ACTUALIZACION DE LAS PROPUESTAS SOBRE SEGURIDAD HEMISFERICA
Moderador: El tema que nos convoca a esta 47a. Reunión es la "Actualización de las propuestas sobre seguridad hemisférica". Vamos a tener un prestigioso panel, al tiempo que vamos a estar acompañados por un Senadores visitantes del Paraguay, de la República de Chile, de Uruguay, del Brasil y obviamente de la Argentina. Los Senadores son: por el Brasil el Senador Alfredo Campos, por Chile el Senador Arturo Frei, el Senador Sebastián Gonzalez Infrán por Paraguay, el Senador Miguel Abdón Saguier por Paraguay, y el Senador Raumar Iu?? de Uruguay, quien por razones de actividad política ha partido hace unos pocos momentos.
Estos Senadores nos estan acompañando en la segunda reunión de autoridades de las Comisiones de Defensa de las Cámaras de Senadores del Cono Sur, y les hemos pedido que nos acompañaran en esta reunión.
UN NUEVO REGIMEN DE SEGURIDAD HEMISFERICA
Dr. Augusto Varas
Haré un breve resumen de una ponencia que consta de dos partes: la primera, de consideraciones generales sobre la actual situación hemisférica desde el punto de vista de la seguridad; la segunda parte es una serie de propuestas que han surgido al interior de una iniciativa hemisférica denominada "Paz y Seguridad en las Américas", coordinada conjuntamente con el Dr. Joseph Tulchin (Director del Programa Latinoamericano del Wilson Center, Washington).
Mi presentación sintetiza la segunda parte de esta ponencia, que a su vez tiene dos acápites: el primero se elabora en torno a los elementos centrales, los ejes conceptuales que constituirían las precondiciones del sistema de seguridad hemisférico de postguerra fria. El segundo acápite versará acerca de un decálogo para la seguridad hemisférica.
Con respecto a las cuatro consideraciones preliminares, me parece importante destacar que la seguridad cooperativa hemisférica tiene un nuevo centro de gravedad. Y que éste no es una alianza en contra de un enemigo (como podría haber sido un sistema de seguridad hemisférica durante la guerra fría), sino que el objetivo central de un nuevo régimen de seguridad hemisférica es cautelar el principal bien colectivo: la paz en el hemisfério.
Este objetivo incluye, dentro de muchos otros, también los medios militares. Pero para avanzar en estructurar un sistema de seguridad hemisférico que considere el componente militar, es necesario hacerse cargo tanto de los desencuentros históricos al interior de la región, como de los que sobre el uso de la fuerza en el hemisfério hemos tenido los latinoamericanos con las Estados Unidos.
El segundo elemento es que el nuevo sistema de seguridad hemisférico no necesariamente puede ser desarrollado exclusivamente con los medios internos o elementos militares. Se necesita una combinación de elementos en los cuales el componente militar es uno junto con otros elementos fundamentales, como son los instrumentos diplomáticos, los económicos, los de carácter gubernamental en general.
Estos elementos deben estar estructurados en lo que la politología ha llamado una "gran estrategia". Es necesario combinar, dentro de una gran estrategia, elementos de muy diverso tipo, sin negar y destacando la importancia de los elementos militares en ella.
En tercer lugar nos parece que en la actualidad tenemos una tensión a resolver, y que constituye parte del contexto que estamos delineando: una tensión entre nuevos intereses económicos y políticos que han surgido en la postguerra fría, no necesariamente asociados a ella, sino que como producto de los desarrollos políticos y económicos en la región latinoamericana se muestra una asimetría y algunas veces una contradicción entre estos nuevos intereses, los dispositivos disuasivos que los países latinoamericanos tenemos en estos momentos, y las percepciones de amenazas que tenemos uno respecto a otro.
Lo que estamos afirmando es que estos tres elementos: nuevos intereses, dispositivos y percepciones, no necesariamente son simétricos y consistentes entre sí. Que hay intereses que van en una dirección, dispositivos que pueden ser empleados en otra dirección, y percepciones que a lo mejor no tienen nada que ver ni con los intereses ni con las dispositivos.
Y necesitamos por lo tanto avanzar en una fórmula que permita darle consistencia a esta biología.
Y el cuarto elemento, de caracter diríamos más bien interno pero que dice relación con las posibilidades de desplegar esta gran estrategia a nivel hemisférico, es la necesidad de vincular el tema de esta gran estrategia y de la seguridad hemisférica a la modernización del Estado, que implica en este campo de cosas, la necesaria vinculación entre política de defensa, política exterior, política económica y otras políticas que son fundamentales al aspecto de proyección de poder regional, subregional o internacional.
Estos elementos pueden ser muy abstractos, muy generales, pero nos parece que son puntos de partida de acuerdos muy centrales, sin los cuales es imposible avanzar en los puntos que vamos a proponer como centrales en nuestra discusión.
Por ejemplo, pensamos que si seguimos estructurando un sistema de seguridad hemisférico en torno a la identificación de un enemigo común, va a ser muy difícil avanzar. No pensamos que exista ahora un enemigo común muy claramente identificable como podría haber sido -aunque personalmente creo que no lo fue- la Unión Soviética en los tiempos del pico de la guerra fría, etc.
Estos son elementos de importancia que requieren una
reflexión conceptual.
Sin embargo pensamos que no es conveniente empantanarse en una discusión teórica conceptual. Debemos dejar establecido que estos son elementos que pueden provocar disenso y que son fundamentales para producir un acuerdo, pero más allá de estos elementos conceptuales debemos intentar coordinar un conjunto de política.
Y con esto paso al segundo acápite: cuales serían a nuestro juicio las políticas de seguridad hemisférica conducentes a estructurar un nuevo sistema cooperativo en este campo.
Nuestro supuesto fundamental, antes de entrar en la identificación de estas propuestas, es que en la actualidad existe en el hemisfério una cantidad de elementos disponibles a la comunidad americana, que no están siendo usados plenamente ni coordinados entre ellos. Es decir, aquí no es necesario reinventar la rueda. Existe una cantidad de instrumentos, tenemos que reconocerlos, ordenarlos, ponerlos sobre la mesa y ver cómo los coordinamos, cómo nos coordinamos entre nosotros, cómo coordinamos las políticas gubernamentales en función de estas políticas y de estos instrumentos que existen, lo cual no obsta a crear otros.
Indudablemente hay algunas insuficiencias y por lo tanto es necesario crear también nuevos instrumentos.
El primer tema que nos parece central en este campo de cosas, es el desarrollo de instituciones capaces de prevenir crisis y de mantener el status quo en la región. Decimos esto porque pensamos que los procesos políticos, económicos internacionales y la dinámica hemisférica actual está erosionando, modificando, cambiando el status quo preexistente.
Este es mucho más fluído de lo que pensamos; las estratificaciones regionales están cambiando, las alianzas implícitas y explícitas se han modificado. Por lo tanto el esquema, el telón de fando de la relación estratégica regional, está cambiando. Y debemos establecer y reconocer cuáles son esos cambios.
Pero junto con este ejercicio de reconocimiento debemos también reconocer que estos cambios pueden conllevar el peligro de crisis. No quiero decir de confucto, no creo que vaya en esa dirección, pero sí de crisis. Y para estar tranquila la comunidad americana, en el reconocimiento de esta situación y en el desarrollo de esta fluidez, es necesario tener mecanismos que prevengan estas crisis y, cuando éstas emerjan, ser capaz de controlarlas y dominarlas.
No tenemos en la actualidad mecanismos adecuados. Para ello es posible ya sea crear una red de instrumentos hemisféricos de distinto tipo, como los que vamos a mencionar después, o crear organismos particulares dedicados al seguimiento, anticipación y propuesta de políticas aptas para controlar crisis.
Normalmente las políticas exteriores, y en particular la política estratégica, tienden a enfrentar situaciones de hechos consumados. La situación de Haití, por ejemplo, podría haberse anticipado, así como muchas otras; y la comunidad americana podría haber desarrollado con más tranquilidad mecanismos para evitar que la crisis escalara. Necesitamos pues avanzar en esta dirección.
Un segundo elemento es que la seguridad cooperativa hemisférica de postguerra fría supone una modernización de los dispositivos disuasivos actualmente existentes. Y en esto quiero ser muy franco: no me parece que América Latina tenga que constituirse en una especie de appartheid tecnológico en materia militar. América Latina tiene el derecho y el deber de tener una modernización tecnológica y doctrinaria y de despliegue en general de la profesión militar en su proyección estratégica, equivalente a aquellas más modernas que hay en el mundo hoy en día, de acuerdo obviamente a los recurses de cada país.
Pero no podríamos aspirar a tener una comunidad en este campo de cosas si los socios potenciales tuvieran asimetrías en esta materia, que impidieran la coexistencia y un compartir deberes internacionales en conjunto con, por ejemplo, Canadá y Estados Unidos.
Por lo tanto, la seguridad cooperativa hemisférica pasa por asegurar la modernización de los dispositivos disuasivos, y por evitar al mismo tiempo que esta modernización se transforme en desbalances regionales y subregionales. Aquí tenemos que actuar simultáneamente en los dos frentes: asegurar una equidad en las transferencias y al mismo tiempo estar cuidando los desbalances; porque no es un misterio para nadie que existen percepciones de desbalance en el Cono Sur que a algunos les parece legítimo, y a otros les parece que no se corresponde con la realidad de las cosas.
Por lo tanto debemos avanzar a una objetivación de cuáles son los elementos que, modernizando los dispositivos disuasivos, no generen al mismo tiempo una escalada armamentista que vaya más allá de lo adecuado y de los recursos que cada país tiene.
El tercer elemento importante es avanzar y consolidar las medidas de confianza mutua. Distinguimos las que hemos Ilamado las medidas de confianza mutua de primera generación o de segunda generación. Las de primera generación están más bien vinculadas a mecanismos o acciones de buena vecindad; y las de segunda son medidas más pesadas, más duras, que permiten modificar percepciones de amenaza preestablecidas.
Este segundo aspecto de las medidas de confianza mutua es importante porque en esta etapa de transición, donde no tenemos mecanismos de prevención de crisis y mantenimiento de status quo, mientras no tenemos un proceso ordenado de modernización ni una cristalización de los criterios de cómo organizamos los balances regionales y subregionales, necesitamos medidas de confianza que permitan la transición a la situación ex post que queremos estructurar. Y por lo tanto, desde este punto de vista, las medidas de confianza mutua desempeñan un función muy central.
En esas materias, por ejemplo, sería muy importante estandarizar procedimientos, generar mecanismos de entrenamiento en materias técnicas que dicen relación con el despliegue y difusión a nivel latinoamericano de estas medidas, instituciones aptas para ello, metodologia, técnicas, etcétera.
Un cuarto peldaño, podríamos decir, en este caminar en la construcción de esta seguridad de postguerra de carácter cooperativo, debe ser el avanzar en un terreno bastante más complicado: el área de control y verificación de armamento.
Y permítanme decir antes de entrar en el tema, que normalmente se ha usado el control y limitación de armamento como un eufemismo para hablar de desarme de fuerzas armadas de una determinada región. Y esto es producto de que ha sido un lenguaje utilizado fundamentalmente en la confrontación Este-Oeste, en el momento de la bipolaridad, restringido y utilizado en el campo estratégico nuclear. Pero en el campo convencional difícilmente podamos aceptar una tesis de este tipo.
Entonces, no estamos hablando ni queremos utilizar el concepto de control y limitación como un eufemismo, como una forma de ocultar una agenda que no puede demostrarse y que conduce al desarme de las fuerzas armadas.
No es esto lo que estamos proponiendo, sino algo muy simple: que a nivel de control de armas los países latinoamericanos -en aquellos contextos estratégicos o políticas más homogéneos- se pongan de acuerdo en cuánto y en qué tener. Cuantos sistemas de armamentos son necesarios para sentirse seguros sin que el otro se sienta inseguro, y qué tipos de armamentas y sistemas de armamentos es posible tener.
Este es un terreno tremendamente resbaladizo, ya hemos visto cómo Ayacucho fracasó en esta iniciativa, pero tenemos la experiencia y tenemos la tranquiudad de que estamos en otra etapa de desarrollo de nuestras relaciones internacionales.
Y al mismo tiempo, en el campo de la limitación de armamentos, es posible avanzar en qué cosas no tener. Y aquí también se ha avanzado en materia de desarme, en particular en el área de armamento de destrucción masiva.
El quinto elemento es el tema de la erradicación de armas de destrucción masiva: química, bacteriológica y nuclear y misiles balísticos. A pesar de que se ha avanzado en este plano, no ha sido lo suficiente en materia de verificación de estos acuerdos de desarme.
Y es necesario estructurar, proponer, discutir cuáles serían los mecanismos más adecuados en función de los objetivos propuestos para verificar y verificarse recíprocamente en esta materia.
Un sexto elemento, junto con aquellos que le dan una cierta estructura al sistema de seguridad hemisférico, es introducir ciertos elementos de flexibilidad, que son los que hemos llamado los regímenes de seguridad hemisféricos.
Esto significa básicamente estructurar acuerdos, coordinaciones de políticas ad hoc en torno a grupo de países, en torno a dimensiones específicas, en las que no necesariamente todos los países americanos estemos involucrados.
Indudablemente estamos pensando, por ejemplo, en regímenes de seguridad específicos en el área marítima. A lo mejor los países del Cono Sur, aunque podríamos tener la opción abierta, no estaríamos interesados en participar de un régimen naval en el Caribe, y viceversa. Esa es una materia a ser discutida y acordada. Pero en general existe un elemento de flexibilización en el campo naval, aéreo, terrestre, aeroespacial.
El séptimo elemento se refiere a algo que hemos reiterado varias veces, como complemento necesario y fundamental a cualquier sistema de seguridad hemisférico: ciertas acciones de carácter bilateral.
Si nosotros queremos estabilizar estructuralmente la region y determinadas subregiones, y estructurar y determinar un marco de seguridad hemisférica para las Américas, no podemos tener al interior de este marco, relaciones bilaterales todavía no estabilizadas estructuralmente. Y por esto pienso en relaciones en las cuales las percepciones mutuas de amenaza de los próximos treinta años no nos lleven en ningun momento a estimar la emergencia de crisis que puedan alterar nuestra relación.
En cada conjunto de países hay determinadas percepciones y en esta materia deberíamos avanzar con bastante franqueza y con bastante honestidad, cuidado, ponderación pero sí con decisión, en identificar cuáles son estos problemas y enfrentarlos y tratar de resolverlos, puesto que es muy difícil avanzar en estructurar un sistema de seguridad hemisférico si este sistema está minado por una serie de relaciones bilaterales trilaterales o multilaterales que no les da sustento. Es decir, podemos tener una linda mesa pero con soportes muy endebles.
En octavo lugar, nos parece que es importante que todos estos elementos tengan un ámbito donde ello se discuta. Y por lo tanto es necesario identificarse, tener un locus, un espacio institucional donde esto sea debatido en forma razonable y se pueda lograr acuerdo.
En este sentido nos parece que, ya sea vía la coordinación de los elementos existentes hoy día o vía la creación de nuevos mecanismos, es ineludible establecer un espacio. Será la Comisión Permanente de Seguridad de la OEA, será algún otro mecanismo, será una Conferencia Estable de Seguridad, etc. Pero necesitamos un espacio institucional estable organizado y legitimo, aceptado por todos los miembros de la comunidad americana para discutir y tomar resoluciones sobre estos temas.
En penúltimo lugar, no por menos importante porque es bastante complejo, pensamos que es necesario que los países latinoamericanos tengamos una propuesta frente a los Estados Unidos. Pensamos que es posible y es conveniente que Estados Unidos tenga una participación constructiva en materia de seguridad en la región.
Y para eso pensamos que hay tres acciones que los Estados Unidos deberían comprometerse a realizar: el apoyo al desarrollo profesional de la FFAA latinoamericanas, el apoyo al status quo hemisférico, y un compromiso con una multilateralización creciente. Como contraparte de la voluntad latinoamericana de acordar nuevos términos de relación estratégica a nivel hemisféricos, los Estados Unidos deberían hacer una renuncia explícita de hacer uso de la fuerza unilateralmente en el hemisfério y al margen de los mecanismos multilaterales existentes.
Esto ha pasado en la historia, ha pasado en otras áreas. Estados Unidos se ha insertado en la comunidad americana en determinados momentos abdicando unilateralmente de su poder y de la simetría militar y de poder que hay en la región, y pensamos que las condiciones están maduras hoy día para dar un nuevo paso en la materia.
Creo que en los Estados Unidos hay condiciones y en Latinoamérica hay una demanda para que esto sea así.
Finalmente hay un tema que no por ser global es menos controvertido, cual es el tema de Naciones Unidas, de las misiones de paz de Naciones Unidas, y de cómo América Latina va a participar.
Las distintas politicas en este terreno de los países de América Latina no necesariamente son un elemento de cohesión, de coordinación.
Estos elementos pueden ser matería de división, y de hecho lo han sido. Tenemos que reconocer que las misiones de paz y el nuevo rol que está desarrollando Naciones Unidas y las doctrinas que están estableciéndose en materia de soberanía restringida, de derecho de ingerencia, son percibidas por países y por sectores importantes dentro de determinados países como desarrollos no convenientes y que por lo tanto requieren de respuestas distintas
Por lo tanto si no acordamos alguna forma de resolver estas tensiones difícilmente vamos a poder tener pilares nacionales y bilaterales suficientemente sólidos para montar sobre ellos la seguridad cooperativa hemisférica. Y en concreto nos parece que están en la agenda el tema del Consejo de Seguridad y del Comité Asesor Militar.
A medida en que haya mayor rol latinoamericano en las misiones de paz, mayor participación debe tener en estos entes multilaterales, en estos cuerpos de toma de decisión. Si América Latina no participa correspondientemente en ello la legitimidad de la decisiones de estos cuerpos va a ir decreciendo.
Y por lo tantos el organismo internacional, más que desempeñar una tarea de contribución a nuestra coordinación, va a significar un elemento de disenso y de discordia.
Esto fue producto de más de veinte reuniones hemisféricas, talleres seminarios, tanto en EE.UU., México, Centroamérica y América del Sur, y nos pareció importante compartir estas inquietudes.
VISION DE LOS ESTADOS UNIDOS
Dra. Margaret Hayes
Algunos de ustedes saben que he estado trabajando sobre las relaciones entre las Armadas de EEUU y de los países latinoamericanos, y muchos de los comentarios que haré provienen del trabajo y de sus conclusiones.
Quería comenzar con un comentario acerca del tratamiento de los temas de seguridad a nivel de EE.UU. Porque nosotros estamos muchos menos claros acerca de la seguridad y de esa preocupación que ustedes tienen, y que antes teníamos nosotros.
No sabemos realmente para qué prepararnos. Por lo tanto no sabemos qué fuerza necesitamos, qué estrategia desarrollar, para que vamos a mantener las fuerzas estratégicas si la Unión Soviética ya no existe y no hay otra potencia.
¿Para qué y cuántas fuerzas convencionales si no sabemos qué tipo de guerra va a ser?. ¿Cuáles son las áreas del mundo que más nos preocupan? Hoy la preocupación va menos en Medio Oriente, y más en una pequena isla a 300 millas de Estados Unidos.
No sabemos para qué programar la fuerza, y por lo tanto no sabemos cuánto dinero requiere, qué mantener de la fuerza actual, qué hacer con el Cuerpo de Oficiales, etc.
Ustedes que han seguido la programación en EE.UU. saben que cuando entró el Secretario de Defensa Aspin mandó hacer una revisión de abajo para arriba de las necesidades del Departamento de Defensa en EE.UU. Y lo que más se esperaba de crisis, de necesidad de atencidn a ellas, desastres, de respuestas a necesidades humanitarias, etc., no apoyaba la fuerza mínima que el más conservador programador propuso para atender a una crisis mayor en Europa, Corea del Norte, etc. Y de
repente tenía que echar todo el análisis de lo convencional para decirles que lo mínimo era sacar del aire diez portaviones y algunas cosas más.
Pero la preocupación de dimensionar las fuerzas militares para atender a la cosa más esperada y a la misma vez a las crisis que uno no quería era muy difícil y no daba una muy buena respuesta.
Hoy en día, con la reducción y la redimensión de nuestras fuerzas, no podríamos por ejemplo armar, atender a la crisis del Golfo como lo hicimos hace cuatro años.
Esto es muy claro; ya se está hablando de una fuerza hueca en EE.UU. De problemas de adiestramiento, de entrenamiento, etc.
A esta altura no hacer nada tal vez es mejor que hacer algo errado. Y en el Congreso se está discutiendo qué se hace y qué no se hace. Ya el Senador Nan ha decidido no hacer nada, esperar hasta que se aclare qué va a ser del mundo en lo que resta de esta década o en el siglo que se viene. Como dijo un asesor suyo: "la transparencia es muy buena, es óptima cuando uno está en ofensiva, pero la falta de transparencia es mejor cuando uno está en una posición defensiva".
Estamos un poco a la defensiva en cuanto a armar una respuesta al desafío de seguridad en el mundo.
Eso tiene implicaciones para nuestra relación con América Latina. Primero, con el corte de recursos. Es muy posible que se corte todo el dinero que antes se daba para entrenamiento, para intercambios educacionales, etc.; ahora es una tontería lo que el Congreso concede. Y es muy posible que recorte aún más; es posible que dejemos de tener un Comando Sur en Panamá. Esto tiene importancia en un sentido: en que si no hay un Almirante o General de cuatro estrellas que esté obligado a estudiar y atender la región, nadie la atienda. Y si son los Tenientes y los Mayores los que están cuidando la relación con las fuerzas en América Latina, no vamos a tener programa, porque las buenas ideas no van a subir hasta los niveles de decisión.
De otra manera podemos repensar las relaciones entre naciones en esta materia de seguridad y podemos repensar las relaciones entre las fuerzas distintas de los países.
Vamos a redimensionar nuestra relación basados en otra visión de utilidades y beneficios.
¿Cuáles son los roles, las misiones que más nos interesan mutuamente? ¿Cuáles son las amenazas que mutuamente podemos atender? ¿Con quién, dentro del hemisfério, vamos a trabajar?
Yo no creo que EE.UU. vea una necesidad de intervención en América del Sur. Siempre digo que el patio trasero no llega más allá de la orilla de Venezuela y Colombia. Pero no vamos a rehusar tampoco el derecho de hacer lo que creemos necesario en el patio trasero.
¿Qué hacemos entonces? No vamos a intervenir, tienen que estar tranquilos. Pero ¿sobre qué bases armamos esa nueva relación?
Nuestros intereses están más bien sobre el narcotráfico, el terrorismo, las guerrillas que amenazan a los estados, pero más bien en el Norte del continente y no acá . Y estamos preocupados por estas cosas porque amenazan a la estabilidad de los países y los narcotraficantes nos envenenan a nosotros y a todo el mundo.
Creo que urge un debate en el Cono Sur, para diseñar la relación más útil para los países, en conjunto e individualmente. Nuestra preocupación, y la de nuestra Armada cuando estaba trabajando en este estudio es: ¿cuáles son los programas más útiles para la relación? ¿Cuáles son los beneficios que ustedes y nosotros sacamos de nuestra relación? ¿Cuáles son las misiones que más comúnmente vamos a atender en la región?
El Dr. Varas habló de la nececidad de aparecer en las operaciones de manutención de paz. Yo creo que EE.UU se siente obligado a atender a
estas cosas, pero quiere el respaldo político y militar de otros países. Esto significa tambien, y nosotros nos estamos dando cuenta ahora, que los países que comparecen con nosotros se tienen que entrenar junto con nosotros. Tenemos que mejorar nuestros sistemas de comando y control, tenemos que ajustar el sistema de equipamientos.
Nosotros tenemos que conocer mejor cómo es la línea de comando en sus países e igualmente ustedes en el nuestro. Tenemos que estrenar una nueva doctrina; nuestra doctrina de guerra en Europa no sirve para las misiones de paz. Nos damos cuenta de ello; pero tampoco hemos elaborado una nueva doctrina. Es una cosa que tal vez conjuntamente sería útil; estamos comenzando en los ejercicios, pero estamos en los primeros pasos de elaborar una nueva doctrina, sistemas de interoperatividad, mecanismos de programación a mediano y largo plazo de operaciones conjuntas.
Nos hemos dado cuenta de que si pensamos a mediano plazo sería mucho más fácil a Argentina o Brasil comparecer en el Atlántico Norte con nuestra flota.
Nunca hemos pensado en esa programación a largo plazo. Tenemos que pensar en esto. Tenemos que pensar en cómo costear toda esa operación, porque nuestros recursos son reducidos, sus recursos son reducidos y cada día lo son más.
Pensamos en el problema de equipamientos. EE.UU. va a tener que pensar con ustedes cuáles son los equipamientos más necesarios, programados a mediano y largo plazo, y organizar la transferencia de otra manera distinta a la de ahora.
Ahora anunciamos la disponibilidad de tal o cual equipamiento y no da tiempo para la programación de presupuesto, etc. Nosotros tampoco hemos pensado a cinco años cuales van a ser las necesidades de las Armadas, los Ejércitos y las Fuerzas Aéreas en esa región.
Ustedes, en el esfuerzo de programar y hacer más transparente la adquisición de equipamientos, podrían ayudar mucho en agilizar este proceso de transferencia de equipamiento, el entrenamiento de tropas, etc. Ya sabemos que el entrenamiento va con el equipamiento. Me imagino que la mayoría de sus pilotos va a Europa y no a EE.UU. Pero no estamos entrenando juntos, tampoco estamos aprendiendo nuestros sistemas ni mejorando nuestros sistemas de interoperatividad, etc.
Un área en la que creo que hay mucho espacio para hacer es el de las instituciones de formación profesional. Tenemos programas de intercambio, hay oficiales de intercambio. Ustedes siempre mandan elementos excelentes, nosotros no siempre mandamos gente igual. Estamos preocupados porque no usamos los Oficiales que conocen el área; no tienen un gran futuro en nuestras FF.AA.. Hay una gran preocupación para tener en el futuro gente que conozca mejor a nuestro vecinos. Así que posiblemente aumentemos la atención a esa área.
Hay otros aspectos a nivel de curriculum. Si nosotros estamos elaborando nuevas doctrinas para operaciones de manutención de paz y todo ese tipo de acciones, tal vez la enseñanza básica y de comando y en nuestras escuelas profesionales tiene que cambiar. Tal vez tenemos que pensar en más seminarios en los que los Oficiales puedan hablar entre sí. Estamos muy preocupados por introducir civiles a la educación militar, pero también hay que atender muy bien al curriculum que enseñamos en las escuelas.
Los juegos de guerra son un área muy interesante; ¿por qué no los hacemos en el futuro en base a esas operaciones no tradicionales de manutención de paz, de atención de desastres, etc?
Hay otras áreas en las que podemos ampliar nuestros contactos a nivel no de fuerzas sino de educación, de transferencia de manera de pensar entre las fuerzas.
Todo lo que ustedes están hablando a nivel de cooperación a nivel regional y subregional en América Latina, es muy interesante para este diálogo acerca de la colaboración en el futuro. Pero tenemos que llevar algunos resultados de este debate a unos niveles de decisión; porque si el debate continúa circulando sin mayores definiciones alguien tomará una decisión en otra dirección.
En ese sentido creo que América Latina tiene que decidir lo antes posible qué quiere de la Junta Interamericana de Defensa. Cómo quiere usar la OEA, porque si la OEA no es una entidad capaz de resolver crisis políticas y militares en el hemisfério, se recurre siempre a la ONU, donde todo el proceso de decisión es diferente, donde el peso de América Latina es menor, donde EE.UU. tiene otro camino de acción.
Hay que decidir qué hacer con el Colegio Interamericano de Defensa. Si el Colegio podría ser un foro para la diseminación de un pensamiento más o menos común en el hemisfério, ¿por qué no empezar a mudar la doctrina, el método de análisis del Colegio, pensando en el mundo del futuro y no en el mundo del pasado?
En cuanto a las relaciones con EE.UU. a nivel del Departamento de Defensa, hay un gran apoyo para la hipótesis de apoyar el desarrollo profesional para las FF.AA. de América Latina en la dirección que ustedes en cada uno de sus países indican. Estoy respondiendo un poco a los puntos del Dr. Varas.
En cuanto al status quo hemisférico, no sé si entiendo el concepto. ¿Qué es el status quo? La situación en el hemisfério está mudando cada día y tenemos que responder a las crisis que se presenten. Pedir a EE.UU. que no haga uso de la fuerza en el hemisfério va un poco en esa dirección, pero no se puede pedir que anuncie como política no usar la fuerza. Pero sí se puede dialogar con EE.UU. y anunciar otras medidas para atender las crisis en el hemisfério. Hace un momento ha sido incapaz de ofrecer otra medida, ha dejado la respuesta en manos de EE.UU. No es que EE.UU. no escucharía de todas maneras, pero más vale tener una idea en la mesa antes que ninguna. Soy realista.
Retomo su punto acerca de cómo operamos en la ONU en las operaciones de paz. Repito, las autoridades del Departamento de Defensa están muy preocupadas, estudiando cómo armar este tipo de operación, qué tenemos que saber que ya no sepamos. Cuándo tenemos que entrar en Somalía o en Ruanda. Ustedes, que han tenido experiencia en ese tipo de operación o en la fiscalización de la paz, tal vez tengan mucho que informar en esto. Y en cierta forma se tienen que atrever a decirnos su experiencia a nosotros. Porque si no hablan, el "gringo" va adelante dando su propia solución.
Y como ha dicho el Dr. Varas, si uno no pone su dinero, su gente; si uno no aparece en el foro, tampoco tiene mucho derecho a criticar cómo se arma la cosa.
OPORTUNIDADES PARA AMERICA LATINA
Dr. Joseph Tulchin
Básicamente quisiera agregar a la discusión dos puntos, tomando como partida la exposición de Augusto Varas, con su decálogo.
En primer lugar, con el fin de la guerra fría, estamos observando o vamos a observar con el tiempo un proceso de retomar una definición de seguridad nacional más tradicional. Es decir que se va a enfocar de nuevo, en los EE.UU. y en Europa por lo menos, un concepto geopolítico clásico; entre nosotros lo conocemos con el título del autor naval Alfred Maham cuyo eje central de pensamiento es la combinación entre el comercio internacional y las fuerzas armadas. La proyección del poder fuera de la frontera de una nación, según Maham, es la combinación indispensable del poder político y del poder militar.
Esto estuvo bajo la nube de la retórica de la guerra fría. Esclarecido el horizonte geopolítico, estamos observando, ya con la declaración del propio presidente Clinton de sus prioridades, inevitablemente a pesar de los debates de defensa en el Congreso (de los recortes, etc), cómo se acentúa cada vez más una definición tradicional.
El segundo punto es subrayar lo que dijo Margaret Hayes en respuesta al comentario de Augusto Varas, acerca de la transición en el debate sobre geopolíticas sobre seguridad nacional que está ocurriendo en el Norte, no sólo en EE.UU. sino también en Europa. El grado de confusión es mayor en Europa hoy que en EE.UU.; en los tres o cuatro últimos años la incertidumbre geopolítica europea ha aumentado muchisimo; es decir que se puede cambiar de un día a otro la claridad de discusión en un país o en una región.
Esto para mí tiene una implicancia central para América Latina. La confusión representa una oportunidad para América Latina.
Y si el Sur no la toma, si no hay una respuesta latinoamericana, EE.UU., en su proceso natural, va a seguir buscando su propia claridad geopolítica y sin insumos latinoamericanos. Esa definición, inevitable porque EE.UU. no puede aguantar esta incertidumbre por muchos años, sin insumos de pensamientos pedidos, de ideas latinoamericanas, a lo mebor no van a ser del agrado de los países latinoamericanos.
En estos últimos años, que yo digo de período de transición geopolítica en el mundo, los países latinoamericanos han perdido una oportunidad importante. A mi modo de ver esto conduce a un fin determinado: EE.UU. va a actuar unilateralmente sin la participación latinoamericana. Estoy de acuerdo con Margaret Hayes en que no se puede pedir a los EE.UU. renunciar al uso de su fuerza. Usar la fuerza es un instrumento de defensa de intereses nacionales que EE.UU. no va a traicionar nunca.
Pero sí hoy los EE.UU., por primera vez en el siglo por los diversos motivos que ha dicho Margaret Hayes, está dispuesto a escuchar y recibir propuestas, esas propuestas de las que hablaba Augusto Varas.
Esa disposición de escuchar y de actuar juntos en una forma cooperativa no es un fenomeno usual en las relaciones latinoamericanas.
La disposición norteamericana a actuar va a seguir, y podríamos decir que viene por dos vertientes. Estas representan las oportunidades especificas, es decir las avenidas dentro de la cual Latinoamérica con mayor facilidad podría colaborar con los EE.UU. en materia de defensa y seguridad hemisférica.
La primer vertiente es geográfica. Para nosotros en materia geopolítica el Caribe es una zona "privilegiada"; siempre, en el último siglo, ha sido una zona de mayor interés. Es decir, el Caribe representa una zona peculiar para nosotros hoy, no por los argumentos clásicos de Alfred Maham, con los puntos estratégicos, sino por fenómenos totalmente nuevos cuales son los problemas de política doméstica. Haití y Cuba para nosotros son problemas domésticos, y la necesidad de actuar viene de presión domésticas, aunque por supuesto también hay fuerzas domésticas contrarias a la intervención.
Y cuando la gran mayoría de los países latinoamericanos dijeron, en respuesta al pedido del gobierno norteamericano, que debía buscarse una salida multilateral al problema de Haití, cometieron a mi juicio un error garrafal.
Porque podrían en ese momento haber neutralizado toda la presión doméstica a favor de la intervención. Y se quitaron de la mano del Presidente de EE.UU. todos los instrumentos para que pudiera enfrentar el contexto de fuerzas internas.
Entonces el Caribe podría ser un elemento sobre el cual América Latina podría hacer propuestas escuchadas y hasta bienvenidas: Cuba, Haití, las migraciones y otros asuntos.
Otras vertientes son un conjunto de temas que están percibidos como amenazas potenciales a los EE.UU. Cada uno de ellos representa foros, temas, los cuales podría responderse en el sentido de la palabra que puso Augusto Varas. Y los temas son obvios: control de armas de destrucción masiva, narcotráfico, migración, y dos temas más difusos y complicadoss pero que estoy convencido que estos temas van a estar en el temario de discusión de seguridad hemisférica y seguridad mundial.
Uno es el apoyo y defensa de la democracia, y el otro es la defensa y protección del llamado Código de Comportamiento Internacional. Este es por supuesto el más dificil de todos, pero está emergiendo de entidades multinacionales. Con los condicionantes de los prestamos están emergiendo debates bi y multilaterales sobre materia comercial, propiedad intelectual, corrupción, etc.
Es una oportunidad para los países latinoamericanos participar a través de los organismos internacionales, o bilateralmente, en la definición de ese Código.
En cuanto a los mecanismos, Varas y Hayes hablaron de distintos organismos que podrían servir como medios para este debate y esta discusión hemisférica. Estoy de acuerdo con Margaret en que la debilidad de la OEA implica mayor uso de la ONU por parte de los EE.UU.
Sin embargo, no soy partidario de la necesidad de aprovechar de OEA. Al contrario, en el corto plazo -y tendríamos solamente un plazo de tres o cuatro años a lo sumo- creo que es imprescindible aprovechar de mecanismos multilaterales ad hoc informales. Buscar, como decía Varas, puntos de concordancia y convergencia, entre grupos de países latinoamericanos con proximidad geográfica o no, con igual desarrollo económico o no, con tradición histórica compartida o no.
El asunto es, en los mecanismos de conversación y colaboración que pedía Augusto Varass de los cuales este Seminario representa un modelo eiemplar, buscar las convergencias entre países y aprovecharlos para armar las propuestas que decía Varas.
Creo que la coyuntura global representa un momento oportuno, que siempre es fundamental en el pensamiento geopolítico norteamericano como señalaba Margaret. Y que indica que tenemos un período de oportunidad, una ventana de oportunidad, pero es una ventana pequeña y la disposición de EE.UU. de escuchar, de recibir propuestas constructivas de cooperación no va a durar más, tal vez, de dos o tres años.
EL NEGOCIO DE LA PAZ
Dr. Guillermo Holzmann
Hemos escuchado una ponencia central respecto una aproximación teórica para poder abordar el tema de la seguridad hemisférica, y dos comentarios un tanto complementarios y tambien un tanto divergentes respecto a ella.
Quisiera comenzar por establecer algunos lineamientos un tanto teóricos y especialmente metodológicos respecto a la observación que puede merecer un debate sobre la seguridad hemisférica.
El primero es que todos hemos dado por sentado que la idea de seguridad implica la paz. No pareciera ser desgraciadamente eso siempre claro ni pareciera ello implicar que supusiese que siempre debería ser así.
De la forma como ha sido tratado por varios autores, e incluso un poco de lo que ha surgido de lo señalado hasta ahora, podría establecer una siguiente aproximación: si el sistema internacional está llevando un cambio permanente; si a su vez la definición de potencias ha sufrido también una modificación importante luego de la guerra fría, al término de ella, indudablemente podría llegar a sostener que la paz se ha convertido en nuestro negocio. ¿Cómo podemos hacer para llegar a hacer converger la diversidad de intereses de tal forma que nos asegure determinado modelo de paz, que podríamos denominar en tal caso seguridad hemisférica?
Si la paz, dicho de esa forma, es un negocio, supone necesariamente establecer que está sujeta a una serie de cambios. Y quizás la primera pregunta teorica que vale la pena realizarse respecto de eso es si los cambios que lleva implícito el sistema internacional son anteriores o posteriores a las respectivas crisis. ¿Es el cambio lo que provoca la crisis o es la crisis lo que provoca el cambio?
Sin ánimo de llevar esto a una discusión, creo que vale la pena considerarlo como una metodología de adentrarnos en el tema.
En tal caso, y considerando que el sistema internacional es esencialmente dinámico, implica a su vez que la seguridad hemisférica tiene a su vez un determinado dinamismo y tiene una determinada energía que hace que su equilibrio se modifique permanentemente.
Si ello es así, debería senalar primero que EE.UU. no nos está dando la oportunidad de establecer o proponer, sino que el cambio lleva a la posibilidad de colocar nuestros intereses sobre la mesa y poder negociar en torno a ello.
Es decir que no hay un problema de una potencia o de un determinado país que lidera, sino determinadas condiciones de lo que sería el "mercado de la paz" que permiten un nuevo tipo de negociaciones respecto de las condiciones para obtener una determinada seguridad hemisférica.
Por otro lado, ello está íntimamente relacionado con lo que sucede en cada uno de los países.
Y así por ejemplo, siguiendo con esta especial conceptualización de lo que es el negocio de la paz, deberemos señalar que los intereses de América Latina son diversos y al menos tenemos tres mercados distintos.
Un mercado que es del Cono Sur, donde hay una serie de relaciones como lo señalara Augusto Varas, de índole bilateral o multilateral. Tenemos una segunda zona que es la de América Central, diferente a la del Cono Sur. Y tenemos una tercera zona de negociación, que es con los EE.UU.
En consecuencia hay una diversidad de intereses que no necesariamente pueden llegar a converger. Pero la negociación de esos intereses en la búsqueda de una seguridad hemisféricas estando de acuerdo en lo genérico con lo que senalaba Augusto, requiere algunas condiciones.
La primera de ellas es que dentro de la modernización del estado que cada uno de los palses lleva a cabo, tiene que haber una claridad de objetivos políticos y estratégicos respecto no sólo al tipo de desarrollo o de inserción internacional que se quiere obtener sino también a los alcances y a las metas que se desea llegar en un determinado tiempo futuro.
Esa claridad en lo que hace a seguridad hemisférica debe ser evidente en lo que a defensa se refiere. Y bien sabemos que muchos de nuestros países no poseen una claridad de objetivos en torno de esa materia.
Por lo tanto, difícilmente podemos dar claridad respecto de los intereses que deseamos transar para obtener esa seguridad hemisférica y tampoco tenemos una claridad suficiente como para poder establecer un nivel de propuestas que puedan combinar adecuadamente la aproximación teórica con lo que es la realidad de la seguridad hemisférica que tenemos hoy día.
Por otra parte, esa movilización del estado implica necesariamente la incorporación de nuevas tecnologías o en su defecto una nueva forma de hacer las cosas o de pensar las cosas.
Y aquí rescato otro elemento importante. Creo que todos coincidimos en que estamos en un proceso de repensar, de redefinir o de rediseñar ya sean las FF.AA., ya sea el estado, ya sea el esquema empresarial o la economía de cada uno de los países, de tal forma de lograr obtener mejores ventajas comparativas.
Y eso nos lleva a algo que se mencionaba claramente, que es la necesidad de contar con información que nos permita prevenir los elementos que van a converger a tomar decisiones.
Y nos lleva a un nuevo requerimiento para cada Estado. Cada país debe tener una capacidad de procesamiento de información, que le permita tomar las mejores decisiones dentro de un sistema internacional interdependiente.
Ello implica necesariamente la existencia de sistemas nacionales de inteligencia que puedan coordinar adecuadamente al menos tres niveles: gobierno y partidos políticos por una parte, empresariado por otra, y FF.AA. por otra. Esos tres niveles deben estar permanentemente conectados o cercanos al proceso de toma de decisiones.
A su vez es útil considerar que el pretender de alguna forma que la paz se puede obtener o que mejores niveles de seguridad hemisférica se pueden lograr limitando el alcance de tecnología por parte de los países de América Latina, indudablemente constituye un error. Más bien ello conlleva establecer condiciones futuras de ingobernabilidad o inestabilidad de las democracias.
Recordemos que hoy en día la democracia como sistema de gobierno o como medio se mueve entre dos elementos: por un lado la economía parecería ser una condición para la democracia, y por otro lado y casi inmediatamente la democracia parecería ser una condición para la economía.
En consecuencia, cuando se traba o se evita que cada país de Latinoamérica tenga un desarrollo en la parte tecnológica asociada a lo militar, lo que se está logrando hacer es paralizar, detener o atrasar las posibilidades de ese país para proponer y aportar mejores condiciones de seguridad hemisférica.
La seguridad va asociada necesariamente al desarrollo, que refleja condiciones de seguridad. En consecuencia creo que eso es importante considerarlo.
El Dr. Varas mencionaba algo que considero importante: la verificación en lo que es el armamentismo o el uso de armamento en América Latina.
De alguna forma, lo que estamos señalando entonces es la normalización del tipo de armamento que tiene o con el cual podría contar América Latina.
Y eso está evidentemente ligado a los objetivos políticos en el área de la defensa. Mientras esos objetivos no estén plenamente definidos, cualquier tipo de normalización o de verificación de esos armamentos se hace bastante difícil.
Lo cuarto sería que no podemos obviar el hecho de que en la consecución o en la protección de los derechos individuales de cada estado, los acuerdos bilaterales juegan un papel fundamental.
La pregunta entonces podría ser: ¿cómo puedo yo lograr que la suma de acuerdos bilaterales, combinados con los multilaterales, me logren mejores niveles de seguridad hemisférica?
En un proceso que está en constante cambio no parecería prudente considerar que uno resta al otro, sino que más bien parece prudente pensar que la suma de ellos debería ser capaz de generar las condiciones para un sistema más estable en términos de seguridad hemisférica.
Eso lograría superar un inconveniente que se ha tocado en esta mesa, que es la interoperatividad de los distintos sistemas de los países de América Latina. La interoperatividad no solamente debería funcionar respecto de EE.UU. o respecto a modelos como la OTAN. Debe funcionar primero hacia el interior de América Latina.
Y esa interoperatividad indudablemente pasa por superar la parte bilateral o mantenerla para establecer el aporte a la seguridad hemisférica.
En ese sentido, la visión de futuros ya sea dentro de 30, 40 o 5O años, debe ser juzgada en un análisis tanto de largo como de corto o mediano alcance.
Y es allí donde los acuerdos políticos por una parte, la voluntad política de los estados por otra y los objetivos que cada uno de ellos diseñen deben estar en consonancia y en conocimiento de los demás países.
Lo cual nos lleva a otra condición que es absolutamente necesaria cual es la transparencia en los procesos de toma de decisiones en lo que a defensa se refiere.
La idea de contar con propuestas de seguridad hemisférica que sean transparentes por una parte y explícitas dentro de cada país coopera indudablemente a ello.
Por otro lado se ha señalado que es necesario establecer nuevas doctrinas de guerra porque no existen doctrinas de paz. 0 a su vez es necesario avanzar en el planteamiento, en el diseño de elementos teóricos que permitan a las FF.AA. de cada uno de los países cooperar al mantenimiento de la paz.
Considero que de alguna forma esa iniciativa está nuevamente ligada a la fortaleza de la democracia y a la fortaleza de sus objetivos. Si la fortaleza de la democracia en cada uno de los países de la región no es suficiente, difícilmente eso se va a ver reflejado en las FF.AA.
Y aquí llegamos a un tema de por sí delicado: el espacio que tienen las FF.AA. para actuar políticamente cuando las fuerzas políticas de cada país no copan adecuadamente ese tema político, en términos de las propuestas que estas pueden hacer para que el estado cumpla sus objetivos.
Si en alguna medida el adecuado equilibrio entre las FF.AA. y los actores políticos de una sociedad, no definen la relación que deben tener y los espacios que deben ocupar, y ellos suponen o conllevan una tendencia a que sean ocupados cada vez con mayor fuerza por las propias FF.AA., implica también una debilidad democrática y en alguna medida una debilidad de la seguridad hemisférica. Con esto quiero decir lo siguiente: la seguridad hemisférica se fundamenta y se basa en la voluntad política de los pueblos y no necesariamente en la voluntad de las FF.AA., sino en la coordinación que tengan al interior del sistema político nacional.
La seguridad hemisférica es responsabilidad de todos los componentes de la nación y no de parte de ellos. Y ello es un elemento que debe ser superado internamente primero, para luego ser expresado en el sistema interamericano.
En consecuencia, la idea de pensar en una seguridad hemisférica, parte de dos polos totalmente complementarios: por una parte, la propuesta teórica a nivel interamericano de lo que se quiere hacer donde un punto fundamental es el rol de EE.UU., que debe ser adecuadamente negociado y propuesto y donde EE.UU. admite una voluntad para actuar dentro de ese sistema, más que un ente discursivo.
Y por otra parte la necesidad de que cada uno de los estados componentes de este sistema interamericano -ya sea entre los regionales o subregionales- defina adecuadamente los objetivos que desea lograr.
Si se logra relacionar adecuadamente la teoría, que fue lo primero que mencionamos, con la realidad que cada uno de los países ha tenido en su desarrollo -ya sea en la consolidación democrática como los procesos de decisión asociados a ellos-, evidentemente estaremos recién en condiciones de hacer una propuesta más global para llegar a una seguridad que nos satisfaga a todos.
Pero la seguridad hemisférica que logremos debe ser la condición de desarrollo político, económico de cada uno de los estados. Mientras esa situación no llegue a converger de manera satisfactoria es indudable que el bilateralismo va a seguir vigente y va a ser el mecanismo más idóneo para plantear los grandes objetivos de la seguridad hemisférica, pero que no podrá a llegar a ser una realidad concreta en lo que no se refiere a la región latinoamericana.
De suerte que se requiere por lo menos establecer el nivel de decisión que existe en el interior de cada estado respecto de los objetivos nacionales y de los intereses que se quieren transar en este negocio de la paz.
Se requiere por otra parte establecer las condicionantes que van a tener los otros países respecto a cada uno de los países considerados individualmente. Y entre ellos resulta fundamental el rol de EE.UU. y la forma en que los estados se relacionan comercial y económicamente con esta potencia o con Europa, o en la creación o en la inserción de nuevos mercados.
Finalmente, la potenciación de organismos como la OEA o la potenciación o redefinición de organismos como la Junta lnteramericana de Defensa, es un reflejo concreto de lo que nosotros queremos y deseamos hacer. Pero ese querer y desear parte indudablemente de lo que cada país plantee como objetivo, y que además cuente con el consenso interno de todos los actores involucrados, cosa que por el momento no se ve ni se visualiza completamente superada.
DEBATE
Dr. Ugarte: Querría plantear, sobre todo a los expositores estadounidenses, una pequena reflexión en relación a lo que puede significar una nueva relación en materia de seguridad con América Latina.
Creo que hay dos modelos tradicionales de alianzas que ha llevado a cabo EE.UU. Podríamos definirlo uno como el modelo de alianza igualitaria, de recíprocos beneficios, de aportes para la defensa de los respectivos países, con progreso material, tecnológico. Y otro modelo aplicado al espacio latinoamericano, que ha estado centrado sobre todo en los aspectos relativos al narcotráfico, terrorismo, migraciones, etc.
La pregunta que yo me formularía es si no podríamos avanzar un poco más hacia el modelo igualitario. Es decir, creo que la Junta Interamericana de Defensa podría tener un extraordinario rol en materia de colaborar con la actualización tecnológica, el reequipamiento y el adiestramiento de las FF.AA. latinoamericanas para cumplir las mismas funciones que cumplen las FF.AA. estadounidenses. Esto no es una utopía, e incluso la Dra. Hayes mencionaba que los pilotos argentinos se van a adiestrar a Europa, lo que en general es cierto.
Me pregunto si no sería una fuente de influencia legítima por los EE.UU. el hecho de que exista una cooperación más sustantiva en el terreno de la defensa, pero en el terreno de la defensa real y no en temas policiales que son más propios de una colaboración, como en el caso del narcotráfico, en materia de administración de justicia, en materia policial, más que en materia militar.
Finalmente quiero mencionar que comparto lo mencionado por la Dra. Hayes, que no es correcto decir con relación a un problema como Haití: "Ese es su problema", porque realmente es un problema de todos. Lo que sería interesante es buscar realmente cuáles pueden ser los mecanismos para estructurar soluciones, u organismos o foros permanentes para solucionar estos problemas.
En este sentido, comparto el comentario del Dr. Varas en relación a organismos permanentes de seguimiento de crisis en Latinoamérica.
Capitán Raimondi: Respecto de la exposición de Augusto varas, es notable cómo van aproximándose el pensamiento chileno y el argentino. Es muy satisfactorio escucharlo.
Con respecto a la exposición de los demas oradores, especialmente de los norteamericanos, en cuanto a que requieren en general un apoyo militar de los otros países, el Dr. Tulchin nos proponía un período de dos o tres años. Me parece perentorio para recibir sugerencias. Quisiera preguntarles acerca de esta perentoriedad.
Y tambien quería decirles que hacer o repensar todos estos problemas de seguridad hemisférica tal vez nos demande bastante más tiempo que el que usted nos propone.
Dr. Tulchin: Bueno, yo digo que el período es de dos o tres años para provocar un poco, lo que quiero decir es que el período es bien corto.
La coyuntura de factores son: el presupuesto norteamericano, el debate interno en materia de defensa, las prioridades declaradas del gobierno actual, la situación europea, más la manera tradicional del gobierno norteamericano de enfrentar las crisis. Es decir, nuestra política exterior consiste fundamentalmente en dos capas.
Una capa conceptual, general, con principios, lo cual hoy no está muy claro; y una capa de crisis management.
Despues de un período del gobierno de Bush, cuando se discutía si el país debía o no seguir con un nivel alto, con un perfil hegemónico en el mundo, se cerró el debate no con unanimidad ni mucho menos, pero con un consenso bastante amplio de rechazar el pedido político de aislamiento norteamericano.
Es decir que para mí de hoy en adelante los EE.UU. van a tener una postura activista en el mundo. ¿En qué mundo?
Dada esa coyuntura de factores que acabo de repetir hay una disposición histórica de recibir proyectos y propuestas.
Esa disposición, esa actitud que surge de la coyuntura de factores que acabo de repetir, no va a durar.
Sencillamente, decir dos o tres años es broma. No se miden plazos de un debate geopolítico de un país como EE.UU. No quiero decir eso, sino que la incertidumbre que reina hoy en EE.UU. no puede ser más aguantada por el gobierno, y no la va a aguantar. Vamos a observar una gradual definición por la propia defensa de los intereses nacionales de los EE.UU.
Y lo que estoy diciendo es que por una especie de suerte (mala o buena) los EE.UU. están dispuestos a recibir propuestas.
Entonces, la predisposición de escuchar es buena, más por la coyuntura presupuestaria, de la opinión pública, la concentración en el enfoque del Presidente Clinton, y porque también está dada en la personalidad de los actores actuales una disposición en favor de una actuación multilateral, que no existía en muchos gobiernos en el pasado reciente.
Dr. Lagoni: En primer lugar tengo que decir que después de haber escuchado a la Dra. Hayes me alegro de estar bien al sur en el mapa, blen lejos de Colombia y Venezuela; al menos no nos van a invadir.
Quedé un poco con la impresión -y me gustaría que me la modifiquen-, de que seguridad no debe ser solamente intervención o ingerencia militar.
Y si vamos al caso de Haití, no es que la región latinoamericana se quiera desentender. Por el contrario, sucede que en Haití no es cuestión de desembarcar sino de construir instituciones, de construir un estado.
Por eso es que la resolución 940 será difícil de implementar, sobre todo en lo referido a la construcción estatal, proceso donde todavía las Naciones Unidas no han demostrado nunca éxito. Y cuando se ha hecho en forma individual, se ha hecho o bien vía colonialismo o bien vía guerras internas.
Por lo tanto, creo que lo que Latinoamérica quiere, -y en eso estamos todos dispuestos a trabajar con los EE.UU.- es buscar soluciones de consensos de diálogo, pacíficas, para solucionar pacíficamente los conflictos, sin pensar tanto en los dos o tres años, pero tratando de superar los treinta, cuarenta o cincuenta años que tenemos detrás.
Mayor Palá: Quería aclarar que no hay argentinos en la actualidad recibiendo instrucción en Europa; al contrario, hay argentinos dando instrucción. Están entrenando a pilotos del Ejército del Aire español.
Quería hacerle una pregunta al Dr. Varas acerca del tema que del appartheid de tecnología. ¿Cómo propone, o qué sistema de regulación propone para la inserción de por ejemplo un avión como el F-16 o la capacidad de un satélite que pueda servir adicionalmente para hacer inteligencia, que pudiera probar ser algo que estabilice el balance regional y entonces cree una especie de security dilemma en esa región, y trabaje en contra entonces de otro de los puntos que usted mencionó: el apoyo al desarrollo económico? Pues se tendría que invertir más dinero para poder adquirir una plataforma similar al poder contrario.
¿Cuál fue durante la guerra fría el sistema de regulación que concretamente decía qué se podía o no comprar?
La segunda parte es otra especie de security dilemma que se ba formado por la participación de algunos países en crisis, porque han sido más activos y esto crea una inquietud por parte de algunos con otros.
Y esto me recuerda un dicho que aprendí: que el que se mueve no sale en la foto. Están diciendo: "si este actúa no ha consultado con nosotros".
¿Qué tipo de proceso de consulta, de cooperación, recomienda para que todos los países puedan armonizar su participación en las intervenciones multilaterales?
Dr. Varas: Usted pone aquí un tema central, en relación con la disuasión.
Efectivamente, la disuasión genera un dilema de seguridad. También genera posiblemente un fenómeno de contagio.
Hay varias externalidades negativas en la propia disuasión. También tiene funciones muy positivas.
El problema es que no podemos pedir a la disuasión una cuestión fundamental para las nuevas relaciones de seguridad, que es que a través de ella modifiquemos los intereres estratégicos en determinadas subregiones.
La disuasión está más aca de la transformación de intereses estratégicos. Por lo tanto, es un instrumento inadecuado para manejar eso.
Lo que se requiere es una transformación de los intereses, porque son los intereses los que están en la base de la utilización de los sistemas de armamento.
Por lo tanto, si nosotros somos capaces de una transformación estructural de los intereses y percepciones, la incorporación de sistemas de armamento avanzados no va a desempeñar la misma función que si le estamos adjudicando a la disuasión la totalidad de la estabilización estratégica de una región.
Si es así, yo estaría absolutamente de acuerdo que no es posible incorporar un misil, porque cualquier elemento adicional va a originar desestabilizaciones, contagios, dilemas, etc.
Pero ese no es el problema. El problema es que una disuasión no nos resuelve el problema de una nueva relación de seguridad.
Si nosotros operamos sobre los intereses, en el marco de una gran estratégia, como decía Tulchin: política economica, política militar y varias otras políticas, la incorporación de elementos de modernidad no tiene esas externalidades negativas como las que se mencionan.
Y por ejemplo, yendo al caso específico de instrumentos satelitales, ¿por qué no una administración conjunta?
O sea, hay mecanismos para poder avanzar en esa dirección.
Lic. Diamint: Quería hacer un comentario con respecto a lo que dijeron los Dres. Varas y Tulchin con respecto a que existe una serie de mecanismos que se pueden utilizar.
Pero al mismo tiempo, estos mecanismos representan para muchos una idea de que en realidad son instancias declamatorias y que nunca llevan a propuestas concretas que funcionen.
Por otro lado, Tulchin decía que tiene más confianza en mecanismos ad hoc.
Entonces me surge la pregunta de cómo se legitima que estos mecanismos funcionen como políticas de estado y no como políticas de gobierno, sobre todo si están pensados como mecanismos ad hoc o si en realidad los mismos organismos que ya están funcionando en cierta manera -y por las dificultades que vemos que tiene la OEA para llegar a acuerdos-, tampoco logran un grado de legitimidad que promueva las medidas que supuestamente tendrían que tomar.
Dr. Tulchin: Yo no propongo no trabajar en la OEA. Por ejemplo, lo que han hecho en la Comisión de Seguridad Cooperativa el Embajador Patiño Mayer y otros ha sido sumamente importante y podría seguir siéndolo. Hay que aprovechar lo que tenemos.
Pero mi insistencia es tal, que estoy dispuesto a trabajar ad hoc tratando de crear nuevos. Yo estoy de acuerdo con el Dr. Varas en que se debe trabajar en distintos niveles.
No sabemos, porque son cuestiones nuevas que América Latina tenga doctrinas de seguridad propias, sin recibir lo impuesto por un país hegemónico. Es un mundo nuevo y por lo tanto, buscar la legitimidad y la eficacia sería un ejercicio de "mini-max". Y no esperar un diez al iniciar
Sería paso por paso. La legitimidad vendría de la convergencia establecida en la cooperación, y se podría ir agregando elementos de legitimidad. Porque si nos quedamos esperando los elementos de legitimidad, estaríamos aqui "chupándonos el dedo" otros diez o quince años.
Dra. Hayes: Quería subrayar la posición de que hay que comenzar a tomar medidas. Costará más de una década elaborar el marco que está trazando el Dr. Varas.
Pero la buena señal de la posibilidad de colaborar a nivel regional subregional, etc, es anunciar las posibilidades de colaboración, de entendimiento, para que sea una cosa concreta en el ambiente de toma de decisiones.
No soy tan pesimista en cuanto al tiempo para poner una idea en la mesa. Pero si no hay una idea en la mesa, seguramente la decisión se va a hacer en otra parte.
En ese sentido creo que este tipo de debate es muy importante, y también lo es que llegue a todo nivel el consenso, sea el que sea, para que comencemos a actuar en algunas cosas. Si ya han discutido todas sus ideas acerca de OEA y ésta todavía no puede actuar, tal vez es importante tomar algunas decisiones y acciones a nivel de Cono Sur, etc.
No todo el hemisferio el que tiene que estar involucrado para comenzar el proceso.
Dr. Moneta: Haré un par de sugerencias en el campo de la concepción teorica de los temas.
Tengo mucho temor de que estos ordenados y excelentes ejercicios que se han presentado mantengan la pauta tradicional. En una palabra, que estemos revirtiendo el proceso poniendo vino nuevo en odres viejos.
Si nosotros estamos viendo un aspecto específico dentro de una problemática de cambio mundial, me parece que aquí observo cierto desfasaje entre planteos teóricos y discusión teórica sobre transformación del sistema y las percepciones en esta área específica.
En ese sentido, por ejemplo, cuando se plantea el debate entre sistema estadocéntrico y multicéntrico, es decir el problema del actor nacional, del estado nación, discernir las nuevas situaciones y los nuevos actores no gubernamentales como problemática absolutamente vigente hoy para Norte, Sur, Este y Oeste.
¿Cuál es el correlato de eso? ¿Qué tipo de riqueza o qué tipo de experiencia podemos incorporar nosotros para nuestras concepciones teóricas para el manejo de estos temas?
Cuando se plantea el concepto de redes y se estudia en Relaciones Internacionales, en Política, en Economía su aplicación, no lo veo aquí incorporado.
Y así podría seguir con una serie de elementos que me parecen cruciales y que creo sería interesante reflexionar, porque como siempre el mundo es más ancho y profundo de lo que tratamos de aprisionar.
Hay dos ejemplos que ustedes dieron en la mesa en este sentido. El concepto de Tulchin de que volvemos a un reciclaje de un viejo señor, en el cual la fórmula era por un lado poder económico y por el otro poder militar.
Si nos adentramos en el nuevo proceso de transformación mundial, en el campo de poder económico estamos de lleno que teniendo que trabajar con este tipo de elementos teóricos y tendremos que combinarlos si se quiere con una metodología más antigua, aunque yo creo que no, que debe haber una equiparación, una coherencia.
Lo mismo con el planteo que han hecho en la mesa con respecto a nuevos mecanismos y nuevas formas.
Hay actores no militares incidiendo hoy sustantivamente en estos temas.
No quiero ahondar este comentario. He tratado de presentar un enfoque un poquito distinto para incorporar a lo dicho. Si alguno de ustedes tiene algún comentario, me encantaría escucharlo.
Capitán Araoz: Yo también, en tren de acercarnos un poco a las conclusiones, he observado que los cuatro expositores señalan que no están claros los escenarios que se visualizan en este momento, y por ende parecería dificil establecer las políticas de defensa hemisféricas.
En mi modesta opinión, creo que si no se pueden visualizar esos escenarios habría que sentarse a tratar de conversar, o establecerlos de tal forma que sean ellos los que den lugar a las políticas. Y luego veríamos la parte instrumental.
Dra. Hayes: Coincido en que no está claro el escenario en que se van a utilizar los mecanismos de defensa o implementar los mecanismos de seguridad. Pero si nos vamos a sentar a charlar, hay que buscar muchos niveles donde armar estas charla. No creo que seamos ahora capaces de imponer desde esta sala, desde la OEA, desde EE.UU., o desde donde sea una visión comun.
Es necesario buscar las líneas de esa visión común en muchos campos, entre el civil, militar, congresistas, etc. Porque no estamos hablando siempre el mismo idioma; no estamos usando las mismas palabras cuando hablamos de amenaza, de misión, etc.
Por eso creo que buscar mecanismos diferentes más informales es una manera de acercarnos y de llegar a un consenso en cuanto a las definiciones de seguridad y estrategias en el hemisferio.
Dr. Holzmann: Yo señalaría un elemento que creo importante. La seguridad hemisférica -lo dije hace unos minutos- no implica seriamente la búsqueda, en los términos teóricos al menos, de un necesario consenso. Tal vez el término metodológico sí supone partir al revés. Establecer los disensos aceptables que están dispuestos a converger a la definición o a la aproximación o al concepto de seguridad hemisférica.
Y esa búsqueda de disenso aceptable sin ninguna duda debe estar de acuerdo respecto de los intereses de cada uno de los países. De alguna manera esto implica establecer tanto el rol político en lo económico o viceversa, como el rol político en lo militar o viceversa.
El planteamiento o la búsqueda del marco teórico tradicionales combinados con aquellas cosas que emergen de la realidad y del proceso de transformación que se está viviendo, permitirían establecer determinados caminos de convergencia de ideas, primero respecto a la existencia de disensos y cuáles son los disensos aceptables que pueden existir; y quizas de allí podríamos llegar a una visión de percepción de amenaza o de amenazas concretas o ciertas en la diversas áreas -o campos de acción segun se quiera mirar-, para poder proponer los mecanismos más adecuados para poder superarlos, manteniendo al menos por un tiempo estos disensos o al menos aceptando que estos disensos son variables a su vez en el tiempo.
La primera metodología propuesta es aquella que dice relación con establecer los disensos dejando constantes algunas variables, e ir modificando la constancia de esas variables de acuerdo al proceso de transformación que se va a ir viendo.
Ese podría ser tal vez un elemento importante a considerar cuando pensamos en lo que es seguridad hemisférica.
Pero sí lo que pienso y ratifico, es considerar que la seguridad hemisférica supone un consenso necesario; pareciera ser alcanzar un obietivo inalcanzable y que cada vez que avanzamos se va un poco más lejos.
Embajador Patiño Mayer: Quiero nuevamente resaltar el proceso de convergencia entre el pensamiento que tenemos algunos decisores y académicos entre Chile y Argentina.
Creo que es un hecho extremadamente importante, porque la exposición de Augusto Varas no es, al menos en mi opinión, una exposición más. Es realmente un cambio copernicano en el enfoque de seguridad en el pensamiento hemisférico, y en este sentido convengamos en que esto no hubiera sido antes posible. Esto marca un hito extremadamente importante que esperamos se proyecte en el futuro.
La segunda cuestión es con referencia a las intervenciones de Hayes como de Tulchin. Yo creo que ciertamente, a fuerza de tratar de ser específicos, perdemos a veces la visión de conjunto, y eso es algo que quisiera rescatar porque estoy seguro de que no estuvo en el pensar de ninguno de los dos expositores desconocer lo que son premisas fundamentales de entendimiento en esta materia.
Obviamente, cuando uno dice que todo está abierto y difuso, lo dice con ciertas -como dirían en EE.UU.- samptions que están detrás de las mentes de los expositores.
Todo está abierto y difuso hasta cierto punto. En EE.UU. obviamente, y en este momento en América Latina, hay cosas que son extremadamente importantes y valores conjuntos que nosotros no podemos desconocer.
O sea, no está abierta ni difusa la democracia. Y en este sentido reconozco que Tulchin trató este tema en su exposición. Hoy existe un consenso regional muy importante acerca de los valores democráticos. Y esto es un hecho extremadamente importante, porque de estos surgen una serie de importantísimas decisiones políticas que se toman en todos los países de la región. Y sobre todo en EE.UU.
La segunda cosa que creo extremadamente importante y no es Perogrullo, es el hecho de que todos participamos, y también EE.UU., de una idea de un sistema económico basado en el libre mercado y en una integración global de la economía.
Este otro hecho tampoco es banal y tiene consecuencias sumamente importantes; y ha llevado inclusive a decisiones que evidentemente no tenían registros históricos como ha sido el NAFTA y las propuestas que vienen posteriormente, y también los hechos recientes como el MERCOSUR.
Estos hechos son ekitremadamente importantes y subyacen; es decir, no todo está abierto y difuso. Tampoco en el campo económico.
Y finalmente, otro hecho extremadamente importante con respecto a esto es que tanto en los EE.UU. como en el mundo occidental hay un consenso básico: la estabilidad.
O sea que tampoco está abierto y difuso el fin de la guerra fría. E1 fin de la guerra fría es el de una guerra: hubo ganadores y hubo perdedores.
Y ciertamente, en esos ganadores y perdedores hay un establecimiento de ciertos consensos básicos, cuyo nudo es la búsqueda de una estabilidad a nivel global. 0 sea que cuando se reúnen el Grupo de los Siete o la OTAN, por encima de profundas diferencias que puede haber en temas puntuales, nadie pone en duda la estabilidad.
Con ello quiero decir, como cuando nos decía Tulchin, que hay algunas ideas fundamentales, como ser la no proliferación de armas de destrucción masiva.
Esto es una parte de la estabilidad, la más fácil de vislumbrar, pero lo que está detrás es la búsqueda de la estabilidad, que comprende la seguridad global.
Digo que es muy importantes porque me preocupó en la exposición de Tulchin el nombrar a autores previos a la Sociedad de las Naciones o a las Naciones Unidas. Hoy la estructuración del mundo es muy diferente. Hay un sistema de seguridad colectiva, que comprende o está emergiendo como un sistema que, ciertamente con dificultades, está intentando ponerse en práctica.
Este pensamiento convergente nos viene del vacío, surge de experiencias históricas y sobre todo europeas.
Con esto quiero decir lo siguiente, importante para la relación EE.UU.-Latinoamérica: la relación EE.UU.-Europa. Lo que está permeando de la exposición de Varas es en definitiva un relacionamiento distinto más similar a lo que ocurre con la relación Europa-EE.UU., que con la tradicional relación EE.UU.-América Latina.
Es también una pregunta: ¿Es acaso, por ejemplo, la propuesta de EE.UU. en la OTAN de Asociación para la Paz sólo para el Este europeo, o esta es una propuesta global?
Quiero decir nuevamente entonces que no todo está abierto y difuso, y nosotros estamos muy atentos a lo que ocurre en otras partes del mundo. Y el diálogo y el nivel de diálogo, están subiendo, están cambiando; los parámetros son distintos.
Un último punto es importante y quizás por lo actual, polémico. Pero lo toco simplemente como fruto de reflexión. Y que no sé si no esté en el transfondo de la presentación de nuestros expositores norteamericanos. Y es el tema Haití.
Tuve con ambos presentantes la sensación de que Haití fue una especie de prueba fracasada de EE.UU. de tratar de establecer otro tipo de vinculación con América Latina.
El debate sobre Haití es un debate pendiente, que no ha terminado, y creo que en Haití hay un caso paradigmático que debe ser debatido, por todas las consecuencias que este debate tiene para casualmente las cosas que se hablaron.
Por ejemplo, entre ctras cosas, la OEA. ¿Es capaz la OEA de resolver un problema como el de Haití? Saltamos al Consejo de Seguridad. ¿Estamos dispuestos a resolver de aquí en más todos los problemas a traves de los mecanismos del Consejo de Seguridad? ¿Es ese el mejor mecanismo que tenemos para resolver? ¿Cuál es entonces la relación entre la seguridad regional y la global?
Este es sólo el comienzo de un debate que no voy a abrir y simplemente lo planteo. Creo que es un proceso de reflexión importante, y en ese sentido es para mí uno de los aportes más importantes de los expositores norteamericanos. Quizás Tulchin manifiesta un poco la impaciencia, al hablar de esos dos o tres años, como diciendo: "hasta que ustedes se definan, no puede ser eternamente, tenemos que encontrar algo un poco más rapido".
Y espero que este diálogo y esta coincidencia argentino-chilena sirva para poner a nuestros interlocutores norteamericanos un poco de optimismo. Quizás sientan que los pasos se pueden ir acelerando un poco, y que de alguna manera podemos ir pensando un esquema donde haya procesos de convergencia.
Dra. Hayes: Yo haría dos comentarios.
Primero, que lo que usted comentó acerca de visión de conjunto, de manutención de democracia, de mercados libres, etc, es en el fondo la definición de la seguridad.
Nosotros enfocamos demasiadas veces la seguridad como una cuestión de defensa o militar. La seguridad en sí es la estabilidad y la previsibilidad de las cosas. Un Hans Morgenthau diría un status quo que no arregla a todo el mundo, pero no creo que tengamos perdida esa visión de lo que son los componentes de seguridad; no son los mismos lnstrumentos que se movilizan para seguir unos u otros aspectos de seguridad.
Segundo, en cuanto a Haití. Creo que es un caso en el que todos los países tienen que decir: ¿cuáles son mis intereses en resultados ahí, y qué costo estoy dispuesto a cargar para dar soluciones a ese problema?
Cuando nosotros vamos a la defensa de la democracia -y nadie aquí va a decir que no deberíamos ir en defensa de la democracia- también tenemos que pensar qué obra estamos enfrentando.
Yo creo que usted sugirió bien; el caso de imponer o restablecer la democracia en Haití, aunque no me gusta esa palabra por que nunca existió democracia en ese país, es un emprendimiento de 40 años o más. Creo que mi país tomó la idea de defender la democracia y la elección robada de un señor que sí fue elegído por la mayoría, etc. Pero enfrentó ese problema sin comprender lo que es construir una nación desde abajo, y los temores vienen de la mala experiencia que nosotros y la ONU tuvimos en Somalía, en Ruanda, etc.
O sea, es un emprendimiento muy pesado; no sé si la OEA sería capaz de solucionarlo. EE.UU. no es capaz de solucionarlo; sí podemos derrocar al goblerno pero no podemos crear democracia donde no existen raíces fuertes.
Y creo que el debate en el hemisferio tiene qie dirigirse a ese problema.
No es que no apoyemos la democracia, pero tenemos que entender las posibilidades cuando intervenimos en algunos países.
Dr. Varas: Ouisiera hacer brevemente referencia a tres temas que me han tocado en mi exposición central.
El primero es el de la hipótesis de conflicto; lo agradezco. Gran parte de estos trabajos han sido influldos por elaboraciones de ustedes -particularmente de Virgilio Beltrán-, que han sido para pensar el término de la hipótesis de conflicto y cambiarla.
El marco de definición de amenaza y de hipótesis de conflicto, estructuración de fuerzas, etc., es un esquema que quizas deberíamos repensar. Yo propongo que como esa forma de aproximación para la seguridad hemisférica no nos es válido en este momento, que sea posible avanzar a través de otros carriles para avanzar de mejor forma en este tipo de cuestiones.
Mi segunda consideración es con respecto al uso multilateral de la fuerza. Solamente me refería al uso unilateral de ella. Creo que es posible enmarcar el uso de la fuerza en mecanismos multilaterales.
Y finalmente, en términos del tema de la renuncia del uso de la fuerza en el marco unilateral, EE.UU. ya lo hizo en los años 30. Abdicó unilateralmente del uso compulsivo de las deudas y ese fue un gran avance en la estructuración del sistema interamericano.
No veo por qué aparece como utópico el poner en términos de máxima algo que en el pasado también se dió.