Argentina y Brasil frente al Nuevo Orden Mundial

Lic. Rut Diamint
Universidad de Buenos Aires


Política Exterior y Nuevo Orden Mundial

Argentina y Brasil comparten los criterios de considerarse mutuamente como aliados principales. Después de una histórica confrontación por la cual se tenían como hipótesis de conflicto mutuo, una alianza estratégica que nace de acuerdos económicos depone las antiguas percepciones de amenaza. Una serie de medidas que comenzaron durante los gobiernos de Sarney y Alfonsín iniciaron un período de cooperación económica que da como resultado la creación del acuerdo Mercosur. Al mismo tiempo se inicia la cooperación en seguridad cuya culminación es la firma de una política nuclear común entre Argentina y Brasil.. La política de seguridad tiene otros importantes logros como la firma del Acuerdo de Mendoza que lleva a ser miembros de la Convención de Armas Químicas, el acuerdo con la OIEA y la profundización de contactos militares.
Sin embargo, después del ímpetu inicial, que se vio reforzado a través de los acuerdos logrados por los presidentes Menem y Collor de Mello, el establecimiento de un nuevo paso en materia de cooperación en seguridad se encuentra trabado. Para la Argentina este paso es la concreción de un sistema de seguridad dentro del marco de la OEA bajo los lineamientos que se desprenden de la política de seguridad global de las Naciones Unidas, de la que Argentina participa en forma activa. Para Brasil, la alianza estratégica con Argentina debe basarse en un compromiso mayor con el área sudamericana y, teniendo como referencia el concepto amplio de seguridad, la solución de problemas estructurales (pobreza, atraso, desarrollo) a través de una cooperación tecnológica que es la llave para permanecer entre los países del primer mundo.
Estas percepciones diferentes no comprometen hoy en día el futuro del Mercosur, pero plantean serias dudas sobre los alcances de la cooperación que pueden tal vez significar a futuro solo un acuerdo arancelario. ¿En que medida estas diferentes orientaciones pueden derivar en una inserción regional e internacional distinta? La pregunta que guía este trabajo es: ¿la conceptualización del orden global y de la percepción de la dirección de las tendencias internacionales pueden inducir a políticas confrontativas entre Argentina y Brasil ?
Para resumir esquematicamente las percepciones internacionales de Argentina y Brasil, Argentina adhiere a la idea del nuevo orden mundial y al orden global definido por las Naciones Unidas y su propuestas para la solución de conflictos. Brasil concibe el nuevo orden mundial como la cristalización de un status quo injusto que legitima la dominación de las grandes potencias. Este nuevo orden que en palabras de S. Chubin "no significa el fin de las jerarquías internacionales o una nueva era de igualdad, más parece una nueva forma de dominación occidental, sólo que más explícita e intervencionista que en el pasado" (1), podría ser compartido por miembros de ambas administraciones, pero mientras para la Argentina es una oportunidad para lograr alianzas con los centros de poder, para Brasil es una limitación a su destino internacional. En parte, ello deriva de la capacidad que se asigna a si mismo cada estado para intervenir en el diseño de la agenda global.
Existe amplia coincidencia entre académicos latinoamericanos y norteamericanos sobre el papel de los estados del continente que pueden contribuir en la emergencia de un nuevo orden o en reforzar las tendencias hacia la anarquía. Por un lado, porque el nuevo modelo hemisférico tiene como uno de sus criterios novedosos promover una mayor cooperación; en segundo lugar, la indefinición del gobierno Clinton para establecer una política clara hacia el continente abre un espacio para incluir propuestas desde América Latina y tercero, porque ante la ausencia de un modelo de política de alianzas fijo, existe mayor flexibilidad para negociar acuerdos El concepto de seguridad de los centros de poder mundial hoy implica no-proliferación, control de armamentos, seguridad colectiva, fortalecimiento de free markets y respeto a los derechos humanos, como señala Paul Schroeder el nuevo orden internacional si bien no está definido implica una serie de medidas "acciones dirigidas a la preservación o restauración de la ley y el orden; disuadir, detener y sancionar la guerra, la agresión y la opresión; aliviar el sufrimiento civil y promover los derechos civiles y humanos" (2).
El gobierno argentino expresó su apoyo a la construcción de ese orden global, apoyo que debe entenderse a la luz de las históricas decisiones de política exterior, tradicionalmente confronativas hacia las grandes potencias. Carlos Escudé (3) intenta dar una explicación para ilustrar los costos de una política internacional confrontativa en países periféricos. La prioridad para estos estados hoy es el crecimiento económico y el desarrollo, teniendo un esquema de comportamiento racional en términos de la adecuación entre medios y fines. Como señala Escudé, los fines u objetivos refieren a intereses de una entidad individual o colectiva: "Esto significa que siempre existe un amplio márgen de ambiguedad en la 'racionalidad' de una política y en los 'intereses' a los que se supone servir" (4).
La racionalidad de esos medios y fines se elabora a través de una percepción de la propia situación del estado y de la evolución de las tendencias internacionales. Al mismo tiempo, ella surge de la definición de los actores a los que sirve esa racionalidad. En el caso de la Argentina, la irracionalidad de la política exterior respondía en parte a que el estado estaba constituído sobre un conjunto de corporaciones y la totalidad "estado" no era vista como una entidad que englobaba al conjunto de ciudadanos. El concepto de estado en Brasil mantuvo una presencia más fuerte que se relaciona con una mayor concentración del poder político y un menor cuestionamiento a las élites.
La búsqueda de una racionalidad estatal recibe ahora condicionamientos del llamado orden internacional que incorpora una nueva noción de soberanía: "Soberanía no puede más ser considerada un asunto exclusivamente interno, o ser úsado como un excusa intencional o como una pared entre los estados para excluir los intereses externos o la intervención" (5). La aceptación de esa modalidad produce temores en América Latina por el peso que los Estados Unidos tiene para la región y por la larga tradición intervencionista norteamericana. La legitimación de la limitación de la soberanía en función de la defensa de los derechos humanos -la intervención humanitaria- no se reconoce entonces como un componente de un nuevo orden internacional cooperativo, sino que retrae a las conocidas formas de injerencia norteamericana en asuntos internos. La falta de claridad respecto a los límites y las normas de la intervención humanitaria y la ausencia de definiciones sobre el sistema global y sus órganos de control llevan a que tanto la aceptación del modelo como su rechazo sólo refleje la perplejidad con las que se toman las decisiones.
Dado que no existe un foco teórico que explique el rol del tercer mundo en la política internacional, sumado a la confusión entre posiciones wilsonianas y realistas, entre un fin de la historia exitosamente capitalista y un choque de civilizaciones impulsada por estados marginales, etc., la posibilidad de seleccionar el modo de inserción de un país periférico en el mundo internacional resulta una tarea extremadamente díficil. En palabras de S. Chubin: "Ahora, el Sur no sólo lucha contra sus propios problemas de desarrollo político y económico, estabilidad interna y antagonismos regionales, si no también con un sistema internacional cambiante que promete poco en orden de asistencia o ayuda. Por el contrario, el Sur enfrenta muchas presiones internacionales que están bien fuera de su control, no menores que las acciones de algunos actores centrales en el sistema internacional para definir y reforzar los nuevos estándares de comportamiento para los cuales las bases comunes del un acuerdo internacional aún no existen" (6). La tradición de los países del tercer mundo "...es definida centralmente en términos de seguridad interior y unidad. Esto implica controlar las instituciones de gobierno y asegurar la lealtad del pueblo, que al mismo tiempo significa cultivar los 'valores' del país, así como desarrollar sus recursos nacionales" (7). Pero ahora, el discurso del nuevo orden interpone demandas para fortalecer a la sociedad civil y las instituciones democráticas, para algunos este debilitamiento de sus funciones tradicionales es un debilitamiento del estado. (8)
Frente a estas demandas, la vinculación con la política internacional puede articular o desestructurar las políticas domésticas. En el caso de la administración argentina se realiza una apuesta a las instancias multilaterales como una forma de maximizar los objetivos de un país periférico y participar de las tendencias fijadas por las agendas internacionales. La evaluación realizada por Carlos Escudé que comparte el Canciller del gobierno de Menem es que las políticas confrontativas de los anteriores gobiernos de la Argentina no favorecieron sus objetivos políticos y por el contrario, obtuvieron sanciones que incremetaron el atraso del país. Con estos antecedentes, existía una tendencia entre las élites políticas actuales a esperar retribuciones concretas por el buen comportamiento asumido y rapidamente debieron reconocer que el respeto al derecho internacional no tiene premios, pero también se encontraron con que "la más importante crítica, sin embargo, es la carga de ineficiencia: ya que los incentivos y las sanciones de la asociación-beneficio y de la exclusión-negación son demasiado débiles para producir un orden mundial estable" (9), argumento que esgrime Brasil para justificar su desapego al nuevo orden.
Para la Argentina, las regulaciones del orden global han sido un desafío para e l recambio de su perfil conflictivo y la posibilidad de tener un asiento, aunque con condicionamientos, en los regímenes de control de armamentos (10), consider ando que los beneficios de aceptar un rol participativo subordinado le profería un privilegio en el orden global. Por el contrario, Brasil ha sido más reticente a aceptar las regulaciones internacionales en transferencia tecnológica y entonces surgen dudas respecto a los efectos que pueden producirse en escenarios regionales cuando no se mantiene un balance estratégico, o cuando uno de los estados acepta las regulaciones internacionales, mientras que su vecino adopta una política más flexible que le permite tener cierta autonomía en la adquisición o producción de armamentos. Los regímenes de control no tienen un efecto positivo sobre la limitación de armamentos en los países del Sur si no van acompañadas de una diplomacia activa y la reducción de las motivaciones para las adquisiciones. Brasil se define como un "global trader", con intreses globales y que ha focalizado en la competencia tecnológica el paso para correr la carrera del futuro: "Brasil espera no sólo ser capaz de proveer completamente a su mercado interno sino también competir como proveedor de servicios de lanzadores en el mercado internacional" (11). ¿Las políticas restrictivas pueden dar lugar a un incremento -no organizado ni voluntario- y por lo tanto más peligroso- del crecimiento tecnológico-militar y de armas? En Brasil, el criterio de que las industrias bélicas son impulsoras del desarrollo económico y la modernización industrial, aún persiste. Consideran que la mantención de la paz mundial está en manos de los grandes productores de armamentos y en vez de verlo como una garantía de mutuo control y estabilidad, es visto como la generación de situaciones de conflicto ya que al controlar el espacio de la demanda, deben asegurarse la colocación de su producción en diferentes lugares del mundo. La pregunta que está siempre en el pensamiento de Brasil es:¿que relación hay entre la participación en los regímenes de control y las garantías de acceso a tecnologías sensibles? Según ellos, hasta que las potencias no les respondan a esta pregunta su incorporación al nuevo orden encontrará resistencias entre las FFAA y algunos grupos industriales.
En la medida que las instituciones democráticas y de control ciudadano (12) se fortalezcan, los patrones internacionales pueden encontrar interlocutores que compartan valores básicos sobre los que se construyan regímenes de seguridad. Pero mientras la sospecha de autonomía militar o debilidad institucional se mantenga, es mucho más díficil negociar mejores condiciones en los arreglos globales o regionales de seguridad. Veamos en que medida están presentes en los discursos de Argentina y Brasil una u otra visión.


Seguridad y nuevo orden internacional

Las concepciones de seguridad se ampliaron en función de los requerimientos de la sociedad global y ya no refieren sólo al aspecto militar sino que la globalización de mercados, transportes y comunicaciones, la integración de mercados, las políticas de emigración e inmigración, los problemas de medio ambiente, el acceso y control de tecnologías de punta, el entrenamiento de recursos humanos, etc. son parte de las percepciones con las que Argentina y Brasil diseñan sus estrategias de estado. Sin embargo, Brasil se ha comprometido de forma más integral en el análisis de las tendencias mundiales y considera los estudios estratégicos como un elemento central en el diseño de su plan global y de las políticas especiales que de él derivan. El foco está puesto en como procesan los países centrales los nuevos determinantes de la inserción a nivel mundial. En palabras de René Dreyfuss: "La economía-mundo viabiliza y exige de sus polos motores y pivotes político-estratégicos (países triádicos) la configuración de una políty mundial y de una política estratégica, estructurada a partir de las nuevas tecnologías de info-comunicación, formulación y decision-making en tiempo real y de autopercepción de estos estados nacionales en cuanto países de preeminencia regional o continental y en cuanto sistemas nacionales de proyección mundial" (13).
Brasil, por una combinación de autoimagen, historia y geografía, se forjó para si misma un modelo de inserción basado en una concepción totalizante de la seguridad nacional, como una tarea societaria conducida por una élite militar.
Tal como señala Luís Bitencourt, las administraciones civiles posteriores a 21 años de gobierno militar, no cambiaron la burocracia gubernamental y "las administraciones militares han desarrollado una clara -y al menos por cierto tiempo eficiente- concepción del proceso de toma de decisiones" (14). Este gerenciamiento se sustentaba en un complejo modelo surgido de la doctrina de la Escuela Superior de Guerra que reflejaba las dos fuentes principales de amenazas comunes a las fuerzas armadas latinaomericanas: 1) el conflicto ideológico contra el enemigo comunista y 2) la hipótesis de conflicto regional.
Esta doctrina no fue superada por otra síntesis conceptual, mientras que ciertos principios heredados de esa concepción subsisten. Centralmente, la idea de que "las bases del crecimiento nacional era la hegemonía regional" (15), se presenta, como una vocación que aún conduce el destino nacional. Pese a algunas dudas que Bitencourt expresa sobre la repercusión de este modelo, la política de sudamericanización de Brasil es una respuesta a esta concepción.
Otro aspecto de esta visión hegemónica esta puesta en el objetivo de expansión economica y conquista territorial a través de la explotación las riquezas naturales y de procesos de industrialización como medio para equilibrar la vulnerabilidad del Brasil. Esta vulnerabilidad nace de la falta de integración territorial y las disparidades regionales, por lo cual Brasil no puede hacer políticas nacionales, sino que debe hacer política por regiones, aspecto que al mismo tiempo se vincula con dos tareas prioritarias que enmarcan el futuro rol de brasil: los proyectos amazónicos y las capacidades futuras de aprovechamiento de la biodiversidad.
Las medidas de fomento de confianza no son prioritarias en la agenda de política exterior de Itamaraty. Brasil no muestra interés en liderar las revisiones a los regímenes de seguridad y control de armamentos, ni los arreglos de seguridad hemisférica, pero si ha mostrado interés en redefinir el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Como criterio general, en la medida que Brasil no pueda fijar posiciones en los regímenes globales o liderar propuestas, prefiere mantener un perfil bajo. Por otra parte, para Brasil existen otros actores que son objetivos fuertes de su política exterior y que no actúan en el circuito de los organismos internacionales hemisféricos. Ese es el caso de Africa, a la que está unida por destinos históricos derivados de las colonias portuguesas, vista como la proyección de intereses brasileños en mercados olvidados por las grandes potencias (16). Esta orientación se presenta por la congruencia de los intereses estratégicos, políticos y económicos de sectores públicos y privados en Brasil, que potencian las posibilidades de esta nación de proyectarse en la arena mundial.
Sus últimos movimientos diplomáticos apuntan al fortalecimiento de la Comunidad Sudamericana. Finalizada la política de bloques de la guerra fría, en Brasil predomina el criterio de que no existe un vencedor, por el contario, emerge una multipolaridad dinámica que avanza hacia una simetría cada vez mayor. Algunos países pueden desarrollar potencialidades que le darán mayor capacidad de intervención y negociación en el club de los grandes. La oportunidad de Brasil es acrecentar su rol internacional apoyándose en parte en su capacidad de liderar asociaciones menores que incluyan a naciones del llamado tercer mundo. De allí se desprende su rol en América del Sur, Africa y Medio Oriente.
En la Argentina, el modelo de seguridad se basó también en una concepción tradicional. En palabras del Ministro de Defensa: "Es lógico pensar que la defensa tuviera en todo este tiempo, como la diplomacia, una significación fundamentalmente territorial, que nuestros problemas de política exterior fueran fundamentalemnte de determinación de límites" (17). El mejoramiento de las relaciones entre vecinos y la necesidad de adecuar la defensa a un escenario de riesgo más bajo, llevan a que sin perder de vista ese objetivo esencial, se perfile un aparato disuasivo-defensivo profesional y equipado pero de bajo costo, haciendo necesario reestructurar a las Fuerzas Armadas.
Argentina se ha comprometido con la política de enlargement de la democracia y de los mercados, haciendóse eco de las posiciones norteamericanas. Este discurso novedoso elaborado en la Cancillería logra romper con las tradiciones de enfrentamiento con los Estados Unidos, mejora notoriamente la imagen del país frente a los estados europeos y se impone en el propio país, más por la desestructuración y fragmentación de las oposiciones políticas, que por un convencimiento profundo de las tendencias del orden emergente. Es así que la Argentina lidera los cuestionamientos a Cuba por la ausencia de procedimientos democráticos y responde rapidamente a las demandas norteamericanas de bloquear a Haití. Estas elecciones no demuestran un criterio ideológico, sino que como expresan los funcionarios del Servicio exterior, es una política pragmática y activa (18). La contundencia de los éxitos económicos de la actual administración superó la más profunda crisis del sistema productivo y niveles de hiperinflación crónicos, el fracaso del proyecto político, económico y militar de las Fuerzas Armadas y los reiterados tropiezos del gobierno de Alfonsín. Estos procesos contribuyeron a legitimar ante la sociedad el discurso de este gobierno.
Al mismo tiempo, la explícita determinación de resolver los conflictos pendientes sólo por la vía diplomática y fortalecer la cooperación con los países vecinos debilitó las posiciones más militaristas o desconfiadas del nuevo orden. Las situaciones de riesgo previstas están vinculadas a posibles rebeliones internas, en las que claramente las FFAA no tiene intervención o los futuros desequilibrios estratégicos que se intentan nivelar a través de acuerdos de seguridad y compromisos con los Estados Unidos.
Hasta el momento, las decisiones de política internacional y seguridad se toman centralmente en el Ejecutivo y el Congreso no ejerce una capacidad de restricción o de consulta sobre temas hemisfericos. Sin embargo, la posibilidad de que las operaciones de mantenimiento de la paz puedan incluir la intervención directa de las Fuerzas Armadas, introduciría reglamentaciones constitucionales que requieren de la aprobación del parlamento. De esta forma podría extenderse el compromiso con la política del gobierno de apoyo a las instancias multilaterales. En las negociaciones anteriores en la que fue necesario contar con la aprobación del Congreso, las negociaciones no fueron sencillas ni lineales, pero finalmente se obtenía el apoyo del partido del gobierno y del principal opositor.


Fuerzas Armadas y nuevo orden mundial

El cambio de la perspectiva estratégica de Argentina y de Brasil, que ya no es ni la lucha contra el comunismo ni la guerra con el país vecino, dejó en situación de crisis transicional al rol de las FFAA. En el caso de Brasil, no comparten la idea de que se ha establecido un "nuevo orden" y perciben que a futuro cercano, las disparidades mundiales, la intensificación de las divisiones entre países desarrollados y subdesarrollados y la extrema competencia comercial, crearán focos de conflicto para los cuales Brasil debe estar preparado. El "nuevo orden" es una neblina que cubre la situación estratégica y puede esconder un futuro de confrontaciones. Por lo tanto, debe estimularse el aumento del poder nacional para no encontrarse en situación de debilidad cuando los conflictos se desaten.
El compromiso de las FFAA argentinas con el modelo del nuevo orden es mayor y priorizan el accionar común para impulsar un ámbito de seguridad. En palabras del Subsecretario General del Ejército Argentino: "sobre la base de una seria, racional y creciente confianza mutua, fundamentada en la transparencia de las relaciones y en un esquema de equilibrio de potencialidades coactivas, para prevenir el peligro de los vacíos y las asimetrías en las inestables relaciones de poder" (19) se edificará la paz regional.
Respecto de sus políticas internas, las Fuerzas Armadas de Brasil no apoyan su intervención directa en el poder político pero su definición es que "acompañan sin intervenir" y no creen que deban verse apartadas de la consulta de las decisiones políticas.
Utilizando el argumento de maniobras de las FFAA norteamericanas en Guyana, la masacre de indios y el tráfico de drogas en Amazonia, los militares brasileños fueron eficaces en divulgar a través de los medios, el peligro de la presencia de fuerzas armadas enviadas desde Washington y lograron que el Secretario de Asuntos Estratégicos, Almirante Mario César Flores, persuadiera al gobierno federal de liberar U$S 600 millones para la instalación de un sistema de vigilancia para la región amazónica, proyecto prioritario para el ejército, mientras que la Armada mantiene el proyecto del submarino nuclear y la Fuerza Aérea desarrolla el avión AMX y estudios satelitales.
En el caso Argentino, diversos sectores coinciden en que es el páis de la región en dónde más ha avanzado la subordinación militar al poder político. La creciente cooperación establecida por medio de una resolución ministerial de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Defensa, sistematizaron reuniones interministeriales entre funcionarios de ambos Ministerios, los equipos políticos del Estado Mayor Conjunto y las direcciones de política de las tres fuerzas. Funcionan tres grupos diferenciados: sobre fuerzas de paz, sobre seguridad y sobre no proliferación de armas de destrucción masiva. Han constituído un impulso para la solución concreta de las políticas del gobierno en estas áreas y un seguimiento orgánico de lo actuado por la adminsitración central a través una paulatina toma de decisiones en forma conjunta y consensuada. Como señala el brigadier Corino "los militares tenemos una forma de servir distinta, que es a través del uso de la violencia, pero con directriz y orientación política" (20) y esa concordancia se ha logrado a través de la vigencia del orden constitucional que ha regularizado el funcionamiento de las instituciones democráticas.
Respecto a las misiones internacionales de paz, uno de los parámetros del nuevo orden mundial, Brasil señala que la función primordial de las FFAA brasileñas es la defensa de la soberanía y que la escasés de recursos no permite desviarlas de sus funciones específicas en vistas a satisfacer intereses no prioritarios. Por ello su colaboración será limitada a una participación muy determinada en función de los beneficios que reporte al estado. Mientras que las FFAA de Argentina han encontrado en las Misiones de paz les permite equilibrar algunas de las deficiencias que afrontan por los recortes presupuestarios y la ausencia de una hipótesis de conflicto como pauta de organización y funcionamiento. Como señalara el Ministro Oscar Camilión: "Puede considerarse que la tendencia es que las operaciones de paz constituyan un capítulo cada vez más importante en las funciones de las fuerzas armadas en países como la Argentina" (21). Por otra parte, el compromiso presupuestario para operaciones de mantenimiento de la paz es equivalente al presupuesto operativo de la Fuerza Aérea e incluye a 2500 oficiales y suboficiales, dando una medida exacta de la importancia asignada a estas misiones.


PERSPECTIVAS DE ARGENTINA Y BRASIL
Si hay dos posiciones diferentes entre los decisores políticos de Argentina y Brasil, de consolidarse la tendencia cooperativa del nuevo orden mundial, Argentina estaría mejor posicionada para participar de las tareas de vigilancia global, compartiendo con las grandes potencias el diseño de la agenda internacional. En caso contario, es posible que la estructuración de la defensa y la seguridad argentinas se viera debilitada frente a las amenazas de concentración desigual del poder político y económico que percibe Brasil. ¿Comprometen estas diferencias la relación entre ambos estados? Autoridades brasileñas afirman repetidamente que ambos países tienen roces debido a la estrecha relación que mantienen, a un intercambio muy fuerte que demanda definiciones muy claras. Por eso, les preocupa los vínculos preferenciales de Argentina con EEUU y desconfían de la prioridad que el gobierno argentino asigna al Mercosur frente al NAFTA. Plantean que el alineamiento automático de nuestro país con los EEUU es correlativo de la política exterior del gobierno argentino y que el único país de la región puede poner límites a la política de Estados Unidos es Brasil, que está en condiciones de realizarlo y tiene voluntad de hacerlo.
Brasil considera que las propuestas que en gran parte vehiculiza Argentina sobre cooperación en materia de seguridad y re-evaluación de las doctrinas de defensa, se anticipan a la clarificación del escenario internacional. En ese sentido pueden conducir al surgimiento de situaciones de entorpecimiento de las buenas relaciones que ambos estados obtienen en el campo económico. Por su lado, funcionarios del gobierno argentino consideran que Brasil está midiendo la realidad con instrumentos antiguos que le ofrecen una visión distorsionada de como se desenvuelve la realidad hacia el futuro. Sectores de las FFAA miran con más desconfianza la búsqueda de liderazgo brasileño y tienen dificultades para conciliar el discuro de la cooperación con el de desequilibrio estratégico.
Sin embargo, pese a las diferencias de criterio y "timing", existe una base de entendimiento y cooperación. Incentivando la consulta y el intercambio de información permanente acerca de las políticas a seguir por ambos gobiernos puede reducirse la incertidumbre y cimentar los espacios comunes.
Los militares brasileños perciben coincidencias entre las posiciones de las FFAA de ambos países. Por lo cual, el eje de las discusiones se centra más en los temas de política exterior que en los específicos de defensa. Aunque, si este es el centro de las diferencias, la imposibilidad de conciliar la lectura sobre los escenarios globales, el tironeo entre "sudamericanismo" y multilateralismo y el reconocimiento de una capacidad de liderazgo brasileño son puntos de un acuerdo que como el nuevo orden mundial parecen estar suspendidos por alfileres.


* Traducciones del autor.
(1) SHA HRAM CHUBIN. "The South and the New World Order",in The Washington Quarterly, Cambridge, Autumn 1993, pág. 93.
(2) SCHROEDER, PAUL W. "The New World Order: A Historical Perspective", en The Washington Quarterly, Cambridge, Spring 1994, pág. 26.
(3) ESCUDE, CARLOS. "International Relations Theory: A Peripheral perspective", en Working Papers, Universidad Torcuato Di Tella, Agosto 1993.
(4) ESCUDE, CARLOS. "International...". pág. 117.
(5) SHA HRAM CHUBIN. "The South...", pág. 89.
(6) SHA HRAM CHUBIN. "The South...", pág. 93
(7) SHA HRAM CHUBIN. "The South...". pág. 88.
(8) Una serie de estudios principalmente norteamericanos ha planteado el debate acerca de un nuevo concepto de estado. Entre ellos: James Kurth, "The Post-Modern State", en The National Interest, summer 1992; Michael Lind, "The Catalytic State", en The National Interest, Spring 1992,
(9) SCHROEDER, PAUL W. "The New World Order...", pág. 38.
(10) Así es que participa de los clubes cerrados en los que los proveedores controlan y restringen y niegan el acceso a ciertas tecnologías como el London Club (Club de Proveedores Nucleares), el Grupo Australiano (Armas químicas), el MTCR (Missile Technology Control Regime o Régimen de Control de Tecnología Misilística), la prometida participación en el nuevo régimen del COCOM (Coordinating Committee for Multilateral Exports Control), su importante envío de fuerzas para operaciones de Peace Keeping, su vinculación a la OTAN, al menos para compartir los conceptos doctrinarios.
(11) BITENCOURT, LUIS. Brazilian Strategic Landscape...or Sunset?. Documento de Trabalho No 6, Centro de estudios Estratégicos, Secretaria de Assuntos Estratégicos, Presidencia da República, Brasilia, septiiembro de 1993, pág. 26.
(12) Esta idea asimismo se vincula a la discusión sobre el rol del estado en los países desarrollados y en los en desarrollo, en los primeros la legitimidad de sus instituciones sostiene al estado. Ver Ali E. Hillal Dessouki, "Globalization and the Two Spheres of Security", en The Washington Quarterly, Autumn 1993, p.113.
(13) DREYFUSS, RENE ARMAND. Novas Propostas a Seguranca na América Latina, mimeo, Departamento de Ciencia Política, Núcleo de Estudios Estratégicos, Unicamp, Brasil
(14) BITENCOURT, LUIS. Brazilian Strategic... pág. 6.
(15) BITENCOURT, LUIS. Brazilian Strategic... pág. 19.
(16) Como expresara un empresario en un seminario organizado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Presidencia de Brasil, la decisión de ir a Angola muestra que Itamaraty tiene "una clara política gubernamental de aproximación con Africa, en especial Africa de lengua portuguesa" Luciano do Rego Filho, director en Angola de la empresa Odebrecht, de Brasil, en Documento de Trabalho N 7 , Centro de estudios Estratégicos, Secretaria de Assuntos Estratégicos, Presidencia da República, Brasilia, octubre de 1993, p. 17.
(17) Dr. Oscar Camilión, Clase Magistral en la Maestría de Defensa en Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, abril, 1994.
(18) Ver asimismo, Carlos S. Menem, Discurso en la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas, 8 de junio de 1993.
(19) CARGNELUTTI, HUGO LUIS (Cnl). "Alcances de la cooperación militar en el Mercosur", en El rol de las Fuerzas Armadas en el Mercosur, CARI-Fundación F. Adenauer, Buenos Aires, 1994, pág. 23.
(20) CORINO, CARLOS (Brig). "Participación de las Fuerzas Armadas de los países del Mercosur en Misiones Internacionales y su relación con la Integración, en El rol de las Fuerzas Armadas en el Mercosur, CARI-Fundación F. Adenauer, Buenos Aires, 1994, pág. 84.
(21) Dr. Oscar Camilión, Clase Magistral en la Maestría de Defensa en Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, abril, 1994.








Actualizado: 17/05/96 10:23:45 AM
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