LA DEFENSA NACIONAL EN LA PERSPECTIVA DE UN SENADOR.

Dr. Arturo Frei Bolivar

Senador de la República de Chile (*)


Sean mis primeras palabras, para agradecer al Ejercito de Chile, por intermedio del Comandante del Comando de Institutos Militares, Brigadier General don Ricardo Izurieta, la gentil invitación que me ha formulado para participar en este evento , que reune a alumnos ya académicos de los programas de Magíster en Ciencias Militares y que se realiza en esta Academia de Guerra, lugar que en el ultimo tiempo, se ha constituido en un escenario de encuentro permanente, entre el mundo civil y el militar, los cuales a través de la instancia académica, están contribuyendo de manera importante al debate de las grandes ideas que el Chile moderno requiere en torno al tema de la Defensa Nacional.
Quisiera comenzar esta intervención, manifestando que mi vinculación al tema de la Defensa, se inicio tempranamente en mi etapa universitaria, al desarrollar mi Tesis de Grado sobre el tema de las Fuerzas Armadas, donde pude detectar con asombro que existían solamente dos Tesis anteriores que se vinculaban con este ámbito, claro signo de lo que se ha
llamado hoy en día una desvinculación de los civiles con las FF.AA.
Posteriormente, al ingresar a la actividad política, evidencié dicha desvinculación de la civilidad con los temas de la defensa, ahora en una dimensión mayor cual era la de los políticos, lo cual reflejaba una situación que hoy los politólogos, sociólogos e historiadores nos recuerdan entre ambos estamentos de la sociedad.
Era la época en que los temas de defensa, eran propios de los militares y el resto de los problemas, eran preocupación de los civiles.
Esta fue la razón por la cuál me integré en mi calidad de Senador, para contribuir con mi modesto aporte a superar esta situación, que si bien sabemos, obedece a razones históricas, sociológicas y políticas, mientras subsistan, no habrá una verdadera estabilidad democrática en nuestro país.
Mi exposición, atendido el escenario donde me encuentro, se centrará en aspectos conceptuales, por cuanto estimo que es en el plano de las ideas donde se deben dar pasos firmes y concretos de una integración entre civiles y uniformados, en la que nadie puede pretender descalificar o rechazar el aporte de los diferentes actores involucrados en el campo de la defensa nacional. Este es un tema de país y como tal debe ser enfrentado, dejando afuera consignas y estereotipos propios de un ambiente ajeno al verdadero interés nacional.

Iniciare mi exposición, refiriéndome a los aspectos conceptuales, que desde la perspectiva de un legislador, estimo deben formar parte de la natural discusión académica sobre esta materia y que tiene la sola finalidad de contribuir a la formación de aquellas ideas que materialicen una política de defensa moderna, propia de nuestra realidad estratégica y pertinente a la democracia que entre todos estamos construyendo, tarea a la cual ningún actor de nuestra sociedad se puede restar.



Ideas a considerar en una posible política de defensa.

El significado de una política de defensa

Política de defensa es una acción particular de Estado destinada a dar dirección a al defensa nacional en su globalidad y en el largo plazo, a fin de concretar la necesidad del país, como parte integrante de la política nacional. La política de defensa a través de sus lineamientos generales, busca la estructuración de una defensa nacional coordinada y armónica, con la fuerza suficiente como para permitir la real superación de los conflictos y la consecución de los grandes objetivos nacionales.
De acuerdo a la política de defensa que se estructure, se deberán trazar los lineamientos generales de la política militar, relativos a como deben ser y como deben accionar y coordinarse con los otros organismos del Estado, en función del logro del objetivo político nacional definido para un período de gobierno.
Las FF.AA. en su condición de receptoras y ejecutoras de la política de defensa, deben tener un acceso efectivo a la formulación de proposiciones y proyectos vinculados a la política militar, como organismos especializados del Estado en materias militares.
La política militar es uno de los componentes de la política de defensa nacional a la que deben servir permanentemente. Por consiguiente, debe ser consecuente con los objetivos de largo plazo de esta y con sus líneas generales de acción, manteniendo con ella una estrecha coordinación y complementación.



Principios doctrinarios permanentes que rigen una política de defensa

La política de defensa es una política de Estado que no debe recibir influencias políticas o ideológicas, debiendo mantenerse en el tiempo con gran estabilidad, siendo capaz de proyectarse en el largo plazo.
Los intereses de Chile indican la necesidad de estructurar una política de defensa estable, alejada de posiciones partidistas y de diferentes tipos de gobiernos, única forma de concebir una política de Estado, en la cual toda la sociedad se encuentre comprometida.
La política de defensa, debe basarse en principios y objetivos nacionales permanentes que permitan aunar el máximo de esfuerzos y energía, en pos de logros superiores que requieren de toda la nación para su consecución.
En ese contexto, la capacidad de defensa es fundamental y esencial en la política nacional, aun en tiempos de paz. De acuerdo a lo anterior, las FF.AA. de Chile tienen claras misiones establecidas constitucionalmente, como la gran mayoría de los estados organizados.
En la estructuración y aplicación de esta política de Estado, es necesario respetar los distintos niveles de conducción, evitando interferencias y superposiciones entre las autoridades que conducen cada uno de ellos.
Debe ser formulada al mas largo plazo posible, teniendo en vista que debe ser permanente solo aceptando aquellas modificaciones que realmente sean justificadas y que no alteren la concepción de las ideas matrices, debido a la magnitud de los medios y recursos comprometidos en su planificación y desarrollo.
Su estructuración debe efectivamente coordinar todo tipo de esfuerzos comunes propios de los campos de acción, de forma tal de que no existan interferencias intersectoriales que vulneren la defensa nacional.
La defensa nacional no debe ser considerada como la defensa física del territorio, sino desde una perspectiva mucho mas amplia, debiendo ser un factor de respaldo de todos los campos de acción, como instrumento de gobierno; siendo lo territorial solo un aspecto de ella.
Debe ser una función política del Estado, exenta de toda intromisión ideológica, ya que es un bien público que si bien es cierto, no es tangible, permite el normal y correcto desenvolvimiento de todos los campos de acción.
Debe orientarse a participar activamente en el desarrollo nacional, no solo como factor de seguridad, sino que ampliando este concepto a todas las actividades nacionales, debiendo ser asimilada y comprometida por la totalidad del país, de forma tal que se convierta en una política internalizada por todos los ciudadanos.

La política de defensa debe ser establecida desde la paz, de acuerdo a la propia realidad, sin pretender jamas imitar concepciones foráneas, que puede servir a otras idiosincrasias y realidades.
En ese orden de ideas, debe basarse en el poder nacional, en la expresión de todos sus niveles y en la articulación de las decisiones políticas que lo influyen, permitiendo el desenvolvimiento nacional con completa autodeterminación en todas sus áreas.


Política de defensa y política militar

Hemos visto que el ámbito de una política de defensa es mucho mas amplio que el de una política militar y que aquella corresponde a la nación toda, en tanto esta ultima a las FF.AA. principalmente.
No puede concebirse una política militar divergente o que no este integrada a la política de defensa. Este debe ser el ultimo y definitivo eslabón de una política de defensa.
Una política militar debe preocuparse fundamentalmente de operacionalizar la política de defensa en lo que concierne a su nivel, esto es, la forma como se concreta el mejor cumplimiento de las misiones constitucionales que le corresponde.
Lo anterior, dice especial relación con la dimensión, estructura y capacidad técnico profesional de las FF.AA. y debe ser planificada en el largo tiempo. También dice de la relación con los otros organismos del Estado y la sociedad civil. Aquí encontramos especialmente los conceptos relativos a la relación civil militar, los que ciertamente, han comenzado a materializarse en la concepción y planificación de la política de defensa.
Las FF.AA deben pues se estructuradas con carácter técnico y orientarse a mantener un alto nivel de eficiencia para enfrentar un eventual estado de crisis y su derivación en un conflicto bélico, como asimismo para el resto de las misiones que le impone la constitución política.


La subordinacion de las FF.AA.


La defensa como deber del Estado y como tarea ciudadana implica la responsabilidad primaria del poder civil en dichas finalidades; ella implica la subordinacion de los órganos encargados de dichas misiones de los poderes del Estado.
Esto esta expresamente ratificado por la composición del organismo básico que vela por la defensa nacional; el Consejo de Seguridad Nacional. A el concurren los representantes máximos de los poderes ejecutivo. ligislativo y judicial y contralor del Estado, en una correspondencia similar con los organismos técnicos de las FF.AA. y Carabineros y bajo la autoridad del jefe del Estado, que es el Presidente de la República. Si bien los órganos militares concurren en igualdad numérica a dicho Consejo, ellos no representan de consumo el poder militar del Estado.
Esta vinculación de los poderes del Estado con la defensa nacional, demuestra en esta instancia, las prerrogativas militares que tiene el Presidente de la República y el Congreso Nacional, como las máximas autoridades del país.


Relación con el Congreso Nacional

El Congreso Nacional tiene una disminuida participación en materia de defensa. Sin embargo, ello no implica que no tenga un rol relevante en la determinación y orientación de la política militar, a través de la aprobación del marco legislativo en el cual actúan las FF.AA.
Dentro de este cuadro, son materias de ley las que fijen las fuerzas de aire, mar y tierra que han de mantenerse en pie en tiempo de paz o de guerra y las normas para permitir la entrada de tropas extranjeras al territorio nacional, como asimismo la salida de tropas nacionales fuera de el. Mediante esta norma el Congreso participa en la determinación de la fuerza.
Asimismo el Congreso autoriza por ley la declaración de estado de guerra propuesto por el Presidente de la República.
Sin lugar a dudas una función fundamental del Congreso en materia de defensa, es la aprobación de la ley de propuesto en lo que dice relación con las instituciones de la defensa nacional.
En cuanto a funciones clásicas, el Congreso puede fiscalizar los actos de gobierno en materia militar, como también promover acusación constitucional en contra de aquellos uniformados que comprometan gravemente el honor o seguridad de la nación en cuanto al delito de traición.



En relación al campo de acción interno


La condición de estabilidad interna es absolutamente indispensable para posibilitar el desarrollo en adecuadas condiciones de seguridad, para lo cual se deberá buscar la forma de control y los instrumentos necesarios para hacer frente a cualquier causal.
Se deberá tener presente la participación de las FF.AA. en el sistema de prevención y ayuda en casos de emergencia que viva nuestro país, por motivos de catástrofes naturales, tema al que me referiré en la parte final de mi exposición.
En el contexto de la estabilidad interna del país, será de suma importancia el papel que las FF.AA. asuman de acuerdo a las misiones constitucionales que fija nuestra Constitución política, lo cual incidirá en el clima de entendimiento para el buen desenvolvimiento del país.
La política que se estructure deberá contener la contribución de las organizaciones del cuerpo social, destinadas a permitir las condiciones de estabilidad y seguridad en todos los ámbitos del quehacer nacional que favorezcan el logro del bien común, desarrollo y metas fijadas por el escalón político.
Deberá contener los elementos que contribuyan a preservar y acrecentar nuestra identidad histórico-cultural, mantención de tradiciones y respeto por nuestros valores cristianos occidentales a fin de fortalecer nuestro ser nacional, para posibilitar el desarrollo en adecuadas condiciones de seguridad.
Se deberá considerar que la defensa nacional junto al campo educativo, velan por el aspecto físico y mental de los individuos, favoreciendo directamente el desarrollo de las personas como asimismo el desarrollo social y económico del país, mejorando las condiciones personales del ciudadano.
Se debe comprender la participación activa de la defensa en el mejoramiento, desarrollo y mantención de la estructura de telecomunicaciones, haciendo uso intensivo de la tecnología existente, contribuyendo al desarrollo y mejoramiento del país.
Desde el punto de vista de este campo de acción, se deben incluir los conceptos necesarios para oponerse al narcotráfico y toda su cadena de actividades, de forma tal que su influencia sea minimizada la máximo en relación a la seguridad y el desarrollo del país, incluyendo la participación de las instituciones de la defensa nacional en la producción de inteligencia, evitando al mismo tiempo patrocinar el empleo de los medios militares en acción
directa contra este flagelo.
Se debe contar con una política clara y permanente contra el terrorismo, subversión o cualquier forma de inestabilidad interna, donde las FF.AA., en cuanto son esenciales para la seguridad nacional, deberán asumir su responsabilidad en conformidad a la Constitución de la República.
Se deberán incluir medidas coordinadas entre la educación, salud y defensa que propendan al fortalecimiento de los valores patrios y al mejoramiento de las condiciones físicas e intelectuales de la población, de manera tal de contar con el personal necesario para las FF.AA. y a la vez, cooperar a que los institutos de educación de las FF.AA. se integren a profesores y alumnos entre sí, lo cual, vemos concretado hoy, con el programa de magíster en ciencias militares que esta Academia de Guerra, realiza junto a destacadas universidades chilenas. Aún así, creo que debemos avanzar aún más en esta materia.
Las FF.AA., además de cumplir sus funciones específicas en cuanto a defensa, aportarán sus potencialidades propias al desarrollo de la nación, especialmente en zonas aisladas.



En relación al campo de acción externo


El ambiente internacional actual nos señala la potencial existencia de inestabilidades emergentes, lo que nos obliga a ser cautos en diversas materias que conforman una política de defensa, debiendo mantenerse los niveles operacionales de las FF.AA. que permitan una disuasión efectiva y creíble.
A medida que el mundo avanza, debemos estar alertas ya que le escenario será diferente, no estando exentos por cierto de las potenciales tensiones que se derivarán de intereses contrapuestos insertos en un ámbito propio de la cooperación, signo de los tiempos que se viven.
La política que se implemente deberá permitir la participación de las propias fuerzas militares, en iniciativas de paz a nivel internacional, de acuerdo con los principios de gobierno y los intereses nacionales, como asimismo cumplir con todos los compromisos ante los organismos internacionales, para lo cual debe incluir en su formulación los conceptos relativos a la política exterior de las instituciones de la defensa nacional.
La política exterior de Chile, con el consenso de los diversos sectores del quehacer nacional, ha de tener la capacidad de reconocer y aprovechar oportuna y adecuadamente las condiciones que prevalecen en la coyuntura mundial para alcanzar las exigencias que el desarrollo nos plantea, reforzando la soberanía y la seguridad del país, como asimismo el desenvolvimiento de todas sus actividades.
El país proyectará su personalidad, valores y principios para, mediante una adecuada y eficiente acción, obtener la defensa y el cumplimiento de los objetivos e intereses nacionales con el mínimo de interferencias y en concordancia con todos los campos de acción.
El Ministerio de Relaciones Exteriores, tema al que me referiré posteriormente, deberá recibir asesoría de las instituciones armadas para la adopción de medidas atingentes al derecho internacional, que sean ordenadas por el ejecutivo, cuando fuere indispensable respaldar nuestro comercio exterior, especialmente con respecto a productos de gran significación en la economía nacional y con respecto a rubros de características estratégicas, que sufran trabas o transgresiones que contemplen los tratados internacionales suscritos por las partes.
Deberá considerar que el Estado apoyará a las organizaciones internacionales en su gestión de mantener la paz mundial, pudiendo considerar el envío de fuerzas a áreas geográficas de interés para la nación o que debido a la necesidad de marcar presencia, se estimen como necesarias, teniendo siempre presente el interés propio.
Se deberá formular un claro pronunciamiento acerca de la política a seguir con los intereses antárticos, los territorios insulares y los oceánicos, debiendo establecer normas específicas con respecto a presencia, explotación de sus riquezas y protección de su ecología, buscando accionar ante los países que comparten estos intereses y no reaccionar ante sus acciones.
El país a través de su política de defensa deberá ampliar su prestigio internacional ante la comunidad mundial, con miras a acrecentar el grado de confianza mutua entre Chile y las demás naciones, particularmente las limítrofes y paralimítrofes.
Ambos campos de acción, el exterior y el de la defensa, deberán complementarse en lo atingente a la seguridad fronteriza y territorial, espacios aéreos y espacios oceánicos, lo que significa que la asesoría de ambos ámbitos, será requerida en forma previa a la toma de decisiones gubernamentales en estas materias.
La orientación de la estructura de la fuerza debe ir en relación a la gestión diplomática orientada a posibilitar la existencia de un poder militar que otorgue suficiente capacidad disuasiva creíble, para inhibir a cualquier agresor de utilizar la fuerza para la obtención de sus eventuales objetivos; y que a la vez proporcione el respaldo adecuado para la acción diplomática, en el manejo de las crisis que generen los eventuales conflictos, pero que en todo caso, deberá estructurarse sobre bases sólidas y no supuestos de buenas intenciones.



En relación al campo de acción de la defensa nacional: las realidades geoestratégicas


En la conformación de una política de defensa es necesario tener en cuenta, para la estructuración de las fuerzas, la dimensión territorial y el que nuestro país presenta características geopolíticas de gran diversidad y dificultades naturales.
Como medidas específicas, se deberá orientar la estructura de los medios de la defensa en relación a posibilitar la existencia de alternativas militares que otorguen suficiente potencialidad para inhibir ánimos en probables conflictos de intereses en los diferentes espacios territoriales nacionales.
En el contexto anterior, es necesario considerar en forma especial las condiciones tricontinentales de nuestro país. lo que involucra una gran gana de variables geográficas y climáticas, una gran extensión terrestre y un amplio espacio oceánico, a lo cual se une la sobreposición del espacio aéreo.
En este contexto se debe tener presente que existen zonas geográficas fronterizas que son susceptibles de ser traspasadas por diversos flagelos que afecten a otros países de la región, como el terrorismo o la subversión y el narcotráfico.
Algunos de los desafíos geopolíticos en los cuales se requerirá una adecuada interacción entre los distintos estamentos de la sociedad y muy en particular, entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y las FF.AA. son los siguientes:


- Situaciones limítrofes pendientes.
- La Antártida nacional.
- El mar patrimonial y presencial.
- El espacio como frontera.
- El poblamiento de las zonas externas y fronterizas.


Todo ello, implica redefinir el estilo de nuestros nexos con los países limítrofes, ciertamente enmarcado en una política realista con mucho sentido de la modernidad.



Hipótesis en conflicto


El dimensionamiento de las fuerzas militares y su nivel de operabilidad será la resultante de las amenazas previsibles, las características geográficas que condicionan su accionar, los objetivos que estructuren y los recursos disponibles.
Las hipótesis de conflicto que se estructuren deben considerar las múltiples alternativas que se podrán producir no solo con los países limítrofes sino que también las interacciones de otros actores internacionales.
Al mismo tiempo se deberá tener presente el marco que fijan las diversas leyes internas, acuerdos, convenios o tratados internacionales suscritos antes de la estructuración de una política de defensa lo que repercutirá en las hipótesis que se conformen.
De la misma forma, es necesario considerar en la definición de las hipótesis, la importancia del factor tiempo, debido a que las crisis podrán ser simultáneas, escalonadas o sucesivas, con parte de los actores o la totalidad de ellos.
En este contexto, se deberán tener concepciones modernas para el manejo de crisis, de manera tal que ante la aparición de amenazas, se cuente con un instrumento de acción, presión o disuasión, basado en una fuerza moderna y tecnológicamente avanzada que pueda respaldar la acción de gobierno ante la escalada.
La anterior debe estar en estrecha relación con los planes y programas de modernización y desarrollo de las instituciones de la defensa nacional y su vinculación con una moderna estructura del Estado, tema que ciertamente debería ir a la par con el proceso de modernización de su defensa.


Desarrollo de la industria de defensa


Será necesario tener presente que dentro del nivel de operacionalidad de las FF.AA., se debe buscar la mantención de la industria militar, en aquellos rubros susceptibles de seguirse desarrollando, incluso con fines duales que permitan aprovechar sus esfuerzos en el mercado nacional civil y en el de la defensa con criterio pragmático y realista.
En relación a esto se debe fomentar los esfuerzos que se puedan realizar en lo relativo a materiales bélicos y electrónicos básicos, en la construcción naval de mediano tonelaje y medios aéreos de enfrentamiento.


La operacionalidad de las fuerzas


Como una forma de acrecentar la operacionalidad, se debe procurar el logro del máximo de uniformidad en algunos procedimientos y elementos que utilizan las FF.AA., e incluso tratar de propender a la estructuración de procedimientos comunes en lo que sea técnicamente pertinente.
La mantención de los niveles operacionales de las FF.AA., debe permitir una disuasión creíble, para lo cual se deberán asegurar los recursos presupuestarios adecuados, pues la defensa nacional debe ser considerada como un medio de respaldo de los intereses nacionales.
Para lograr esta credibilidad, la fuerza operativa que se diseñe debe tener una capacidad ofensiva, lo que no debe confundirse con intenciones expansionistas.
La estructura de las FF.AA., sin perder de vista su misión fundamental, deberá permitir el logro de los objetivos vitales de desarrollo del país, lo que se logrará manteniendo una capacidad operativa permanente y de gran efectividad,
El empleo del instrumento bélico frente a la agresión externa, debe estar orientado a posibilitar que las FF.AA. disuadan con objetivos positivos cualquier posible agresión que pueda amenazar la seguridad de la patria. En caso de no materializarse la disuasión, rechazarán el ataque militar adversario, poniendo fin al conflicto bajo términos que sean favorables al interés nacional.
El instrumento bélico estará conformado por las instituciones Ejército, Armada y Fuerza Aérea y los órganos que se constituyan, la que serán organizadas y distribuidas de acuerdo a la solución estratégica que se adopte.
Las FF.AA. deberán estar capacitadas para cumplir con sus deberes constitucionales, lo cual significa que son partes activas de la sociedad y le brindan a ésta, la tranquilidad necesaria para que se desarrolle en plenitud.
En el contexto de la operacionalidad se deberá establecer y mantener niveles constantes de recursos presupuestarios para la preparación, entrenamiento y equipamiento de las FF.AA.
También se deberá establecer financiamiento para materializar las adquisiciones mayores que sean necesarias para apoyar la concepción general de la política de defensa trazada para un largo plazo, de acuerdo a los planes de modernización que generen las propias instituciones armadas, como es el caso de la modernización a que se encuentra abocado el Ejército.
Respecto a este tema, no es relevante si los fondos provienen de la Ley del Cobre o del presupuesto anual, sino que finalmente, se cuente con los recursos necesarios y posibles para la defensa en forma oportuna.
El preparar los instrumentos necesarios para hacer frente a la subversión y al terrorismo o al narcotráfico, deberá considerarse en el evento que las fuerzas policiales sean sobrepasadas, previendo su empleo muy particularmente en aquellas zonas geográficas que se encuentran desvinculadas de los centros de atracción o retrasados con respecto al nivel del crecimiento del resto del país.
Además de lo anterior, se deberán realizar actividades de inteligencia a través de un accionar conjunto, con el objeto de detectar, prever y si es posible neutralizar las amenazas de todo tipo que surjan en ese orden, las cuales pueden comprometer la integridad nacional.



En relación al campo de acción económico



La mantención de los niveles operacionales de las FF.AA. deben permitir una disuasión efectiva, para lo cual se deberán asegurar los recursos presupuestarios adecuados y posibles, pues la defensa nacional debe ser considerada como un medio de respaldo de los intereses nacionales.
A pesar de la interdependencia que vive el mundo actual, debe existir un criterio de seguridad y autosuficiencia económica incluído en la política de defensa, debido justamente a la dependencia nacional de los mercados externos, lo que puede poner en peligro la seguridad y estabilidad del país, obligando al Estado a resguardar permanentemente los abastecimientos externos y al mismo tiempo, promoviendo y apoyando a la industria nacional a fin de lograr cierta independencia.
Deberá incluir en este campo criterios de protección en ciertas áreas de la producción nacional, de forma tal que los acuerdos que se establezcan no vulneren los factores del poder nacional, para lo cual las acuerdos comerciales, tanto laterales como multilaterales, deben ser estudiados por los organismos pertinentes, con un criterio técnico.
Debe contener un criterio de desarrollo de vías de comunicación e infraestructura relacionada en nuestro territorio y la destinada a la integración física con los países vecinos, la cual debe ser analizada conjuntamente entre el Ministerio de Obras Públicas, Transporte y Telecomunicaciones y el de Defensa con el objeto de materializar aspectos relativos a la seguridad nacional.
El desarrollo tecnológico, a través de este campo de acción deberá ser sostenido y aumentado, debiendo apoyarse en ese sentido a la industria militar, como asimismo esta deberá intercambiar información con las otras actividades productivas del país.
En este orden de cosas se debería incluir un criterio de explotación racional de los recursos del país, fomentando normas que garanticen la renovación de estos recursos y la preservación de todas las especies vivas. A este respecto se deberán fijar los parámetros en que las FF.AA. podrán cooperar a este fin.
Por último, la cooperación y participación de las instituciones de la defensa al gobierno, en relación a asuntos ambientales, debe considerarse una tarea fundamental para una gestión a nivel nacional, dentro de la política de defensa, en donde se regule, reglamentariamente y se les asigne por parte del conductor político a las FF.AA., la misión de asesorar, promover, difundir, complementar y opinar sobre estudios y ejecución de acciones, lo cual irá en estrecha relación con la potencialidad de las fuerzas de la defensa en su conjunto.
Seamos claros, en los términos conceptuales que me he referido, no ha existido en el pasado una política de defensa, más bien, lo que ha habido, el que los propios militares, actuando en subsidio de los civiles, poco interesados en el tema, han tenido que asumir la responsabilidad e interés en los temas de la defensa.
Ciertamente que eso, ha ido cambiando y un buen ejemplo de ello, es la presencia en esta sala, de académicos, civiles y uniformados que han estudiado el tema de la defensa, y el surgimiento de civiles que se interesan en esta materia, lo que estimo, es auspicioso para nuestro país.



Algunos aspectos misceláneos


Al momento de terminar esta intervención, quisiera dar, a la luz de mi experiencia, algunas ideas sobre temas que son de interés en cuanto a la relación entre civiles y militares, las que finalmente, se concretan en aspectos tangibles.



Servicio militar obligatorio



Sobre este tema es preciso puntualizar un elemento primario. De cada cuatro jóvenes en Chile, que están en edad de hacer su servicio militar, por diversas causas, solamente uno lo hace. Por otra parte, la discusión de crear una nueva forma de cumplir con este deber cívico, creo que no se debe contraponer con la función propia de defensa que cumplen los actuales soldados conscriptos.
Eso sí, creo que debemos crear instancias para que la juventud que está en las universidades y centros de formación, puedan realmente cumplir con este deber y con el país, sin que se afecten sus estudios y que sean un aporte real para el sistema de defensa.
No es en mi caso falta de patriotismo o cariño por el país, que al igual que la gran mayoría de los profesionales de Chile no hayamos cumplido efectivamente con este deber, sino que estimo que las propias instituciones deben ofrecer alternativas válidas para cumplir con su servicio militar, situación que el propio Comandante en Jefe del Ejército ha recogido en su clase magistral, y que por cierto, comparto plenamente sobre esta materia. En todo caso, la proposición de crear una nueva forma de servicio a la patria, no debe ser en desmedro ni antagónica con el servicio militar que todos conocemos y que ha sido provechoso para el país.



Participación en el sistema de educación



La actual normativa, recoge un antiguo anhelo de integración y legítimo reconocimiento académico para los militares, que recuerdo haber escuchado siempre en mis conversaciones con uniformados, era algo que faltaba y era una aspiración justa y legítima.
Quizás sea en el campo educacional, donde mejor se pueda avanzar para acortar las brechas entre civiles y militares, y la presencia de profesores militares en las universidades, y de sus pares civiles en el ambiente castrense, no solo enriquecerá lo propio y técnico entre cada cual, sino que permite conocer e interactuar a dos estamentos de nuestra sociedad que finalmente orientan su quehacer al engrandecimiento del país.
En esta materia debo expresar mi concordancia con lo planteado por el Comandante en Jefe con respecto al quehacer académico que la institución ha venido realizando orientado a un proceso de modernización, que encuentra en el conocimiento y en educación, uno de los principales puntos de apoyo.



La estructura del ejército y la modernidad



El mundo de hoy y a pesar que subsisten numerosos conflictos bélicos y de diversa naturaleza, nos muestra que en los países desarrollados, hacia donde va nuestro país, la reducción de los aparatos defensivos, es una realidad.
Muchas voces se escuchan de reducir esto o aquello en cuanto a nuestra fuerza militar, sobre lo cual estimo, se debe actuar con cautela y prudencia. Si bien la realidad mundial se presenta con una orientación más marcada hacia la paz, no menos cierto es que nuestra realidad es muy especial en esta materia, razones estratégicas y políticas no deben ser contrapuestas. Cualquier análisis sobre esta materia, en consecuencia, siempre deberá considerar los planeamientos estratégicos.
No obstante lo anterior, deben ser las propias FF.AA. quiénes auspicien una estructura moderna, con menos costo para el país, que privilegie la capacitación, la incorporación de tecnología y la mejor calidad de su personal.
Quiero ser muy franco sobre esta materia; las propias instituciones deben realizar, con criterios eminentemente técnicos, un proceso gradual de racionalización que el mundo civil ya se encuentra realizando y que finalmente permanezcan en ellas la mejor gente con los medios necesarios y sin perder la eficiencia que los caracteriza.
Ciertamente, manifiesto mi oposición a la inclusión de variables ajenas a lo eminentemente técnico sobre esta materia, pero este es un desafío de modernidad para ustedes.



Asesoría de los militares en el Congreso y Ministerio de Relaciones Exteriores



Tradicionalmente, los parlamentarios al momento de legislar, han contado con el apoyo de técnicos en diferentes materias, lo que en el caso de la defensa, se ha traducido en la invitación de los altos mandos a emitir su opinión sobre determinados aspectos. El Comandante en Jefe nos ha propuesto una asesoría técnica permanente a las comisiones de defensa de la Cámara y del Senado, lo que a mi juicio es altamente positivo, ya que nos da la oportunidad a los parlamentarios que trabajamos en estas materias, a mantener un diálogo fluído y directo por un cauce institucional, con el estamento militar, para que al tomar la decisión política de legislar, en materias relacionadas con la defensa, tengamos la información técnica necesaria para tomar nuestra decisión.
Estimo que esta asesoría, también es extensiva a otros campos de acción, especialmente al de relaciones exteriores, cuando hayan de adoptarse decisiones que incidan en aspectos de soberanía y seguridad nacional.
En el ámbito interno, especialmente en regiones, lo referido a catástrofe y emergencias, creo es otro campo donde se requiere una participación más activa entre las autoridades civiles y militares. Respecto a esta materia, creo que ya que se han efectuado seminarios y encuentros de análisis sobre temas de alta trascendencia en el pasado, se podría realizar una actividad similar para determinar una participación más activa de los uniformados en el desarrollo interno del país, incluyendo en ello por cierto lo referido a la conquista y consolidación de las últimas fronteras interiores de Chile.
Quisiera finalizar esta intervención, manifestando que la función principal de las FF.AA., es la seguridad exterior del país, sin desmedro de las misiones que la propia normativa constitucional les asigna, pero sin que por ello queden agotadas las potencialidades de cooperación de dichas instituciones. Es así, que se produce un importante punto de encuentro con la civilidad al participar juntos, cada uno dentro de su rol, en el desarrollo nacional.
Son múltiples las actividades en que ya se encuentran participando, tales como en casos de catástrofes, de desarrollo tecnológico y otros campos, sin embargo, el desafío de construir una confianza mutua, una creciente participación más activa, nos obliga a ser extremadamente creativos.
De esta forma, vislumbramos otras áreas, tal vez, no tradicionales y que los egresados de estos cursos, serán los responsables de propiciar, cuales son los intercambios decentes entre las universidades y las instituciones militares, el uso de tecnologías de uso civil y militar, el desarrollo de zonas extremas y aisladas, las asesorías a entidades gubernamentales y del estado, la investigación oceanográficas y atmosféricas, etc.
El tema del pasado nos debe servir de inspiración permanente para obtener experiencias de cómo integrarnos, de cómo evitar aquellos errores que nos han distanciado. Que no nos suceda lo que a la mujer de Lot, que por mirar el pasado nos convirtamos en estatuas de sal. Eso, dista mucho de la modernidad que los tiempos exigen a civiles y militares en un Chile que se aproxima el siglo XXI.
En resumen, podemos comprobar que es más lo que nos une a civiles y militares que lo que nos separa. Será un buen desafío para esta generación hacerlo realidad.

(*) Intervención con motivo del egreso de los alumnos de magíster en ciencias militares de la Academia de Guerra del Ejército, 31 de agosto de 1993. Publicado en Fuerzas Armadas y Sociedad, FLACSO-Chile, Año 8, Vol. VIII, Nº3, julio-septimbre 1993, págs,43-52. Reproducido con autorización del editor



Actualizado: 20/05/96 9:00:10 AM
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