EL MUNDO DESDE CHILE
Claudio Fuentes
FLACSO-Chile (*)
Editor de la revista Fuerzas Armadas y Sociedad
La mayoría de los estudiosos coinciden en que está aproximándose una nueva era en el sistema de relaciones internacionales. El fin de la guerra fría y el desaparecimiento de la Unión Soviética han planteado nuevos paradigmas que plantean distintas visiones sobre el devenir de la humanidad. Resurgimiento de nacionalismos, enfrentamiento de civilizaciones o triunfo definitiva del paradigma de una sociedad democrática acompañada de un sistema económico de mercado, resumen tres tendencias actuales para resumir el cambio de época.
En esta coyuntura, Chile -como casi todo el resto de América Latina- ha sido espectador-receptor de estas transformaciones en la medida en que, por una parte, no ha sido protagonista de los principales ejes de las transformaciones (disolución de los estados, generación de conflictos regionales, liderazgo económico internacional). Pero por otro lado, ha recibido gran parte de estas tendencias de globalización económicas y políticas, lo que ha significado pensar y estructurar respuestas a los procesos de cambio internacional.
Desde una perspectiva académica se han planteado preguntas tales como: ¿Qué respuestas es posible dar ante un mundo que cambia? ¿Cómo se ven afectadas las variables de la seguridad ante un proceso de integración y complementación económica? ¿De qué forma compatibilizar crecientes espacios de cooperación internacional con la vigencia de tradicionales percepciones de amenazas?
Pero la discusión no ha sido sólo una reflexión académica o teórica, pues simultáneamente el sistema internacional ha exigido definiciones locales sobre temas tales como la participación en misiones de paz o el posicionamiento frente a transformaciones del sistema de seguridad hemisférica. De esta forma, el estudio de la forma en que los actores locales perciben el mundo e intentan respuestas frente a un mundo en transformación, cobra significativa importancia. El conocimiento de la visión de los actores es una parte importante que contribuye a explicar las conductas de un determinado país. En este sentido, en Chile se advierten al menos tres enfoques respecto de las actuales transformaciones internacionales que suscintamente analizaremos a continuación.
Parece existir consenso en que el mundo ha cambiado. El problema que se plantea son los efectos específicos de dichos cambios y las orientaciones y/o respuestas frente a los nuevos requerimientos del mundo. Para un primer grupo de actores el problema esencial del comportamiento de los estados sigue siendo el mismo: los intereses de los estados se han transformado, pero siguen existiendo intereses contrapuestos.
Las fuerzas armadas han enfatizado en sus análisis el rol particular del estado-nación en la definición de sus propios intereses. En un reciente análisis del Estado Mayor del Ejército se señalaba que la situación mundial no era mejor ni peor con el término de la guerra fría. En un mundo de cambios -opina el Ejército- "el nuevo orden esperado no aparece, la adecuación de los países a las normas de convivencia pacífica no es una realidad". Por el contrario, a juicio de esa rama castrense han resurgido nuevos problemas que dificultan la paz (nacionalismos, luchas religiosas, falta de recursos naturales, explosión demográfica) y, por lo tanto, "aquí es entonces donde encontraremos en el futuro las causas de la violencia para generar conflictos armados y para ellos debemos estar preparados." (1) Pero además de estas amenazas emergentes, a juicio del propio general Pinochet otro de los riesgos que había que evitar era la absorción por parte del predominio de alguna potencia hegemónica. De este modo, señaló que "hoy más que nunca se necesita claridad y estabilidad para precaverse de no ser absorbidos por potencias emergentes, y para precaverse con seguridad e independencia, la conjugación de la estabilidad y el cambio" (2) .
Para las fuerzas armadas chilenas, el cambio no implicaría un orden definitivo donde predominase la paz, sino un orden diferente en el cual quedaría un espacio más amplio que antes, para el desarrollo de proyectos propios, y frente a lo cual habrá que obrar con mayor cautela y ponderación. Adecuar instituciones de acuerdo de las exigencias de un mundo más complejo y diverso, pero sin caer en la tentación de pensar en una "ilusión de mundo nuevo en paz", sino actuando cautelosamente en un marco de relaciones internacionales diferente. Modificar de acuerdo a las tradiciones y de acuerdo a los propios esquemas de pensamiento y no recurriendo a conceptualizaciones "foráneas".
Una segunda perspectiva de análisis, presente en diverses actores nacional, parte de un análisis realista de las relaciones internacionales pero introduciendo una significativa diferencia respecto de los anteriores planteamientos, ya que postula que el cambio internacional -si bien plantea amenazas y riesgos- también posibilitaría la oportunidad de consolidar mayores acuerdos de integración. Más que defender las continuidades de las condiciones internacionales (lucha de poder, conflictos de intereses vigentes, etc.) se avanza en buscar nuevas respuestas a los desafíos de un mundo en transformación.
Si bien se acepta la existencia de intereses contrapuestos entre los estados y la necesidad de contar con un marco defensivo para evitar determinadas vulnerabilidades, se enfatiza que los cambios no sólo pueden ser analizados como una emergencia de nuevas y posibles incertidumbres y no se califica negativamente la integración, sino que, al contrario, se la ve como un mecanismo efectivo para disminuir posibles amenazas. Una mayor complementación económica y política sería un primer paso hacia la consolidación de intereses compartidos en la región o subregión.
Esta visión enfatiza que el mundo experimenta un cambio cualitativo en sus relaciones, para el cual se deben modernizar las estructuras de modo progresivo. El ex ministro de Relaciones Exteriores y actual de Interior, Carlos Figueroa, señalaba que estábamos frente a un mundo cada vez más globalizado e nterdependiente, pero a la vez presentaba la contradicción de que emergían conflictos locales por razones múltiples. Sin embargo, la vieja utopía de la autarquía regional o nacional se estaba dejando de lado, frente a una realidad globalizadora: "es una época en la que asistimos al derrumbe de las fronteras económicas, donde los espacios económicos se reorganizan dando paso a una marcada interdependencia entre las naciones, poniendo en cuestión incluso las tradicionales concepciones de soberanía económica nacional" (3).
En la post guerra fría se asistiría a un cuestionamiento cada vez más profundo de los esquemas rígidos de seguridad, con entrecruzamientos a veces contradictorios entre la cooperación y el conflicto. El concepto de seguridad se torna más complejo, involucrando factores militares, económicos, sociales, políticos e incluso medio ambientales. Existiría un redimensionamiento de la seguridad internacional, transformándose en un concepto más flexible, amplio e integrado, menos absoluto y más relativo, incluyendo temas de la agenda tradicional de defensa (no proliferación, regímenes internacionales) y nuevos (medio ambiente, migraciones, narcotráfico). A diferencia del enfoque anterior, se destaca en mayor medida el valor actual de la dimensión internacional de la seguridad.
Es interesante observar una gama de matices en esta perspectiva de análisis desde los más pesimistas que consideran que los cambios no son tan gravitantes como podría pensarse, hasta los más optimistas que sugieren avanzar en modernizar determinadas estructuras ante la irreversabilidad de los cambios. Tres han sido los ejes orientadores (no excluyentes entre sí) de estas aproximaciones: algunos destacan la situación de transición que se vive en la región, la cual plantea situaciones de continuidad y cambio; otros han enfatizado la necesidad de realizar reformas institucionales para adecuar el sistema a un nuevo esquema donde prevalecerán las "crisis" por sobre los conflictos y en donde la cooperación e integración se irán imponiendo en el largo plazo; y otros han destacado la relevancia que adquieren las organizaciones internacionales en este contexto.
Finalmente, una tercera visión, aunque recoge algunos de los elementos mencionados anteriormente, enfatiza principalmente la necesidad de transformar las estructuras actuales, ya que el nuevo orden internacional reclama nuevos paradigmas. Postula la necesidad de avanzar desde las tradicionales hipótesis de conflicto a hipótesis de cooperación pensando en que las condiciones históricas son promisorias para avanzar en nuevos mecanismos de seguridad. Se señala la existencia de condiciones objetivas como el fortalecimiento de democracias representativas, las tendencias internacionales de reducción de los gastos militares, la no existencia de conflictos mayores en la región y la creciente tendencia de interdependencia económica y política.
ACTORES, VISORES Y VISIONES
En Chile se ha desarrollado una interesante reflexión sobre el nuevo orden mundial que entremezcla visiones diversas sobre el desarrollo de los acontecimientos internacionales. Quizás el primer hecho relevante es el dinámico proceso de reflexión que se ha producido con el fin de buscar respuestas frente al cambio internacional. La reimplantación democrática y las transformaciones mundiales han favorecido el debate académico y político sobre el efecto de dichos cambios. Se coincide en que se está frente a un nuevo escenario de transición pero se discrepa acerca de las repercusiones que podrían tener dichas transformaciones.
La discrepancia podría deberse a un problema ya estudiado anteriormente por Graham Allison, que alude al prisma o visor de cada actor para aproximarse al mundo. Para las fuerzas armadas, la inmediatez de los acontecimientos las ha llevado a buscar respuestas urgentes para entender y dimensionar su posición frente a los nuevos desafíos del orden internacional. Su discurso ha reforzado -con algunos matices por cierto- el concepto de estado-nación, buscando de paso consolidar sus propias conceptualizaciones sobre los roles y funciones que deberían cumplir en la sociedad. Para la elite política, el cambio de escenario internacional tambien ha implicado una urgencia de respuestas. Sin embargo, sus respuestas no se han detenido tanto en lo especifico de lo estratégico, sino que más bien en el carácter global de un proceso de transición del sistema internacional. El desafío político inmediato ha sido la adecuación institucional para responder a los desafíos de un mundo más globalizado e interdependiente. Finalmente, los académicos han intentado dar respuestas de más largo plazo, tratando de imaginar escenarios posibles y generando propuestas para las nuevas condiciones emergentes.
Bajo el prisma de los actores, se observa una coincidencia más o menos generalizada en la necesidad de transformar los organismos internacionales que respondían a la lógica de la guerra fría, reemplazándolos por instancias que se adecuen a este nueva realidad. Lógicamente, la dificultad será imaginar la magnitud de dicha transformación, pues para algunos involucraría ir mas allá del simple remozamiento de las organizaciones hemisféricas.
Pero si parece relativamente obvia la consideración sectorial para enfocar los problemas internacionales, existe además un distanciamiento respecto de las visiones del cambio internacional. Una primera tensión es la imaginaria línea que existe entre autonomía nacional e integración vecinal o regional. Para un grupo de actores (que incluye a las fuerzas armadas pero que no se limita en ellas) el problema básico se refiere a que los intereses difieren entre estados y, por lo tanto, toda complementación y/o cooperación está limitada a la prosecución de dichos intereses. Otros plantean la integración como factor relevante en el cambio de intereses y por lo tanto en la modificación de las percepciones de amenaza.
Una segunda dificultad entre las diversas visiones se refiere al carácter estructural del cambio internacional. Para unos el cambio no significa modificación alguna en la esencia del conflicto, que estaría definido por la divergencia de intereses entre los estados. Para otros, el cambio que recién comienza a consolidarse conlleva un cambio estructural en las relaciones entre estados que posibilitaría acuerdos de más largo plazo, y que por lo tanto, viabilizarían transformaciones de mayor envergadura en el futuro en el ámbito de la seguridad.
De este modo, los visores y las visiones de los actores chilenos han determinado de algún modo las decisiones que se toman en el campo internacional (4). Por el momento podemos señalar que una vez terminado el conflicto este-oeste, se observa una relativa fragmentación de opiniones sobre la visualización del mundo, con un marcado signo de cautela común a todas ellas frente al devenir de las relaciones internacionales. La falta de derroteros claros nos hace ser más precavidos o bien, menos arriesgados. La ausencia de "ideologías" que en el pasado nos ordenaron y presentaron un determinado devenir de la humanidad, debería provocar una búsqueda de nuevos paradigmas, nuevas maneras de ordenar el mundo que permitan hacernos pensar menos en la inmediatez de la transición mundial, y más en la larga duración de una nueva era.
Este documento forma parte del proyecto Fondecyt desarrollado por el autor, titulado "Coordinación de la política de defensa y exterior de Chile en la perspectiva de la modernización del Estado 1990-1994".
(1) ESTADO MAYOR DEL EJERCITO. "Reflexiones sobre el discurso del comandante en jefe, general Augusto Pinochet con motivo de la XX Conferencia de los ejércitos americanos", en Memorial del Ejército, Nº 444, 1994
(2) PINOCHET, AUGUSTO. Clase magistral: Ejercito de Chile, trayectoria y Futuro. 21 de agosto, 1992.
(3) FIGUEROA CARLOS. Intervención en el seminario "América Latina sin Fronteras". lnstituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile. 27 de mayo, 1994.
(4) Un punto no tratado en este artículo se refiere al peso relativo de cada actor en el proceso de toma de decisión, lo cual es muy importante a la hora de las acciones que se ejecutan, pero que será materia de un análisis posterior.
(*) Este documento forma parte del proyecto Fondecyt desarrollado por el autor, titulado ¨Coordinación de la política de Defensa y exterior de Chile en la perspectiva de la modernización del Estado 1990-1994¨.