INTEGRACION Y DEFENSA NACIONAL EN EL CONO SUR
Lic. Marcela Donadío
SER en el 2000
CONICET (*)
(*) Este artículo forma parte de un informe más amplio prersentado al CONICET de Argentina, en junio de 1995. Una versión similar fue también presentada en el Primer Congreso Latinoamericano de Relaciones Internacionales e Investigaciones para la Paz, en Guatemala, en agosto de 1995.
El actual escenario mundial ofrece, como actores privilegiados, a los mecanismos de seguridad. Tal es, por ejemplo, el caso de las Naciones Unidas, que desde la Guerra del Golfo -primera vez en su historia que ha podido imponer sanciones con el consenso mundial- ha adquirido un mayor protagonismo. La formación de bloques regionales aparece como la posibilidad de los Estados de potenciar sus capacidades en función de la unión con sus vecinos, incrementando tanto su participación en el sistema internacional como la defensa de sus propios intereses.
Los actores regionales que, como en el caso de los países de América Latina, se encuentran en situación precaria respecto de los actores centrales, han asumido esta tendencia intentando la formación y consolidación de sistemas regionales con la intención de aumentar así su participación en el sistema global. En el caso de América Latina, el Mercosur es fruto de esta visión.
El debate actual se centra en la discusión acerca de si la integración económica traerá aparejada una integración en materia de seguridad y defensa. Al mismo tiempo, las cuestiones de la defensa nacional en la región están siendo también debatidas, en función del proceso de reforma del Estado y de la crisis económica, a la que no escapa el sistema de defensa y la institución militar, dadas las restricciones presupuestarias.
Este trabajo investiga y analiza entonces los principales aspectos actuales de la seguridad regional en el Cono Sur, que deberían atenderse en el caso de un proceso de integración defensiva, y las posiciones de cada país frente a la temática. Los casos considerados son los países integrantes del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), y Chile.
1. INTERESES COMUNES Y DIVERGENCIAS
La agenda de seguridad del Cono Sur
La reformulación del sistema de seguridad hemisférico y los procesos de desarme y no proliferación son dos variables presentes en la formulación actual de la seguridad del Cono Sur, cuyos avances han sido notorios en los últimos años. Los dos elementos son significativos a la hora de pensar en la construcción de un sistema de seguridad subregional, y cabe mencionarlos aquí como contexto de nuestro trabajo aunque no los desarrollemos.
La agenda del Cono Sur no guarda diferencias significativas con la que puede aplicarse a América Latina: mantenimiento de las instituciones democráticas, reversión de la tendencia del subdesarrollo, fortalecimiento de las economías, redefinición del papel de las fuerzas armadas, búsqueda de inserción en el contexto global, la amenaza del narcotráfico y el terrorismo, entre los más principales.
En el caso del Cono Sur, y más específicamente desde el punto de vista de la seguridad estratégica, la región agrega una característica particular: la irrelevancia estratégica de la región en el contexto global.
Sistemáticamente, tanto desde círculos políticos, militares y -en menor medida- académicos, se ha planteado la inexistencia de amenazas militares a la región, lo cual cuestionaría la creación de un mecanismo u organismo de seguridad estratégica regional. De hecho, la mayor parte de las problemáticas de la región se derivan de situaciones políticas, económicas y sociales. Sin embargo, la debilidad de esta posición se ha puesto de manifiesto con el conflicto armado entre Ecuador y Perú. Este ha derribado el planteo de la inexistencia de amenazas militares, del mismo modo que la Guerra del Golfo y de la ex-Yugoslavia lo han hecho respecto de la teoría del "fin de la historia", que presuponía el fin de los conflictos militares. El Cono Sur sabe actualmente que la superación de desconfianzas, los procesos de desarme, las teorías tales como la "seguridad cooperativa", y el control civil de las fuerzas armadas son elementos insoslayables en la definición de su agenda. Por ende, las tendencias que propulsan la creación de un subsistema regional de seguridad estratégica han vuelto a reafirmar su validez.
Los intereses comunes de la región en cuanto a la seguridad estratégica pueden sintetizarse en: (1)
- resolución de disputas territoriales por vías pacíficas y eliminación de focos de tensión en la zona;
- participación en organismos internacionales, particularmente en temas de desarme y no proliferación y en misiones de paz, a fin de evitar el aislamiento;
- no introducción de armas nucleares; y evitar una carrera arma-mentista en la región;
- prevenir la militarización que puede surgir de la presencia de Estados ajenos a la zona (como el caso de Gran Bretaña);
- desaparición del colonialismo (Malvinas);
- preservación de las potencialidades comerciales, tales como los recursos pesqueros;
- preservación de los recursos naturales y del medio ambiente;
- búsqueda de una adecuada relación cívico-militar que fortalezca el mantenimiento de la democracia en la región;
- defensa de las áreas de comunicación geográfica, tales como estrechos, canales y pasos, y de la libre circulación pacífica en los mares y océanos;
- garantía de su acceso a sus plataformas continentales y mares territoriales;
- control de las vastas costas del Atlántico Sur, y de sus recursos actuales y potenciales, y su preservación como zona de paz;
- garantía de su acceso a las riquezas de la Antártida.
Además de estos intereses que forman parte de la defensa nacional de cada uno de los Estados del Cono Sur, se encuentra una variable principal: las restricciones presupuestarias que sufre el campo de la defensa en cada uno de ellos, de la mano de las crisis económicas que afectan la región. Así, un modelo de seguridad cooperativa y un posible sistema estratégico subregional son algunas de las posibilidades que actualmente se manejan a fin de hacer más eficaz el gasto de defensa que cada país tiene.
La obsolescencia de los equipos militares, el desfasaje tecnológico, la inoperatividad de unidades en función de la escasez presupuestaria, son algunos de los problemas que aquejan la defensa nacional en el Cono Sur, previsibles de agravarse en la medida en que cada uno de los Estados encare un proceso mayor de reforma tal como ha hecho Argentina. En este sentido, la búsqueda de una seguridad cooperativa -como impulsa la OEA- o de un sistema de seguridad común bajo el paraguas del Mercosur, contribuiría a lograr, con menores costos para cada parte, una mayor eficiencia en la utilización de los recursos militares, con el correlato de una defensa nacional más eficaz.
Estas consideraciones adquieren mayor valor cuando se enfrentan hechos tales como que, en el caso de la Argentina, sólo el 5% de su territorio puede ser efectivamente controlado por radar (2). En el caso del Ejército, en la actualidad no se sabe aún cómo se hará frente a los costos derivados del servicio militar voluntario. Las maniobras y capacitación de las tres fuerzas han bajado a un mínimo tal que no pocos militares extrao-ficialmente hablan de "indefensión".
Estado actual de las relaciones multilaterales y bilaterales en
materia estratégica
La situación actual de las relaciones estratégicas entre Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay puede calificarse sin dudas como altamente favorable a la cooperación, de la mano de los intereses compartidos y de las vinculaciones que se han logrado desde la política exterior.
No existen conflictos irresuel-tos entre ellos, a excepción del litigio -por vía diplomática- de la demarcación pendiente de los Hielos Continentales entre Argentina y Chile. El proceso de democratización en todos ellos ha coadyuvado a la obso-lescencia de las hipótesis de conflicto vecinales (patrimonio tradicional de todas sus fuerzas armadas), que han sido reemplazadas por las hipótesis de cooperación, más aún desde el inicio del Mercosur.
Nos detendremos en las relaciones entre Argentina y Chile (histórico foco de tensión), y entre Argentina y Brasil (los "socios principales" del Tratado del Mercosur).
Argentina-Chile: Una larga historia de recelos y sospechas mutuas de expansionismo han signado las relaciones entre estos dos países que comparten una de las fronteras más extensas del mundo, demostrando que la percepción de amenaza es tan importante como la amenaza misma (3). Al borde de la guerra en 1979, la tradición de oposición se quebró al iniciarse en la década del 80 una vinculación distinta entre las políticas exteriores de ambos países, que se concretó en el trascendente Tratado de Paz y Amistad firmado en 1984, que abrió las puertas para el posterior acuerdo por el Canal de Beagle. El Tratado de demarcación de límites acordado el 2 de agosto de 1991 enmarcó todas las divergencias pendientes, conviniendo resolver la demarcación de 24 puntos en litigio. Dos de esos puntos quedaron pendientes de resolución: Laguna del Desierto, y los Hielos Continentales.
Laguna del Desierto fue sometido a arbitraje, siendo la decisión del Tribunal favorable a la Argentina, en octubre de 1994. Chile ha acatado el fallo, pero se ha manifestado disconforme y lo ha recusado; finalmente, este recurso fue desestimado en octubre de 1995. En cuanto a los llamados Hielos Continentales, cuyo límite está determinado según el Tratado de 1881 por "las altas cumbres que dividen aguas", los Gobiernos de Argentina y Chile acordaron en 1991 una demarcación que, habiendo sido elevada a los Parlamentos respectivos, no ha sido aprobada por éstos. Por ello, resta como el único foco de tensión de divergencias limítrofes entre los países, y se estima que -de no aprobarse lo acordado- de-berá ser sometido también a arbitraje.
Brasil-Argentina:
A partir de los acuerdos en materia nuclear y, principalmente, del acercamiento en el área económica, ambos países "comparten los criterios de considerarse mutuamente como aliados principales" (4). Si bien luego del Acuerdo de Cooperación Técnico-Operativo entre Itaipú y Corpus, firmado en 1979, se subsanó la principal fuente de litigio entre am-bos países, ambos continuaron considerándose mutuamente como enemigos, respondiendo a esta concepción la ubicación de los dispositivos militares cerca de sus respectivas fronteras. El advenimiento de regímenes democráticos en ambos países, ali-vianó la tirantez de las relaciones, iniciándose una etapa de cooperación militar sin precedentes basada en el intercambio y la búsqueda de medidas de confianza mutua.
El acercamiento de posiciones y el acceso de ambos a las tendencias internacionales en materia de desarme y no proliferación ha ayudado en este proceso. En la actualidad, no existen litigios irresueltos que permitan alumbrar la posibilidad de un conflicto. Sólo permanece la pregunta de qué sucedería si se produjeran retrocesos en los procesos democráticos y se reimplantaran ciertas tendencias geopolíticas que resultaron urticantes en el pasado, como la política de las "fronteras vivas". La construcción de medidas de confianza están llamadas a jugar un papel fundamental en la superación de estas desconfianzas latentes.
2.
POLITICA DE DEFENSA Y MISIONES DE LAS FUERZAS ARMADAS EN EL CONO SUR
2.1. Política exterior y defensa nacional
Ponderar las tendencias hacia la integración en un sistema de seguridad regional a la luz del Mercosur, implica necesariamente analizar la política exterior que siguen los Estados, y su política de defensa.
Dado que nuestro abordaje está referido a la seguridad estratégica, analizaremos aquellos aspectos de la agenda de política exterior de cada país del Cono Sur que tienen directa vinculación con la formulación y perspectivas de la política de defensa.
Relación con el contexto global. Presencia de EE.UU. en el área
El Cono Sur busca, en este momento de su inserción en la dinámica mundial, evitar a toda costa el aislamiento y la marginación. En esa tarea, y en las perspectivas de un proyecto integracionista que opere en tal sentido, se encuentran algunos condi-cionantes del accionar, tanto positivos como negativos, que podemos describir de esta manera:
A nivel global:
- La aceptación generalizada de los principios humanitarios y de la resolución de disputas por vías pacíficas;
- La incertidumbre que rodea el ámbito de la seguridad, que ha producido por un lado la obsoles-cencia de las viejas y rígidas doctrinas de empleo militar, conduciendo a la reformulación de las misiones y formas de empleo de las Fuerzas Armadas;
- La alta credibilidad de las posibilidades de acción de los países en el marco de organismos internacionales;
- La aceptación de la democracia como régimen "ideal" de gobierno;
- La alta tecnificación de los medios militares;
- La influencia de los medios de comunicación en las decisiones de la seguridad internacional.
A nivel subregional:
- La baja probabilidad de aumentar los medios de violencia de que dispone, tanto por los acuerdos de limitación de armamentos como por sus carencias económicas y tecnológicas;
- Un bajo nivel de conflic-tualidad interno;
- La baja probabilidad de una agresión extrarregional;
Las transformaciones insti-tucionales producidas en los últimos años en la región, dando paso a la constitución de regímenes democráticos tras el abandono del poder de las Fuerzas Armadas -aunque con diferentes grados en cada uno de los países- han cambiado el relaciona-miento estratégico del Cono Sur con el contexto global. Esto ha mitigado puntos de fricción en su interacción con el mundo, particularmente en lo referido a la temática de los derechos humanos.
Además de estas consideraciones, es imposible pensar en la relación estratégica del Cono Sur con el mundo sin hacer referencia a la potencia principal del área americana: los Estados Unidos. Como potencia hegemónica del sistema interame-ricano, sus posicionamientos políticos influyen en manera decisiva en los puntos de agenda del Cono Sur.
Los debates sobre la reformu-lación de la OEA, la creación de mecanismos informales de concer-tación para prevención y solución de conflictos, el compromiso con la estabilidad democrática y los derechos humanos, la llamada "contraprolife-ración" que abre las puertas para la acción estadounidense en prevención de desarrollos nucleares, y la política de no proliferación, son los rasgos característicos de las demandas norteamericanas a las políticas exterior y de defensa de los países de la región. A ello se suman otros dos temas de agenda que generan las mayores resistencias en la región: el involu-cramiento de los países latinoamericanos en las decisiones globales asumidas por los EE.UU. (sea a través de la OEA como de la ONU), en búsqueda de una acción multilateral; y la lucha contra el narcotráfico.
Existe en general una cierta cautela a la hora de redefinir las relaciones de la región con los Estados Unidos. La diferencia de prioridades entre el Cono Sur y los Estados Unidos, genera dificultades para conciliar una política de seguridad de la región que al mismo tiempo respete sus propias prioridades,y no se plantee en forma confrontativa con el principal actor influyente en el área. Esto se deriva asimismo de la percepción de que la región no figura entre las prioridades estratégicas de los EE.UU. orientadas principalmente a los teatros europeo y asiático.
En lo que se refiere al ámbito general de las políticas exterior y de defensa, dentro del Cono Sur, la Argentina es el único país que ha incluído como clara intención la adhesión incondicional a las decisiones estadou-nidenses; el resto de los países ha a-doptado una posición cautelosa (como el caso de Chile, Paraguay y Uruguay), y abiertamente opuesta en algunos temas, como el caso de Brasil.
La paulatina integración que han encarado, de la cual es fruto el Mercosur, ha llevado consiguien-temente la pregunta acerca de la necesidad de armonizar las decisiones de política exterior, con el objetivo de asumir posiciones conjuntas como subregión, frente a la dinámica de la seguridad internacional. Esta intención -imprescindible primer paso en la posible formulación de mecanismos de seguridad comunes- se encuentra aún muy alejada de la realidad cotidiana de la relación en el Cono Sur. Aún la existencia de mecanismos de concertación como el Grupo Río, no logra armonizar posiciones conjuntas en temas más comprometidos tales como Cuba. (5) La misma situación se percibe alrededor de las decisiones de participación en las misiones de Naciones Unidas.
Vinculación de política exterior y de defensa
A continuación se resumirán aquellos aspectos de la política exterior vinculados a la política de defensa en el Cono Sur, con énfasis en las implicancias para las posiciones argentinas, utilizando la siguiente ca-tegorización: principales temas de agenda definidos (con hincapié en la posición respecto de tratados y acuerdos internacionales en materia de desarme y no proliferación), y participación en misiones de paz.
Principales temas de agenda vinculados a la política de defensa:
- Argentina:
Tras el gobierno militar, la reinserción internacional se convirtió en prioridad para nuestra política exterior, profundizándose a partir de la presidencia del Dr. Menem. Dicha reinserción tiene como ejes: el cambio de relación con los Estados Unidos (profundizando la cooperación bilateral con el Departamento de Defensa), una atención preferente hacia los países del Cono Sur, y una estrecha vinculación con la seguridad internacional a través de Naciones Unidas. Argentina se manifiesta, en la práctica, tendiente a adoptar posiciones unilaterales como su posición fuertemente anticastrista, o la participación en la Guerra del Golfo. Privilegia la participación los foros internacionales como la ONU, y en particular la OEA en el plano americano. Ha manifestado incluso su deseo de tener alguna participación en la OTAN. (6)
En el plano del desarme y la no proliferación, Argentina ha dado un giro fundamental en sus posiciones históricas, convirtiéndose en el principal adherente del Cono Sur a las tendencias dictadas por el contexto internacional. No sólo participa de los Tratados de Tlatelolco y de No Proliferación Nuclear, sino que ha solicitado y obtenido el ingreso al MTCR (Régimen de Control de Tecnología Misilística), que controla el uso pacífico de vectores y misiles; la desactivación del proyecto Cóndor significó un profundo paso en la adhesión a estas políticas, a pesar de la oposición militar. Asimismo, Argentina ingresó al llamado Club de Londres, que reúne a los grandes proveedores mundiales de tecnología nuclear. (7)
Otro aspecto que marca la inserción de Argentina en la política de seguridad internacional es su activa participación en las operaciones de Naciones Unidas, tanto de imposición de la paz (como su participación en la coalición que emprendió la Guerra del Golfo), como de mantenimiento de la paz . Esta presencia no implica una innovación en la política de defensa argentina, dado que fuerzas militares de nuestro país han participado en las operaciones de mantenimiento de la paz desde sus inicios (8). Sí se ha profundizado esta política, involucrando mayor número de efectivos desplegados y una rápida consideración de los pedidos de la ONU. La creación de un Centro de Entrenamiento Regional para "cascos azules" en Campo de Mayo, ha sido la nueva iniciativa argentina para manifestar su activo compromiso con la temática.
- Brasil:
Habiendo sido un "socio privilegiado" de los EE.UU. en el Cono Sur durante el período de la guerra fría en materia de cooperación en seguridad y defensa, actualmente representa la posición más crítica de los intereses norteamericanos. Esto se manifiesta en: la definición de lo que "seguridad" implica para Brasil, y en su política respecto de los tratados internacionales de desarme y no proliferación: "Un general brasileño afirmó en octubre de 1992 en la prestigiosa Escuela Superior de Guerra de Río de Janeiro: "No tenemos enemigos entre nuestros diez vecinos. Estamos preocupados acerca de cómo desarrollar a nuestra población de 150 millones. Estamos preocupados por la nutrición, salud y educación; ese es el principal objetivo de nuestra escuela". Esta afirmación verifica la contínua preeminencia en la seguridad de la doctrina del desarrollo (...).¨ (9)
Cabría agregar a este párrafo el tema de la violencia urbana, que en el caso de Río de Janeiro ha llevado a la intervención de las Fuerzas Armadas. No puede deducirse sin embargo de estas consideraciones, que Brasil implique que su política de seguridad es la doctrina del desarrollo, sino más bien que incluye a estos aspectos como parte de las preocupaciones de la seguridad en el país, y también en la región. Esto marca una diferencia respecto de Argentina, en cuanto a cuál debe ser la orientación del área a la hora de definir sus intereses y su posición en la arena internacional.
Asimismo, Brasil incluye como prioridad de su política de seguridad la relación con sus vecinos, considerando que posee fronteras con diez naciones. Al igual que Argentina, otorga importancia a los acuerdos regionales y a las medidas de cooperación.
El desarme y la no proliferación ha sido objeto de adecuamientos regionales -como se ha visto anteriormente- a fin de evitar suspicacias respecto de sus intenciones en cuanto al control de armas y el desarrollo de tecnologías sensitivas. La ratificación de Tlatelolco fue el instrumento utilizado en tal sentido. La importancia de esta medida (así como del a-cuerdo bilateral con Argentina) se pone de relieve al considerar que has-ta finales de los 80 el desarme y con-trol de armamentos no eran prioritarios en su agenda de política exterior.
La preocupación internacional acerca de sus desarrollos se puso de manifiesto desde la concreción del Programa Autónomo de Desarrollo Nuclear (1987), con el cual pasó a dominar el ciclo de combustible nuclear. Su programa aeroespacial despierta también fuertes resistencias en la comunidad internacional, llegándose a sospechar la cooperación de ingenieros brasileños con Irak en el área de misiles. La construcción de un submarino nuclear, en cambio, sí constituye una fuente de preocupación para los países de la región, especialmente para las fuerzas armadas.
Su negativa a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) lo diferencia del resto de la región en cuanto a su política internacional, mas no en cuanto a posibilidad de desarrollos conflictivos dado que sus compromisos adquiridos en Tlate-lolco son mayores. Brasil sostiene la necesidad de terminar con la "proliferación vertical", considerando discriminatorio el TNP; asimismo, no desea cerrar la posibilidad de un desarrollo con fines pacíficos. Asumiendo una posición cautelosamente más autónoma, no se percibe sin embargo que ello pueda ir en detrimento de la seguridad de la región del Cono Sur, dado que los lazos establecidos por Brasil apuntan a fortalecer el desarrollo de la cooperación y la confianza. Las posiciones brasileñas parecen tener mayor relación con las restricciones que ciertas disposiciones internacionales pueden derivar para el acceso a conocimientos científicos-tecnológicos, que con una cuestión militar propiamente dicha. (10) Sin embargo, las políticas de acercamiento con los Estados Unidos son resistidas por la institución militar, que ha criticado al Presidente Cardoso por sus intentos de establecer una nueva relación con los EE.UU. (11)
Las misiones de paz también ocupan un lugar importante en la agenda brasileña. De hecho, el país ha participado en ellas también desde sus inicios. Sin embargo, su política es la de plantear una cuidadosa evaluación de su necesidad y oportunidad, a partir de:
- la prioridad de misiones en áreas vecinas;
- los costos financieros que impliquen; y
- la preferencia por operaciones "ortodoxas" (no de imposición de la paz), que involucren el acuerdo de las partes en conflicto y sean producto de una decisión multilateral. Se opone a intervenciones realizadas para "garantizar intereses hegemónicos" que van "más allá de los límites de la preservación de la paz". (12)
Esta posición guarda una clara relación con las prevenciones brasileñas respecto del tema Amazonas, y de las derivaciones que podría tener para sus intereses una futura intervención internacional que tuviera como propósito "resguardar" un patrimonio ecológico de la humanidad.
- Chile:
La política chilena en cuanto a la seguridad en la región, a grandes rasgos, no se diferencia en cuanto a sus intereses de los de Argentina y Brasil. Como expresara el ex-ministro de Defensa Patricio Rojas, Chile observa como intereses comunes a la región el evitar alteraciones a la estabilidad, el desequilibrio armamentista (donde se encuentran el control de armas y de desarrollos nucleares), y la participación en misiones de paz. (13)
El vínculo entre política exterior y de defensa es aún particular, dada la influencia remanente de las Fuerzas Armadas en las decisiones institucionales (14). Sin embargo, Chile asume una posición de proyección internacional a través de las relaciones bilaterales y los acuerdos internacionales, al igual que una firme defensa de los intereses del país en materia antártica y oceánica.
Dado el proceso de transición democrática que atraviesa, es necesario destacar que el proceso de cambios en materia de seguridad internacional y de posicionamiento frente al contexto global se encuentran en un estadío temprano. Chile se ha interrelacionado con el mundo a través del plano económico, y continúa explorando las posibilidades en ese sentido (por ejemplo, su posible incorporación al NAFTA); difícilmente pueda esperarse en esta etapa una mayor definición gubernamental que involucre su defensa nacional y el consecuente empleo de sus Fuerzas Armadas, aunque la administración Frei ha asumido el tema e inclusive presentado su política de defensa al Congreso (15). Por ello, la agenda se ha centrado en la ratificación de los tratados internacionales que versan sobre armamentos, en la profundización de las medidas de confianza mutua, y en la resolución desarrollos nucleares, por lo cual ha bienvenido las iniciativas argentinas y brasileñas que eliminan ese foco de amenaza de la región.
Respecto de Naciones Unidas y las misiones de paz, Chile asume una posición cautelosa, tanto por los riesgos en cuanto a "intervención" que puede implicar la imposición de la paz, como por las resistencias dentro de las Fuerzas Armadas a participar. En efecto, éstas temen que dichas misiones se conviertan en "misión principal", en desmedro de las misiones tradicionales y de su papel dentro del sistema institucional chileno. La política adoptada -al igual que Brasil- es la de "caso por caso", evaluando en función de criterios tales como la no participación en guerras, qué tipo de tareas le son requeridas, objetivos políticos de las misiones, duración e interoperabilidad requerida. (16)
- Paraguay:
La posición del Paraguay en el Cono Sur, así como sus características estratégicas, permean las posibilidades y alcances de su agenda de política exterior en vinculación con la defensa nacional. Su enclave mediterráneo, entre Brasil y Argentina, lo lleva a mantener una búsqueda de equilibrio internacional, así como a evitar el aislamiento. Por ello, la mayor integración entre Brasil y Argentina lo estimula asimismo a seguir los mismos caminos.
Pueden realizarse algunas consideraciones similares al caso chileno, aunque conllevan tendencias más profundas. La reciente constitución de un régimen democrático a larga dictadura del General Alfredo Stroessner, que constituyó un régimen personalista, y que después de la década del 70 llevó al país al aislamiento internacional por la temática de los derechos humanos. En la actualidad, Paraguay juega sus intentos a lo que puede obtener a través de la integración: "Para el Paraguay, el Mercosur tiene una importancia estratégica fundamental" (17). Esta apuesta se refiere principalmente a términos económicos.
Respecto de los temas de seguridad de la región que el Paraguay vislumbra como parte de su política, pueden encontrarse la promoción de la paz y la estabilidad en la región, la preservación de las riquezas y comunicaciones marítimas, la prevención de posibles conflictos intra-regio-nales, la profundización de medidas de confianza mutua, y la inserción en el ámbito internacional a través de la acción en organismos internacionales. En este sentido, Paraguay ha adherido a los acuerdos y tratados sobre desarme y no proliferación vigentes en la región, si bien no posee ni desarrolla elementos nucleares, ni cuenta con una industria bélica importante.
Actualmente, Paraguay no participa de operaciones de mantenimiento de la paz, ni se perciben tendencias de que modifique esta política, principalmente debido a la etapa de transición en la que se encuentra.
- Uruguay:
Al igual que Paraguay, ha hecho ingentes esfuerzos para no quedar fuera de la integración entre los dos países predominantes en la región, aunque su política en materia de seguridad internacional coincide básicamente con la del resto de los casos, mantiene una postura independiente frente a las alternativas de una posible integración estratégica y a una mayor participación internacional. La política internacional de Uruguay se basa -históricamente- en la no intervención en asuntos internos de otros Estados, la solución pacífica de las controversias, y la cooperación internacional. Respecto de la materia de desarme y no proliferación, Uruguay nunca ha representado una preo-cupación para los centros internacionales, ni lo ha sido para el Cono Sur, y adhiere a los compromisos vigentes en el tema.
Su participación en misiones de paz de Naciones Unidas ha sido vasta a lo largo de su historia, y es percibida como una misión importante para las Fuerzas Armadas y como un valioso entrenamiento profesional. Representa tal vez -junto a Argentina- la postura más cercana a una activa participación en las misiones internacionales, aunque es reticente a las operaciones de imposición de la paz, basado en su principio de no intervención. (18)
2.2. Reforma del Estado y misiones de las Fuerzas Armadas
De acuerdo con las tendencias globales observadas anteriormente, en un contexto cambiante donde la naturaleza de los conflictos ha variado en modo significativo, y las amenazas de tipo convencional parecen haber perdido la trascendencia vigente en el período de la guerra fría, todos los países del mundo están cuestionándose el por qué de la existencia de una fuerza armada. Las reducciones de los ejércitos -tanto en Estados Unidos como en Europa- son la primera medida adoptada siguiendo esta línea de reformulación, así como la transformación de las estructuras existentes en fuerzas capaces de actuar en los nuevos escenarios.
En el Cono Sur, esta refor-mulación tiene características más drásticas. Sus Fuerzas Armadas se estructuraron en función de la doctrina del enemigo interno, y de la respuesta a una agresión vecinal o extra-regional de tipo convencional. La pérdida de vigencia de la agresión soviética como amenaza, las tendencias de integración vecinal, sumado a los procesos de crisis económica, hacen más aguda la pregunta para la región: ¿cuál es la misión de las Fuerzas Armadas, si no existen amenazas que hagan preveer su empleo? A ello se suma el hecho de que, dada las restricciones presupuestarias, el nivel de operatividad y de tecnificación de las Fuerzas es bajo.
Al menos cuatro factores se conjugan e impulsan una reacomo-dación frente a las concepciones vigentes anteriormente entre las Fuerzas Armadas del Cono Sur:
1) Los cambios en el para-digma mundial han descolocado a unas Fuerzas Armadas que tradicionalmente han tenido como misión principal luchar contra la "agresión comunista". Asimismo, las reducciones que están llevándose a cabo y la reestructuración de los grandes efectivos por unidades de empleo flexible. Es el cambio más profundo, implica no sólo una decisión política sino también una revisión y actualización de todas las etapas de educación militar. Hasta el momento, este tema se encuentra sólo en el terreno de las posibilidades en los países del Cono Sur.
2) A ello se unen las políticas de integración vecinales, que los obliga a repensar las hipótesis de conflicto tradicionales (de enfren-tamiento entre los países del Cono Sur), y a definir su participación en las amenazas emergentes.
3) La reacomodación al interior de cada país, en la transición democrática, impulsa a descontar de sus misiones la participación en la conducción política de sus naciones. Las Fuerzas Armadas como sustituto de la clase política han perdido -con matices y diferencias entre los países- la legitimidad con que contaban. (19)
4) Las restricciones presupuestarias de las naciones, que los obligan a legitimar su presencia, (20) pero que al mismo tiempo los condiciona a la inoperatividad por falta de recursos y tecnología. En el caso que más ha avanzado en la reforma estatal -Argentina- esto lleva consigo elementos de desmotivación profesional entre los miembros de las FF.AA., (21) y la búsqueda de misiones sustitutas a fin de generar ingresos -como las misiones de paz-. En ciertas instancias, las reducciones presupuestarias pueden significar un foco de tensión entre las Fuerzas y los gobiernos civiles, al reducirse al mínimo el nivel de operatividad.
La presión para redefinir el papel de los militares en el Cono Sur es intensa. Tanto desde el interior de las sociedades -que produce la tensión entre defensa/otras necesidades del Estado-, como desde el exterior, principalmente desde los Estados Unidos.
La definición de las misiones de las Fuerzas Armadas frente a las amenazas emergentes, tales como el narcotráfico o el terrorismo internacional, conllevan elementos de difícil aceptación para las sociedades del Cono Sur, envueltas aún en relaciones cívico-militares complejas con problemáticas de derechos humanos no resueltas. Las misiones que impliquen una participación de las Fuerzas Armadas en asuntos de carácter interno, provocan resquemor tanto en la sociedad como en las propias Fuerzas.
Los países del Cono Sur -especialmente sus Fuerzas Armadas- coinciden en no asumir tareas que en-tienden de tipo policial, tales como la lucha contra el narcotráfico. La presión estadounidense es percibida co-mo un intento de creación de guardias nacionales, que se ocupen de tareas de corte policial, y que impulsen a los países a ceder su defensa en las organizaciones supranacionales. También existe consenso respecto de la necesidad de redefinición de las misiones de las Fuerzas Armadas, preservando como misión principal la defensa de la soberanía e integridad territorial de cada uno de los países. La adecuación del pensamiento militar pasa en este momento por adherir a propuestas de estructuras fuerzas de carácter pequeño y flexible, con versatilidad para manejarse en todo tipo de teatros de operaciones.
La participación en misiones internacionales aparece como una misión subsidiaria, que ha sido funcional al desconcierto vigente en la región, otorgándoles un campo de acción que favorece además sus intercambios profesionales con las fuerzas más avanzadas del mundo. Asimismo, ayudan a legitimar la presencia de las Fuerzas Armadas a nivel de sus propias sociedades.
Las relaciones cívico-militares
Los procesos de transición y consolidación democrática vigentes en el Cono Sur poseen características diferenciadas en cada país, aunque existe un vínculo entre ellos, como es el de constituir una experiencia reciente que necesita ser operada con cautela por los gobiernos civiles.
En Argentina, puede observarse una diferencia respecto del resto de los países. Las Fuerzas Armadas se hallan subordinadas al poder político, y han aceptado el papel que les cabe en el rediseño de las políticas estatales, que en el caso de la mayor inserción en la política internacional, les ha acarreado abandonar el proyecto Condor II, aceptar los acuerdos con Chile y Gran Bretaña, y participar en las misiones de Naciones Unidas. En el plano interno, 1995 ha sido el escenario del reconocimiento por parte de las Fuerzas del accionar ilegal durante el período dictatorial, hecho inédito en la historia latinoamericana.
En lo que se refiere a una mayor eficiencia en la política de defensa, en Argentina resta aún la asunción plena de sus competencias por parte del Ministerio de Defensa, y del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. La independencia práctica con que se maneja cada una de las Fuerzas continúa siendo el principal tema a abordar.
En Brasil, si bien existe su-bordinación al poder civil, las Fuerzas Armadas gozan de una autonomía institucional media. La presencia de cuatro militares en el manejo del Estado (como miembros del Gabinete Nacional) otorga a las Fuerzas una clara influencia en las decisiones estatales (22). La "transición pactada" que llevó a la democratización introduce fuertes condicionantes a las posibilidades de acción autónomas del gobierno civil (23). Asimismo, constituyen aún una corporación cerrada a la influencia civil, y difícilmente se logre su aceptación en temas conflictivos como la desactivación de su proyecto de submarino nuclear, tal como hicieron las Fuerzas argentinas con el caso Cóndor. Los requerimientos del gobierno para la intervención del Ejército en la lucha contra narcotraficantes en Río de Janeiro, o para posibles represiones de disturbios sociales, tampoco favorecen el desarrollo de una mejor relación cívico-militar.
Chile es tal vez el caso más atendible, dada la institucionalización de la participación de las Fuerzas Armadas en el poder, que les otorga un vasto poder de veto a las iniciativas gubernamentales con las que no concuerdan. La salida del régimen militar ha dejado como herencia una pesada carga en las relaciones cívico-militares. El General Pinochet permanece como Comandante en Jefe del Ejército hasta 1999, sin que el Presidente tenga facultad de removerlo. El gobierno opera bajo una contínua presión de las Fuerzas Armadas, y aún con restricciones legales plasmadas en la Constitución sancionada antes de que las Fuerzas abandonaran el gobierno.
Paraguay atraviesa una etapa similar de alta autonomía de las Fuerzas Armadas; el proceso de transición se halla trabado en el debate acerca de la neutralidad de las Fuerzas en la política, dada su participación en el Partido Colorado (24). Asimismo, y dado que fue un mismo golpe militar el que derrocó al General Stroessner y llamó posteriormente a elecciones, guarda similitudes con Brasil y Chile, en una transición pactada en la que los militares se reservan una cuota de poder y, fundamentalmente, de veto y acotamiento al gobierno civil.
Finalmente, en Uruguay también gozan las Fuerzas de una autonomía institucional media. En 1985, producido el reestablecimiento de la democracia, el Presidente Sanguinetti promulgó una ley de amnistía, y en 1989 se realizó un plebiscito que cerró la discusión sobre instancias judiciales. Si bien las Fuerzas no participan activamente del gobierno, se reservan cierto poder de veto, aunque coincide con Argentina en haber focalizado la atención de las Fuerzas hacia misiones específicas de la profesión tales como las operaciones de mantenimiento de la paz. Las restricciones presupuestarias son actualmente el foco de tensión entre gobierno y Fuerzas Armadas; y es también preocupante la tendencia en medios civiles a otorgar a las Fuerzas la misión de garantes del orden interno. (25)
Puede sintetizarse entonces:
- Autonomía institucional alta:
Chile - Paraguay
- Autonomía institucional media:
Brasil - Uruguay
- Autonomía institucional baja:
Argentina
El cuadro anterior resulta preo-cupante para la región, aunque no se perciban indicios de quiebre del orden democrático ni un margen internacional para ello. Sin embargo, en la medida en que no se afiancen las relaciones cívico-militares, y se transformen a través de ello los aspectos profesionales (educación y carrera militar, socialización, etc.), los caminos hacia una integración defensiva se hacen dificultosos. En la actualidad, puede afirmarse que la prioridad en la región es la resolución de la problemática civil-militar, como paso previo a un proyecto de integración.
3.
CONCLUSIONES: LA INTEGRACION DE LA DEFENSA
EN EL CONO SUR. POSIBILIDADES Y PERSPECTIVAS
Existe una clara diferencia entre las tendencias que impulsan el proceso de integración europeo y el que podría constituir el Cono Sur. Las siguienes variables sintetizan dicha diferencia:
1) Europa atraviesa una etapa de resurgimiento de las nacionalidades, como conflictos intraestatales. La situación latinoamericana es sustancialmente diferente. Las tensiones existentes no se refieren al choque de grupos étnicos, sino al desarrollo que están atravesando las economías y las situaciones sociales de los países. La desintegración estatal continúa siendo la principal amenaza de ambas situaciones; sin embargo, en el caso de nuestra región, una desintegración tal se produciría sin los objetivos y elementos de conjunción que aparejan otros casos, tales como el de un grupo étnico. El mantenimiento de las instituciones democráticas continúa siendo entonces el principal valor a defender. Antes que militares, los medios a emplear son políticos, económicos y sociales.
2) Los condicionantes del escaso margen de acción que dejan las economías nacionales, no permiten demasiadas alternativas de acción, sobre todo si éstas suponen mayores gastos.
3) Un sistema de seguridad regional necesita intereses claros a defender, y su traspolación en términos estratégicos. Entre los países del Cono Sur dichos intereses -aunque existan- no son percibidos en la misma forma, ni con la misma peren-toriedad.
4) En ese sentido, cualquier definición alternativa de seguridad que involucre a las fuerzas armadas en temas no tradicionales de la defensa externa (como pueden ser las migraciones, el narcotráfico, o la eco-logía), plantea connotaciones peligrosas en el Cono Sur, derivadas de la histórica intervención en temas no militares. En Europa, en cambio, puede preverse que las doctrinas estratégicas tienen un mayor margen de variabilidad en función de sostener su supremacía estratégica y de defenderse de cualquier fuente de inestabilidad, bajo control de fuertes instituciones democráticas. (26)
5) Las alternativas de las relaciones cívico-militares son claramente distintas en ambas regiones.
6) La redefinición de las misiones de las fuerzas armadas en un contexto de crisis económica al exterior de ellas, y tecnológica-profesional a su interior. Del tiempo que ello demande, dependerán también las posibilidades de conjunción interestatal en tal sentido.
7) La variable tiempo/oportunidad: Europa construyó su integración a través de un largo período de tiempo que previó la paulatina acomodación de los Estados a la realidad futura. América Latina -y en ella el Cono Sur- no contará con ello. La oportunidad de insertarse en un nuevo orden irá diluyéndose a medida que se disipen las incertidumbres y evolucione aún más el contexto tecnológico. Lo que Europa construyó en décadas, la región debería construirlo en pocos años.
8) Y finalmente -aunque esta lista no pretende ser exhaustiva-, no menos importante es la imposibilidad actual, dentro de cada país, de un comando conjunto real, y consiguien-temente de un entrenamiento para lo que puede suponer la integración de la defensa en cuanto a comandos conjuntos y combinados. Es difícil suponer que las Fuerzas puedan integrarse con las de otros países (aunque eso no significa su dilución), cuando no han logrado en ninguno de los cinco países integrarse entre ellas. La independencia de cada uno de los servicios armados es una constante en el Cono Sur, y su modificación constituirá una ingente tarea. (27)
De todos los países del Cono Sur, Argentina es el único que ve con agrado las posibilidades de integración en materia de defensa -aunque no inmediatamente-, de acuerdo con la evolución de las medidas de confianza y el incremento de la cooperación militar. El resto de los países, manifiestan abiertas reticencias a una iniciativa de tal tipo, con la excepción de Paraguay, para quien la integración supondría una forma de insertarse en la defensa regional, y de ella en el mundo, de la que ahora carece.
En general, se percibe confusión acerca de lo que significa la integración, en el sentido de entender que ella supondría el abandono de la misión propia de cada instrumento militar al interior de su país. Observando el caso europeo, puede concluirse claramente que la integración en marcha -y la ya existente- no ha supuesto en ningún caso el abandono de una política propia, ni la sujeción a decisiones extrañas, dado que los mecanismos contemplan la necesidad de los consensos. Asimismo -y principalmente desde la visión de Uruguay y Chile- existe una falta de confianza acerca de las capacidades de la subregión para constituir un esquema propio.
A ello cabe agregar las dificultades que supondría, en el marco más amplio de América del Sur, una integración que no contemplara las consecuentes suspicacias que despertaría en aquellos que no se incluyan en ella (Bolivia, Perú, etc.). Y la posición de los Estados Unidos respecto del tema, dado que éste impulsa la creación de mecanismos ad hoc, pero no se conoce a ciencia cierta cómo recibiría una iniciativa de creación de un mecanismo integrado de seguridad en el Cono Sur.
La posibilidad de una integración de la defensa en el Cono Sur es vista con distintas perspectivas. Para Paraguay, "La inoperancia de este sistema (el interamericano) y a la luz de los compromisos asumidos con la firma del Tratado de Integración Económica (Mercosur), surge la necesidad de implementar en forma gradual mecanismos de integración en cuanto a la defensa de la subregión." (28)
Argentina es el país más pro-clive a percibir una tendencia positiva hacia la integración, favorecido por la estabilidad política y los avances en las relaciones cívico-militares, así como a las reformulaciones acerca de su estructura y misiones que están efectuando las Fuerzas Armadas. En el mismo Simposio de los EMCFFAA que trató el tema "¿Es viable un sistema de defensa en el Cono Sur en el contexto regional de integración en marcha?", la delegación argentina presentó el tema (29) analizando tres alternativas de acción (alta, media, y baja), seleccionando la segunda de ellas como la mejor. Esta consistía en "seguridad a través de acuerdos político-militares ampliados", que contemplaran los siguientes ítems: La adhesión de todos los países a los tratados sobre tecnología nuclear y armas químicas; el establecimiento de reuniones periódicas de consulta e intercambio de información de Ministros de Defensa y Comandantes de las Fuerzas Armadas de los estados signatarios del acuerdo; incentivar el intercambio de miembros de las FF.AA. e iniciar estudios sobre los temas profesionales posibles de unificación; y la iniciación de un intercambio de ideas para la futura materialización de un sistema de defensa.
Brasil, Chile y Uruguay (30) tienen una posición cautelosa y hasta reticente a pensar en una integración que suponga algo más que la cooperación militar actual. Sí acuerdan con profundizar las medidas de confianza mutua (aunque ciertos estamentos militares brasileños sostienen que no son necesarias dada la interrelación existente), pero no se vislumbran en la actualidad tendencias hacia una integración regional en materia de defensa.
Finalmente, no cabe esperar avances en la integración de la defensa regional en la medida en que no se profundicen las transformaciones democráticas en los países de la región, y junto con ella las relaciones cívico-militares y la formación de una cultura política estable, que pueda elaborar una política vigente en el tiempo. Las dificultades de Chile -donde el "caso Contreras" ha des-prestigiado la imagen de exitosa transición que había elaborado- impiden vislumbrar cómo se resolverá en el futuro el dilema civil-militar. El caso de Paraguay transita los mismos carriles. El intento brasileño de decisión unilateral a causa de las exportaciones de autos, en junio de 1995, en el marco de la economía del Mercosur, es un ejemplo para preguntarse hasta dónde las decisiones políticas que los países de la región adoptan perduran en el tiempo, y no son pasibles de cambios en la medida en que surgen dificultades internas.
Asimismo, la viabilidad de un sistema de seguridad estratégica regional en el futuro deberá procurar su articulación con los esfuerzos hechos en el marco de la ONU y la OEA, ser complementario de las alternativas de seguridad planteadas por la potencia hemisférica, y ser fruto de un trabajo mancomunado entre civiles y militares, y no solamente fruto de acuerdos políticos sin sustento en aquellos actores que instrumentarán las decisiones. (31) De igual modo, deberá rescatar de la experiencia europea la necesidad de no burocratizar el ámbito de la seguridad con instituciones diversas, con campos de acción poco definidos entre sí.
La perspectiva más viable en el camino de la integración, actualmente, se halla en la profundización de las medidas de confianza mutua, como forma de eliminar suspicacias y fomentar los acuerdos entre los países. Aunque la implementación de medidas "duras" parecen casi impensables en el contexto político militar de nuestra región, este camino ha de ser abonado con una prudencia y un respeto a las diferencias, que permitan graduales avances. En la medida en que ellas se conviertan en instrumentos reales (incrementando por ejemplo la transparencia en la información), se habrá dado el paso fundamental que permita pensar en una futura integración de las políticas de defensa, y consecuentemente, en la construcción de un sistema de seguridad estratégica regional.
(1) Tres intereses estratégicos funcionales a toda la región del Cono Sur, que no se desarrollan por razones de espacio, son: el Atlántico Sur como zo-na de paz, las Islas Malvinas, y la Antártida.
(2) Así lo expresó un oficial jefe de la Fuerza Aérea en el Seminario "Relaciones cívico-militares" organizado por la Universidad de Quilmes, Buenos Aires, 9 de mayo de 1995.
(3) Ver por ejemplo la coincidencia de argumentos cuando defienden posiciones divergentes, en SPEZIALE, JOSE, "Por qué son importantes los hielos continentales patagónicos y el Lago del Desierto", en Revista Militar, nº 728, Buenos Aires, 1993, págs. 47 a 53; y CENTRO DE ESTUDIOS ESTRATEGICOS DE LA ARMADA. Seminario Bases de una política nacional frente al nuevo orden mundial, regional y vecinal. Valparaíso, 15 de abril de 1992, pág. 2. También MENESES, EMILIO. Chile: percepciones de amenazas militares y agenda para la política de defensa, trabajo presentado en el Seminario "Percepción de Amenaza y Política de Defensa", Valparaíso, octubre de 1991. Este afirma, por ejemplo, "(...) los líderes argentinos han preferido no emplear sus medios armados en diferentes crisis importantes. Este es un hecho que no ha pasado desapercibido para los chilenos. Posiblemente obedece a una manera distinta de ver que los intereses nacionales se cumplan. Incluso se debería a la existencia de una visión -en Buenos Aires- de que la historia está de su lado y que en un enfrentamiento militar se corren riesgos que pueden ser evitados, pues a fin de cuentas, tarde o temprano se cumpliría el destino superior que les está reservado. (...) la amenaza militar argentina ha crecido paulatinamente a lo largo del siglo XX, a medida que las diferencias de crecimiento económico se evidenciaron y que las expectativas argentinas de grandeza no se cumplían. (...) En esta perspectiva, la amenaza percibida aumentó en la medida que el sentimiento de frustración ha penetrado en ciertos estratos argentinos, emer-giendo la urgencia porque se cumpla pronto el destino superior tantas veces postergado.", op. cit., pág. 71.
(4) DIAMINT, RUT. "Argentina y Brasil frente al nuevo orden mundial", en Ser en el 2000, nº 6, Buenos Aires, agosto de 1994, pág. 69.
(5) Una de las críticas más fuertes a la Argentina es el unilateralismo con el que ha tomado posiciones en política exterior, sin comunicarlo al resto de la región, así como la búsqueda de "protagonismo" para ser portavoz de la región.
(6) "Nos interesan el diálogo y la consulta con la OTAN y consideramos útil explorar la forma de dar continuidad a esa interacción. Es en este sentido que el Jefe del Estado Mayor Naval Argentino formuló recientemente propuestas concretas de cooperación con la Organización, como por ejemplo, que se permita la participación de un buque de la Armada Argentina con las Fuerzas Navales Permanentes del Atlántico", declaró el Canciller Guido Di Tella. Ver Intervención del Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Bruselas, 29 de septiembre de 1992.
(7) Un mayor desarrollo de estas cuestiones puede encontrarse en DIAMINT, RUT. "Política exterior, seguridad regional y medidas de confianza mutua", en CACERES, GUSTAVO y SCHEETZ, THOMAS (Comp.). Defensa No Provocativa. Editora Buenos Aires, Buenos Aires, 1995, págs. 325 a 363.
(8) Hasta el fin de la guerra fría, estas experiencias argentinas fueron: Líbano (1958), Congo (1960-1963), Cuba (1962), Medio Oriente (1967), El Salvador y Honduras (1970), Irán-Irak (1988), y Angola (1988).
(9) MARCELLA, GABRIEL. "Misiones futuras de las FF.AA. latinoamericanas y política de los EE.UU.", en Ser en el 2000, nº 5, Buenos Aires, marzo de 1994, pág. 51.
(10) Ver COSTA VAZ, ALCIDES. "Con-dicionantes das posicoes brasileiras frente ao desarmamento, regimes de controle de exportacoes e seguranca regional", en Premissas, caderno nº 4, Universidad de Campinas, Núcleo de Estudios Estratégicos, agosto de 1993, págs. 3 a 18.
(11) Ver La Prensa, 19 de abril de 1995, pág. 21.
(12) VIEIRA, GLEUBER (General, 2º Subjefe del Estado Mayor del Ejército de Brasil). "La variable estratégica en el proceso de constitución del Mercosur", en Ser en el 2000, nº 5, Buenos Aires, marzo de 1994, pág. 10.
(13) Reunión de académicos y ex-ministros de Defensa del Cono Sur, preparatoria de la Reunión de Ministros de Defensa de América, organizada por SER en el 2000, FLACSO-Chile y The Wilson Center. Buenos Aires, 14 de junio de 1995.
(14) Nótese por ejemplo, las reticencias de las Fuerzas a un mayor acercamiento con los Estados Unidos, dado el malestar que produjo el embargo de armas al gobierno militar.
(15) Ver PINOCHET. AUGUSTO (General). Ejército de Chile: Trayectoria y Futuro. Clase magistral dictada por el Sr. Comandante en Jefe del Ejército, Santiago, 21 de agosto de 1992. En su punto 2 (análisis del momento actual) dice por ejemplo que "en ningún caso debemos caer en la tentación de efectuar cambios guiados sólo por apreciaciones ligeras o interpretaciones antojadizas ante situaciones nuevas, como tampoco proceder inspirados en la ilusión de entrar a un mundo nuevo, lo que es muy distinto a entrar a un mundo diferente". Agrega luego que "en una situación como la señalada, seguir trayectos sugeridos o impuestos por otras potencias no resulta necesario ni conveniente".
(16) Ver DALY HAYES, MARGARET. By example: The Impact of Recent Argentine Naval Activities on Southern Cone Naval Strategies. Center for Naval Analyses, Virginia (EE.UU.), febrero 1995.
(17) ABENTE BRUN, DIEGO. "Algunas consideraciones sobre el Merco-sur desde la perspectiva paraguaya", en Ser en el 2000, nº 7. Buenos Aires, marzo de 1995, pág. 12. El autor es Presidente de la Comisión de Defensa del Senado de Paraguay.
(18) Ver Fuerzas Militares de Carácter Internacional para el Mantenimiento de la Paz. Exposición del Ejército del Uruguay en el Primer Simposio de Ejércitos pertenecientes al Mercosur. Buenos Aires, 14 al 18 de junio de 1993.
(19) En Argentina este proceso es claro desde lo político pero también desde las disposiciones de la Ley 23.554 de Defensa Nacional. En Uruguay, en cambio, la constitución establece como una de sus misiones defender la Constitución y las leyes, lo cual a juicio de los analistas los coloca en el papel de "garantes" del régimen político existente.
(20) En la Reunión Preparatoria de aquella que celebrarán los Ministros de defensa, el Presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados de Paraguay expresó claramente que se cuestionan los altos gastos militares, en un contexto donde la nación tiene otras prioridades tales como la salud y la educación.
(21) Las Fuerzas Armadas expresan su preocupación tanto por los bajos salarios como por los recortes de presupuesto que restringe ya no la capacidad de operación, sino la de entrenamiento (como horas de vuelo para los pilotos). En las Fuerzas Armadas argentinas es una realidad actual el doble empleo.
(22) Por ejemplo, en un seminario una diplomática brasileña expresó: "Las cuestiones de seguridad de la región del Mercosur como un todo están siendo consideradas en la región por los Ejércitos del Mercosur. Así que sería cuestión de las Fuerzas Armadas decidir qué ritmo quieren dar a estas negociaciones". En el mismo seminario, un militar argentino expresó: "El paraguas de seguridad es un recurso y una solución u opción de naturaleza política a la cual contribuye el instrumento militar. Pura y exclusivamente como militar, pienso que no debo ser sacado de la mesa en que se discuten estos temas. Nada más que esto, ya que la opción es indiscutiblemente de naturaleza política". Seminario El rol de las Fuerzas Armadas en el Mercosur. CARI, Buenos Aires, 1994, págs. 40 y 84.
(23) Ver MATHIAS, SUZELEY. "Tran-siçao pactada e integraçao militar: os casos do Brasil e do Chile", en Premissas, nº 5. Universidad de Campinas, Núcleo de Estudios Estratégicos, diciembre de 1993, pág. 60 a 86.
(24) Las denuncias de corrupción que han afectado al Ejército paraguayo en 1994 y 1995 tampoco ayudan en este sentido.
(25) Ver RIAL, JUAN. ¿Renovación o reforma militar?, en Ser en el 2000, nº 4. Buenos Aires, septiembre de 1993, págs. 63 a 71.
(26) Ver para ello las definiciones del nuevo concepto estratégico en OTAN, The Alliance's Strategic Concept. North Atlantic Council in Rome, 7-8 november 1991. NATO Office of Information and Press, noviembre 1991, párrafos 8 a 10.
(27) Ver DONADIO, MARCELA. El Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas en el sistema de defensa nacional argentino. CONICET, Buenos Aires, 1993.
(28) Cooperación militar dentro de la integración regional. Tema presentado por la Delegación del Paraguay en el VI Simposio de Estudios Estratégicos de los EMCFFAA de Argentina, Brasil , Uruguay y Paraguay. Buenos Aires, junio de 1992, pág. 111.
(29) VI Simposio... pág. 233 y 234.
(30) En el mismo Simposio la Delegación brasileña aclaró: "La Delegación brasileña no vislumbra en un futuro previsible, la necesidad de ampliar esa cooperación militar con miras a la defensa de la subregión". VI Simposio..., pág. 142. Uruguay, en tanto, declaró que "Consideramos que la posibilidad de establecimiento de una doctrina subregional de defensa constituye un paso necesariamente posterior a la integración económica teniendo en cuenta las realidades de nuestras situaciones sociales y en especial la muy particular relación entre FF.AA. y vastos sectores de las mismas (...) en esta etapa histórica de consolidación democrática, no visualizamos la necesidad de proceder a encarar la mencionada doctrina". VI Sim-posio..., pág. 152.
(31) Ver DRUETTA GUSTAVO, TIBI-LETTI LUIS y DONADIO MAR-CELA. "Los nuevos conceptos de seguridad estratégica regional", en Ser en el 2000, nº 1, 1992.