LA DEFENSA PARA UN NUEVO MODELO DE ESTADO
La Argentina se encuentra en una situación que podríamos describir como en el medio de un salto cualitativo en todos los aspectos del quehacer nacional.
Esto es así, tanto en lo que concierne al rediseño del Estado, de su aparato productivo, de los nuevos parámetros culturales que la propia sociedad va acuñando y de la configuración de una nueva elite dirigencial, que se guía por valores muchas veces diferentes de las antiguas elites que tomaban las decisiones de fondo en nuestro país.
Este salto cualitativo abarca también un proceso de revalorización política del concepto de subregión, de su verdadera dimensión, y de la importancia que ésta adquiere para nuestro país no sólo desde un punto de vista económico comercial, sino también en lo cultural, afectando al plano de la seguridad.
En este último sentido,queda cada vez más claro que toda vez que nuestro país avanza en el diseño de una estrategia global para su sistema de defensa, va teniendo en consideración esta tendencia integracionista.
Está claro que esto no significa ausencia de dificultades e inquietudes cuando por momentos aparecen actitudes contradictorias a esta tendencia integracionista en algunos de los paises socios del MERCOSUR o del Cono Sur. Sin embargo esto no debe preocuparnos al punto de paralizarnos en nuestra marcha a reforzar el concepto de que el desarrollo y la seguridad, ya no pasan sólo por lo que cada Estado de la subregión pueda realizar, sino por lo que de conjunto seamos capaces de pergeñar.
Existe un elemento que se complementa con todo lo antes dicho, y es la tendencia de que en el mundo entero se busca generar previsibilidad en el comportamiento de los Estados, (las democracias son un factor determinante para ello). También existe una búsqueda de previsibilidad en las relaciones internacionales, buscando acrecentar la vigencia del derecho y el peso de los organismos y regímenes. Está claro que esto no significará ausencia de conflictos; sin embargo, sí el acotamiento de estos. Finalmente, también hay un camino abierto para dotar de una mayor presencia a las regiones, tanto en las cuestiones económicas como en la resolución de los conflictos. .
Ahora bien, hablar de que un Estado sea previsible, a la luz de esta fenomenal dinámica de cambio que se ha ido imponiendo en el mundo, en la región y también en nuestro país, es hablar de la necesidad de redefinir cuáles son los roles indelegables que ese Estado moderno debe cumplir, así como el modo en que deberá hacerlo. La educación, la seguridad, la salud, la defensa, la inteligencia estratégica, la elaboración de políticas culturales, parecen ser algunos de los temas en los que el Estado deberá concentrar su esfuerzo. Temas por otra parte indelegables; que requieren la elaboración de claras estrategias, de cuadros capaces de llevarlas adelante, y de políticas de difusión que alcancen a los públicos más amplios, de modo de generar una cultura del protagonismo del conjunto del cuerpo social, para que el crecimiento sea una realidad que abra paso a un progreso sustentable.
El nuevo Estado argentino deberá tener como rasgo dominante, la eficiencia en cada campo. Para ello será necesario adoptar las nuevas tecnologías que el mundo pone a nuestro servicio, como herramientas indispensables para la planificación, la ejecución y el control de gestión. El incremento en la capacidad de gerenciación a todo nivel dentro del Estado, será una condición indispensable para alcanzar el éxito buscado.
Para precisar entoces en qué claves deberá leerse el tema de la defensa nacional, tenemos por un lado la necesidad de comprender el valor real que el concepto de previsibilidad adquiere hoy en el planeamiento de nuestros Estados, y por el otro la importancia real que tienen los conceptos de eficiencia, de comunicación social de las políticas, para coadyuvar al protagonismo de la sociedad también en esta área; y la adopción de las nuevas tecnologías y el aprendizaje de su manejo.
Al mismo tiempo, no se puede seguir impulsando un comportamiento errático desde el Estado, en lo que concierne a que las políticas nacionales contradigan el criterio asociativo que hemos decidido impulsar con nuestros vecinos, o bien que nuestras decisiones no acompañen en tiempos y rítmos, los propios tiempos y rítmos que las decisiones de nuestros vecinos requieren. Por otra parte, hay que comprender definitivamente que el diseño de una estrategia para nuestro sistema de defensa nacional, está intimamente ligado al resto de la reforma del Estado. Es más, que frente al retraso que se observa de este rediseño en otras áreas, la defensa puede ser una buena punta de lanza que refuerce este concepto; más aún, esta dinámica.
El sistema nacional de defensa pensado desde este cúmulo de factores condicionantes, al que deberíamos agregarle el de la restricción económica, es sin lugar a dudas un reto a la creatividad, pero más que ello un reto a la capacidad de diseño en temas tales como la reelaboración de un adecuado sistema de toma de decisiones.
También para la creación de un verdadero centro de conducción del diseño, ejecución y control de las políticas de defensa nacional, que deberá estar ubicado en un Ministerio de Defensa reestructurado; tanto en lo conceptual, como en lo funcional.
Un Ministerio de Defensa que contemple la necesidad de la participación de militares en actividad en su estructura de funcionamiento cotidiano, así como la formación de una burocracia eficiente en el manejo de los diferentes aspectos que hacen al desenvolvimiento del área.
En resumen, pensar en un rediseño de nuestro sistema de defensa, es desentrañar una ecuación en la que la defensa resulta una variable dependiente del factor del desarrollo nacional, que a su vez es variable dependiente del proceso de crecimiento nacional, intimamente vinculado a un doble fenómeno: el éxito del proceso integrativo regional y la eficiencia en el manejo de la cosa pública.