LA INTEGRACION EN EL CONO SUR EN UN MOMENTO CRUCIAL



La institucionalización del MERCOSUR y la reafirmación del proceso en la reunión presidencial de Ouro Preto ponen un timing positivo al proceso. Sin embargo, las crisis en México y en el Area andina están generado fuertes tendencias regresivas a la desconfianza y las percepciones de amenaza tradicionales en América Latina.
El gobierno de Chile otorga una alta prioridad política al proceso de asociación al MERCOSUR. Las autoridades chilenas perciben este proceso de asociación más allá de los aspectos comerciales. La vinculación se refiere también a la integración física, a las inversiones, al turismo, la cultura y a la proyección económica fuera de la región.
El año 1995 será decisivo en la resolución definitiva de los temas de la delimitación de la frontera común entre Argentina y Chile. Los protocolos suscritos por los Presidentes Aylwin y Menem, el año 1991, conformaron un cuerpo de acuerdos relacionados que permitirán resolver de manera definitiva los últimos temas pendientes.
Fomentar las acciones conjuntas de Chile y Argentina en el ámbito de la seguridad internacional en este período será determinante para limitar y si es posible detener la reemergencia de las tradicionales desconfianzas político-estratégicas en la región. La formalización de los vínculos de asociación y complementación entre Chile y el MERCOSUR constituirá un sólido pilar en esta tarea. La integración económica solidificará una trama creciente de intereses compartidos. La democracia y la integración en el Cono Sur se consolidan recíprocamente.


INTEGRACION Y COOPERACION: UN PROCESO VULNERABLE
Las visiones de inicios de los años 90 tuvieron una fuerte carga de optimismo: la cooperación internacional se podría incrementar, la asociación se transformaría en el principal instrumento de vinculación entre los estados. Sin embargo, la nueva realidad se mostró más compleja, surgieron condicionantes olvidados. Rivalidades étnicas y religiosas cobraron una intensidad e importancia desconocidas en más de medio siglo. El nacionalismo pareció ser la fuerza más perdurable e irrumpió de una manera determinante en el escenario internacional. El conflicto bélico del GoIfo Pérsico mostró que los conflictos podrían alcanzar una gran envergadura. La televisión, no obstante, no mostró los altos costos que esta guerra tecnológica conllevó. La guerra en la ex-Yugoslavia, menos tecnificada y sin el carácter de video-juego, muestra diariamente los horrores de la guerra y la incapacidad de los actores centrales, los que poseen un mayor poder, para articular políticas y resolver tensiones ancestrales.
En América Latina primaba un pensamiento que señalaba que la región era immune a estas tendencias. Lamentablemente, los hechos demuestran lo contrario. Primero, el surgimiento de la insurrección en el estado de Chiapas, México; y luego el conflicto y el enfrentamiento entre Ecuador y Perú. Estos hechos se aúnan al mantenimiento de situaciones heredadas del periodo de guerra fría, tales cono la guerra civil en Guatemala y la inestabilidad en el Caribe.
Este conjunto de situaciones nos demuestran que las tendencias al enfrentamiento tambien tienen espacio en esta región. Las condiciones sociales, adicionalmente, pueden contribuir a instalar la tensión y el conflicto de manera estable en nuestra región.
En este cuadro la pregunta acerca del nuevo contexto internacional del desarrollo aparece como relevante (1). Es necesario entender las claves que construyen el mundo del mañana. Para la región latinoamericana reconocer esas claves desde una perspectiva comparada puede posibilitar ampliar sus oportunidades de inserción en el nuevo mapa mundial. Reconocer los fenómenos globales en nuestra región y los condicionantes propios que adicionan los procesos nacionales y regionales puede marcar la diferencia entre aprovechar oportunidades para la inserción o quedar en la marginación.
Reafirmar la voluntad regional de solución pacífica de las controversias es hoy un requisito primordial. Generar mecanismos para prevenir conflictos e incrementar la confianza mutua corresponde a una etapa ineludible dados los nuevos hechos en la región. Los vínculos de asociación, integración e interdependencia sólo podrán consolidarse si se resuelven los temas históricos de relación: la delimitación de la frontera.
América Latina debe encontrar una inserción que le asegure un derrotero hacia el desarrollo. Ello exige asumir nuevas opciones políticas, de seguridad, y de transformación económica que generen oportunidades y caminos para alcanzar metas de paz regional, consolidación democrática, crecimiento sostenido, mayor equidad en las oportunidades y acceso a los beneficios de todos sus habitantes. La integración puede jugar un rol clave en los procesos mencionados.
A diferencia del pasado, cuando existían objetivos de integración global difíciles de ejecutar, hoy se aplica una política pragmática que está cambiando el escenario subregional. Los acuerdos gubernamentales se transforman en acciones de agentes y actores que producen resultados y efectos prácticos en negocios, inversión, intercambio, comercio, transporte y turismo. Los acuerdos entre agentes privados impulsan y generan una mayor demanda de acuerdos gubernamentales.
El fin de la guerra fría en la esfera global y el proceso de redemocratización en el ámbito regional actuaron como incentivo para el resurgimiento de la cooperación y las tendencias integracionistas en América Latina. La conjunción de los cambios globales, los procesos de consolidación democrática y complementación y cooperación económica posibilitan que la región en su conjunto y cada uno de los países pueda aspirar a la búsqueda de una mejor inserción político-económica en el sistema internacional. Para ello el fortalecimiento de un contexto de paz, gobernabilidad y estabilidad regional es fundamental.
Hasta inicios de 1995, la pobreza aparecía como el principal desafío interno de las sociedades latinoamericanas; y la marginación internacional como el principal desafío externo. Sin embargo, ese cuadro cambió, la situación es más compleja. A estos dos desafíos se sumaron la insurrección de Chiapas, la Guerra en la Cordillera del Cóndor, la grave crisis económica mexicana, los problemas de gobernabilidad en el Caribe, y las dificultades de estabilidad financiera de las dos principales economías del MERCOSUR. Este conjunto de situaciones ha generado una fuerte percepción de inestabilidad regional en las áreas claves. Tendencias significativas apuntan hacia un incremento de la desconfianza político-estratégica, percepciones de amenaza a la seguridad territorial, incertidumbre económica, y la emergencia de profundas dificultades de gobernabilidad en las diversas subregiones de Latinoamérica.
El posicionamiento de los países del Cono Sur, dada su significación en todos y cada uno de los ámbitos y áreas que se analicen, adquiere particular importancia. Prestar atención a la forma en que el Cono Sur se está posicionando frente a los cambios globales y regionales es estudiar y analizar las tendencias más significativas de la región en el largo plazo.
En la región latinoamericana, la voluntad de integración reapareció con fuerza en los últimos años. Se ha producido una secuencia de acciones tendientes a incrementar la interdependencia regional algunas de las cuales se han desarrollado exitosamente.
Sin embargo, otras acciones se fijaron metas sin viabilidad, resultando en confusión y retrocesos. Mas aún, la voluntad de enfrentar por las armas las diferencias en la delimitación en el área central de Sudamerica muestran la vulnerabilidad de estos procesos. El peso del "populismo-nacionalista es aún capaz trastocar objetivos y obstruir las tendencias integracionistas, fundamentales para el desarrollo nacional y regional.
Los últimos años han sido de una rápida sucesión de acuerdos, compromisos y tratados, tambien de revisión, por su inviabilidad, de algunas metas y compromisos establecidos. Particular importancia poseen los procesos de concertación económica en el norte y sur del continente. La conformación de un área de libre comercio en America del Norte, entre Canadá , Estados Unidos y Mexico (ALCAN/NAFTA), y su proyección y vínculo con la iniciativa comercial hemisférica constituyen un polo de atracción central generado en el norte del continente. La suscripción del Tratado de Asunción -por parte de Argentina, Brasil, Paraguay Y Uruguay- que constituyó el MercadO Común ,del Sur ' MERCOSUR, y Al que se ha invitado a participar a Chile, conforma el principal proceso impulsado en el sur del continente.


CHILE Y EL MERCOSUR

Los gobiernos de Patricio Aylwin y Eduardo Frei han definido la inserción externa como una de las herramientas claves para el desarrollo nacional. En ello hay un consenso nacional. Esto permite confornar una pol¡tica de estado. Las diferencias de matiz o de énfasis aparecen sobre la estrategia para alcanzar esta meta. No se trata de elegir entre desarrollar una apertura unilateral o negociar acuerdos bilaterales o incluso multilaterales, sino de complementar los diversos instrumentos para alcanzar la meta de una efectiva, diversificada y múltiple inserción internacional.
El énfasis en los acuerdos con la región latinoamericana ha sido destacado por ambos gobernantes. En ese contexto se deben entender los acuerdos económicos y comerciales suscritos por Chile con los principales países del área. Entre ellos cabe mencionar los firmados con México, Venezuela, Colombia y Ecuador. Particular significación hay que asignar al Acuerdo de Complementación Económica suscrito con Argentina, en 1991.
En forma concomitante con este esfuerzo de ampliación de los vínculos con América Latina se han dado importantes pasos para transformar al país en una "plataforma para el comercio global". Es en esta perspectiva que se visualizan los acuerdos y la integración con el Asia-Pacífico, en el APEC, y con los países del norte del hemisferio. Chile ha aceptado la invitación -formulada durante la Cumbre de las Américas- para negociar una integración al Acuerdo de Libre Comercio de America del Norte ALCAN/NAFTA.
Chile, por lo expuesto, se encuentra en un proceso de negociación múltiple. En ella la voluntad de asociarse al MERCOSUR se ha manifestado en cada una de las cinco rondas de negociación formal desarrolladas en los últimos meses. El objetivo es cómo alcanzar una asociación de beneficio mutuo. La negociación de Chile con el MERCOSUR no es del tipo "todo o nada"; hay un importante espacio para establecer asociaciones que permitan incrementar la cooperación y la interdependencia, sin que ninguna de las partes deba renunciar a aspectos claves de sus políticas económicas de la coyuntura. En el caso chileno ésta se refiere al ámbito de la política de aranceles externos. Chile tiene un arancel externo único de un 11%, y la tendencia es a disminuirlo. Los acuerdos bilaterales y multilaterales posibilitan una desgravación incremental que fomenta el comercio y las relaciones económicas.
Argentina y Brasil son los principales socios de Chile en el ámbito regional y están entre los cinco primeros destinos de las exportaciones chilenas. Sin embargo, las exportaciones aún están concentradas en pocos productos.
La particular posición de Chile como socio de los países del Asia-Pacífico, su acercamiento al ALCAN/NAFTA, una economía que crece a ritmo sostenido -con un promedio del 6%- desde hace más de una década, la dotación de capacidades de servicios como vía de acceso a esos mercados presenta un atractivo que va mas allá del tamaño del propio mercado. El desarrollo de un proceso de vinculación creciente genera una poderosa tendencia que permitirá superar la fuerte cultura aislacionista y de desconfianza que se manifestaba entre las naciones del Cono Sur.
La resolución definitiva de los temas de fronteras abrirá opciones para enfrentar las vulnerabilidades y retrocesos que todo proceso de complementación presenta. En este sentido, 1995 será un año clave en la integración en el Cono Sur. Este puede ser el año donde queden zanjadas todas las diferencias territoriales y delimitada la frontera entre Argentina y Chile. Igualmente pueden ser los meses en que se definan las vías y los corredores interoceánicos de comercio. Así también será el año que defina la forma de asociación entre Chile y MERCOSUR. El aporte que desde diversos sectores de la sociedad se realice, para reforzar y afianzar estos procesos, será determinante en su éxito.



(1) Para una visión global y las posiciones nacionales véase ROJAS ARAVENA, FRANCISCO y SMITH, WILLIAM C. (eds). El Cono Sur y las transformaciones globales. FLACSO, North-South Center, CLADDE. Santigo, Chile, 1994.




Actualizado: 23/05/96 8:33:09 AM
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