PROBLEMAS DE LA IMPLEMENTACION DE LOS CONCEPTOS Y POLITICAS DE LA SEGURIDAD DEFENSIVA
131. La implementación de la "seguridad defensiva" enfrenta un número de problemas prácticos. Estos incluyen la dificultad inherente de distinguir entre armas "defensivas" y "ofensivcas" y sistemas de armamentos; el requisito de todo estado de retener la capacidad de dirigir operaciones contraofensivas a nivel táctico y operativo si desea mantener la integridad de su territorio; y el hecho de que el derecho a la autodefensa colectiva (ya sea que esté o no comprendido en compromisos formales de alianza) implica la necesidad de una capacidad militar que puede extenderse más allá del territorio de estados determinados.
132. Más allá de estos problemas prácticos, la progresiva implementación de la "seguridad defensiva" se hace cada vez más difícil debido a un estado de relaciones internacionales en el cual persisten las tensiones y conflictos. Si bien el hecho de destacar la orientación defensiva de la capacidad militar puede tener un efecto beneficioso en la naturaleza de las situaciones de conflicto generando cierta confianza, la plena implementación del concepto de "seguridad defensiva" depende en última instancia de que los estados se sientan seguros. Por lo tanto la precondición para la exitosa implementación de la "seguridad defensiva" es el mejoramiento de las relaciones políticas y la creación de un sentido de confianza mutua entre los estados. Sin embargo, antes de analizar las medidas prácticas para promover dicho mejoramiento en las relaciones es necesario detallar los problemas prácticos que enfrenta la implementación de los conceptos y políticas de seguridad defensiva.
A. Sistemas de armamentos
133. Las características de las armas y de los sistemas de armamentos plantean dos problemas para la efectiva implementación de los conceptos y políticas de seguridad defensiva. En primer lugar, es difícil, si no imposible, distinguir entre armas "ofensivas" y "defensivas" y sistemas de armamentos. En segundo lugar, las armas de destrucción masiva plantean un particular problema para la implementación de la "seguridad defensiva". En el primer caso, y aún en cierta medida en el segundo, el rol defensivo se determinará únicamente por el contexto en el que se usa el arma. Sin embargo, este contexto es por definición particular en circunstancias específicas, y la formulación de normas aplicables en forma universal es por lo tanto imposible.
134. Gran parte de la literatura sobre "defensa no ofensiva" supone que es posible hacer una clara distinción entre armas "ofensivas" y "defensivas". Sin embargo, la experiencia p[ráctica demuestra que esta presunición no es correcta, o al menor requiere una calificación. De esta forma, las armas antitanque pueden usarse tanto para demorar y destruir un ataque blindado de avanzada como para desalojar una defensa de trincheras. Aún las típicas armas "ofensivas" y "defensivas" -la espada y el escudo- son ambigüas en su efecto. La espada puede usarse para detener una estocada ofensiva. Contrariamente, el uso efectivo de un escudo puede desarmar al oponente haciéndole perder su espada y en forma subsiguiente puede emplearse para golpear al oponente. Se deduce que el "carácter ofensivo o defensivo de un arma depende tanto de todo el contexto en el que se emplea como de sus propiedades intrínsecas. Aún en el ajedrez, las jugadas ofensivas y defensivas pueden realizarse con el mismo conjunto de piezas".
135. Si bien las armas convencionales desafían la categorización en ausencia del contexto en el que deberían ser usadas, esto es diferente en el caso de las armas de destrucción masiva. A pesar del fracaso general durante la Conferencia Mundial del Desarme en Ginebra en la década de 1930 para identificar claramente qué armas eran ofensivas, hubo un acuerdo sobre qué armas deberían considerarse como armas de destrucción masiva. La Comisión de las Naciones Unidas para las Armas Convencionales adoptó una resolución por consenso el 12 de agosto de 1948 que declaraba "que las armas de destrucción masiva deberían definirse incluyendo los explosivos atómicos, las armas de material radioactivo, las armas biológicas y químicas letales, y cualquier arma desarrollada en el futuro que tenga características comparables en su efecto destructivo al de la bomba atómica o al de otras armas mencionadas anteriormente".
136. Si bien estas armas no fueron caracterizadas como "ofensivas", las armas de destrucción masiva representan un gran desafío para una orientación defensiva. Existe un amplio acuerdo dentro de la comunidad mundial sobre este punto. El uso durante una guerra de armas biológicas o químicas está prohibido por el Protocolo de Ginebra de 1925. En 1972, la Convención de armas biológicas y tóxicas prohibió el desarrollo, producción y almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y tóxicas. En enero de 1989, 149 países reunidos en Paría durante la Conferencia de los Estados Participantes del Protocolo de Ginebra de 1925 y de otros Estados interesados, reclamaron la rápida finalización de una convención sobre la prohibición total y efectiva del desarrollo, producción, almacenamiento y suo de armas químicas, y su destrucción conforme a una negociación en Ginebra. Por lo tanto, la comunidad internacional está de acuerdo en la urgencia de eliminar las armas químicas y biológicas. De esta forma, su posesión y uso es incompatible con el concepto de "seguridad defensiva".
137. Las armas nucleares representan un problema algo diferente. El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares de 1968 reconoce que algunos estados poseen armas nucleares y tratan de realizar "negociaciones de buena fe sobre las medidas efectivas relacionadas con el rápido cese de la carrera armamentista nuclear y con el desarme nuclear, y sobre un tratado para el desarme general y completo bajo un estricto y efectivo control internacional" (Artículo VI).
138. Este objetivo fue reiterado en el Documento Final de la Décima Sesión Especial de la Asamblea General (la primera de dichas sesiones estuvo totalmente dedicada al desarme), que fue adoptada por consenso el 30 de junio de 1978: "Es esencial detenerse y revertir la carrera armamentista nuclear en todos sus aspectos con el fin de eliminar el peligro de guerra que implican las armas nucleares. El objetivo último en este contexto es la total eliminación de las armas nucleares". También incluía la siguiente declaración: "El proceso del desarme nuclear debería desarrollarse de dicha manera, y requiere medidas para asegurar que la seguridad de todos los estados esté garantizada en niveles progresivamente menores de armas nucleares, tomando en cuenta la importancia cuantitativa, cualitativa y relativa de los arsenales existentes de los estados que poseen armas nucleares y de otros estados involucrados."
139. Estas declaraciones, al igual que otras, reconocen que en el marco del esfuerzo por lograr el desarme general y completo, que es un proceso gradual, deberían tomarse medidas adicionales para el desarme nuclear. En el contexto Este-Oeste, la carrera armamentista ya ha llegado a su fin y se ha revertido. En este aspecto, el Tratado sobre la Reducción de Armas Ofensivas Estratégicas firmado por la Unión Soviética y los Estados Unidos en julio de 1991 como así también el nuevo acuerdo Bush-Yeltsin sobre las ojivas nucleares estratégicas del 17 de junio de 1992 representan pasos importantes. Es necesario implementar estas y otras reducciones en otros sectores de los arsenales nucleares, que ya habían sido anunciadas.
B. Capacidad ofensiva vs. capacidad contraofensiva
140. El segundo problema para implementar una orientación defensiva en la política militar es que una defensa efectiva puede exigir la capacidad de dirigir operaciones ofensivas. A un nivel de guerra táctico y operativo, esta capacidad es por lo tanto necesaria para una defensa efectiva. La razón más obvia es la necesidad del defensor de recuperar el territorio perdido ante el agresor en un ataque inicial. Pero hay otras situaciones imaginables en las que las operaciones ofensivas son críticas para cumplir con los objetivos defensivos. La Guerra del Golfo Pérsico brinda un ejemplo de esto. Con el fin de liberar a Kuwait, las fuerzas aliadas tuvieron que lanzar una operación ofensiva para desalojar a las fuerzas invasoras iraquíes. Mientras la operación militar fue claramente ofensiva, su propósito -la recuperación de la soberanía por parte de Kuwait- fue precisamente la clase de objetivo defensivo considerado legítimo por el concepto de "seguridad defensiva".
141. Por lo tanto, una postura de fuerza que hubiera impedido la defensa de la capacidad para dirigir operaciones ofensivas a nivel táctico y operativo podría resultar ineficaz, dejando sin efecto de esta forma la credibilidad de dicha postura. La misma movilidad con frecuencia desdeñada como ofensiva por los defensores de la "defensa no ofensiva" es fundamental para esta capacidad. Además, en ciertas situaciones, la movilidad podría favorecer al defensor por sobre el atacante. Por ejemplo, en la batalla inicial de penetración el agresor no necesitaría contar con una gran movilización para causar sorpresa mientras los movimientos puedan ocultarse al defensor. Por otro lado, el defensor, atrapado por sorpresa, necesita movilidad para trasladar las fuerzas rápidamente con el fin de enfrentarse con el atacante en el punto de penetración para asegurar los objetivos.
142. Si las características de la postura de la fuerza necesarias para una capacidad efectiva de contraofensiva son similares a aquellas requeridas para un ataque, entonces será difícil distinguir una orientación defensiva de una ofensiva. Este desafío para la implementación de la "seguridad defensiva" puede mitigarse con la adopción de una base recíproca de las características de la postura de la fuerza discutidas en el anterior capítulo III. (1) De esta forma, la distribución de la capacidad estacionaria y de movilización dentro de la postura de la fuerza podría ser tal que reduzca la capacidad para una acción ofensiva en gran escala; las fuerzas de movilización que en principio son capaces de operaciones ofensivas podrían quedar situadas en la retaguardia; la rapidez de las unidades de movilización durante los tiempos de paz podría ser menor que la fuerza en tiempos de guerra; y la capacidad de apoyo logístico podría desplegarse más allá de las fronteras.
C. Defensa colectiva y compromisos conjuntos por parte de los estados
143. El concepto de posturas de fuerza militar defensivas que va implícito en nociones como "defensa no ofensiva", generalmente supone que el interés primario de todos los estados se limita a la defensa del territorio nacional. En un sentido general, esto es ciertamente verdad; conforme a la Carta de las Naciones Unidas, el uso legítimo de la fuerza se limita realmente a la autodefensa. Además, el Artículo 51 también establece claramente que los estados tienen el derecho intrínseco de la autodefensa colectiva, que en muchos casos puede ser la única forma efectiva en la que se puede asegurar la integridad territorial de los estados ante una amenaza de agresión o ante una agresión real.
147. El derecho de autodefensa colectiva significa que los estados deben tener la capacidad de ir en ayuda de las víctimas de la agresión, que en algunos casos puede significar que al menos algunos estados, ya sea en forma individual o colectiva, deben tener recursos militares para proyectar el poder militar más allá de sus respectivas fronteras nacionales. Por definición, dicha capacidad brinda a esos estados el potencial para una acción ofensiva. En estos casos, el concepto de que los estados poseen sólo aquellas fuerzas armadas que son suficientes para defender su propio territorio podría resultar un problema. En estas situaciones, la posesión y eventual uso de dicha capacidad tendría el único propósito de implementar una autodefensa colectiva de acuerdo con las disposiciones pertinentes de la Carta de las Naciones Unidas, y en consecuencia no debería percibirse como que representa una amenaza para los estados vecinos.
145. Dichas situaciones pueden encontrarse en los compromisos formales de alianzas entre dos o más estados sean o no de la misma región. En este aspecto, en el pasado los estados han buscado, y probablemente continuará haciéndolo en el futuro, proteger su seguridad realizando alianzas militares formales con el fin de lograr la defensa colectiva. Estas alianzas generalmente reflejan -con frecuencia con un sentido de valores comunes- la percepción de una amenaza común a los intereses de los miembros que buscan seguridad en la protección brindada por un sistema de asistencia mutua. Sin embargo, la credibilidad de ciha protección depende de que los estados sean capaces de defender los intereses de sus aliados. Si los aliados perciben esta capacidad como una protección creíble de sus intereses, entonces pueden estar preparados para adoptar o mantener una postura puramente defensiva.
146. La alianza de seguridad entre Japón y los Estados Unidos ofrece un ejemplo de esta situación. Tanto por razones históricas como constitucionales, Japón ha desarrollado una doctrina militar y una postura de fuerza que intenta ser indudablemente defensiva por naturaleza. Esta política "exclusivamente oprientada hacia la defensa" se refleja en las fuerzas militares de Japón: Japón no posee misiles de largo alcance, bombarderos estratégicos y portaaviones necesarios para la destrucción masiva del territorio del adversario; no tendrá, no producirá, ni permitirá la introducción de armas nucleares en su territorio; no comprometerá sus fuerzas en operaciones de combate fuera de su territorio; y limitará las operaciones a su territorio, mar y espacio aéreo inmediato. Estos preceptos destacan que una orientación defensiva puede expresarse de acuerdo a diferentes criterios, que derivan de circunstancias específicas.
147. Sin embargo, Japón reconoce que su capacidad militar podría ser insuficiente en el caso de un ataque sobre su territorio y por lo tanto confía en los Estados Unidos para protegerlo de un ataque nuclear y para dirigir operaciones ofensivas necesarias para la defensa de su territorio. Por lo tanto, la capacidad de Japón de adoptar una postura defensiva depende del compromiso de los Estados Unidos para su defensa, si es que las fuerzas japoneses demuestran ser incapaces de defender los intereses japoneses.
148. Otro ejemplo puede encontrarse en los acuerdos de defensa mutua entre Francia y sus aliados en Africa. Estos acuerdos contienen importantes disposiciones para la asistencia militar mutua que se fortalecen a través de convenios colectivos y bilaterales. Debido a la cobertura militar de protección de Francia, algunos países de Africa Occidental han podido adoptar posturas militares defensivas y realizar menos gastos generales de defensa. Como lo demuestran estos ejemplos, la efectividad de una postura de fuerza militar verdaderamente defensiva, para algunos países dependerá de la capacidad ofensiva militar de un aliado. Sin embargo, estos acuerdos han dado origen a una moderada carrera armamentista dentro de las regiones mencionadas, especialmente por parte de vecinos que no participan de estos acuerdos.
149. Una idea que se ha propuesto tratar estas dificultades es el rol de la especialización. Conforme a esta idea, que no fue demasiado explorada por el Grupo de Expertos y que podría significar serios problemas prácticos para su implementación, los estados de un grupo determinado se especializarían individualmente en diferentes roles de proyección de fuerza -por ejemplo, transporte aéreo, transporte marítimo, apoyo logístico, equipo blindado, capacidad de ataque, etc. Si bien ningún estado dentro de un grupo podría poseer una capacidad de proyección de fuerza totalmente independiente, las fuerzas combinadas del grupo de estados serían suficientes para las operaciones colectivas más allá de las fronteras de los estados onvolucrados. De esta manera, la especialización en diferentes roles puede, cuando sea factible, brindar una capacidad militar suficiente para la acción colectiva sin representar al mismo tiempo una amenaza real o potencial para la seguridad de los otros estados.
D. Aplicación a nivel bilateral, regional y mundial
150. Además de estas dificultades inherentes a la implementación de una orientación defensiva en las posturas militares de las fuerzas, hay un número de obstáculos prácticos para la implementación del concepto de "seguridad defensiva". Uno de estos es que las tensiones o conflictos entre los estados o dentro de una región podrían ser tan fuertes como para impedir la adopción de políticas de seguridad defensiva por parte de los estados relacionados. Las percepciones de inseguridad que llevan a la adopción de posturas militares potencialmente ofensivas son frecuentemente el resultado de verdaderas diferencias de intereses relacionados con el territorio, la predisposición ideológica, las experiencias históricas, o diferencias de fuerza. Dadas estas percepciones, los estados probablemente no se van a embarcar en un curso que reduzca su potencial militar mientras no haya garantías de que sus adversarios potenciales van a seguir el mismo rumbo.
151. Por lo tanto, en las regiones donde los conflictos son comunes, probablemente para realizar los cambios militares indispensables sea necesario un proceso político concebido para reducir las diferencias de intereses y grados de desconfianza. Como se establece más adelante en el Capítulo V, este proceso podría incluir medidas de transparencia y de creación de confianza, adoptadas sobre una base recíproca. Todo proceso para implementar políticas de seguridad defensiva en dichas regiones puede comenzar ya sea con los elementos políticos, con los elementos militares, o ambos a la vez. Lo que resulta importante es el compromiso de todos los estados de la región para comenzar el proceso y tener conciencia de que los elementos militares y políticos deben tratar de lograrse en forma conjunta.
152. La disparidad de fuerza y dimensión también puede ser un problema para la implementación de las políticas de seguridad defensiva. A pesar de estar reducida y ser defensiva en su naturaleza, la postura militar de fuerza de un país poderoso podría implicar una amenaza potencial para un país vecino más débil. En estas circunstancias, el desarrollo y la preservación de buenas relaciones políticas es la mejor garantía de seguridad.
153. Cada uno de estos desafíos a la aplicación de los conceptos y políticas de seguridad defensiva en específicos medios bilaterales o regionales destaca la importancia de los factores políticos para la exitosa implementación de conceptos de seguridad defensiva. No existiendo un grado básico de confianza mutua, los meros cambios en la disposición y capacidad de las fuerzas militares resultarán insuficientes para lograr el cambio deseado. Por supuesto, reduciendo la característica ofensiva o provocativa de las fuerzas militares puede ser un elemento importante de la estrategia concebida para mejorar las relaciones políticas. Sin embargo, no habiendo un activo compromiso diplomático concebido para resolver verdaderas diferencias o alterar falsas percepciones con respecto a intenciones externas, los meros cambios en las estructuras militares resultarán insuficientes.
(1) N. de la R. Ver Ser en el 2000, nº 4, septiembre de 1993, pág. 75.
VI. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
257. Este estudio ha identificado cómo los conceptos y políticas de seguridad defensiva podrían ser un medio para cumplir los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Se ha centrado en las medidas prácticas en los campos militar y político que sean compatibles como medio para implementar las nociones fundamentales de seguridad defensiva y autolimitación que están incluídas en las disposiciones de la Carta, reclamando a los estados miembros que eviten la amenaza o el uso de la fuerza en sus relaciones internacionales, y reconociendo su derecho intrínseco a la autodefensa individual y colectiva.
258. La "seguridad defensiva" se basa en el reconocimiento de que sus logros dependen de la creación de las condiciones políticas y militares necesarias para eliminar las amenazas a la paz y la seguridad internacional. Su objetivo es promover la conciencia de la indivisibilidad de la seguridad a través de las medidas anteriores en los campos político y militar que podrían resultar amenazadoras, ofensivas o provocativas, estableciendo un diálogo concertado entre los estados, fortaleciendo la seguridad colectiva y otros convenios de cooperacioón, adoptando medidas para crear confianza y seguridad, tratando de lograr una gradual reestructuración de las posturas de fuerza militares, y reduciendo los armamentos. Estos y otros pasos contribuirían a establecer una condición de "seguridad defensiva" (...).
259. Se reconoce que la introducción de la "seguridad defensiva" como base global de las relaciones internacionales será un proceso gradual. El logro de la "seguridad defensiva" como base global requiere un enfoque por etapas que diferirá de región a región, y de una relación bilateral a la otra. En algunas regiones, recientemente se ha logrado un gran progreso al transformar las relaciones entre los estados, y la posibilidad de lograr un sistema de seguridad cooperativa basado en los principios de la "seguridad defensiva" se hace claramente evidente. Sin embargo, en algunas regiones persisten los conflictos básicos a pesar de que se han tomado algunos pasos rudimentarios hacia la "seguridad defensiva".
260. Teniendo en mente la diferencia entre las distintas situaciones que enfrentan los estados, hay ciertos pasos que deben tomar todos los estados para implementar la "seguridad defensiva". El primero de estos es el respeto por los principios y disposiciones de la seguridad colectiva incluídos en la Carta de las Naciones Unidas. El fortalecimiento de los convenios de cooperación, regionales o de otro tipo, es plenamente compatible y contribuye en gran medida con la estrategia de promover la "seguridad defensiva". En forma similar, las medidas militares y políticas para crear confianza destinadas a aumentar la apertura y la transparencia pueden reducir la reserva y la sospecha, logrando el grado de confianza mutua necesaria para convencer a los estados de adoptar posturas militares más orientadas hacia la seguridad defensiva. También hay otros componentes que resultan vitales para la reestructuración defensiva de las fuerzas armadas de un estado, como por ejemplo las limitaciones sobre ciertas actividades militares, y la reducción y eliminación definitiva de las armas de destrución masiva, siempre que sean verificados en forma efectiva y adecuada.
261. Sin embargo, al tratar de lograr estos pasos, los estados deberían ser concientes de que la implementación de los conceptos y políticas de seguridad defensiva enfrenta una cantidad de problemas. El estudio demuestra la dificultad inherente, si no la imposibilidad, de distinguir claramente entre armas "defensivas" y "ofensivas" y sistemas de armamentos. Al igual que las formaciones militares, las armas y los sistemas de armamentos pueden ser empleados en forma "ofensiva" como así también "defensiva". La distinción clara solamente se hace evidente dentro del contexto en el que se usan. Sin embargo, este contexto es por definición particular a ciertas circunstancias específicas. En forma similar, se reconoce que el principio de defensa colectiva requiere que algunos estados posean una capacidad militar que puede exceder aquélla necesaria para la defensa de su territorio nacional. En esas situaciones, la posesión y eventual uso de dicha capacidad debería tener el único propósito de implementar la autodefensa colectiva de acuerdo con las disposiciones pertinentes de la Carta de las Naciones Unidas.
262. El Grupo de Expertos es conciente de que, como la específica situación de seguridad que enfrentan los estados dentro de su propia región son diferentes, no existe un modelo disponible y universalmente aplicable para implementar los conceptos de seguridad defensiva. De esta forma, con el fin de identificar las posibles medidas para promover la "seguridad defensiva" dentro de sus propias regiones, los estados deberían sentirse estimulados a iniciar una evaluación e identificar los posibles pasos y medidas para implementar los concveptos y políticas de seguridad defensiva. Sobre la base de esta evaluación voluntaria, los estados dentro de una región podrían comenzar a dialogar con el fin de definir la situación regional de seguridad, identificar las posibles medidas para promover la capacidad defensiva y la autolimitación y entontrar una base para implementar la "seguridad defensiva" en el futuro. Este diálogo podría estar dirigido ya sea a nivel bilateral o multilateral, incluyendo también varias organizaciones regionales y subregionales, y otras como los convenios de cooperación.
263. A través de la Oficina para cuestiones de Desarme, las Naciones Unidas podría promover los diálogos regionales/subregionmales sobre esta base organizando reuniones de expertos, seminario y conferencias para discutir las cuestiones de seguridad regional/subregional en un ambiente informal. Dichas reuniones podrían tomar como modelo los seminarios/conferencias organizados por ODA en el pasado, particularmente dentro del marco de los Centros Regionales para la Paz y el Desarme establecidos por la Asamblea General en Africa, Latinoamérica y el Caribe, y Asia y el Pacífico.
A. Seguridad Colectiva y Convenios de Cooperación
264. El fortalecimiento de los esfuerzos de cooperación y regionales en los últimos años es un desarrollo positivo. La cooperación política y económica dentro y entre las regiones es una base valiosa para crear la confianza mutua entre los estados. La mayor confianza en las relaciones entre los estados formará una base estable y segura para la implementación de la "seguridad defensiva" con el transcurso del tiempo.
265. La prevención de los conflictos, el manejo de las crisis, y la solución de las disputas debería en lo posible realizarse a nivel regional. Los estados involucrados son los más directamente afectados por las circunstancias y los más capaces para evaluar las medidas necesarias para lograr la paz y fortalecer la seguridad entre ellos. El éxito en estos esfuerzos puede también fortalecer la cooperación regional y aumentar la confianza mutua. Los diálogos regionales sobre seguridad en general y sobre cuestiones militares en particular, serían de gran importancia. Todos los estados deberían ser alentados a comprometerse en dichos diálogos regionales en el futuro.
266. El fortalecimiento de las Naciones Unidas en los últimos años y su rol positivo para resolver una cantidad de conflictos a través del mundo es un desarrollo bienvenido. Sin embargo, mantener y ampliar este rol depende en gran medida de un tratamiento no discriminatorio de todos los conflictos por parte de las Naciones Unidas. El intenso papel desempeñado por las Naciones Unidas en la conservación de la paz y el creciente número de misiones de paz llevadas a cabo por las Naciones Unidas desde fines de la década del ochenta refleja el compromiso de los estados para resolver sus disputas pacíficamente. Al mismo tiempo, deberían surgir los recursos técnicos, humanos y financieros requeridos para el cumplimiento de las crecientes demandas presentadas ante las Naciones Unidas y debería ampliarse la capacidad de la Organización para tratar estas demandas. En este aspecto, el informe reciente del Secretario General sobre "Una Agenda para la Paz, la diplomacia preventiva, el establecimiento de la paz y la preservación de la paz" contiene un número de sugerencias del Grupo de Expertos que resultaron particularmente importantes para la "seguridad defensiva", especialmente aquellas relacionadas con la diplomacia preventiva.
267. La capacidad de dirigir operaciones militares en forma colectiva y compatible con los principios de seguridad colectiva incluídos en la Carta de las Naciones Unidas puede brindar valiosos incentivos a todos los estados para adoptar una postura militar defensiva y desalentar los incentivos para adquirir una capacidad militar ofensiva, amenazadora y potencialemnte provocativa. Al hacerlo, aumentarán las perspectivas para lograr una solución pacífica de las disputas, contribuyendo a reducir el rol de la fuerza militar en las relaciones internacionales.
268. Para garantizar que la capacidad de proyección de la fuerza necesaria para una acción militar colectiva no sea percibida como amenazadora o provocativa por otros estados, vale la pena estudiar la idea de la especialización de roles.
C. Apertura, transparencia y creación de confianza
269. El concepto de "seguridad defensiva" se basa en la conciencia por parte de los estados de que su seguridad es indivisible. Dicha conciencia puede promoverse a través de las medidas políticas y militares. La noción de apertura y transparencia en las cuestiones militares y políticas es común a ambos grupos de medidas. La excesiva reserva alimenta la desconfianza y así promueve una sensación de inseguridad; por otro lado, la apertura de las cuestiones políticas y militares probablemente va a crear confianza en las relaciones entre los estados.
270. El estudio ha identificado los pasos prácticos políticos y militares que pueden promover la apertura y crear confianza con el transcurso del tiempo. Los estados tienen pocos incentivos para realizar una mayor apertura si no hay reciprocidad. Por lo tanto las negociaciones bilaterales y regionales sobre las medidas para crear confianza y seguridad -incluyendo las medidas de información, comunicación, acceso, notificación y limitación- son una valiosa forma para promover la implementación de la "seguridad defensiva". Al mismo tiempo, puede ser más difícil tomar medidas de apertura en las regiones de conflicto.
271. Las recientes experiencias de dichas negociaciones en una cantidad de regiones pueden tener implicaciones prácticas para los futuros esfuerzos en esta área. Estas incluyen las siguientes:
- A pesar de que hay una cantidad de medidas para crear confianza y seguridad, los acuerdos negociados sobre medidas específicas van a llevar tiempo. La prevención de los conflictos y la creación de confianza entre los estados es un proceso gradual que requiere un tratamiento justo del caso y tiempo para lograr el efecto deseado.
- La creación de confianza entre los estados en el campo militar requiere apertura y transparencia. Si bien algunos aspectos de las actividades militares involucran inevitablemente un elemento de confidencialidad y reserva, este elemento debería limitarse en forma estricta con el fin de evitar las percepciones erróneas y los malentendidos que llevan a la desconfianza y a presunciones negativas.
- Los estados van a querer reducir su capacidad militar cuando tengan confianza con respecto a la orientación defensiva de la postura de fuerza opositora.
- En ciertas situaciones, un efectivo proceso para crear confianza puede beneficiarse con la participación de una tercera parte. El compromiso de las terceras partes que son consideradas imparciales por todas las partes en conflicto es con frecuencia necesario para llevar adelante las negociaciones. Una tercera parte puede ser un país, un grupo de países, una organización regional, o las Naciones Unidas.
C. Reestructuración de las fuerzas militares
272. Una vez que se ha creado un grado suficiente de confianza mutua o se han identificado una cantidad de intereses comunes, los estados pueden decidir que su seguridad está mejor garantizada imponiendo restricciones mutuas a sus fuerzas. De esta manera, pueden lograrse los objetivos tradicionales de control de armas -para reducir el costo de mantener las fuerzas militares, la probabilidad de guerra y el alcance del daño en caso de guerra. Además, los acuerdos sobre limitación de armas y desarme pueden ser útiles para el propósito más específico de promover la "seguridad defensiva". Según los detalles, la naturaleza defensiva de la postura de fuerza militar puede fortalecerse con acuerdos que limiten o reduzcan los aspectos particulares de estas posturas.
273. En el área de las armas de destrucción masiva se han logrado importantes progresos en los últimos años. Se espera que la convención de 1972 prohibiendo las armas biológicas sea seguida más adelante en este año por una convención que prohíba todas las armas químicas. En el área nuclear, la carrera armamentista Este-Oeste ya ha finalizado y ha sido revertida. Sin embargo, todavía existen serios problemas, incluyendo la contínua presencia de un gran número de armas nucleares en los arsenales de algunos estados, las contínuas pruebas de armas nucleares por parte de algunos estados como así también los problemas relacionados con la proliferación de cihas armas, tanto en forma vertical como horizontal. En consecuencia, el desarme nuclear debería continuar. Dentro del marco del desarme general y completo, objetivo que necesitará un largo período de transición, los estados son armas nucleares deberían compormeterse en un mayor redicción sustancial de sus depósitos de armas nucleares, como un paso hacia la total eleiminación.
274. Los acuerdos sobre limitación de armas y desarme concebidos para intensificar la naturaleza defensiva de la capacidad militar convencional deberían centrarse en estos tres elementos. En primer lugar, la capacidad para generar la confianza estratégica a través de la combinación de una alta movilidad y una potencia de tiro concentrada debería ser reducida en forma equilibrada. En segundo lugar, las fuerzas capaces de destruir objetivos que están dentro del territorio del adversario deberían ser adecuadamente reducidas. Por último, la capacidad para estar preparados y mantener formaciones militares convencionales debería limitarse de acuerdo a los requisitos defensivos. Al hacerlo, la capacidad para dirigir operaciones estratégicas ofensivas en gran escala o lanzar un ataque sorpresa quedará eliminada. En cada uno de estos casos es importante garantizar que la capacidad sea reducida en forma recíproca, equitativa y equilibrada dentro de una determinada región o subregión.
275. Los acuerdos sobre limitación de armas que abarcan estas áreas deberían ayudar a fortalecer la orientación defensiva básica de la capacidad militar. Si bien los acuerdos no garantizarían por sí mismos la ausencia de capacidad para dirigir operaciones ofensivas, harían que dichas operaciones se dificultaran y tuvieran menos probabilidades de éxito. Como resultado de esto, la inclinación del uso ofensivo de la fuerza militar se verá reducida, y la confianza mutua en la naturaleza defensiva básica de las intenciones respectivas va a incrementarse. Por supuesto, la confianza mutua requiere garantías de que los acuerdos una vez finalizados van a ser cumplidos. Por esta razón la adecuada y efectiva verificación de los acuerdos desempeña un rol crucial en la promoción de la "seguridad defensiva".
276. Como lo establece claramente el estudio, ha habido sólo unas pocas instancias de negociaciones bilaterales o multilaterales exitosas con el finde efectuar una fundamental reestructuración de las fuerzas militares hacia una orientación defensiva. Las modalidades para lograr dicha reestructuración son complejas y difíciles de negociar. Para mejorar las perspectivas de éxito en el futuro, los estados podrían comenzar un diálogo sobre cómo podría lograrse una reestructuración de las fuerzas militares hacia una orientación defensiva a través de negociaciones. Las Naciones Unidas, a través de la Oficina sobre Asuntos relacinados con el Desarme, debería contribuir a este diálogo convocando periódicamente a reuniones, seminarios y conferencias de expertos oficiales y no gubernamentales con el fin de investigar detalladamente esta cuestión.
D. Hacia la "Seguridad Defensiva"
277. Un estudio del estado de seguridad en el mundo revela situaciones en las cuales la "seguridad defensiva" está más cerca de la realidad, otras en las que las perspectivas para una "seguridad defensiva" parecen prometedoras, y finalmente otras en las que las relaciones están marcadas por la tensión y las disputas y en donde prevalece el concepto de seguridad basado en la fuerza militar. Si bien las modalidades para implementar la "seguridad defensiva" pueden variar, la base la forman la estricta adhesión a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y el respeto por el derecho internacional. Cuando sea posible, también es necesario una creciente apertura y transparencia en las cuestiones militares y políticas. Este estudio también ha identificado otras medidas y pasos. Sobre todo, sin embargo, los estados deberían comprometerse en formas de diálogos regionales o de otro tipo con el fin de identificar los posibles pasos que deberían tomar individualmente o en conjunto para encaminarse hacia la "seguridad defensiva". De esta manera, todos los estados pueden con el tiempo, si bien por diferentes caminos, llegar a una situación en la que predomine la "seguridad defensiva".
278. La resolución 45/58 O de la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los estados miembros a iniciar o intensificar el diálogo sobre conceptos y políticas de seguridad defensiva anivel bilateral, particularmente a nivel regional, y cuando fuere adecuado, a nivel multilateral.