ACTUALIDAD DE LA DEFENSA EN ARGENTINA
Oscar Camilión
Ministro de Defensa de la República Argentina
_¿ Cuáles son los aspectos que ocupan las preocupaciones centrales del Ministerio de Defensa en este momento?. En una exposición en la Maestría de Defensa Nacional del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, el Ministro de Defensa expuso este tema.
No hay ámbito gubernamental que no se refiera o que no se pueda referir, de una manera o de otra a la defensa nacional considerada en un sentido muy amplio.
Nosotros debemos restringirla un tanto si es que queremos darle un contenido a un grupo de ideas presentadas en una exposición de carácter informal como es esta.
Tenemos un área del Estado que en casi todos los países del mundo está especificamente organizada como una competencia de las autoridades civiles, dentro de la cual se encuadran las acciones de las fuerzas armadas, de determinadas fuerzas de seguridad, en algunos casos y de ciertas actividades económicas a las que se las ordena en una cartera especial, que suele llamarse Ministerio de Defensa.
El Ministerio de Defensa tiene un rol en la defensa nacional que, aunque no total -por lo que hemos indicado anteriormente- es central y sumamente importante.
¿Cuáles son los aspectos que en el ámbito de acción del Ministerio de Defensa tal como está concebido hoy en un país como la Argentina ocupan las preocupaciones centrales? Vamos primeramente a ir a lo más simple, directo y elemental que, aunque análisis sofisticados a veces lo pongan en cuestión, constituye el punto de arranque del problema.
La defensa nacional tiene que ver con la actividad de las fuerzas armadas. La actividad de las fuerzas armadas apunta como objetivo fundamental a la defensa del patrimonio de la Nación. La Nación no es ciertamente un concepto obsoleto, es una realidad que existe, una realidad histórica, que en algunos casos encuadra sin mayores problemas dentro del marco del Estado territorial soberano por las circunstancias de que dentro de ese mismo ámbito pueden convivir quienes no se consideran parte de la misma comunidad, quienes no van dentro del ámbito de la población que el Estado incluye dentro de sus fronteras, el marco dentro del cual pueden desenvolver plenamente sus aptitudes y posibilidades.
La nación es una realidad que no necesariamente coincide con la población de un Estado territorial. La nación a veces -y esta es una circunstancia feliz- se identifica con el pueblo, pero otras veces no. Cuando la nación no se identifica con el pueblo del Estado o cuando -para decirlo de una manera más sencilla- dentro de un ámbito territorial regido por un poder central existen varios pueblos culturalmente diferentes, en un tiempo como el actual ciertamente vamos a encontrar perturbaciones.
Cuando otro tipo de factores -como por ejemplo los imperiales- pierden capacidad para controlar los destinos de los pueblos, la convivencia de distintas culturas dentro de un mismo ámbito territorial se hace difícil. Cuando las formas de conflicto que enfrentan a diferentes grupos humanos cambian -por ejemplo, los enfrentamientos de tipo ideológico son superados- la dificultad de ajuste de quienes se sienten configurando sociedades distintas dentro de un mismo marco territorial abren campo a conflictos nuevos. Estos conflictos pueden ser violentos y armados en la medida en que la gente percibe amenazas a su seguridad física provenientes de otros grupos de los que se considera distinto, o porque se entiende que la seguridad de la cultura está amenazada o que la identidad de su propio pueblo se encuentra comprometida. Y así vemos hoy cómo los separatismos que Ortega estudiaba premonitoria y luminosamente en su España invertebrada se convierten en tendencias que a veces se presentan en forma eruptiva y violenta, como ocurre en este momento en todos los estados que fueron en su momento parte de la zona de influencia de la Unión Soviética o en algunas de las ex colonias de países europeos. En otros casos se presentan en forma más insidiosa pero igualmente amenazadora de la identidad nacional, como ocurre en Bélgica, donde nadie se siente amenazado físicamente por los flamencos, o en Canadá, donde ningún francocanadiense se siente amenazado físicamente por un anglocanadiense, aunque si se sientan amenazados culturalmente.
Cuando esto no se da y cuando quien canta el himno llamado nacional o saluda la bandera considerada como bandera del país forma parte del pueblo que se identifica como uno dentro del mismo territorio estamos en una situación venturosa. Podrá haber dificultados de tipo social, podrá haber diversidades de ingresos, podrá haber hasta distinciones de raza -entendidas como color pero no percibidas como diferencia nacional-, pero todos se sienten en última instancia identificados con la comunidad política que controla el territorio. Esta es en general la situación de América y en particular la situación de todos los países del sur de América latina y es también la situación de los Estados Unidos, todo lo cual configura un marco muy especial dentro del que la defensa nacional tiene que percibirse y proyectarse, definir us amenazas y sus riesgos y a su vez entrever cuáles son las posibilidades de crear formas nuevas y especiales de cooperación con los pueblos anteriormente considerados virtuales amenazas.
Desde el punto de vista de nuestro país, la circunstancia de que los argentinos se identifiquen como Nación con la población que habita en el territorio, de suerte que realmente la Nación sea idéntica al elemento pueblo del Estado -lo que se da también en Chile, en Uruguay y en Brasil, a desprecio de diferencias como antes mencionaba, porque todos los brasileños hablan portugués y se sienten identificados detrás de la bandera tricolor- brinda un cuadro especial, distinto del que enfrentó la Europa en los tiempos de la configuración de los estados nacionales y diverso del que se vive hoy en Oriente Medio, del que se vive en el ámbito de la ex Unión Soviética, muy distinto de lo que ocurre en la mayor parte de los países americanos.
En todos estos casos la defensa fue siempre históricamente concebida como la función que se destinaba esencialmente a dos objetivos: asegurar el marco territorial dentro del cual el proceso de configuración nacional se daba, el crisol dentro del cual la nación iba a ser creada y desenvuelta, y además la tarea específica de contribuir de manera positiva a la consolidación de esa nación. La defensa trataba: 1) de que pueblos procedentes de diversas áreas culturales, con diversos idiomas y diferentes religiones se identificaran en una comunidad nacional; 2) la definición del marco territorial dentro del cual el proceso se iba a dar, teoricamente concebida o prácticamente orientada, fue lo que ocurrió en todos esos países en el Siglo XIX. Por esta razón, simultáneamente con lo que podríamos llamar la función ejemplar formadora del ser nacional que el servicio militar obligatorio suponía, el Estado tenía como tarea, desde el punto de vista de sus relaciones exteriores, su sistema defensa, el rol de sus fuerzas armadas y la configuración y defensa del marco territorial.
La defensa suponía conformar fuerzas armadas nacionales y, por otra parte, definir de la manera más adecuada posible el marco territorial dentro del cual la nación iba a adquirir su perfil definitivo. Este era un proceso de tipo dialéctico que ocurrió en general exitosamente en el marco de nuestros países dentro del ciclo histórico del Siglo XIX. Cuando estos procesos nacionales comenzaban no se sabía cuál iba a ser el marco territorial definitivo. No había ninguna razón que predeterminara la forma que iban a tener los estados latinoamericanos hacia fin de siglo. Pero cuando el proceso terminó nos encontramos con algo muy importante. El mapa latinoamericano que estudiamos los de mi generación en la escuela primaria corresponde de manera casi exacta al actual. La geografía política latinoamericana no ha experimentado variaciones significativas -aunque las ha habido- en el curso de las últimas seis o siete décadas. Ciertamente, para los que pertenecen a una generación más joven, ni siquiera el matiz que he expuesto antes -porque en algunos casos hay que ponerlo- merece ser apuntado.
SIGNIFICACION DE LA DEFENSA
Es lógico pensar que la defensa tuviera en todo este tiempo, como la diplomacia, una significación fundamentalmente territorial, que nuestros problemas de política exterior fueran principalmente de determinación de límites, como también es lógico que nuestros profesionales del servicio exterior y nuestros profesionales militares formaran su idea de conflicto en función de la configuración de ese marco territorial. Porque en efecto eso es lo que estaba en juego en la definición de marco territorial, que desde luego a veces envolvía áreas sumamente importantes, riquezas potenciales muy grandes o simplemente el hecho de que como la noción de territorio estaba íntimamente vinculada con la idea de patria y como la nación estaba íntimamente asociada a su basamento territorial, un centímetro del territorio nacional era considerado con razón no como parte del haber del Estado sino como parte de su ser, tal como alguna vez lo definió alguno de los teóricos europeos del estado a comienzos de este siglo.
Estamos en este momento en 1994, con la mayor parte de los problemas pendientes, que son fundamentalmente de demarcación, en algunos casos resueltos, con la idea más o menos clara de que en cuanto a problemas de límites ninguna de las cosas que todavía quedan por resolver configuran un ejemplo de casus belli y lógicamente se plantean entonces los interrogantes acerca de si las formas tradicionales de ejercicio de la defensa nacional ya través del rol de las fuerzas armadas o a través de la acción de la diplomacia siguen teniendo vigencia o no. Vamos a apresurar la respuesta, y ella es que sí siguen teniendo vigencia. Lo que no tiene necesariamente vigencia es la identificación de las mismas nociones de conflicto, de las mismas hipótesis de conflicto y del mismo tipo de riesgos; pero ningún ente Estado, y por ende ninguna nación organizada como tal, en ninguna parte del mundo -inclusive en esta parte que podríamos considerar por las razones antedichas una zona estructuralmente pacífica-, tiene su patrimonio económico y territorial garantizado.
No hay ninguna instancia internacional que dé a un Estado garantía por su territorio. Las Naciones Unidas son un marco legal mundial de gran valor al que todos respaldamos con el mayor interés, pero sabemos perfectamente por experiencia que el Consejo de Seguridad, cualesquiera sean las atribuciones que le da la Carta, no representa una garantía cierta para un Estado que no está en condiciones de garantizar su integridad.
Por lo tanto, es cierto que la primera de las tareas que tiene que encarar el instituto del Estado que se encargue específicamente de la función de defensa, es la tarea de la integridad territorial, ante amenazas y ante riesgos.
Las fuerzas armadas no pueden de ninguna manera transformarse en este país -como no lo pueden hacer en ningún otro- en fuerzas policiales sofisticadas. Una reflexión de este tipo parecería absolutamente inútil, obvia y casi diríamos vergonzosa de ser presentada en los países en los que yo estuve en los últimos años practicando mi actividad profesional. Poner en tela de juicio el sentido de la defensa territorial de la fuerzas armadas a un turco o a un griego parecería realmente un análisis poco serio. Esto hay que recordarlo porque no faltan quienes desde afuera o desde adentro de América Latina pueden dejarse tentar por la confusión de este estado feliz de paz estructural, con la posibilidad de que la función central de las fuerzas armadas deje de ser la defensa del territorio y del patrimonio nacional.
Por esta razón es absolutamente prioritario, en la definición del rol de la defensa, la adecuación de la capacidad defensiva de las fuerzas armadas a los ámbitos regionales y a los riesgos que eventualmente en esos ámbitos se puedan dar. Esos riesgos naturalmente no pueden ser considerados estáticamente, sino que tienen que ser analizados dinámicamente; debe tenerse en cuenta cuáles son, por ejemplo, las posibilidades de expansión de la población de los distintos actores de un determinado escenario. La experiencia nos dice que -incluso en la actualidad, de un día para otro se invierten situaciones de seguridad como consecuencia de los desplazamientos de la población. El caso más ejemplar que podemos recodar en este momento es la nueva problemática de seguridad que tiene que enfrentar Alemania, que hubiera sido impensable hace apenas una década.
Como la historia tiene la traviesa propensión de producir situaciones impensables, lo más indicado es que los estados prudentes tomen reaseguros contra riesgos y consideren que en el más modesto de los casos el rol de la defensa es el rol de un seguro. Ese seguro naturalmente tiene que adecuarse al riesgo; todos los seguros tienen un costo; ustedes van a contratar un seguro contra incendio en función del riesgo que tienen en su casa, del valor de sus bienes, del peligro de que se produzcan incendios. La tasa que paga un asegurado argentino es menor que la tasa que paga un asegurado norteamericano en caso de incendios porque son distintos los riesgos que se corren en la Argentina que en los Estados Unidos.
Obviamente un planteo del disuasivo militar -y vamos a una palabra que para todos ustedes es clave-, el disuasivo defensivo que un país debe tener, estará en función del riesgo que normalmente puede considerarse que corre hoy y que puede correr el día de mañana.
REESTRUCTURACION Y GASTO DE DEFENSA
La determinación de un disuasivo -entendido en el sentido de proceso o en una proyección o en el lapso en que una política normal y sensatamente puede ser calculada- es un ejercicio extremadamente difícil, incluso en hipótesis de abundancia económica, pues ésta tampoco autoriza el derroche innecesario. La abundancia económica es un concepto en si mismo contradictorio, ya que por definición, lo económico se refiere a recursos escasos. Como esos recursos son realmente escasos, como ocurre en nuestro tiempo, la determinación del riesgo y por lo tanto la determinación de un disuasivo tiene que ser materia de un ejercicio muy serio. Pero que el sistema de defensa requiere la determinación de la noción de riesgo, de la noción de disuasivo y del cálculo de los costos de ese disuasivo frente al riesgo, me parece un punto de partida esencial de todo análisis. Esto supone desde luego una preparación humana, una dotación material de recursos y una conservación adecuada con los gastos necesarios a esos efectos de los recursos que constituyen el patrimonio nacional en materia de defensa.
Apenas quiero marcar la noción, no vamos a entrar en detalles, pero creo que resulta suficientemente claro que si alguien nos pregunta si está justificado que la Argentina invierta en este momento una cantidad de dinero importante como para conseguir un sistema de armamento como el de los aviones a A4M, la respuesta es sí, porque esto apunta a mantener la condición razonable del disuasivo que preserva la paz de una región que no es otro que un dispositivo que garantice un equilibrio frente a los otros países que son sujetos activos de la política en el ámbito territorial en el que nos desenvolvemos.
No tenemos ninguna razón para sentirnos incómodos con un análisis de este tipo porque nuestros vecinos -con los que mantenemos en este momento las relaciones más cordiales de la historia- lo hacen también. La circunstancia de que la Argentina esté integrada con Brasil en el compromiso de un mercado común, de una unión aduanera; la circunstancia de que en este momento las relaciones económicas con Chile hayan alcanzado el nivel de excelencia que conocemos, que hay una tendencia realmente a superar o sobrepasar las fronteras en materia comercial, en materia de inversiones y eventualmente el día de mañana en movimientos de capital y de trabajadores, no implican que nuestros vecinos no consideren seriamente que son estados con toda la dimensión que ellos tienen que tener, dimensión que desde luego incluye la defensa. Y la buena relación arranca del reconocimiento de esta realidad.
En este momento los diálogos interfuerzas armadas en el ámbito continental son muy cómodos y muy fluídos, a partir de la premisa según la cual cada uno de nosotros sabe que nuestro Estado, que ha dejado de lado cualquier tipo de pretensión expansionista, es capaz de dotarse de un disuasivo conveniente para prevenir cualquier riesgo.
Como esta es la misión central de las fuerzas armadas, que está atada a esta tarea de la defensa del patrimonio nacional, una preocupación fundamental en el campo de la defensa es naturalmente se integración humana, cómo van a componerse materialmente, cómo se van a dotar intelectualmente y cómo van a afrontar los desafíos tecnológicos que nuestra época reclama y que en general son desafíos que justamente se dan en el campo de la defensa.
Podemos decir que en general no hay solo establecimiento militar del mundo que hoy no se encuentre en un ejercicio intenso de introspección respecto de estos problemas. Qué es lo que hay que hacer con el personal militar, cómo tienen que integrarse cuantitativa y cualitativamente las fuerzas armadas, cómo tiene que ser el sistema de formación y perfeccionamiento de los oficiales, constituyen interrogantes extremadamente dramáticos en todos los países del mundo, por la circunstancia de que todos quieren tener el reaseguro, pero todos quieren tener justamente un reaseguro y un seguro eficaces al costo adecuado.
El análisis que tendremos que hacer en el curso de este año, como tarea muy central del Ministerio y de las fuerzas armadas de la ley del personal militar, en cuanto a los problemas que plantea en nuestro tiempo la carrera militar, sus necesidades, sus logros, sus déficits, todas las que están vinculadas al soldado desde que entra en la escuela militar hasta que termina su carrera y accede al muy especial estado que representa en una sociedad el cuadro de oficial retirado, que incluso en esa condición no pierde su estado militar.
Este es el tema en el que mucho se va a discutir probablemente en esta escuela, como mucho también se tiene que discutir en los ámbitos gubernamentales.
La circunstancia de que en este momento todos los institutos militares pongan en la tarea de formación de sus cuadros un énfasis tan singular, que se diga -y a mi modo de ver muy acertadamente- que la prioridad en la educación -entendida en el sentido más vasto de la palabra- en este momento es la formación del militar, es una respuesta muy clara a las condiciones de nuestro tiempo. Hoy cuando uno entra en una moderna corbeta o en una moderna fragata de las que integran la flota argentina, tiene la impresión de que quien conduce esa unidad debe ser poco menos que un ingeniero electrónico. Quien piensa que en el Ejército la tarea es la del infante con la bota calzada simplemente no sabe cómo funciona un ejército de tierra en 1994. La oportunidad de presenciar un ejercicio de artillería el año pasado me impresionó muy vivamente en tanto y en cuanto incluso en fuerzas armadas con recursos escasos como las nuestras es posible ponerse al día, en función de la baja de los costos de productos electrónicos y en la baja de productos de software, en una expresión de capacidad ofensiva y defensiva estrictamente al día.
Así podríamos seguir analizando otros problemas puntuales que integran el marco de la problemática de las fuerzas armadas. Pero reiteremos el concepto una vez más para luego pasar a otros temas: el rol central de las fuerzas armadas, para el que ellas se tienen que preparar, sigue siendo la defensa del patrimonio, en su base territorial, puede enfrentar riesgos en todo tiempo, que por otra parte en algunos casos son realmente nuevos y menesterosos de respuestas absolutamente ad hoc. Tal el caso planteado por la defensa del mar territorial en una circunstancia como la actual, en la que el riesgo de agotamiento de los recursos marinos se convierte en el tema de primera página de las revistas de actualidad. Me refiero al problema del agotamiento de los recursos navales y de las políticas que los estados deben plantear para defenderlos, hábida cuenta de que la pesca mundial se practica en un 90 % dentro de las 200 millas de los mares territoriales, y aún así los recursos ictícolas del globo terrestre están sufriendo un proceso de agotamiento realmente acelerado.
Vivimos en un mundo integrado en el campo de las comunicaciones, del transporte y -en algunos aspectos- de la cultura. Y vivimos en un mundo en el cual las tendencias a la configuración de grupos regionales se profundizan. Vivimos además en un sistema en el que el fin de la Guerra Fría tuvo un doble significado para países como los nuestros. En América latina la Guerra Fría significó no solamente un conflicto ideológico sino un severo problema de seguridad. Este problema de seguridad hubo de ser replanteado en función de la Guerra Fría, con todos los desdichados costos que sabemos que esto aparejó.
DEFENSA EN EL MUNDO ACTUAL
La conclusión de la Guerra Fría trajo como consecuencia que a la buena situación de paz territorial existente en América latina se sumara la desaparición del tipo nuevo de conflicto que para las décadas del 50 y del 60 aquella significaba. Por otra parte, el fin de la Guerra Fría implicó el quiebre de la disciplina del sistema mundial, que garantizaba que zonas muy importantes del mundo tenían todos sus conflictos reprimidos por la circunstancia de que las superpotencias estaban en condiciones de controlarlos en función de su sistema de clientela. Una guerra como la del Golfo era impensable en tiempos de la bipolaridad militar, porque literalmente los rusos la hubieran contenido por teléfono.
Se supone que el sistema de las Naciones Unidas debe prevenir los conflictos de todo tipo que puedan ocurrir en el mundo. Como dije antes, tiene los elementos jurídicos para lograrlo, pero obviamente no constituye un sistema de prevención automática de conflictos.
En los últimos cuatro años, en aquellos países que no se encuentran en la situación venturosa entes descrita -de una nación que se identifica con su marco territorial-, proliferaron conflictos de todo tipo frente a los cuales la organización mundial ha reaccionado y ha hecho convocatorias que se presentan como un problema nuevo en el campo de las fuerzas armadas y sus funciones.
Frente a los conflictos ultramarinos, la República Argentina ha dado una respuesta afirmativa a los requerimientos de la comunidad internacional organizada en las Naciones Unidas. La participación argentina en las operaciones internacionales de paz, sea en las operaciones internacionales clásicas de preservación de la paz o en aquellas donde empieza a matizarse con factores nuevos, constituye un dato sobre el cual no voy a entrar en detalles más que para hacer algunas reflexiones. Es mi impresión que este papel que a comienzo del año pasado -cuando me hice cargo de la cartera de Defensa- podíamos todavía definir sin mayor inconveniente como una tarea subsidiaria de las fuerzas armadas, se está convirtiendo en una tarea progresivamente más central; no de tan envergadura como para desplazar el rol principal antes referido, pero sí como para que no se la tenga en cuenta más como una circunstancia marginal, como una moda o como una especie de reacción circunstancial ante problemas también circunstanciales.
Las Naciones Unidas están allí para quedarse; las operaciones de paz están allí para extenderse, y habrá determinados países del mundo que en estas operaciones de paz tendrán un rol probablemente creciente. Ello así, entre otras razones, por la ausencia de conflictos que las operaciones de paz contribuyen a solucionar en su propia tierra y por la circunstancia de que por razones de capacidad y competencia profesional sus hombres se encuentran particularmente indicados para realizar tareas que son sumamente difíciles.
No voy a analizar lo que se está haciendo en este momento fuera del país en el campo de las operaciones de paz, pero sí reitero el concepto. Puede considerarse que la tendencia es a que las operaciones de paz constituyan un capítulo cada vez más importante en la funciones de las fuerzas armadas en países como la Argentina. La demanda pro soldados argentinos continuará: naturalmente que esa demanda tendrá que ser adecuada a las posibilidades de la oferta, que incluye tanto elementos humanos como financieros.
La futura organización de las Naciones Unidas, las formas eventuales de composición de su Consejo de seguridad, la circunstancia de que el debate de reorganización de dicho órgano se encuentre hoy lanzado sobre la mesa -el delegado adjunto de los Estados Unidos ante la Organización de la Naciones Unidas dijo en el curso de esta semana que su país entendía que el número de miembros del Consejo de Seguridad debería llevarse a veinte-, constituyen factores a ser tenidos en cuenta en este análisis en el cual la Argentina tiene que mirar su papel en el mundo sin sobreestimarlo ni subestimarlo, sin ceder a la otra tentación nacional del achicamiento.
El campo de la defensa involucra -incluso en el caso de la República Argentina así lo determina la ley orgánica pertinente- aspectos específicos de la problemática de la seguridad. Por esa razón tenemos fuerzas de seguridad.
PAPEL DE LAS FUERZAS ARMADAS Y DE SEGURIDAD
La definición del rol de esa fuerza de seguridad en la Argentina está configura
da por la ley y por la práctica. Introducir en este momento un debate respecto de cómo está organizada la estructura de las fuerzas de seguridad en función de las fuerzas armadas es un debate que seguramente sería incoducente Pero ciertamente lo que sabemos es que determinados tipos de tareas que hacen hoy singularmente a la defensa nacional tienen en la Argentina una respuesta específica a cargo de las fuerzas de seguridad, Gendarmería Nacional y Prefectura. Estas fuerzas tienen numerosos roles, pero como aquí se ha debatido mucho en estos días la supuesta presión externa para que las fuerzas armadas tengan un papel en la acción contra el narcotráfico, conviene recordar que en la Argentina la organización del sistema de defensa incluye a fuerzas de seguridad específicamente dedicadas a esa tarea, con vocación, competencia y preparación para esa tarea, que no es el caso de las fuerzas armadas. De suerte que la cuestión planteada respecto del rol de las fuerzas armadas en su lucha contra el narcotráfico tiene en las condiciones de la Argentina una respuesta simplemente negativa: aquí no tienen las fuerzas armadas una papel en la lucha contra el narcotráfico. ¿Esta es una respuesta universal con validez en todos los países del continente? La respuesta es no: ciertamente cada país tiene situaciones distintas. Puede ocurrir que en algunos países -como en efecto ocurre- el narcotráfico plantee amenazas a la integridad territorial, es decir, a la geografía bajo control del Estado soberano. Entonces estamos ante una situación totalmente distinta. Puede ocurrir que en otros países la organización de las fuerzas de seguridad no incluya organismos especializados, como nuestra Gendarmería o nuestra Prefectura. Ellos tienen entonces su propia problemática. La respuesta que damos en este tema entonces no es de valor universal y desde luego no tiene por qué sorprendernos que en algunos países de América Latina se conteste el interrogante de manera diversa.
Obviamente todo esto no importa que subestimemos de ninguna manera el riesgo realmente insidioso y tremendo que para la seguridad nacional representa el narcotráfico, ni que dejemos de comprender que éste constituye un problema cualitativamente nuevo que nada tiene que ver con lo que ocurría en la década del 70. A partir de la década del 80 el narcotráfico planteó un problema global que sin duda alguna trascendió el marco del delito y de la salud para insertarse en la problemática general de la seguridad. Que sea un problema de seguridad hemisférica no implica que las fuerzas armadas argentinas tengan un rol específico en la materia.
Cuando señalo estas cosas estoy pensando fundamentalmente en todo lo que se debe hacer en el ámbito de lo que intentan ordenar las oficinas instaladas en Paseo Colón 255.(*)
Puedo significar como un campo participante importante en el ámbito de la defensa el tema de la defensa civil. ¿Por qué el tema de la defensa civil va a cobrar en la Argentina una mayor actualidad, al menos como preocupación de gente como nosotros, que estamos involucrados con el ámbito inmediato de la defensa que constituyen las fuerzas armadas? Porque la privatización masiva que ha practicado el país -en buena hora, a mi modo de ver- ha retirado del campo de las disponibilidades del Estado a numerosas entidades y organizaciones, como por ejemplo Vialidad Nacional o YPF, que estaban en condiciones de enfrentar siniestros que podían presentarse de un momento a otro. La Argentina es un país bastante feliz en materia de siniestros, aunque en nuestra extensión territorial podemos tenerlos. Si un día nos encontramos con la amenaza importante como una gran inundación o un terremoto, advertiremos que las fuerzas armadas son la única organización que en este momento está en condiciones de operar de una manera más o menos eficaz y centralizada ante un riesgo de este tipo. Creo que este es un dato que tenemos que tener en la parte de atrás de la mollera, porque nos podemos encontrar de un día para el otro con que tocamos un timbre que creíamos que funcionaba y ya no funciona más. Y la experiencia dice que cuando se produce un vació en última instancia se recurre a los hombres de uniforme.
¿Y qué pasa con la seguridad interna? Vamos a tomar el toro por las astas. ¿Qué ocurre en este tema en el marco de un continente donde súbitamente puede producirse terremoto político como el asesinato del candidato oficialista a la presidencia de México? Creo que la respuesta está dada por la ley vigente en la Argentina. El ámbito de la seguridad es un ámbito en el que las fuerzas armadas constituyen una reserva estratégica y un reaseguro de última instancia. Eso es lo que establece la ley de seguridad. Las primeras instancias son las policías provinciales y la policía federal. La segunda instancia prevista en la ley son las fuerzas de seguridad, instancia en la cual las fuerzas armadas tienen ya un rol a desempeñar, que es el apoyo logístico. Al respecto, ocurrió en la primera aplicación de la ley de seguridad -como consecuencia de los episodios de Santiago del Estero- que las fuerzas de seguridad fueron desplazadas por unidades de las fuerzas armadas, pues es lógico que los gendarmes no tengan aviones Hércules. En este caso la Fuerza Aérea y la Armada pusieron sus medios de transporte a disposición para que