LA SEGURIDAD ESTRATEGICA REGIONAL EN LA INTEGRACION DEL CONO SUR
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Un caso de construcción de seguridad y paz
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Lic. Jaime Garreta
1. ANTECEDENTES
A modo de introducción quisiera destacar que este trabajo que he realizado como representante de una organización no gubernamental de Argentina llamada SER en el 2000 (Seguridad Estratégica Regional en el 2000), no es una ponencia de carácter teórica, tampoco una investigación en el sentido estricto. Pretende sí, en cambio, ser un relato resumido de la experiencia de trabajo conjunto de un grupo de militares en actividad y retirados, de políticos y de académicos de diversas disciplinas, Iniciada hace ya cinco años y cuya pretensión inicial era crear un código comunicacional común que permitiera contribuir positivamente al mejoramiento de las delicadas relaciones cívico-militares de la Argentina de entonces.
También intentaremos avanzar en la explicación del camino que nos permitió expandir esta experiencia local con otras entidades similares de países vecinos.
Quisiera comenzar este relato entonces, con uno de los primeros productos surgidos del debate de nuestro seminario permanente "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000", en el que acuñábamos una visión, aún vigente, sobre el tema de la Seguridad Regional.
Decíamos entonces: "Pensar en estimular el debate sobre la Seguridad regional y la defensa implica hoy reconocer que vivimos en un mundo donde el grado de trasnacionalización de todas las dimensiones de la vida de una comunidad nacional, la enfrenta a una alternativa de hierro. Por un lado a fortalecer su identidad cultural o enfrentarse al fantasma de la desintegración.
"Por el otro, estas identidades nacionales no se avienen a ser pensadas ya, como en los viejos nacionalismos como un mero compendio de herencias del pasado.
"Hoy más que nunca una nación es tal, sólo cuando expresa un proyecto común y, de una vez por todas, realmente de todos y para todos" .
Desde esta base imprescindible es que podemos encarar con cierta posibilidad de éxito el acelerado proceso de integración regional, sin el cual no saldremos de esta tendencia creciente a la marginación económica, política y social que en más de una oportunidad nos introduce la duda acerca de la viabilidad de la América del Sur. Avanzábamos, entonces, aún un poco más y concluíamos que, para que todo aquello fuera posible, era necesario recuperar la capacidad de elaborar un pensamiento nacional, que al mismo tiempo que fuera operativo en el campo de la realidad, no se cerrase al impacto que producían las tendencias internacionales emergentes. Mucho menos que se transformase en copia mecánica de modelos o lecturas hechos desde otras latitudes.
Convencidos de estas premisas básicas y elementales, nos comprometimos a contribuir en la elaboración de ese pensamiento nacional, así como también allanar el camino para el intercambio de ideas sobre los problemas de seguridad, defensa y paz con otros pueblos hermanos, en particular los de América del Sur.
1.1. Delimitación de la subregión
El debate fue abundante y multifacético. Complejo resultó abordar este tema, porque por un lado había un continente latinoamericano con el que tenemos una larga historia común, casi un mismo idioma en todas partes, tradiciones independentistas similares, problemáticas económicas sociales parecidas, organismos continentales de los que todos participamos. Pero por el otro conforme avanzábamos en el debate, íbamos percibiendo también diferencias que obligaban a mirar este vasto continente desde una óptica diferenciadora que permitiera entender la lógica de la existencia de un Pacto Andino, o de la integración de México a un megamercado como es el NAFTA. Veíamos que la problemática de centroamérica expresaba un sinnúmero de particularidades que no se podían superponer mecánicamente a otras latitudes del continente.
De ello se llegó a una primera conclusión que fue reconocer que era necesario aceptar que vivíamos en una realidad continental compleja, desigual y contradictoria, si la tomábamos como un todo y que así tomada, resultaba a todo efecto antioperativo.
Ello derivó en la necesidad de reconocer que debía haber un espacio que, por contigüidad al menos, nos obligaba a definirlo como nuestra subregión. Un espacio en el que todo el debate encarado resultaba pertinente y por lo tanto operativo.
inalmente abordamos la tarea de delimitar físicamente a nuestra subregión llegando a la conclusión de que estaba constituida por los actuales países que configuran el Mercosur, más Chile y Bolivia.
¿Por qué las naciones del Mercosur? Sencillamente por este factor de contigüidad y porque la tendencia asociativa iniciada hace ya algunos años, aparece como positiva en general y además como irreversible. Esta irreversibilidad impone, por otra parte, un factor de mucho peso y que no puede dejarse de lado. Lo que le suceda a uno de los socios, repercute automáticamente sobre el resto. Obviamente esto incluye muy especialmente la dimensión seguridad y por consiguiente el tema de la paz en la subregión.
¿Por qué Chile y Bolivia? Porque aún cuando no están formalmente integrados al acuerdo del Mercosur, forman parte de hecho del contínuo desarrollo/geografía que, en el caso particular de Chile, evidencia altamente su pertenencia si analizamos el creciente flujo de inversiones de capital en los países del Mercosur; al tiempo que el incremento del intercambio comercial con el resto de la región. Intercambio cualitativo diríamos, en la medida que el mayor porcentaje de las exportaciones chilenas con alto valor agregado van dirigidas a Brasil primero y a la Argentina después.
En lo concerniente a las inversiones de capital desearíamos acotar que, para sorpresa de cualquier analista parado sólo 10 años atrás, se vienen dando en áreas estratégicas del aparato infraestructural de nuestro país; como los del área de la energía eléctrica.
En el caso de Bolivia, pese a que su economía no parece tener un impacto espectacular en las nuestras como lo es el caso de las chilena, sin embargo estamos convencidos que también es parte de ese continuo desarrollo/geográfico del que todos los países del Cono Sur formamos parte. Principalmente si lo miramos desde la perspectiva del desarrollo para un progreso armónico y sustentable.
1.2. Elementos historiográficos de apoyo
A los efectos de ir avanzando en dirección al título del artículo, es menester reconocer la existencia de algunos datos históricos significativos, en la medida que han operado ora como freno ora como catalizadores del proceso integrativo y no sólo en el mero plano de los hechos, sino lo que es más importante, en el ámbito de la percepción, que es de donde se nutre la toma de decisión de nuestras respectivas elites dirigenciales.
A modo de ejemplo citaremos algunos de ellos, para ver sus consecuencias más inmediatas.
- La guerra de las Malvinas : Una desacertada decisión del gobierno de entonces que derivó, por muchas razones, en la derrota militar de nuestras fuerzas, que trajo aparejado un complejo espectro de consecuencias.
- En primer lugar puso a la Argentina entre los países poco confiables para las grandes potencias agrupadas dentro del pacto OTAN.
- Contribuyó al colapso del ya debilitado gobierno de facto de entonces.
- Puso en evidencia la disfuncionalidad de los tratados de asistencia recíproca que operaban en el marco de nuestro continente.
- Permitió que la Argentina se instalara un nuevo enfoque en lo que concierne a su autoposicionamiento y al modo de relacionarse con otras naciones. Facilitó la reversión de un falso concepto "europeísta" instalado en amplios campos de nuestra sociedad, que de hecho nos aislaba de nuestro contexto latinoamericano real.
Esta reversión en lo cultural, facilitó sin duda que se hicieran viables las políticas que más tarde derivaron en la firma del tratado del Mercosur.
- En lo que respecta a las Malvinas, despejó el camino para buscar el camino diplomático como única alternativa para alcanzar el objetivo permanente de recuperar esos territorios.
- El volcar nuestra mirada hacia la región ha facilitado la recuperación de nuestro restringido marco de maniobra en el que nos había puesto la guerra de las Malvinas
.- El conflicto del Beagle con Chile:
Este es otro antecedente derivado en viejas diferencias que pudo, en su momento, colocar a nuestras naciones en el desgraciado camino de la guerra, con las gravísimas consecuencia que ella hubiera acarreado para ambas naciones; en lo económico, en lo político, en las posibilidades para el desarrollo, en lo humano (dado que son los pueblos quienes sobrellevan en sus espaldas el peso y las consecuencias de cualquier guerra).
Hubiéramos ciertamente quebrado una larga tradición instalada, que es la de ser esta, una de las regiones más pacíficas del planeta.
- Las delicadas relaciones cívico-militares en la región: Un elemento histórico que ha operado negativamente en toda nuestra subregión, es el permanente quiebre de los procesos democráticos por parte de los militares.
Ello trajo algunas consecuencias graves, entre otras cosas, la imposibilidad de hacer crecer una dirigencia política, capaz de manejar adecuadamente los asuntos de nuestros estados
Trajo como consecuencia también la desnaturalización de las relaciones entre civiles y militares que aún hoy perturban, en mayor o menor grado, los procesos de pacificación al interior de nuestra sociedades.
Es de destacar que éste no es un problema menor, porque en la medida en que se observan todavía remezones de insubordinación del poder militar al poder político en la región, ello habla de inestabilidad y ésta, pone en peligro, siempre, la consolidación del proceso integrativo.
La recomposición definitiva de las estructuras estatales en todos los países de la región que permita un funcionamiento plenamente institucionalizado, desagrega un factor de intranquilidad interna, pero más aún, constituye de por sí en una positiva medida de generación de la confianza mutua.
Ello en la medida en que las democracias son siempre más previsibles desde todo punto de vista. El aventurerismo no es un rasgo que los caracteriza y en tanto esto es así, la paz se ve mejor resguardada bajo su funcionamiento pleno.
- Los diferendos limítrofes que subsisten en la región: Este es un aspecto que no podemos desconocer y que viene en algunas cosas de larga data: en otros son más recientes, pero en todos los casos, además de ser un factor de preocupación, son una verdadera traba para el desarrollo armónico de nuestra subregión. De ello se deriva la necesidad de impedir que se instale la diplomacia de la postergación como política entre nuestros países para estas situaciones.
Si existe el diferendo, la mejor política en el marco del proceso integrativo, es dar el primer paso, que es ; reconocerlo y desde allí buscar el mecanismo pacífico para superarlo. Como en alguna oportunidad mencionara el actual embajador de Brasil ante nuestro país "es claro que nuestro proceso de relaciones tuvo, tiene y tendrá dificultades. Mismas que no tenemos con ningún país del continente asiático; sin embargo ello es tan cierto como que jamás podremos construir un puente entre Brasil y cualquier país del continente asiático; sí en cambio entre nuestros países". Destacamos este ejemplo del embajador Azambruja porque nos dice con mucha claridad de un concepto nuevo que debe regir la diplomacia en nuestra región, concepto al que a nosotros nos gusta llamar de actitud responsable.
Cuando el patrimonio a cuidar es común, y nuestra subregión lo es, aparece la actitud de prever el conflicto (se habla entonces de diplomacia preventiva). En todo caso el sustrato de esta forma que adopta la diplomacia es una actitud responsable que parte de entender que lo que al otro le sucede es no sólo un problema del otro sino para uno y de uno.
- El advenimiento y consolidación de las democracias en la subregión: De alguno u otro modo hemos ya fijado nuestra posición sobre el signo positivo que esto ha tenido para nuestras respectivas naciones en primer lugar y para la subregión después.
Aquí sería importante destacar el proceso desigual que estas democracias llevan y que a pesar de ello deben ser, y de hecho son, combinados. De modo que estamos articulando en nuestra región procesos que tienen puntos de partida diferentes, desarrollos disímiles, dimensiones heterogéneas, voluntades no siempre bien dispuestas.
Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, el concepto a rescatar es el de combinable. ¿Por qué? Porque tal vez en la heterogeneidad, en la diversidad y en la voluntad política de combinarlas resida la clave de un proceso integrador exitoso, en la medida en que el producto final será superador de lo que cada una de nuestras naciones tiene hoy y en perspectiva, como propio.
1.3. La selección del contínuo desarrollo/geografía como alternativa al histórico/diplomático
Tal y como lo venimos desarrollando en los puntos anteriores, la historia de los países que configuran la subregión está plagada de ejemplos donde las decisiones políticas tomadas por los distintos Estados se fundamentaban, en lo esencial, en el gran valor que para cada quien tenían las diferencias históricas y diplomáticas que nos separaban.
Este modo de accionar se sustentaba en un anticuado concepto de soberanía, en el que lo esencial era la preservación de una autonomía de decisión estatal a ultranza, y en el que la posibilidad de desarrollos integrados era parte de una utopía Bolivariana incumplible.
La resolución del conflicto Este-Oeste, el proceso de globalización de la economía, de las tecnologías y de las comunicaciones, vino a perforar la rigidez de este concepto y lo tornó disfuncional; al punto que en todo el planeta se viene instalando con fuerza imparable la tendencia a que cada región geográfica comparta un destino común.
Tal es el comienza de la configuración de megabloques. Tal es también el fenómeno que en nuestra región impulsó la necesidad objetiva de comenzar a modificar el concepto de soberanía tal como lo teníamos cada quien acuñado. Consecuentemente con ello avanzar en la selección de un continuo más operativo para la toma de decisiones en lo que concierne a la relación entre nuestros estados. A este continuo lo hemos dado en llamar de desarrollo/geografía. ¿Qué significa esto? En términos generales es comenzar a darle una verdadera jerarquía, en primer lugar, al diagnóstico del presente de nuestros países lo que no inhibe desconocer las diferencias del pasado, y mucho menos el buscar resolverlas en el espíritu de actitud responsable que antes mencionamos.
Significa tomar conciencia que somos un continuo geográfico que reúne a cientos de millones de seres humanos, con necesidades básicas aún insatisfechas y que por lo tanto constituyen un mercado potencial fenomenal si se lo analiza desde el punto de vista económico/comercial. Ello implica también pensar en que se abre una posibilidad de desarrollo combinable para nuestros países.
Finalmente también significa que el bienestar de nuestros pueblos estará cimentado en la capacidad que tengamos para promover el desarrollo científico tecnológico, industrial conjunto; así como una estrategia de márketing común para integrarnos a los mercados del mundo. Estas son las dimensiones hacia donde se ha desplazado el verdadero centro de gravedad de la actividad humana del planeta; por supuesto nuestra subregión no se escapa a esta nueva realidad emergente.
En lo que concierne específicamente al desarrollo industrial y científico tecnológico es evidente que la brecha que separa a nuestros países de los llamados del primer mundo es tan grande que parece, a todas luces, insalvable. De ello se deduce con facilidad lo estéril de cualquier intento individual para achicarla. En ese sentido, lo peor es que el resultado más probable para el país que así lo intente, será el que hipotecará en tal magnitud sus energías que lo puede colocar al borde de la inviabilidad como nación. Esto que de por sí es grave, lo es mucho más si se lo mide desde el punto de vista del retraso que esta situación le generaría a la subregión, en la medida en que no podría contar con esas energías para el ya de por sí difícil esfuerzo común. La selección de este continuo desarrollo/geografía, conlleva a reflexionar en por lo menos un aspecto adicional que es el de pensar en la variedad de recursos naturales, tecnológicos y humanos posibles de ser combinados en estrategias conjuntas concentradas, en cualquier campo que se decida como oportuno. Podemos pensar en la alimentación, la industria, la energía de todo tipo, el comercio potenciado por la posibilidad bioceánica para ejercerlo.
Se podría analizar la posibilidad para el desarrollo conjunto de una visión subregional innovadora en materia de management empresarial, de marketing para hacer nuestro comercio regional más eficiente en los mercados del mundo.
Podríamos en fin, acceder desde otro lugar que no fuese sólo el de usuarios, a las autopistas informáticas que la más avanzada tecnología del primer mundo pone a nuestra disposición.
1.4. Cambios en el concepto de equilibrio de poder en la subregión.
Hasta no hace mucho tiempo atrás, cuando en nuestros países se hablaba de equilibrio de poder, se lo hacía desde una postura conceptual unánime, donde lo central era el modelo de desarrollo autonómico nacional.
Desde este concepto se derivaban varias consecuencias:
- En el plano del desarrollo, cada nación sólo confiaba en sus propios recursos naturales o humanos y en su propio esfuerzo, que casi siempre resultaba competitivo con el del país vecino en la medida en que se buscaba expandir el desarrollo a todas las áreas posibles.
- En el plano de lo militar este concepto autonómico traía por lo menos dos consecuencias inmediatas. La primera -derivada del punto anterior- el desarrollo de hipótesis de guerra cruzadas entre nuestros países. La segunda, derivada de esta última, la necesidad de un desarrollo militar propio, capaz de sostener una ecuación de balance con cada uno de los países vecinos.
- En el terreno de la diplomacia, esta visión traía como consecuencia la necesidad de desarrollar un sistema de alianzas intraregional, que fuera capaz de aprovechar las contradicciones interestatales derivadas de los conflictos históricos bilaterales existentes en toda el área. Aquí es donde aparecen los ejes geopolíticos cruzados como el Lima-Buenos Aires vs. el de Santiago de Chile-Brasilia por poner sólo dos ejemplos.
A ello se debía sumar una fuerte alianza de cada uno de nuestros países, con alguna potencia militar extrarregional, que pudiera ser útil en caso de máxima escalada del conflicto latente.
- La búsqueda de una alianza de esta naturaleza podría tener como antecendente posible lo que el Lic. Paradiso menciona en sus últimos trabajos en torno a la singularidad latinoamericana, como una derivada del carácter periférico permanente de nuestra subregión.
Si tomamos esto como una posibilidad cierta, podemos afirmar que el carácter periférico de nuestra subregión, a la luz de las actuales tendencias internacionales, pone de manifiesto el alto grado en que se viene acrecentado la dependencia para cada una de nuestros países en general, pero particularmente en lo que concierne a la posibilidad de un "desarrollo autonómico". Esto toca todos los planos, por supuesto también el de desarrollo de la tecnología militar.
Todas estas tendencias nuevas, emergentes en el mundo de la post-guerra fría, los avances sostenidos en materia de integración subregional a partir de la creación del Mercosur, han traído como consecuencia una lenta, contradictoria, pero irreversible dinámica orientada al cambio conceptual en lo tocante a como abordar en la actualidad, el concepto de equilibrio de poder.
En la medida en que el modelo de desarrollo nacional ya no es, ni puede ser autonómico, se abre camino al concepto de modelo compartido.
Claro está, que esta no es una modificación menor, ya que afecta prácticamente todos los campos de la vida de nuestra sociedades y estados. Modifica, sin duda, el concepto y la dinámica de las alianzas intraregionales que han comenzado a transitar un camino sustentado en la idea de la cooperación. Podríamos decir que hemos comenzado a buscar en un sentido concreto un rumbo común, teniendo como punto de partida el antiguo concepto de equilibrio de poder y como punto de llegada el concepto de potencialización del poder subregional, que tendrá que buscar modos de cooperación y de equilibrio con el resto del hemisferio primero y con otras regiones del planeta luego. A esta altura es interesante detenerse un instante para ver que ha sucedido con el concepto de balance bilateral en la subregión. Sin duda se ha modificado profundamente debido a este proceso asociativo/cooperativo. Ha dejado sin sustento objetivo a quienes, en nuestros países, aún desean sostener que las bases de las relaciones entre nuestras culturas, sociedades y estados seguirán sustentadas en la doble idea de la diferenciación permanente y en el conflicto como modo de resolución de las contradicciones que esas diferencias producen.
Para no pecar de ingenuidad, es necesario reconocer también que este proceso de cambio de mentalidades no es, ni homogéneo, ni impermeable a fluctuaciones y que no pocas veces depende de los "éxitos" que el proceso asociativo va alcanzando. Cuando hablamos de "éxitos", lo hacemos extensivo a la capacidad que cada uno de ellos tenga de modificar la calidad de vida de nuestros pueblos y no sólo al plano meramente mercantil de la asociación.
Ya no se trata de tener, entonces, una ajustada visión del potencial bélico de cada país vecino, con el que sosteníamos hipótesis de guerra cruzadas desde nuestros respectivos Estados Mayores o Ministerios de Defensa. Esto pasa a ser hoy un dato al menos secundario por no decir irrelevante. Se trata en la actualidad de ir buscando el consenso para que cada uno de nuestros estados vaya avanzando y haga avanzar a sus respectivos decisores, burocracias, opinión pública e instituciones, (entre ellas las FF.AA y Ministerios de Defensa o equivalentes) hacia una nueva comprensión de la dirección del cambio de la actitud estratégica a suscribir.
En nuestra opinión la actitud estratégica a adoptar por parte de nuestras naciones queda claramente definida en el concepto de defensiva, tal como lo definiera en la última reunión de nuestro seminario permanente "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000" el presidente de la Comisión de Defensa del Senado de la Argentina, Senador Eduardo Vaca.
El significado de esta actitud estratégica defensiva se organiza alrededor de la idea de que en materia de poderío militar, se debe mantener una magnitud del poder tal que garantice la integridad territorial propia, al mismo tiempo que se debe resignar el poder militar necesario que pudiera permitir la utilización de la fuerza con objetivos de conquista territorial sobre los vecinos. Por otra parte, hablar de balance en el presente, significa comenzar a mirar con seriedad la posibilidad de emprendimientos de industria para la defensa bi, tri o multilaterales conjuntos. Volviendo al nuevo concepto de equilibrio de poder, entendido ahora como potenciación del poder sobreregional, en el marco de un modelo de desarrollo compartido; habrá que comenzar a abrirnos a la idea de la necesidad de un trabajo conjunto en dimensiones tan diferentes como son: el crecimiento armónico de la economía, la tecnología y la industria, el equilibrar los índices de crecimiento de los respectivos PBI.; el desarrollo tecnificado del agro; el manejo racional de los flujos migratorios para que no se tornen en potenciales fuentes de conflicto en el futuro; el diseño de adecuadas políticas de fronteras de modo de transformarlas en puentes de comunicación y no en obstáculos militares.
2. EXTENSION DE LA FRONTERA DE SEGURIDAD A LA SUBREGIÓN, UNA ESTRATEGIA COMUN POSIBLE
Bajo este subtítulo describiremos los elementos centrales de un aspecto de la estrategia para la integración del Cono Sur, con pleno respeto de nuestras respectivas identidades nacionales.
En primer lugar cabe preguntarse: ¿Qué queremos significar con esta idea de extender las fronteras de seguridad a los límites de la subregión?
En principio queremos decir que, cualquier riesgo a la seguridad del vecino debe ser asumido como propio, por ejemplo: droga, pesca, Amazonia, etc.
También significa aceptar que cualquier amenaza de carácter bélica que afecte a cualquiera de nuestros países, vendrá en el futuro desde afuera del espacio geopolítico subregional configurado por el Cono Sur.
Por otra parte nuestro proceso de integración en el Mercosur, al que aspiramos que prontamente se sumen Chile y Bolivia, es un factor potente que contribuye a garantizar el funcionamiento global pleno de nuestras respectivas soberanías nacionales, que al decir de algunos profesores de la Escuela de Guerra Naval de los EE.UU. invitados recientemente a disertar en nuestro seminario, se sintetizan en dos pilares básicos que son : la integridad territorial y la plena libertad para la toma de decisiones políticas por parte de los estados.
En este terreno nos gustaría definir con claridad que la interacción, interdependencia, interconexión intraregional, genera un complejo sistema sobredeterminado por una positiva red de relaciones en diferentes planos, en la que es admisible el disenso la diferencia y hasta el conflicto como parte de la convivencia; de intereses encontrados en algún momento del presente o del futuro; de desentendimientos producto del lastre con que algunos prejuicios históricos todavía nos hacen operar.
Sin embargo este nivel de conflicto aceptable, no puede avanzar más allá del que define al concepto adversario. Adversario es entonces aquél con quien la diferencia que nos separa puede encontrar, en principio, una lógica y un mecanismo de resolución y que estos en todo caso serán pacíficos.
La diferencia con el concepto de enemigo es clara. Al enemigo se le impone la voluntad propia, por la fuerza y en el momento que mejor conviene.
En esta dirección y para que el objetivo estratégico de mantener nuestra subregión segura y en paz, es menester avanzar en la estrategia de extender la seguridad a la subregión. El camino posible lo hemos de resumir en dos puntos:
2.1. La legitimidad de mantener nuestros respectivos sistemas de defensa nacionales
El proceso de debate de nuestro seminario permanente "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000", en el que han tomado parte expertos argentinos, brasileños, chilenos, paraguayos y uruguayos, es unánime la idea acerca de que el proceso de integración en el Cono Sur no implica en absoluto el abandono de un adecuado sistema de defensa, del mismo modo que se acepta que es necesario el rediseño de instrumentos militares acorde a los directivas estratégicas que emanen de los respectivos poderes políticos de los países de la subregión.
En este sentido se comienza a percibir indicios claros en torno a que los nuevos presupuestos estratégicos que se van imponiendo en el debate de la subregión, se orientan a reconocer que no se puede prever la defensa de nuestros respectivos intereses nacionales más allá del ámbito subregional.
Reconocemos, sin embargo, que existen intereses extrasubregionales, tal como puede ser el fortalecimiento del sistema de seguridad internacional para el mantenimiento de la paz, en el que nuestra subregión puede aportar en un sentido constructivo a condición de alcanzar un consenso previo de cual debería ser ese aporte, su magnitud, así como la necesidad de coordinar las acciones concretas. En este particular es preciso señalar que aunque este es un consenso en el marco de SER como institución, todavía subsiste un pensamiento heterogéneo al respecto en otros niveles que incluye los estados de la subregión. En este sentido todavía cada quien guarda un alto grado de autonomía para decidir de que modo se aporta al fortalecimiento del sistema de seguridad internacional para el mantenimiento de la paz en el hemisferio y en el mundo.
Otro supuesto estratégico consensuado es que el proceso integrativo del Cono Sur es, en todo sentido, estratégico y que por lo tanto las dimensiones políticas y de seguridad cobran una relevancia vital a los efectos del mantenimiento de una subregión ordenada y en paz. De ello se concluye que no es posible seguir pensando la defensa de nuestros países dirigida como vectores que se apuntan mutuamente entre socios.
Al mismo tiempo reconocemos que el contínuo geográfico que constituye nuestra subregión, inmersos como estamos en un mundo incierto, hace necesario prever la posibilidad de que aparezcan riesgos hoy incalculables. El peligro entonces está presente de modo latente. Consecuentemente no es absurdo pensar que una agresión militar a cualquiera de nuestros países es una posibilidad de considerar. Del mismo modo dicha agresión tendría necesariamente como plataforma de lanzamiento el territorio de alguno de ellos, aunque esto se hiciera en contra de la voluntad de dicho país.
Es por esto que cobra una importancia fundamental la idea de consensuar el concepto de extender las fronteras mutuas de seguridad a los límites de la subregión. Ahora bien, tan importante como este concepto mismo, es el modo de implementarlo, que no puede ser otro que por la vía de acuerdos multilaterales entre todos los vecinos del Cono Sur.
De los presupuestos antes mencionados se extraen en materia de defensa algunas conclusiones básicas importantes:
- Hoy más que nunca sigue vigente la necesidad de que cada estado del Cono Sur mantenga su sistema de defensa lo que lógicamente esto incluye sus respectivos instrumentos militares.
- Que dichos sistemas de defensa cumplirán un doble papel:
a) El de la misión fundamental que es la del mantenimiento de las integridades territoriales respectivas, en los términos en que ya lo mencionamos en cuando definiríamos la actitud estratégica a asumir.
b) El de trabajos cooperativamente para garantizar el mantener alejado cualquier riesgo de agresión extra-subregional a partir de hacer extensiva las fronteras de seguridad al ámbito de la subregión.
- Que este enfoque de la defensa y la seguridad, ubica a nuestros países en una posición activa, real y potente para garantizar la paz en una de las áreas importantes del planeta.
2.2.Subordinación de las Fuerzas Armadas al control del poder político en los países del Cono Sur
Este es un tema que aunque aparentemente pareciera no guardar una relación directa con el tema general de expandir las fronteras de seguridad a la subregión, es sin embargo, un factor crucial por las razones que a continuación pasamos a exponer:
Desde el advenimiento de las democracias en los países del Cono Sur, uno de los temas de mayor preocupación para nuestras sociedades, para nuestros políticos, para los propios militares fue definir como avanzar en el complejo camino para el mejoramiento de las relaciones cívico-mlitares.
Sin duda la subordinación de las Fuerzas Armadas al legítimo poder político de nuestros respectivos países fue no sólo el punto de partida sino, tal vez, la verdadera clave para que estas nuevas democracias pudieran ser operativas.
No pretendemos desarrollar aquí, como fue y es hoy este proceso en cada país, ya que ello cae fuera de la temática que queremos abordar, en todo caso podríamos ratificar lo que es público y evidente que es el hecho de que los procesos de subordinación de las Fuerzas Armadas a los poderes políticos han seguido caminos, tiempos y modelos diferentes en cada caso. Es por ello que se encuentran estadíos disímiles.
Sí, en cambio, hablaremos sobre cual es el aporte real que esta subordinación provee al fortalecimiento de un concepto de Seguridad para la Subregión; de los logros alcanzados en este sentido, y el camino que aún queda por recorrer.
Los principales rasgos resultantes que dejó la experiencia en estas latitudes cuando los militares hicieron un uso superpuesto de su misión específica con el control del poder político del Estado, podríamos resumirlo sintéticamente como sigue:
- Una pérdida real de las libertades y derechos legítimos de los ciudadanos, con todas las implicancias que en materia de lesión a los derechos humanos esto produjo y que por el vasto conocimiento que de este tema todos tenemos, no abundaremos aquí.
Sólo diremos que la pérdida de recursos humanos para una nación, no es jamás un daño menor y que cuando esta pérdida se expande a la mayor parte de la región, esto es sin duda un daño a la potencialidad del desarrollo a futuro.
- La desaparición de la práctica del protagonismo popular por la supresión de los partidos políticos, trajo como consecuencia directa un debilitamiento en el desarrollo de los pensamientos nacionales en todos los planos y como es lógico suponer, también en materia de las relaciones internacionales, en el campo de la seguridad y por ende de la paz.
En el mejor de los casos el pensamiento en estos campos, quedó retraído a las concepciones derivadas del pensamiento que sobre estos temas elaboraban los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas de cada uno de nuestros países a lo que sólo podían sumarle el de los funcionarios civiles que los acompañaban en la gestión administrativa de gobernar los Estados. Por mencionar a modo de ejemplo uno de los riesgos de amenaza a la seguridad y la paz en la subregión, que se derivó de los modelos de pensamiento de aquella época, tomaremos el conflicto del Beagle entre Chile y Argentina que por escaso margen no desembocó en un enfrentamiento militar entre nuestro países.
- En la Argentina, pero como parte de un pensamiento generalizado en la región, se desarrolla en aquella época la doctrina de seguridad nacional, que colocaba como elemento central la confrontación, desarrollada como conflicto ideológico.
Esta confrontación se desarrolla al interior de cada una de las sociedades, aplicándole a los propios conciudadanos la lógica bélica derivada del par antinómico amigo/enemigo. Así fue como se desarrollaron las llamadas guerras contra la "subversión" o "guerras sucias", que en todos los casos tienen como escenario los territorios nacionales y como contendientes a compatriotas.
Además de las irreparables pérdidas humanas, estos procesos trajeron como consecuencia derivada:
- la desnaturalización de un auténtico y por lo tanto reivindicable concepto de seguridad nacional;
- la militarización de todas las dimensiones de la vida de nuestras naciones;
- el fortalecimiento de un proceso de aislamiento de cada uno de nuestros países respecto de sus vecinos en una suerte de balcanización regional, que veía alimentadas todas las tendencias que contribuían a aumentar la brecha de diferenciación, discrepancias y antagonismos;
- complicó verdaderamente la posibilidad de búsqueda conjunta de un diseño de seguridad subregional propio compartido. Ello es así, en la medida en que todos nuestros estados preferían cobijarse bajo el paraguas protector que proveía la potencia hemisférica hegemónica, cuyo interés estratégico propio, que a la vez nos imponía, era el de resolver, en su favor, el conflicto con el Este.
De todo lo antes mencionado se advierte con claridad que el acto de subordinación de las Fuerzas Armadas a los poderes políticos constitucionales de nuestros respectivos estados junto a la resolución del conflicto Este/Oeste, trajo de suyo la posibilidad de revertir todos estos aspectos negativos; y permitió liberar las energías de nuestras naciones para poder comenzar a pensar de lleno en la problemática subregional, ahora desembarazadas de cualquier presión, que no fuera derivada de nuestra propia y compleja realidad subregional.
Abonando a lo antes dicho se advierte por ejemplo el incremento de los contactos cooperativos entre nuestras respectivas Fuerzas Armadas, Cancillerías, Ministerios de Defensa, y Presidentes. Se comienza a percibir una labor de acercamiento sistemático de las comisiones de defensa de los parlamentos de la subregión cuyo objetivo central es la búsqueda de consenso en lo concerniente al marco jurídico que el proceso de integración reclama a cada uno de nuestros países en materias tales como: seguridad interior, seguridad regional, defensa, inteligencia, cooperación para la paz, medidas de confianza mutua.
Es mucho más aún lo que resta por caminar en este plano y en los demás, tal vez el listado se vea engrosado en el futuro por otros temas. A modo de ejemplo mencionaremos algunos: - Una visión común y consensuada en la subregión sobre la protección y uso cooperativo del medio ambiente.
- Sobre el uso racional de los recursos del mar.
- Sobre el uso optimizado y para beneficio colectivo del espacio.
- Una visión común, que permita el diseño de políticas conjuntas a futuro para impulsar en torno al tema del continente Antártico.
- Generar mecanismos y ámbitos multilaterales que permitan la comprensión en tiempo real similar, de problemáticas que hoy son imposibles de prever o siquiera imaginar.
2.3.Medidas de confianza mutuas
Este es un concepto que de suyo está ya aportando grandemente a la posibilidad de que la estrategia de extender las fronteras de seguridad a la subregión, sea un hecho factible en un futuro no muy lejano.
Quisiéramos destacar que el desarrollo de medidas de confianza en nuestra subregión, son no sólo producto del contexto internacional emergente después de la culminación de la guerra fría, de la relevancia que a este tema le dan las principales potencias del planeta; sino también y de modo particular a la necesidad de hacer congruente, también en este plano, el proceso de integración del Mercosur.
Reconocemos sin embargo el rezago que llevamos con Chile y Bolivia en la medida en que todavía estas dos naciones no han tomado la decisión de integrarse al acuerdo.
Es importante la cantidad de acciones que a diferentes niveles y con distintos países se vienen desarrollando en este campo. En este sentido creemos que vale la pena para el lector, revisar el elaborado listado de medidas de confianza que la Argentina viene desarrollando realizado por mi compatriota, funcionaria del Ministerio de Defensa de la Argentina y a la vez miembro del plenario permanente de SER en el 2000, Lic. Rut Diamint. (2) .
3. EL CONO SUR, UN ÁREA TRABAJANDO PARA EL DESARROLLO Y LA PAZ HEMISFÉRICA
De lo que hemos ido desarrollando a lo largo de este trabajo se percibe claramente que, la nuestra, es una subregión que no sólo transita el camino de su propio desarrollo, el crecimiento de las economías de casi todo el área así parece decirlo, sino que también procura ser un área ordenada y pacífica del planeta. Del mismo modo es una subregión que trabaja para fortalecer la paz del hemisferio.
Las razones de ello la encontraremos en primer lugar en que nuestras dirigencias son concientes de que hay que pelear duramente para insertar nuestras economías en el concierto de las economías del mundo, como modo de poder eludir la marginalidad que conlleva a la frustración de nuestras sociedades.
La dura batalla ya emprendida por nuestros gobiernos para lograr la estabilidad de nuestras economías, todo el esfuerzo que se realiza en materia de crecimiento de éstas, el incremento del comercio de los productos de nuestra subregión hacia otros megamercados del mundo; son pasos ciertos y positivos, en primer lugar, para adaptarnos a este nuevo mundo transnacionalizado y globalizado en el que vivimos. En segundo lugar para la generación de un espacio subregional, geopolítico en el que valga la pena vivir tanto por lo que ofrece en términos de oportunidad para el progreso individual y colectivo como para la calidad de vida que le brinda a los seres que en él habitan.
Estamos convencidos que el fortalecimiento del Mercosur y en ello el ingreso de Bolivia y Chile no es un aspecto menor, contribuirá en mucho para hacer realidad lo que decíamos en el párrafo anterior. Pero abrirá también una posibilidad para dar un salto cualitativo mayor, que es iniciar una marcha segura hacia la confluencia con la otra gran experiencia de integración del hemisferio que es el NAFTA, experiencia en la que seguramente participarán otras naciones del hemisferio.
Esta claro para nosotros que todo esto tiene y tendrá un correlato positivo en lo que al plano de la seguridad se refiere y consecuentemente también para la paz hemisférica.
Queremos destacar también aquí, como esfuerzo hemisférico positivo, el que se viene realizando de conjunto para remontar, modernizar, desburocratizar y eficientizar a un organismo como la OEA. Sin duda una OEA altamente operativa será una valiosa herramienta para facilitar la labor común por el desarrollo y la paz en todo nuestro continente.
Asimismo se percibe en nuestra subregión una creciente tendencia a pensar coincidentÿmente en la necesidad de que ésta participe activamente para abrir un espacio permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Reconocemos que esta tendencia es sensible a fluctuaciones, derivadas del hecho de que aún no existe una visión homogénea respecto del modo en que se representarían los intereses de todos por parte de quien ocupe ese espacio una vez abierto. Tampoco está claro el mecanismo subregional para la toma de decisiones conjuntas en esta materia. De todos modos creemos que fortalecer esta tendencia, avanzar en la apertura de ese espacio, es una contribución firme de nuestra subregión para hacer del mundo un lugar más previsible y por lo tanto más pacífico.
El trabajo mancomunado que los países del Mercosur hemos comenzado a desarrollar en materia de preservación de los recursos del mar, los esfuerzos que en esta misma dirección viene desarrollando en particular la Argentina con la Gran Bretaña en el Atlántico Sur; son sin duda esfuerzos encaminados al desarrollo, pero no de cualquier tipo, sino a un desarrollo sustentable que en este caso se sustenta en el uso racional que el recurso del mar nos ofrece.
Creemos que éste también es en sí mismo un esfuerzo para la paz, si lo miramos desde la óptica de los recientes incidentes ocurridos entre Canadá y España por causa del irracional e inconsulto modo de explotación de los recursos ictícolas en el Atlántico Norte.
Finalmente y apartándonos un poco de las acciones concretas que nuestra subregión viene desarrollando en materia de desarrollo y paz, quisiéramos entrar un poco en algunas consideraciones más de orden conceptual que han sido materia de debate y que arrojaron algún grado de síntesis en nuestro seminario permanente.
Cuando abordábamos el tema del problema de crecimiento de nuestros países, nos hacíamos la pregunta de ¿qué era lo que impedía que éste se produjera?. Aportes como el producido por el ya fallecido Ingeniero Fernando Fajnzylber, de Chile, nos ayudaron a encontrar algunas claves: (3)
1º) Que en nuestro continente nadie ha logrado compatibilizar crecimiento y equidad (a esto él lo denominó el síndrome del casillero vacío).
2º) Que el desarrollo de nuestro continente se ha visto trabado en la medida en no hicimos el esfuerzo adecuado y sostenido para agregar valor intelectual a nuestros recursos y a nuestra gente. Hemos sido, dice Fajnzylber -y lo compartimos-, parte de una cultura rentista continental, derivada de los recursos naturales que nos permitieron vivir razonablemente sin hacer ningún otro esfuerzo.
Esta cultura rentística trajo aparejado subproductos culturales tales como el pensar que la nuestra es un tierra generosa que nos permitirá siempre vivir en la abundancia sin necesidad de preocuparse por conceptos tales como austeridad o previsión a futuro. Estos supuestos culturales se veían abonados además, porque vivíamos en un área geopolítica pacífica del planeta. 3º) Se ha instalado una tendencia internacional permanente que favorece la caída del valor relativo de los recursos naturales. Al mismo tiempo nuestro país, así como otros de la subregión, no reaccionaron a tiempo a esta nueva realidad, de modo que vamos con un patrón productivo en una dirección que nos conduce a ninguna parte.
4º) Dice Fajnzylber y transcribimos textualmente su párrafo por lo contundente "hasta ahora vivimos en la renta de los recursos naturales y eso conformó el funcionamiento de nuestras sociedades, porque las sociedades mimetizan los distintos protagonismos. No sólo hay rentista en el hombre que explota los recursos naturales, sino que esa forma de ver el mundo se difunde en el conjunto de la sociedad. Entonces hay un sector público rentista y un sector privado rentista, un sector empresarial y un sector laboral, un sector intelectual (hay una derecha rentista, un centro rentista y una izquierda rentista). Es una forma de cada uno de los protagonistas de sentarse en la vida tratando de obtener privilegios en función de la posición que cada uno detente".
En resumen:
Esta cultura, sustentada en la renta de los recursos naturales, en el endeudamiento externo, en la inflación como mecanismo, para paliar las dificultades económicas que se presentaban con cada vez más fuerza y la evasión fiscal como modo de no descapitalizarse de nuestro sector empresarial y comercial, nos condujo hasta donde habíamos llegado que es el estancamiento. En este sentido es mucho lo que hemos avanzado al ordenar las cuentas públicas, al perseguir la evasión fiscal, al poner en tendencia de crecimiento a nuestras economías, al no emitir moneda sin respaldo. Sin embargo queda aún una asignatura pendiente que es cambiar la cultura rentista por una profunda transformación productiva.
Pero antes de avanzar en esto hay consignar que esta transformación deberá ser y hecha conjuntamente, por toda la subregión, y en este sentido se abona al modelo de desarrollo compartido del que ya hablamos anteriormente.
Esta transformación productiva que nos permita el desarrollo, deberá estar concentrada no en la elección de sustituir la industria por los recursos naturales sino construir a partir de los recursos naturales, buscando proporcionarle a estos, un valor agregado intelectual, con modernización de las técnicas industriales de producción; todo a lo cual habrá que sumarle: Marketing (producido en conjunto) management empresarial (elaborado a partir de lo mejor que en esta materia cada uno de nuestros países pueda proveer) y una estrategia empresarial basada en la idea de emprendimientos conjuntos.
Ahora bien todo esto es imposible en el marco de una subregión y un hemisferio inestable. De hecho el camino se ha comenzado a transitar, favoreciendo como insumo básico para el desarrollo el que ésta sea una subregión segura y en paz, que busca la estabilidad y la paz en el hemisferio, como parte de su propia necesidad por alcanzar la prosperidad.
4. POLITICAS E INSTITUCIONES NO GUBERNAMENTALES, UNA VIA PARA ABORDAR LA TEMATICA DE LA SEGURIDAD SUBREGIONAL
El proceso de integración en nuestra subregión ha obligado a nuestros respectivos gobiernos a desarrollar en simultáneo, políticas y instrumentos que vayan dando respuesta a las necesidades que este proceso plantea. De algún modo hemos mencionado a lo largo de este trabajo los esfuerzos gubernamentales en general y en particular en lo concerniente al tema de la seguridad de modo que no abundaremos en ello.
Si en cambio queremos destacar al esfuerzo que desde el campo no gubernamental se viene desarrollando al mismo tiempo.
El proceso integrativo en nuestra subregión desató no sólo un debate al interior de nuestros países, sino entre nuestros países; de tal suerte que no son pocos los centros de estudio, fundaciones, universidades, grupos académicos, editoriales que rápidamente comenzaron a abordar el tema.
Ello ha ido generando una red de instituciones no gubernamentales que interactúan entre sí, debatiendo, generando pensamiento, pautas políticas que, y esto tal vez sea lo trascendente, no han ido quedando en el mero ámbito del debate académico, sino que han comenzado a nutrir a los decisores gubernamentales de un instrumental valioso a la hora de la toma de decisión. Quisiéramos describir aquí un ejemplo que desde ya no es el único y ni siquiera tal vez el más importante, pero es que conocemos por haberlo transitado.
Cuando hace cinco años nace nuestro centro Ser en el 2000 y comienza a avanzar en el análisis del mundo que nos dejaba el fin de la guerra fría, la región, nuestro país y finalmente las nuevas amenazas y por lo tanto las nuevas concepciones de seguridad que debíamos adoptar; tomamos rápidas conciencia que estos no eran temas que pudiéramos ni debiéramos analizar solos.
Comenzamos así a establecer contacto con otras instituciones similares a la nuestra como lo son: el IBAE de Brasil, El núcleo de Estudios Estratégicos de Unicamp, CEE Brasil, con núcleos académicos que operaban desde ámbitos como FLACSO de Chile, la Revista española de defensa, el Centro de Estudios Sociedad y Fuerzas Armadas de Chile, el US Army War College, el Latin American Institute University of New Mexico (EE.UU), PEITHO (Uruguay); INVESP (Venezuela), CAEM (Perú), sólo por mencionar algunos.
Estos contactos, en el caso de los organismos del Cono Sur, se han transformado en una verdadera red interactiva, que nos permitió avanzar en el debate de seguridad, al punto que cuando hace cuatro años en nuestro nº 1 de la revista Ser en el 2000 planteábamos la necesidad de crear mecanismos subregionales capaces de impedir escaladas de conflictos interestatales en la región. Hoy nuestros puntos de vista son parte de la políticas oficiales. Tal es la propuesta efectuada por el gobierno argentino al de Brasil, en la reunión de gabinete conjunta de Foz de Iguazú en enero pasado.
Del mismo modo cuando en los foros de Sao Paulo y Santiago de Chile en los que estuvimos presentes en octubre y noviembre de este año respectivamente y en las que el debate nos llevó a coincidir en que:
No alcanzaba con declamar medidas porque, en el mejor de los casos, eran una reiteración de la vieja diplomacia militar paralela de la época de la guerra fría, sino que no deberíamos avanzar en la formulación de medidas de fomento de la confianza mutua, concretas entre nuestros países y sus Fuerzas Armadas.Así concluimos en:
- La necesidad de un intercambio sincero sobre el equilibrio estratégico y consecuentemente las razones que a cada país le asiste para justificar su respectivo despliegue militar.
- La necesidad de crear un centro de fomento de la confianza de carácter subregional que actúe preventivamente ante la eventual escalada de los conflictos.
En otro casos y por intermedio de las ideas aportadas por académicos de la talla del Dr. Francisco Rojas Aravena, (hoy consultor en asuntos estratégicos del Ministerio de defensa en Chile) (4) quedamos advertidos que el proceso de integración y cooperación en nuestra subregión, puede ser un proceso vulnerable. A partir de que nuestra subregión no escapa a las tendencias al enfrentamiento que aparecen en otras latitudes de la región y del globo.
Dice el Dr. Rojas: "las condiciones sociales, adicionalmente, pueden contribuir a instalar la tensión y el conflicto de moneda estable en nuestra región".
Pero lo dice en un marco en el que reconoce que el gobierno de Chile (y deseamos subrayarlo), otorga una alta prioridad política al proceso de asociación al Mercosur. Las autoridades chilenas perciben (el subrayado es nuestro) este proceso de asociación más allá de los aspectos comerciales.
La vinculación se refiere también a la integración física, a los inversiones, al turismo, la cultura y a la proyección económica fuera de la región. Continúa el Dr. Rojas: "el año 1995 será decisivo en la resolución definitiva de los temas de la delimitación de la frontera común entre Argentina y Chile."
Los protocolos suscritos por los presidentes Aylwin y Menem, el año 1991, conformaron un cuerpo de acuerdos relacionados que permitían resolver de manera definitiva los últimas temas pendientes.
Fomentar las acciones conjuntas con Chile y Argentina en el ámbito de la seguridad internacional en este período será determinante para delimitar y si es posible detener la reemergencia de las tradicionales desconfianzas político estratégicas en la región. La formalización de los vínculos de asociación y complementación entre Chile y el Mercosur constituirá un sólido pilar en esta tarea".
Estos párrafos extraídos de su artículo "La integración en el Cono Sur en un momento crucial" es a nuestro juicio un modo de demostración inobjetable de como esta compleja red de organismos no gubernamentales, en este caso FLACSO Chile y SER de Argentina aportan a la soldadura y afianzamiento del proceso integrativo.
Pero podemos mencionar otras experiencias que abonan en el mismo sentido por ejemplo las conclusiones extraídas en la reunión entre el Instituto Brasileño de Asuntos Estratégicos y Ser en el 2000 realizada el 3 y 4 de abril de este año y que a continuación transcribimos de modo resumido:
- Antecedentes: La creciente aproximación en materia de asuntos de seguridad desarrollada en los últimos diez años entre Argentina y Brasil a partir de los acuerdos Alfonsín-Sarney de 1985, fue la base para una actividad de acercamiento que ambas instituciones comenzaron hace ya más de tres años. Así el equipo de coordinación del Seminario Permanente "Hacia las Fuerzas Armadas del año 2000" -núcleo de la posterior asociación civil SER en el 2000- viajó en 1992 a San Pablo, Brasil y participó de una jornada de trabajo junto a militares, políticos, diplomáticos, académicos, empresarios y periodistas que luego se integraron en el Instituto Brasileño de Asuntos Estratégicos (IBAE).
Con posterioridad durante 1993 un grupo de directores del IBAE participó de una reunión del Seminario en Buenos Aires y de una serie de visitas en el ámbito de los poderes ejecutivo -incluyendo instituciones militares- y legislativo, Derivado de ello se realizó la 3º Reunión en San Pablo en el mes de octubre de 1994 y que fue la primera de carácter plenario. Visto la posibilidad de generar visiones comunes y procurando elaborar sugerencias concretas se propuso allí la realización de la 4º Reunión en Buenos Aires para abril de 1995.
- Objetivos: Partiendo del supuesto de que la estabilidad en la región constituye una base imprescindible para el proceso de integración en marcha la reunión se propuso explorar las estrategias posibles para mantener dicha estabilidad.
- Principales ejes de debate: De acuerdo a la metodología acordada los miembros de ambas delegaciones hicieron llegar sugerencias de temas para debatir, los que fueron receptados y agrupados del siguiente modo:
Sugerencias para elevar a los niveles de decisión:
I. El incremento de la cooperación en materia de seguridad en la región es una consecuencia inevitable del desarrollo del proceso de integración en marcha. Este proceso debe crecer en una triple dirección:
a) Geográficamente para abarcar al menos en una primera etapa de expansión a Chile y Bolivia. Por ello se prefiere hablar cuando se trata de temas de seguridad de Cono Sur.
b) En la propia dirección comercial a fin de que los beneficios de los acuerdos alcancen en forma equilibrada a todos los sectores productivos y regiones evitando agravar procesos de marginación de determinados territorios de los estados nacionales y
c) En las otras dimensiones no económicas y que requieren de su articulación tales como las institucionales, políticas, culturales, sociales, etc.
II. Sin embargo debe entenderse que esta cooperación en materia de seguridad no debe generar en su aplicación mecanismos que puedan transformarse en autoanulación de las capacidades de defensa de cada uno de los estados. En tal sentido se debe continuar avanzando mediante la coordinación y armonización de las políticas de defensa y camino de las medidas de confianza mutua tanto bilaterales como multilaterales en el Cono Sur, buscando además la institucionalización de las mismas en la medida de lo posible.
III. Hay coincidencia en proponer la creación de un centro de investigación para la seguridad y la paz del Cono Sur. Hubo divergencias iniciales acerca de si el mismo debía ser de tipo independiente según el modelo europeo (SIPRI, Viena ó Londres) o gubernamental donde se integran funcionarios de las áreas de relaciones exteriores y defensa con poder de decisión. Se acordó proponer un diseño mixto donde se asegura la independencia del centro mediante la participación no oficial de sus miembros que fueran designados por sus conocimientos del tema, la posibilidad de su funcionamiento mediante el financiamiento gubernamental o parlamentario y la eficacia de su accionar previendo que en caso de crisis pudiera convocar a los representantes oficiales.
Se decidió sugerir que las funciones del centro estuvieran orientadas fundamentalmente a: - Generación de acuerdos conceptuales en materia de seguridad con la posibilidad de elaborar un cuerpo doctrinario común.
- Surgimiento de políticas de seguridad de los gobiernos de la región y sus consecuencias en orden al mantenimiento de la estabilidad.
- Difusión en la región de sus actividades y productos de investigación a fin de cooperar en la transparencia de las políticas y en el conocimiento del tema a través de nuestra propia capacidad de generarlo.
IV. Hubo una fuerte coincidencia en la necesidad de encarar varias actividades en el plano educativo. Una de las sugerencias acordadas fue la reunión conjunta de comisiones parlamentarias especializadas en la educación y defensa a fin de analizar:
- Currículas de la educación básica y secundaria que por su contenido correspondan más a la época de la autofirmación de la identidad nacional en función de la diferenciación con el vecino y que hoy constituyan trabas que están colocando a futuro en la nueva generaciones de educandos en la relación a la idea de una identidad capaz de pensar cooperativamente con la del otro.
- Idem en la relación a la legitimación en esos niveles de las funciones de defensa y seguridad acorde con los nuevos desafíos a los estados nación sin que de ningún modo se interprete esto como una militarización educativa sino como un complemento de los señalados en el punto anterior.
Otra sugerencia es la de buscar ampliar las cuotas de becas de intercambio tanto en el plano general universitario a fin de poder interconectar los centros de estudios de la temática, como en el plano de las relaciones interinstitucionales de la defensa en general y militares en particular. Una sugerencia de la delegación argentina que surgió del análisis de las asimetrías institucionales es la posibilidad de crear -a través de la reforma prevista de la Ley de Ministerios- un Centro de Estudios Estratégicos del tipo del existente en Brasil.
V. En cuanto al tema de las relaciones entre las instituciones militares hay consenso en proponer la firma de un convenio marco que de continuidad a los importantes esfuerzos que ya se han hecho y procurar evitar los serruchos en los niveles de actividades de este tipo que presenta la historia común. De tal manera año a año existiría la necesidad de reunir a los miembros de una comisión de seguimiento de ese convenio y se determinarían que actividades se continúan, cuales se incrementan y harían una evaluación de los resultados. Dado que se trata de un convenio marco no implicaría ninguna obligación rígida para las instituciones. En tal sentido se señaló como ejemplo a considerar los convenios firmados entre los ministerios de defensa con la participación de las comisiones parlamentarias de Argentina y España sobre temas de administración militar y cooperación tecnológica.
En este último punto hubo también consenso en sugerir la conveniencia de identificar proyectos de desarrollos conjuntos, prefiriéndose aquellos de bajo costo y empleo táctico que pudieran ir generando una capacidad de desarrollo, producción y comercialización conjunta. Quisiéramos también mencionar como parte importante de esta red interactiva en forma muy especial a la labor desarrollada por la Universidad Estatal de Campinas a través del Núcleo de Estudios Estratégicos en cuyo Consejo Científico participan académicos de la talla del Dr. Eliezer Rizzo de Olivera, Fausto Castilho, Geraldo Lesbat Cavagnari Filho, en su calidad de coordinador, entre otros.
Estos ejemplos de interacción, debemos aclarar, suceden tanto cuando hay acuerdo, como cuando hay disensos en las posiciones. En todos los casos los consideramos formidables instrumentos de avanzada para el debate y la toma de decisión después.
Es más, creemos que esta red de Organizaciones no gubernamentales es en sí misma una extraordinaria medida de confianza mutua toda vez que nos permite avanzar en dirección cierta hacia el desarrollo común, la seguridad común y por lo tanto hacia el fortalecimiento de la paz en la región.
(1) Ver este mismo número, pág.
(2) DIAMINT, RUT. "Medidas de confianza mutua: realizaciones y propuestas para la Argentina", en Ser en el 2000, nº 2, Buenos Aires, septiembre de 1992, pág. 70.
(3) Ver FAJNSYLVER??, "La transformación productiva en América Latina. Inevitabilidad, lineamientos y nuevas direcciones", en Ser en el 2000, nº 1, Buenos Aires, junio de 1992, pág. 42.
(4) ROJAS ARAVENA, FRANCISCO. "La integración en el Cono Sur en un momento crucial", en Ser en el 2000, nº 7, Buenos Aires, marzo de 1995, pág. 10.
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