teólogos, nadie es inocente. Si hacemos caso a los soldados, nada está seguro. Todos necesitan una gran cantidad de insípido sentido común."
Por lo tanto, pido que se agregue a mis palabras un poco de sentido común. No son ellas sutiles como las de los diplomáticos. Tampoco poseen los colores de los discursos políticos. Sin embargo, tienen la sinceridad pragmática de un profesional de la vida castrense.
Una cuidadosa interpretación de la cuestión propuesta -actual, importante y desafiante- muestra la necesidad de analizar la coyuntura mundial, lo cual podrá conducirnos a continuación a una evaluación realista de la situación americana, y sobre todo de Sudamérica. En este punto, estará madura una interpretación estratégica de integración regional en el ámbito del MERCOSUR. Al fin surgirá un análisis de la participación militar en el esfuerzo de acercamiento regional.


EL AMBITO INTERNACIONAL
Sería innecesario intentar describir la presente coyuntura internacional para oyentes tan selectos, quienes seguramente han seguido los últimos y dinámicos sucesos, notando la presencia de acotres, puntos de vista y acciones en la complicada, compleja e imprevisible situación global.
Me parece más objetivo que nos concentremos en las características de esta situación, sobre todo por lo que podríamos ahorrar en cuanto a tiempo para un posterior debate aclaratorio.
Sólo nos tocaría identificar los más importantes y los de mayor repercusión para las planificaciones estratégicas en el Continente Americano, haciéndose posible conducir el pensamiento y confeccionar alternativas que puedan adoptarse en el espacio geopolítico correspondiente al Cono Sur del Continente.
Creo que no hay dudas de que el mundo se encuentra en un período de cambios profundos en lo que respecta a la calidad, en dinámico y avasallador flujo de transformaciones, cuya comprensión e interpretación exigen nuevas e ininterrumpidas lecturas aparte de un permanente análisis cognoscitivo.
Desde un punto de vista didáctico y analítico, hay que reconocer en la tranasición que vivimos tres vertientes claras:
- la política, en la que los sistemas totalitarios ceden paso a los democráticos;
- la económica, en la que las economías planificadas han quedado atrás de aquellas abiertas y volcadas hacia el mercado;
- estas dos vertientes de la transición están de acuerdo a la concepción del Estado mínimo que regula y mantiene una posición pionera, cediendo paso a las iniciativas espontáneas de las sociedades y organizaciones privadas;
- por fin, la militar, por la que la concepción del "Ejército-Partido" -es decir, su posición como sector volcado hacia objetivos propios no siempre acordes con la sociedad- ha cedido paso al "Ejército-Institución", compartiendo objetivos, actitudes y acciones con el grupo social al que pertenece.
En un enfoque más crítico del escenario, se nota con facilidad que en la balanza del poder existe la preponderancia de una indiscutible superpotencia militar. Sin embargo, como ésta no ha alcanzado la misma supremacía en lo económico, ha tenido que compartir su liderazgo con otras naciones desarrolladas de lo cual ha resultado un "colegio hegemónico" de países más importantes que actúan en todos los campos y por todos los instrumentos disponibles.
Hay que reconocer que en las relaciones entre naciones, no se permite que hayan conceptos ingenuos de simpatía y amistad. Frankel ha dicho en forma muy adecuada que "el sistema internacional no se basa en la cooperación incondicional en la que prevalece el bien de todos sobre los intereses individuales. Más bien funciona con base en una cooperación limitada y condicional". Quisiera añadir que las relaciones entre los Estados no se caracterizan todavía por lo moral sino por lo político, en el que la ética se sobrepone a la práctica.
Por ello, se comprende la posición y actitud de los países centrales hacia los periféricos. En lo político, hacen uso pleno e inteligente de organizaciones internacionales en las que ocupan asientos privilegiados. En el campo económico encuentran apoyo a la defensa de sus intereses en los foros en los que se discuten préstamos y negociación de la deuda, restricciones al comercio y los aranceles. A través de una verdadera "orquestación de actitudes" tratan de preservar sus privilegios en lo que concierne al conocimiento, lo cual se hace por medio de los así llamados "clubes de control de la tecnología". Se niegan a compartir el conocimiento que han obtenido con los que puedan poner en peligro su hegemonía. Es un "cartel de conocimiento".
Practican un colonialismo tecnológico disimulado. En el campo militar, mientras adoptan medidas de economía autorestrictivas, rechazan y limitan el surgimiento de nuevas expresiones militares en el marco mundial y buscan, a través de acciones políticas y económicas, prevenir conflictos regionales y reducir en forma drástica la influencia militar en los países que no son miembros del grupo dominador, tratando de inducir tales naciones a que se fíen de la protección paternal de los hermanos más fuertes.
No quisiera parecerles prejuicioso, pero hay que recordar las palabras del rey de Siam en los versos de Rogers y Hammerstein:
"¿Debo fiarme de otras naciones, en alianza?
Si los aliados son débiles, ¿no es mejor estar solo?
Si son fuertes lo suficiente para protegerme,
¿no desearán protegerme contra todo lo que tengo?"

Enfatizo los versos finales:
"Si son fuertes lo suficiente para protegerme,
¿no desearán protegerme contra todo lo que tengo?"

Ese ordenamiento de la coyuntura mundial nos ha impulsado a creer (por convicción o sencillo y conveniente mercadeo) de que estaba surgiendo en el mundo un nuevo orden mundial en el que reinaría el orden, la paz, la fraternidad, y que los beneficios del progreso, de la tecnología y de la riqueza alcanzarían pronto a los más desafortunados.
Lamentablemente (pero no sorpresivamente) lo que se ve es el estallido de un sinnúmero de conflictos en el globo, debido a la resurrección de rivalidades étnicas, religiosas y económicas que fueron refrenadas por décadas a través de las esposas de la vigilancia de la guerra fría.
En realidad, se ha podido notar el funeral del orden de Yalta "injusto pero estable", el cual ha sido reemplazado por una irónica "paz violenta". Las confrontaciones son de dimensiones más limitadas, pero con la intensidad y frecuencia que comprometen la anhelada estabilidad del planeta. No es absurdo creer que el nacionalismo extremado puede reemplazar la ideología como causa de conflictos. Tampoco se puede excluir la posibilidad recalcada por la Conferencia de Derechos Humanos llevada a cabo en Viena recientemente, la cul puso de relieve la naturaleza de los nuevos conflictos cuyos protagonistas son impulsados por factores de polarización cultural: la democracia liberal peculiar del Occidente; el milenario confucionismo de la civilización oriental; el islamismo, con o sin su vestidura radical de fundamentalismo. El capitalismo democrático ha pasado a temer al arcaísmo religioso o tribal con tecnología moderna.
Parece seguro que el mundo se aleja cada vez más del cuadro hermoso que se ha tratado de crear luego de la terminación de la Guerra Fría y tras la formidable demostración de poder militar y tecnológico de los EE.UU. en el Golfo, apoyado por una coalición de países compuesta a través de un ingenioso esfuerzo diplomático.
Estamos en un escenario de difícil prospección, el cual se distingue por las innumerables preocupaciones e incertidumbres.
En esta coyuntura la ONU, principal organismo para fomentar la armonía entre las naciones, ha acumulado esfuerzos e iniciativas que han oscilado entre el éxito y el fracaso ocasionado por evaluaciones equivocadas y distorsiones estructurales que nos han hecho dudar acerca de su capacidad para alcanzar sus nobles objetivos.
Con frecuencia y efectivos cada vez mayores, a la ONU se le ha solicitado intervenir con observadores y fuerzas de paz, las cuales pueblan las áreas más afectadas con sus "cascos azules". A veces, lamentablemente, tales intervenciones se hacen para garantizar intereses hegemónicos, y van más allá de los límites de la preservación de la paz. Por consiguiente, su presencia ha sido objetada por nacionales ya alcanzados por sus actos, quienes se han vuelto hostiles hacia los representantes del Alto Organismo, lo cual compromete la credibilidad y autoridad de la Organización, aparte de amenazar la seguridad de las personas bajo su responsabilidad.
Además, la ONU ya ha empezado a sentir el agotamiento de sus recursos ante la creciente necesidad de empleo de los mismos.
También ocasiona inquietud la diferencia de criterios de la ONU al actuar en forma distinta ante situaciones de características semejantes y con iguale posibilidades alborotadoras.
Aunque en el documento Una Agenda para la Paz se reconoce el importante e indispensable rol del Estado Soberano como "entidad fundamental en la comunidad internacional", sosteniendo que "la base de la labor de la ONU es y debe seguir siendo el Estado", y recalcando que "el respeto por la soberanía e integridad es esencial para cualquier forma de progreso en el ámbito internacional", aquel importante organismo ha amplificado sus iniciativas, añadiendo ahora a la diplomacia preventiva los conceptos de establecimiento de la paz, mantenimiento de la paz y consolidación de la paz. Los recientes instrumentos conocidos como "despliegue preventivo", "ayuda humanitaria" y "zonas desmilitarizadas o de exclusión" generan inquietud frente a la amplitud de sus interpretaciones y al uso que puedan tener estos instrumentos por parte de las potencias hegemónicas.
Por lo mismo, no hay forma de evitarse preocupaciones ante la capacidad de aquel organismo en transformar las intenciones nobles de la Carta que lo rige en realidad, y en evadir la tutela de los grandes para volverse un instrumento real y legítimo de las aspiraciones de igualdad y justicia de parte de la gran mayoría de los países miembros.
Es importante que los países "periféricos", es decir, aquellos que no han tenido la fortuna de ingresar en el exclusivo grupo de países poderosos (los cuales llamo "centrales") y que enfrentan una crisis en sus modalidades de desarrollo y pasan por una transición política y económica, sepan percibir pragmáticamente la coyuntura internacional y descubrir espacios y nichos donde puedan establecer estrategias regionales y de múltiples dimensiones que les proporcionen una favorable inserción internacional.

AMERICA
Acerquemos nuestro lente y enfoquemos nuestro continente.
Es indispensable, innegable e inteligente que se reconozca la presencia opresiva del gigante norteño si se pretende conducir evaluaciones y planificaciones estratégicas objetivas, que busquen resultados efectivos.
Los demás países del Continente Americano tienen que aprender a coexistir con dos realidades:
- la asimetría de poderes en el continente;
- la repercusión en el continente de las relaciones entre los EE.UU. y las demás potencias hegemónicas.
Por su parte, los EE.UU. tienen preocupaciones que ocupan un amplio espectro, en el que se destacan los siguientes:
- La innegable y progresiva distancia entre la opinión pública (que aún aspira a alcanzar el "sueño americano" de prosperidad, empleo, paz y bienestar social) y el Estado (presionado por su rol de policía del mundo que le trajo su poder).
- El desequilibrio visible entre su hegemonía militar y su preocupante situación económica ante una enorme deuda interna y externa y la competencia tecnológica y administrativa de otras potencias mundiales.
Los países latinos, por lo regular, han tenido dificultades y amenazas también inquietantes. Estas amenazas poseen características comunes y tienen mucho que ver con la capacidad y aptitud de los Estados para conducir sus labores económicas y políticas según la tendencia a la globalización de nuestros días. Tienen que ver con la armonización entre los esfuerzos para la normalidad democrática y las iniciativas de supervivencia en el competitivo y desigual campo económico.
Asimismo, estos países afrontan obstáculos crecientes y singulares (que yo me atrevería a decir que también han afectado a los países más desarrollados) referentes a la incapacidad de los Estados para satisfacer las necesidades y anhelos de las sociedades. Muchas veces los mismos dejan incluso de llenar las necesidades básicas de salud, educación, nutrición y seguridad.
Es el indeseable conflicto entre el Estado y el Ciudadano.
Esta deficiencia se vuelve una vulnerabilidad en la medida que proporcionan focos alternativos de poder que proponen llenar el vacío dejado por el Estado. De la actuación de esos focos resultan las formas más evidentes de amenaza al Estado y a la sociedad misma: el tráfico de drogas, el terrorismo, la delincuencia, las migraciones internas, el desempleo, las distorsiones en la defensa de los derechos de las minorías, los cuales ocasionan el agudizamiento del desequilibrio social en las ciudades grandes.
En lo que concierne al análisis de las relaciones entre los EE.UU. y Latinoamérica, hay que tener presente la asimetría de poder y la diversidad de amenazas. Sin embargo, es importante enfatizar que los pleitos entre los países latinos y la gran nación de Norteamérica debe ser considerada y negociada con naturalidad, como consecuencia normal de la profundidad y amplitud en las relaciones entre aquellos que comparten el mismo espacio geopolítico. Al fin y al cabo, no se puede olvidar que los EE.UU. han sido un socio histórico y tradicional con el cual hay que buscar la mejor forma de coexistencia.
Con el objeto de trazar rumbos más claros para la concepción de una acción estratégica, creo oportuno que hablemos de Sudamérica. En primer lugar, por reconocer que Latinoamérica es más una continuidad geográfica que una comunidad de pensamiento, iniciativas políticas y percepciones geopolíticas comunes. Estas características yo las puedo identificar aunque (reconozco) sin la plenitud deseable en Sudamérica.
La asimetría de poder aunado a las diferentes percepciones sobre las amenazas en comparación a los EE.UU. evidencian que las asociaciones regionales son el instrumento más apropiado para la preservación de espacios de maniobras para los países sudamericanos. Veamos algunas razones que sostienen mi punto de vista:
- Tales asociaciones tienen el apoyo de los poderosos en la medida qe puedan proveer seguridad y prevenir conflictos regionales, eliminar pleitos bilaterales, fomentar la estabilidad política y social y asegurar las instituciones democráticas y el comportamiento económico que no estén en contra de sus intereses.
La cooperación regional que pueda prevenir el estallido de conflictos, permitiendo la acción conjunta contra las amenazas comunes y estimulando la paz y la armonía entre los Estados involucrados, conserva la solución de pleitos dentro de los límites de la asociación y evita la intervención de potencias mayores, directamente o a través de organismos internacionales para que prevengan eventuales daños a la soberanía y autodeterminación de los países más chicos.
Esas coaliciones regionales ya mencionadas permiten la utilización de los espacios ya mencionados con miras a explotar la potencialidad económica de los países involucrados, única forma de supervivencia y de afrontar los retos de la competencia en una "jungla" que no se caracteriza por la ética, sino por la preservación de intereses cualquiera que sea el precio.
La marginalidad geoestratégica de Sudamérica para las potencias mundiales posibilita la oportunidad para la concepción de un pensamiento de integración regional.

BRASIL
No puede pensarse en el Brasil sin pensar en el Continente Americano y especialmente en Sudamérica.
A pesar de estar seguro de lo conveniente que es la cooperación regional, hay que recalcar las características complejas del Brasil para la concepción del pensamiento estratégico:
- costa extensa con dos diferentes direcciones: hacia el Atlántico Norte y hacia el Atlántico Sur;
- fronteras extensas por las que el país limita con otros diez países, cada cual con sus características y diferentes percepciones de amenazas. Son fronteras que ganan connotaciones diferentes: al sur, actuando como elemento de acercamiento, una línea sobre la cual los vecinos se dan las manos; al norte, fronteras que todavía no han sido explotadas en la histórica concepción de marcos de separación;
- fuertes y antagónicos impulsos geopolíticos representados por las dos poderosas cuencas hidrográficas, la desembocadura en una y el nacimiento en la otra;
- diversidad fisiográfica, económica y psicosocial interna con innegables desequilibrios;
- extenso espacio aéreo;
- mercado diversificado para intercambios comerciales.

Todo eso evidencia la necesidad de que Brasil tome en cuenta tanto las asociaciones en amplio nivel sudamericano como en algún ámbito subregional, asumiendo la responsabilidad de oordinar y armonizar políticas en diferentes niveles y vertientes. Busca identificar los grupos de intereses semejantes y aquellos con percepciones similares sobre amenazas.
Para el éxito de tales asociaciones de cooperación internacional, los interesados deben llenar las siguientes exigencias:
- mutua satisfacción con el status quo;
- posiciones claras y armoniosas en política exterior;
- normas vigentes en camino para el sistema de cooperación (para solución de controversias, intercambio de informaciones, etc.);
- convergencia de intereses de largo plazo, los cuales prevalecen sobre eventuales discrepancias de corto plazo.
Es fácil concluir que el MERCOSUR es una iniciativa importante, oportuna, y que no se puede aplazar. Sudamérica tiene un indiscutible potencial con el que puede brindar la posibilidad de una integración exitosa a sus asociados.
La potencialidad y las afinidades culturales de los países involucrados, la similaridad de sus objetivos, el privilegiado espacio geopolítico que ocupan al sur del continente con proyección hacia dos océanos, dan al Cono Sur especial poder de sinergia, haciendo prever éxito para la asociación que se haga con base en su área física.

MERCOSUR
Los razonamientos que he presentado no dejan dudas de que el MERCOSUR ha llegado en un momento apropiado. Se exige pues un esfuerzo para que se le valorice e institucionalice, entendido desde luego como un elemento importante que impulse la expansión de las fronteras comerciales y disfrute de las ventajas económicas.
Para el Brasil, específicamente, significa la continuación de un proceso para convertir Sudamérica en una prioridad de las relaciones del país. Aparte de esa asociación en el sur, Brasil deberá buscar iniciativas semejantes en otras subregiones, al corriente de la diversidad de su espacio político (como ya he dicho anteriormente).
Superadas las naturales restricciones contra una iniciativa jamás intentada con semejante deseo de implementación, los actos se vuelcan hacia la armonización de intereses económicos y de mercadeo y pronto se dirigirán hacia la delicada etapa de institucionalización: legislaciones nacionales apropiadas, creación de instrumentos de apoyo legal a los mecanismos de consulta y soluciones de disentimientos y de tribunales de juicios. Es decir, la construcción de una base jurídica del organismo.
No se puede esperar facilidades ya que una asociación de esa naturaleza exige renuncia de parte de los asociados. Renunciar a algo a cambio de otro beneficio. Hay que practicar mucho lo que predicaba San Francisco: "Es dando que se recibe". Las sociedades involucradas tendrán que aprender a reconsiderar sus aspiraciones y valores con el objeto de fijar y facilitar los ajustes internos y la consolidación de los mecanismos de integración.
La experiencia de la CEE demuestra que existen obstáculos en el camino. Hay que poner a un lado las sospechas. Hay que crear una atmósfera de confianza. Los miembros deben tener intereses convergentes. Los ciudadanos de los países asociados deben aceptar y defender tales iniciativas.
Será indispensable que las conciencias nacionales comprendan la idea. Esta sería la única manera de alcanzar el éxito en lo que respecta a los objetivos y plazos desafiadores.
No podemos olvidar algo que ya he señalado antes: la posición y las reacciones de los EE.UU. y de otras potencias hacia los organismos también serán importantes para la evolución, lo cual demuestra la conveniencia de una labor diplomática hábil para que se preserven los principios que rigen la iniciativa y los intereses de los participantes.
Los resultados alcanzados por el NAFTA probablemente influirán el el MERCOSUR y merecerán evaluación permanente.
En el programa del proyecto se fijará seguramente el espacio para la actuación de los militares.
La asociación, cuyo nacimiento ha sido impulsado por motivos económicos, incorpora también elementos políticos que reflejan, a su vez, el pensamiento de la comunidad. La consecuencia natural es que luego se nos presentará la oportunidad de cooperación en los campos militares y de seguridad.
Para entonces se podrá considerar una estrategia conveniente para promover la seguridad a través de la demostración de confianza. En otras palabras, disuadir al asociado por la oferta de seguridad, en vez de hacerlo por el fortalecimiento ostensible.


COOPERACION MILITAR EN EL MERCOSUR
La actual integración en diferentes expresiones de los poderes nacionales en los cuatro miembros del MERCOSUR podrá conducirnos a la construcción de un sistema colectivo de seguridad. Sin embargo, pienso que las estructuras de dicho sistema en el Cono Sur deben considerar la conveniencia de involucrar todos los países del área. La comprensión geopolítica del Cono Sur aconseja la participación de todos los países de esa subregión.
Lo cual no quiere decir que no se pueda, desde luego, establecer las condiciones para que haya una seguridad compartida en el área.
Cualquiera que sea el punto de vista, el sector militar tiene un rol que jugar.
Las organizaciones militares, así como también la diplomacia y la Iglesia, por su carácter permanente son, en lo que concierne a la planificación, instituciones de largos ciclos, lo cual les confiere el hábito de estimados y la comprensión de su participación en el proceso de integración regional. Si se pone las erivalidades y tensiones históricas a un lado, se puede decir que aquéllas poseen la disciplina y la metodología para conducir el proceso de acercamiento.
El lenguaje común de la vida castrense facilita el entendimiento, la camaradería abre vías de la confianza. Puede perfectamente, partiendo de la identificación de intereses comunes, buscar doctrinas cooperativas capaces de advertir y prevenir amenazas aparte de solventar pleitos.
Sin embargo, no hay que olvidar que un "sistema de seguridad colectivo" va en contra de la naturaleza si no es compatible con la cultura de los pueblos involucrados. No existe comunidad de defensa sin comunidad de valores. Por consiguiente, el incremento de la cooperación militar debe ocurrir en forma prudente, de manera que no atropelle el curso natural del proceso, en el que acompaña intereses económicos comunes y ajustes políticos y psicosociales. Debe apoyar la integración y fomentarla cuando sea posible, pero sin precipitaciones.
Una vez que se respete este principio, creo que algunas iniciativas son desde luego factibles.
Sobre todo con el Ejército Argentino, tales medidas tendrán el respaldo del tradicional, fraterno y creciente intercambio que acercan a las fuerzas terrestres de los dos países.
Ofrezco a ustedes para reflexión las iniciativas que, en mi opinión, pueden contribuir al incremento del actual nivel de cooperación militar entre las fuerzas armadas de los países miembros del MERCOSUR, y al mejoramiento de la atmósfera de mutua confianza indispensable para allanar el camino de una preocupación compartida en lo que concierne a la seguridad regional:
- intensificación de las modalidades de intercambio ya en marcha;
- establecimiento de mecanismos de consulta de alto nivel de carácter periódico o de emergencia, capaces de proporcionar confianza y consultas/aclaraciones ante amenazas comunes;
- establecimiento de foros permanentes y/o periódicos para análisis y evaluación conjunta de amenazas y concepciones estratégicas, e intercambio de informaciones dinámicas.
Son pasos pequeños pero seguros y factibles de ser ejecutados en forma inmediata. Los dos últimos se constituyen en una etapa preliminar de organización de un núcleo militar que se asocie a un Centro de Prevención de Conflictos que podrá establecerse en el futuro en conformidad a la voluntad política de los países interesados.

CONCLUSION
En el enfoque del tema propuesto, se hizo necesaria una apreciación sintetizada de la coyuntura mundial hasta llegar a la variable estratégica en el proceso de constitución del MERCOSUR. Este análisis ha conducido a una inevitable propuesta de surgimiento de asociaciones regionales como medio actual más aceptable de afrontar los problemas que surgen en el marco internacional. En el caso específico del Cono Sur, por su importancia geopolítica, el MERCOSUR es un laudable intento de proporcionar a los países miembros estabilidad económica, política y social simbolizadas por sólidas instituciones democráticas que posibiliten el ejercicio pleno de sus soberanías.
La cooperación entre los países del Cono Sur debe indudablemente ocurrir en todos los campos del poder (incluyendo el militar) con el surgimiento, en un futuro que suponemos cercano, de un eficiente "Sistema de Seguridad Colectiva", producto del consenso de sus participantes. Los resultados positivos, previsibles en el área militar por las características comunes de sus miembros, conducirán seguramente a nuevos éxitos en la consecución de los objetivos buscados por el Organismo.
Repito al final de mi presentación, a mi nombre y reflejando seguramente la posición del Ejército Brasileño, el firme propósito de, en ritmo apropiado según el proceso de negociaciones en los campos diplomático y económico, caminar junto con las demás Fuerzas Armadas de Sudamérica en la búsqueda de una atmósfera de comprensión y armonía que permitan relaciones fraternas y productivas entre las naciones hermanas, sobre todo las pertenecientes al MERCOSUR.
Muchas gracias.




Actualizado: 20/05/96 10:02:44 AM
SER en el 2000