REESTRUCTURACION DEL SISTEMA DE DEFENSA
Seminario "Hacia las Fuerzas Armadas del Año 2000"
Exposición del Senador Eduardo Vaca, Presidente de la Comisión de Defensa Nacional del H. Senado de la Nación Argentina, en el Seminario "Hacia las Fuerzas Armadas del Año 200", el 3 de julio de 1995.
En primer lugar, se que ustedes estaban esperando que hoy hubiera una exposición a cargo de ex ministros. Pero posteriormente estuvimos conversando sobre el punto de inflexión en el que nuestro Seminario se encuentra, y pedí exponer en la reunión de hoy, porque me parece que hemos dado culminación a una etapa y que es absolutamente imprescindible para este Seminario que asumamos la difícil responsabilidad de lo que -a mi juicio- debe ser una futura etapa del mismo. O sea, que mis palabras pretenden ser el cierre de una muy fructífera relación que durante 4 años largos hemos llevado adelante.
Si yo tuviera que referirme a la etapa que se cierra, diría que hemos construido un espacio de diálogo que no es sencillo, tratándose de diálogo cívico-militar protagonizado por académicos, por políticos, por periodistas y por militares.
No era sencillo en el momento en que lo iniciamos. Hubo que vencer naturales reservas que cada uno de los protagonistas tenía respecto del otro. Hoy creemos que la relación amistosa que tenemos entre nosotros facilita al diálogo. Sobre la base de esta confianza que nos hemos ido ganando los unos a los otros, hemos establecido las bases de la más amplia libertad para expresar nuestros propios criterios, que es la otra condición del diálogo. No hay posibilidad de un diálogo condicionado por la posibilidad de decir lo que verdaderamente se piensa.
Otro elemento que me parece sustancial en el aporte que hemos hecho a este Seminario es que nos hemos ido poniendo de acuerdo sobre que cosas hay que conversar, porque muchas relaciones llamadas de diálogo en realidad no son nada más que conversaciones de locos, donde cada uno habla de su propio tema y no construye en la modificación que uno a otro, en un verdadero diálogo, van produciendo.
En lo que a mi respecta no es el mismo el Eduardo Vaca que hoy les habla que el que empezó este Seminario, y este es el resultado precisamente del haber conseguido establecer un marco conceptual dentro del cual nos moviésemos todos y supiésemos de qué estábamos hablando.
Estos han sido los elementos centrales de la etapa que hoy pretendemos cerrar para abrir una nueva.
Esto significa que lo que hoy voy a exponer debe entenderse precisamente como resultado del diálogo. O sea, no pretendo originalidad sobre ninguna de las ideas que voy a exponer. Es nada más que un poco de sentido común aplicado a los muchos conceptos que aquí se han ido desarrollando.
En lo que no sea fiel a lo que aquí se ha ido discutiendo, seguramente ustedes lo van a corregir en el debate posterior.
El salto cualitativo que creo que debemos dar es adentrarnos en lo que hasta ahora ha sido la temática postergada (porque estábamos reuniendo probablemente el impulso y esta claridad previa que se requería), que es avanzar nuestra discusión acerca de cuáles son las propuestas que podemos llegar a formular para la reformulación de nuestro sistema de defensa.
Creo que hoy la sociedad argentina está madura y necesitada de este debate; nosotros debemos entonces contribuir a generar el impulso político para poder llevar adelante esta reforma, que obviamente nos excede, porque no es nuestra función. Nuestra función es colaborar en el impulso político de esta reforma y asentar las ideas fuerza por las cuales creemos que la reforma se puede llevar adelante.
De hecho, ha habido algunos cambios, fundados en la intención de mejorar el sistema al cual nos estamos refiriendo. Pero convengamos entre nosotros que el grueso entre los cambios son la consecuencia de una política global de contención del gasto público, que se ha reflejado también en el ámbito del sistema de defensa.
Es decir, en muchas cosas no ha sido el resultado de una voluntad orientada al logro de un objetivo, sino la consecuencia orientada al logro de otro objetivo que a veces hace, por ejemplo, que si la perspectiva es solamente la del achicamiento del gasto, se recorte de cualquier manera.
Esta es la invitación que les quiero formular a todos.
Y para entrar en cuestión, ¿cuál es la situación en la que la Argentina se desenvuelve?; ¿cuáles son las predicciones más generales que sobre esta situación nosotros podemos hacer?; ¿cuáles son las demandas que en materia defensiva nosotros podemos imaginar en este mundo que estamos viviendo, que dijimos que se caracteriza precisamente por la incertidumbre?
La primera afirmación que haría es que en la Argentina no se prevé defensa de interés nacional, más allá del ámbito nacional y subregional.
Lamentablemente, entre las mucha carencias que tiene, Argentina no cuenta con un adecuado ordenamiento estadístico, y ello nos impide saber con precisión cual es el nivel de inversiones argentinas más allá de nuestras fronteras. No he conseguido esta información.
Pero teniendo en cuenta que la Argentina ha sido demandante neta de inversiones, que el ahorro interno es relativamente bajo o estamos incluso retrasados con respecto de Chile en cuanto a nuestra capacidad de exportar capitales, yo podría decir casi sin temor a equivocarme que la presencia de una actividad productiva derivada de una capacidad inversora argentina, más allá de nuestra región, es verdaderamente marginal, secundaria.
De tal manera que proteger estas inversiones, con todo lo que la inversión lleva junto con ella, no es una demanda de nuestro sistema de defensa. Aparentemente no tenemos que defender mucho más allá de nuestras fronteras.
Otro elemento que habría que defender y que tampoco aparece con nitidez en nuestro caso es la existencia de masas poblacionales de compatriotas en algún lugar del planeta que no sea en nuestro propio territorio y tal vez en el territorio de nuestros vecinos; por el contrario, en mayor medida es la de nuestros vecinos en nuestro propio territorio. En general el proceso histórico nos indica que cuando ha habido descarga de excedentes sociales ha sido de paraguayos a la Argentina y no a la inversa; y suponemos que por el modo como las cosas se han ido desenvolviendo, esto va a seguir ocurriendo en el corto y mediano plazo, con seguridad.
De manera que este otro ingrediente, importante también para disponer de un sistema defensivo, no es necesario que sea contemplado, por lo menos de modo prioritario.
Otro de los motivos que suele ser causa de preocupación en materia de defensa es la protección de insumos de cualquier naturaleza, básicos para el desenvolvimiento de una nación. Y creo que al respecto la Argentina, en el corto y mediano plazo, tiene garantizado el suministro de alimentos, energía, como para no ver en esto un riesgo. No veo que debamos prever la posibilidad de defender algún espacio que nos suministre alguno de estos elementos necesarios para el desarrollo o desenvolvimiento nacional.
Nuestras demandas pasan por el plano científico-tecnológico; por nuestra falta de capacidad para un financiamiento propio; por la incorporación de bienes de capital. Y no creo que alguien pueda imaginar resolver ninguna de estas demandas por vía del ejercicio de la violencia. Del mismo modo que garantizar en una creciente actividad comercial algún fragmentado nicho de mercado, que implicará también que nosotros tengamos que movilizar fuerza militar para protegerlo.
El grueso de la actividad comercial argentina se sigue llevando primero en el marco subregional, y luego con una dispersión tal que hace que ninguno de estos mercados sea vital para la Argentina como para tener que avanzar en su protección. Y si alguno llegara a ser vital, por la importancia que tiene la comunidad económica europea o el mercado norteamericano, no creo que pase por la cabeza de ninguno de nosotros que quiera proteger ese mercado con el uso de la fuerza. De tal manera que el posible uso de la fuerza para proteger nuestros intereses se da en un marco geográfico claramente acotado: es el territorio de la República Argentina, y un poco más extensamente en el ámbito subregional.
La segunda observación es que el proceso de integración del Cono Sur es estratégico, y debe crecer también en la dimensión política y de seguridad apuntando a mantener ordenada nuestra subregión. No se puede seguir pensando la defensa contra nuestros socios.
Esta es la revolución copernicana de nuestro sistema de defensa.
Hay quienes pretenden reducir todavía, creo que con una corta visión, las relaciones con nuestros vecinos al plano estrictamente comercial o económico. Si se avanza por este ámbito, tal vez de un modo más acelerado, es precisamente porque a lo mejor aparecen los intereses más contradictorios.
Si nosotros tuviéramos economías absolutamente complementarias con Brasil y con Chile, como para referirnos a dos de nuestros principales vecinos, a lo mejor el centro de gravedad del proceso de integración no pasaría exclusivamente por lo económico y podríamos desplazarlo hacia otro lado; si tenemos nuestro centro de gravedad fijado en lo económico productivo, o económico en un sentido más amplio, es porque es donde aparecen las mayores dificultades. Pero no pensemos que estas dificultades son de tal envergadura que hacen de esto un proceso productivo.
Por el contrario tenemos que avanzar en simultánea, desplegando los esfuerzos de integración en los otros planos: me refiero al plano cultural, al plano político y al plano de la seguridad. Y de hecho es lo que la Nación está haciendo. Se trata de reafirmar, traerlo a la conciencia como un elemento nuevo que se está produciendo, e introducirlo cuando tengamos que pensar en la reforma del sistema, porque actuamos en forma un poco esquizofrénica. Damos pasos en el sentido de consolidar un proceso integrativo en el Cono Sur, que garantice que nosotros mismos vamos a ordenarlo, y a lo mejor seguimos manteniendo todavía resabios de anteriores esquemas estratégicos, que no se condicen con este escenario.
Y aquí quiero señalar un elemento más, porque de otra forma podrían sacarse conclusiones equivocadas: sin embargo es cierto que nuestros mayores riesgos están en la región, por el condicionante de la geografía y que cualquier agresión militar provendrá casi con seguridad del territorio de uno de ellos, aunque no sea por su voluntad. De allí la importancia de extender nuestra frontera de seguridad mediante acuerdos con los vecinos.
La diferencia se torna sutil pero es necesario marcarla, porque ya no se trata de disponer de un instrumento militar que sea capaz de responder a una agresión brasileña o chilena como lo hacíamos en el pasado. Porque si recibiéramos alguna agresión militar en algún momento, para imponernos alguna voluntad política, por qué no pensar también que esto podría provenir de cualquier otro territorio de nuestros vecinos.
Debemos contar con un instrumento militar que sea capaz de dar respuesta a cualquier otro instrumento militar, operando desde cualquier territorio de nuestros vecinos, lo cual incluye también nuestro mar. Creo que este es el otro elemento diferencial.
El otro elemento a tener en cuenta cuando pensemos el diseño del sistema de defensa -porque me parece un cambio bastante consolidado-, es que existen ciertos reaseguros en el sistema internacional y regional que alejan la posibilidad de conflictos inesperados, lo que dota de mayor predictibilidad y capacidad de prevención a los Estados. Pero antes de referirme a ellos, quiero aludir a la implantación de los regímenes democráticos en la región.
Creo que esto hace más predecibles las decisiones.
El otro elemento clave que tenemos que tener en cuenta cuando diseñemos nuestro sistema de defensa es que no habrá seguramente ninguna situación sorpresiva. Tendremos la posibilidad de ir escalonando y siguiendo el desenvolvimiento de cualquier crisis, porque en las democracias no hay decisiones que se toman de un día para el otro y sin el necesario requerimiento y consenso político.
Además, estamos siguiendo cuidadosamente la puesta en vigencia de diversos mecanismos internacionales, sean bi o multilaterales, que precisamente eviten sorpresas de este tipo.
Otro dato también evidente, que no se ve como posible en nuestra subregión, es la posibilidad de conflictos prolongados, porque a mi afirmación anterior (en cuanto a la posibilidad de la sorpresa de los conflictos), he escuchado en algún otro ámbito que se contrapone al episodio peruano-ecuatoriano.
Este acontecimiento, salvo para los muy distraídos, fue una sorpresa. Pero de todos modos debemos ver qué envergadura alcanzó. No pasó de ser un conflicto limitadísimo. Lo que podría haberle dado envergadura de guerra a esa situación es la posibilidad de que el Perú hubiera tomado la decisión, por ejemplo, de abrir un segundo frente donde poder dar la gran batalla, y esto no ocurrió. Era una decisión mucho más difícil de tomar que tener las escaramuzas o los pequeños combates que se tuvieron en esa región militar.
Creo que la no escalada del conflicto peruano-ecuatoriano es un mentís a aquellos que hablan de la posibilidad de sorpresa en el conflicto. Y eso que el conflicto peruano-ecuatoriano tiene como fundamento, como explicación, un tipo de conflicto que parece que la Argentina ha desterrado, aunque quedan ahí algunos temas, como son los conflictos territoriales, que en muchas oportunidades sirven de pretexto.
¿Qué quiere decir este párrafo? Nosotros hemos eliminado, que son las que convocan con fuerte carga emotiva a los pueblos. No es lo mismo la recuperación por una cuestión de tipo cultural de un pedazo de un territorio que hacer la misma convocatoria para salvar la inversión de un grupo argentino en un país vecino. No siente la población del mismo modo la tierra como patrimonio, que algunas inversiones como patrimonio común.
El otro elemento que hace pensar que no tenemos posibilidades de conflictos demasiado prolongados es la capacidad cierta de nuestros vecinos y la propia. Hoy por hoy ninguno de los países de la región está en condiciones de llevar adelante, sin poner al borde del colapso la nación misma, un esfuerzo militar de envergadura.
Esto caracteriza la situación en el marco de la Nación. Veamos qué pasa en nuestra propia realidad.
En primer lugar, conviene subrayar para los desanimados lo mucho que se ha hecho en los años que van de 1983 a la fecha. No es cierto que no hayamos avanzado; lo hemos hecho y muchísimo. No es un detalle, y basta recorrer la región para verlo, el que podamos haber asentado las bases jurídicas fundamentales, fundadas o apoyadas en el más amplio de los consensos políticos que yo recuerde. No hay ninguna otra materia en la realidad nacional que tenga el respaldo de opinión y decisión política que tienen los pasos en la legislación básica que se han dado en materia de defensa y seguridad. Quiero recordar la Ley de Defensa y la Ley de Seguridad Interior.
Hemos alcanzado un nivel óptimo en las relaciones cívico-militares. Creo que el caso de la Argentina es único en la subregión. Podría extenderlo más aún y decir que es único en la América hispanoparlante y creo que esto es básico, porque si ha habido un elemento de perturbación en el desenvolvimiento de las naciones de estas latitudes, es precisamente esta falta de integración entre lo político y lo militar.
Esa es una relación adecuadamente resuelta en la Argentina, hemos logrado un verdadero profesionalismo en las Fuerzas Armadas. En estos 10 años hemos conseguido finalmente que los hombres de nuestras Fuerzas Armadas puedan tener la opinión política que deseen; pero las instituciones son profesionales. Quienes deciden en materia política son las instituciones de la nación y de la república, y esto está amplísimamente aceptado, lo que permite que nuestros hombres de armas dediquen sus energías y sus capacidades a reflexionar sobre su propio rol.
Que hayamos podido resolverlo del mejor modo es otra cuestión. Pero nos hemos puesto en el Estado espiritual como para poder afrontar esta discusión desde el más estricto de los profesionalismos. Aquí ya no hay pasiones políticas ni intereses políticos que perturben esta reflexión.
Esto trae también aparejada, y aunque las restricciones presupuestarias puedan a veces hacer pensar lo contrario, la consolidación del papel fundamental de las Fuerzas Armadas como parte del poder nacional. Hemos aventado definitivamente ideas de supresión de las Fuerzas Armadas. Creo que hoy todos los argentinos están de acuerdo en la necesidad de contar con un instrumento adecuado que les garantice el desenvolvimiento de sus propias vidas. Y creo que finalmente, y esto lo observan mejor los hombres de armas que nosotros los civiles, que se ha recuperado en una gran medida el prestigio social de las Fuerzas Armadas.
Hoy nuestros hombres vuelven a tener esa capacidad de poder desplazarse por la República vistiendo el uniforme sin correr ningún riesgo. Hoy es una función apreciada por la sociedad.
Paso a otro ítem. En la Argentina estamos en un proceso central que es la redefinición de la relación entre lo público y lo privado en el papel del Estado. Discusión que, como todas, no empezó con la prolijidad con las discusiones académicas. Cuando de política se trata uno se encuentra ante el torbellino de las decisiones y no ante la serenidad de los conceptos, que se van desplegando de lo general o particular.
El proceso de transformación del Estado se inició con un apresurado proceso de privatización en empresas públicas y hubo quienes supusieron que eso era la reforma del Estado.
La necesidad política imponía que nosotros empezásemos por separar del Estado o desprender de él las empresas que consumían los recursos fiscales escasos que la Argentina contaba. Pero esto no es la reforma del Estado. Esto es tal vez el aspecto menor de la reforma del Estado.
Esta implicará que hagamos las necesarias definiciones acerca de cuáles son las funciones que a este nuevo Estado le caben. Por ejemplo, me parece que no ha sido todavía suficientemente debatido en la Argentina el nuevo papel que cabe a la fiscalización como función propia del Estado. Hemos avanzado muy aceleradamente en la privatización de servicios públicos sin que haya una clara conciencia de la necesidad de contar con órganos de fiscalización adecuados, y la conciencia es el primer paso. Después se trata de reunir las otras capacidades como para poder llevar adelante un proceso de fiscalización para el cual el Estado antes no estaba preparado. Es así que tenemos todavía organismos de contralor defectuosos, pero creo que estamos bien orientados en el sentido de que por ahí pasa la discusión.
Y dentro del Estado existen dos áreas donde la discusión está más atrasada y que, -fíjensen qué casualidad- están poniéndose en el tapete político casi en simultánea. La primera de estas áreas es todo lo vinculado con el sistema de defensa.
¿Por qué digo que se está poniendo en el tapete?
Aprovecho aquí para darles una información. En el Senado iniciaremos a partir del 15 de agosto una serie de audiencias públicas, donde el tema nuclear serán las decisiones orientadas a las reformas necesarias para la reestructuración del sistema de defensa (1). De ahí la importancia de que en este seminario vayamos poniendo en claro las ideas.
Ese conjunto de audiencias públicas comenzará con exposiciones de expertos extranjeros, que nos relatarán las experiencias de reformas similares llevadas en sus respectivos países. Continuará con la exposición de expertos argentinos, que se referirán más específicamente a nuestro país, y culminarán con las exposiciones del Sr. Ministro de Defensa y sus colaboradores pertinentes para el caso, con exposiciones de los jefes del Estado Mayor Conjunto y de cada uno de los Estados Mayores de las fuerzas, que tienen precisamente como objetivo tomar el impulso necesario para la reforma. Reforma que está en la plena decisión de los protagonistas. En este sentido, el Ministro me ha transmitido la voluntad de esta administración de llevar adelante el proceso de reforma en la segunda mitad de este año.
La otra área que también, en coincidencia, está sumamente retrasada, y que para la Argentina también es vital, son las definiciones en el plano educativo y particularmente en el sistema superior de enseñanza; debate que hoy tiene tomada la atención de los que deciden en la Argentina y de gran parte de la opinión pública. La reforma del sistema de enseñanza superior, y particularmente de la universidad, es en la Argentina impostergable. No podemos seguir trabajando con una universidad que no dota a la comunidad de los recursos que la misma está requiriendo; que sigue apegada todavía a estructuras del siglo pasado y sólo levemente reformadas en el curso de este siglo.
Otra condición que prevalecerá son las restricciones presupuestarias. Imaginar que puede haber modificaciones importantes en el próximo quinquenio es absolutamente ilusorio. Este es un dato que tenemos que tener muy en claro cuando pensemos en la reforma de nuestro sistema.
Voy a leer algunas cifras, para que no crean que esto es exclusivamente producto de mi imaginación.
Para los próximos 5 años el gobierno nacional prevé que el gasto total del sector público crezca que menos que el PBI, y que a su vez el gasto público en la finalidad defensa y seguridad aumente menos que el total.
En cifras, comparando los valores en moneda constante proyectado para el año 1999 con relación a los de 1994, el aumento proyectado en los gastos de defensa y seguridad es del 2.7% (esto es 0.5 acumulativo anual). El incremento del gasto total de todo el sector público es del 16.3 (3.1 acumulativo mensual). Mientras que el crecimiento previsto para el PBI es del 25.2% (4.6 acumulativo anual). Y si alguna corrección tendríamos que hacer en el futuro, creo yo que deberíamos hacerla por optimismo en alguna de las cifras y no por pesimismo en otras. A lo mejor la corrección que tengamos que hacer se vincule con que no podemos alcanzar las metas de crecimiento que nos proponemos, porque son metas muy difíciles.
De lo que sí estoy seguro es que de la relación entre las metas de crecimiento del PBI con respecto al crecimiento del gasto es parte sustancial de la voluntad política de esta administración. De tal manera que para cinco años tenemos un marco presupuestario claramente delimitado. Y no hay razones para suponer que en los siguientes cinco años la situación se va a ir modificando. Tendrían que ir apareciendo elementos que yo no puedo imaginar, para suponer que haya un cambio sustancial a partir del cual decir ¨vamos a privilegiar el gasto en defensa por sobre el gasto en seguridad social¨. No veo que exista un elemento que me indique esto, de tal manera que tenemos que pensar y hacer sobre la base de las cifras que actualmente se manejan, con leves marginales mejores.
Tal vez esto sea duro, pero a lo mejor lo era hace cinco años atrás. El único modo de afrontar el mejoramiento de nuestro sistema de defensa, el aumento de su eficacia y eficiencia, está vinculado con que no nos hagamos más los distraídos con respecto a estas cifras.
Si queremos eludir este aspecto de la conversación vamos a estar autoengañándonos, y provocando males peores de los que con el autoengaño estamos tratando de prevenir. Me parece que ha llegado el momento de afrontarlo con la mayor responsabilidad.
El otro dato en el que no voy a abundar porque ustedes lo conocen mejor que yo, y porque tampoco quiero poner en ello mayor dramatismo del que ya de por sí tiene, es el siguiente: ninguno de ustedes ignora que el actual sistema está al borde del colapso.
No vamos a entrar en detalles, pero un sistema defensivo en el cual el 80% de los recursos se destina a personal no existe, no puede cumplir con su objetivo.
Este es el otro dato imprescindible de abordar con absoluta responsabilidad para ir resolviéndolo. No digo que esto pueda hacerse de un día para el otro, pero es imprescindible que avancemos en los instrumentos porque hay soluciones. Estas no son de corto plazo, pero en la misma medida en que la implementemos cuanto antes, los resultados los tendremos también cuanto antes. Me refiero concretamente a la ley de personal y a las leyes orgánicas de cada una de las Fuerzas, que flexibilicen el sistema de ingreso y egreso en cada una de ellas. Y me refiero también a la administración centralizada de los recursos.
Esto implicará, como se desprende de cualquier administración centralizada de los recursos, volver a discutir la asignación de los recursos intra e interfuerzas.
La modificación en el sistema de defensa implica una modificación en el sistema global de defensa. Esto es, en todo el mecanismo de la toma de decisiones en el área de defensa.
Habrá que repensar el CODENA (Consejo de Defensa Nacional), el cual hasta ahora no ha funcionado. Tenemos que afrontar la discusión acerca de por qué no ha funcionado y si es por defecto en su concepción, no trepidar en modificarlo. Pero creo que no podemos obviar la discusión.
El Ministerio de Defensa debe transformarse finalmente en algo que actualmente no es: en el órgano de conducción centralizada de todo el sistema; el órgano elaborador de las políticas que apruebe el nivel superior y de las normas de ejecución para las Fuerzas Armadas.
En el ámbito del Ministerio debe discutirse el traslado a otro ámbito de funciones que hoy consumen energías presupuestarias y de gestión, como por ejemplo la política antártica, fronteras y defensa civil. Hay que rediscutir si es adecuado que sigan funcionando en el ámbito del ministerio o deben ser asignados a Ciencia y Técnica una, al Ministerio del Interior las otras; si son funciones propias del Ministerio de Defensa o no lo son.
Este debate debe ser tomado ya, porque esta situación produce además severas distorsiones. Cuando vamos al exterior, una de las dificultades que afrontamos es que nos dicen "ustedes destinan 4.600 millones a defensa". Cuando nos ponemos a sacar los números, resulta no era la cifra real, pero en este caso se plantea claramente aquello de que ¨no solamente hay que serlo sino parecerlo¨, más allá de la eficiencia. Si cada organismo está en el área en el cual presta mejor su función, será mejor conducido que cuando está en otra, por ejemplo, por simple parecido de la denominación; porque Defensa Civil creo que está en Defensa nada más que porque se llama "defensa".
Orientado en este mismo sentido, debe procederse al desagregado por función, porcentual del presupuesto de las fuerzas de seguridad, a los órganos de conducción que requieren su empleo. Y en tal sentido quiero dar un ejemplo: el presupuesto de Gendarmería Nacional y de Prefectura Argentina para el cumplimiento de su función aduanera debe funcionar dentro del presupuesto de la Administración Nacional de Aduanas, en el ámbito del Ministerio de Economía. Lo mismo podríamos decir de la función migratoria de Interior, o de la lucha contra el narcotráfico en la secretaría correspondiente.
El otro tema, central de nuestra discusión, y que seguramente va a traer mayor número de diferencias, es el tema de como se corresponde esta descripción (si es que acordamos que estos elementos podrían caracterizarse como los elementos encuadradores), con la que debería ser la actitud estratégica, que es la primera definición que el poder político debe formular.
En mi opinión, no cabe otra coherente con la estrategia nacional (me refiero a la actitud estratégica) que la defensiva, entiendo por tal la que permita descartar actitudes de utilización de la fuerza militar con objetivos de conquista territorial sobre los vecinos, y al mismo tiempo sea convincente con respecto a nuestra capacidad de impedir agresiones sobre nuestro territorio.
La capacidad defensiva a retener deberá ajustarse a estas premisas y poder dar respuesta al actitud del agresor.
Debemos asumir definitivamente que la voluntad política de la Nación es el no empleo de la fuerza para alcanzar objetivos de toda naturaleza. Los argentinos no queremos emplear la fuerza militar para alcanzar nuestros objetivos de carácter político, económico, cultural, sino que queremos disponer de un instrumento militar adecuado, eficiente, eficaz (aunque yo pondría primero la palabra eficaz, porque hoy está en duda nuestra propia eficacia), que garantice que no nos van a imponer por la fuerza otra voluntad.
Me parece que este es el modo global de entender que tiene la comunidad argentina, aquella asignación de misión a las fuerzas armadas, que es defender su soberanía y su integridad territorial.
Queremos un instrumento militar que cumpla con este objetivo fijado claramente en la ley; pero reitero en que no es porque esté fijado por la ley, sino porque creo que es expresión de la voluntad unánime de nuestra Nación.
En cuanto a las características del instrumento militar de estas conversaciones que hemos tenido acá, a lo largo de cinco años, creo que nos llevan a una sola conclusión, y es que la condición de recuperar la eficacia y garantizar en el futuro su eficiencia está en disponer de un instrumento militar conjunto. La posibilidad de mantener esta separación desarticulada en el accionar de nuestras Fuerzas, que van desde la provisión de los sistemas de armas hasta sanidad, pasando por la escuela de panaderos (y digo esto último, porque ustedes en alguna oportunidad han comentado que hemos tenido discrepancias hasta acerca de la posibilidad de unificar nuestras escuelas de panaderos).
En relación a los perfiles de cada Fuerza, creo que a la luz de estos criterios van a ir decantando naturalmente. La reflexión acerca de los cambios en los supuestos estratégicos con que fueron formulados los actuales tendrá sus consecuencias modificatorias. Creo -como dice el alte. García-, que aquí se trata de que pensemos más en la geografía y menos en la historia.
A la luz de las nuevas políticas y directivas que el Ministerio de Defensa va a dictar oportunamente, y que no van a escapar en mucho a lo que aquí hemos venido conversando, y del rediseño del instrumento militar conjunto, se va a concluir cuál va a ser el despliegue y estructura de cada fuerza, su organización, su función, sus misiones, los sistemas de armas a adoptar y el ordenamiento por campos de la conducción, destacándose especialmente los que atañen al área logística, y dentro de lo operacional los sistemas educativos conjuntos y específicos.
No quiero avanzar más en lo que podrían ser precisiones respecto de los perfiles de las fuerzas. En este sentido, y en lo que a mí respecta, también tengo que sufrir el proceso de decantación a la que hacía referencia, como para tener la audacia de decir en tal o cual sentido.
Por ahora, esto es cuanto quería comentar con ustedes, e imagino que provocará algunas discusiones. Si no lo logró me sentiré frustrado, porque en realidad el propósito central es que pudiésemos abordar el mayor número posible de perspectivas para encontrar la mejor decisión. Muchas gracias.
DEBATE
Dr. Lagorio: Quiero felicitar al senador Vaca por esta iniciativa muy positivamente republicana. Es realmente importante y necesario que el Congreso se involucre en este tema. No porque no lo estuviera, sino para que estén metidos de lleno en esta nueva etapa que se va a abrir cuanto antes en lo que se llama el segundo mandato, y que hace referencia a la transformación, a la modificación del sistema defensa. Y digo que es realmente necesario y útil porque cualquier aproximación a este tema no puede ni debe ser hecho únicamente desde el Ministerio de Defensa.
Este proceso es largo y exige la continuidad que solamente la participación directa del Congreso puede garantizar, desde el acompañar y ayudar al diseño del escenario político interno para que se puedan debatir cuestiones de defensa; que las cuestiones de defensa permeen definitivamente en la sociedad. Todo lo que tenga que ver con los aspectos presupuestarios exige que el Congreso esté continuamente acompañando este proceso.
No quiero entrar en cuestiones de fondo en términos generales, porque con el senador Vaca hemos conversado estos temas. Yo comparto en términos genéricos su enfoque, sus reflexiones, sus conceptos centrales.
Simplemente quisiera recalcar una vez más algunos conceptos muy primarios y elementales. Creo que es importante pensar las Fuerzas Armadas no en función de conflicto. Las Fuerzas Armadas tienen que existir en función de los Estados.
Mientras sigamos estando en un sistema internacional donde los Estados sigan siendo los actores principales, las Fuerzas Armadas son como un instrumento constitutivo al Estado, una realidad que uno no puede discutir. Puede discutir su tamaño, dimensión, objetivo, proyección, pero de ninguna manera discutir la esencia o la existencia, y creo que esto está muy en claro.
Para el Ministro de Defensa va a ser muy positivo y muy útil que el Congreso lo ayude, lo acompañe y lo apoye en esto que usted muy bien dijo que es una asignatura pendiente: la transformación del sistema de defensa.
Dr.Tomás Scheetz: Soy pesimista por naturaleza. Creo que si esperas lo peor rara vez te equivocas, y cuando lo haces es siempre por bien. Por eso pensé que nunca iba a escuchar en la Argentina lo que acabo de escuchar. Lo felicito, aunque creo que va a llevar a muchos enfrentamientos. Quiero enumerar un par de ellos para iniciar la parte del debate, por lo menos desde mi punto de vista.
Respecto a las hipótesis de conflicto, es una visión que estamos tratando de dejar de lado como argentinos. Creo que nacimos todos en esa visión de analizar las hipótesis de conflicto y ahora no sabemos como salir de esa mentalidad de planificación militar. Y cuando salimos, lo que muchas veces oigo de parte de los civiles, y lo que creo que he oído esta noche, en parte es demasiado optimista, a pesar de ser pesimista. Optimista en el sentido en que si bien estoy muy de acuerdo con la visión regional y subregional, de importancia y éxito de integración del Cono Sur, sin embargo la planificación militar tiene que tener un aporte de pesimismo también.
Para evitar la conceptualización de la hipótesis de conflicto, yo iría más hacia lo que llaman visiones, roles. En un artículo acerca de la reforma militar en Australia se hablaba de contingencias creíbles.
Si tomáramos en Argentina las contingencias de alguna forma creíbles de la región, tendría que meter en mi planificación aspectos de los que tienen los vecinos, acordando en todo con su visión defensiva del argumento que tenemos que tener; pero seríamos muy optimistas si no tenemos en cuenta el despliegue y el armamento y su capacidad.
O sea, que la planificación militar debería seguir una nueva cadena, ya que no es solamente planificación militar, sino que es más que nada diplomático, integración, etc.
Pero también tenemos que pensar en las contingencias creíbles de la región, por más pequeñas que sean. Y hay una contingencia más creíble, que es que el mundo que se avecina tiene cada vez recursos más escasos y el mar Argentino es un recurso muy grande. Esos recursos serán una parte muy importante en el futuro, y no solamente en lo relativo al mar, sino la inmensa extensión del territorio argentino frente a vecinos y al mundo, que va a estar hambriento, y no va a pasar mucho tiempo.
Esto debe enfocarse también desde la perspectiva económica, de nuestras capacidades, que también van a ser escasas. Pero la escasez económica tiene de alguna forma -y en esto estoy muy de acuerdo con usted-, que compaginarse muy bien con el signo de nuestra capacidad de defensa no provocativa. Es decir, algo que nos cueste poco pero que sea contundente para defender los intereses de la Nación.
Senador Vaca: Me parecen importantes las observaciones de Tomás y creo que hay que tenerlas en cuenta, porque efectivamente son dos elementos de mi exposición que no quedaron suficientemente aclarados.
Tomo como complementarias de mi exposición sus reflexiones acerca de la capacidad de los vecinos; y también es cierto que cuando hice referencia a que no teníamos conflictos territoriales lo hago desde la conciencia del ser continental que soy, y que por lo menos no puse énfasis suficiente en la capacidad de kilómetros cuadrados que constituyen nuestra zona económica exclusiva en el área correspondiente del Atlántico.
Dije que el descartar una hipótesis de confrontación con nuestros vecinos no debería descartar de modo alguno que, de todos modos, la manera de recibir una agresión militar por parte de la Argentina, tenía por condena de nuestra propia geografía que partir seguramente desde un territorio vecino, y puse énfasis en un aspecto de la cuestión que era la necesidad de alejar nuestra frontera de seguridad, que es una tarea básicamente de la diplomacia y de la política.
Pero también es cierto que los argentinos hemos descartado las contingencias increíbles de modo definitivo. Creo que no hay ningún argentino que piense en enfrentarse nuevamente con la OTAN. La desproporción es de tal naturaleza que nadie la imagina, de manera tal que para prever una posible situación a la que nuestro sistema de defensa tenga que responder necesariamente, habrá que tener en cuenta como promedio, como término medio, las capacidades de los que son más parecidos a nosotros y de las que seguramente serán las bases de cualquier posible conflicto.
Con estas precauciones debemos afrontar el tema con respecto a posibles escaladas armamentistas, en el marco de conciliar criterios de confianza entre las naciones.
Tenemos que tener en cuenta este criterio básico, que es que la capacidad militar media o mínima de cualquier potencial agresión que nosotros recibamos, pasará por la capacidad de nuestros vecinos. Este es un dato a tener en cuenta.
Una fuerte desproporción en esto que se llama adecuado equilibrio o balance estratégico en la región, por supuesto debe ser un síntoma de alarma para cualquiera de nosotros, que debe orientar a nuestra política a desescalar este procedimiento y no a escalarlo para ponernos a tono.
Este es el primer elemento. El segundo sí, es la conservación, protección, de ese territorio que es el mar, que plantea un caso muy específico, que implicará que la Nación ordene la totalidad de los recursos que tiene, que no alcanzan para la preservación de las riquezas contenidas en esa zona, porque como no son territorio, no se pueden alambrar del mismo modo que la tierra.
Estoy de acuerdo en introducir esto como un instrumento, que de todas maneras me parece que dista bastante de poder escalar a una confrontación bélica; pero quiero decir que en el sentido de proteger nuestros recursos, es uno de los lados flacos. Nadie temería por nuestra cosecha de trigo, porque está consolidado nuestro espacio territorial de tierra firme. No obstante no hay una cierta consolidación de nuestra capacidad de ordenamiento en el espacio marítimo, para lo cual tendremos que recurrir a la totalidad de los recursos con que contamos.
Dr. José Ugarte: Antes que nada quiero felicitar al Senador Vaca por esta decisión, por este acto realmente de poner la pelota en juego. Después de mucho tiempo en el que hemos pasado buscando los modos de recomenzar a abordar este tema, tal vez éste sea el momento político propicio para hacerlo. Se puede decir que el juego ha comenzado y que es un partido muy importante.
Pienso que cabe agradecer el gesto de colocar la pelota en juego y dar la iniciativa en este tema tan importante, con los consiguientes riesgos inherentes a toda iniciativa política importante.
Estoy absolutamente de acuerdo con los puntos fundamentales de la exposición del Senador Vaca y con la filosofía que la anima. Realmente es un resumen de lo que sentimos todos los que estamos trabajando en este tema desde hace algún tiempo y ha sido una excelente síntesis, que en líneas fundamentales yo comparto.
Quisiera no obstante hacer algunas observaciones, sin perjuicio de destacar este acuerdo general.
En primer lugar adheriría a lo expresado por Tomás Scheetz en el sentido de que si bien es cierto que en el mediano plazo debemos tender hacia la integración, y que ésta con el tiempo va a descartar toda posibilidad de conflicto con nuestros vecinos, o por lo menos va a ser muy remota, lo cierto es que no podemos olvidarnos de que entre la comunidad europea del carbón y del acero y Maastricht pasaron unos 35 años aproximadamente, y del Mercosur ha pasado un año y Chile aún no se la incorporado. Con esto quiero destacar que hoy por hoy, fríamente considerado, la posibilidad mayor que hay (asintiendo que no es inmediata ni muchísimo menos), es la de que en función de la inestabilidad política existente en Chile, se produzca una situación de desequilibrio que tiente a algunos elementos de este país a una aventura militar.
Por supuesto que ésta es una eventualidad lejana, pero quiero señalar que debiéramos tener la capacidad de planificar a mediano y a largo plazo; no creo que podamos darnos el lujo de olvidarnos de un corto plazo, que hoy tiene un panorama bastante distinto.
Si bien es cierto que existen reaseguros que evitan conflictos inesperados en la región, o que tienden a evitarlos, tampoco podemos olvidar que el régimen democrático hace mucho más previsible la región; pero que tiene muy distintos grados de consolidación según el país de que se trate. Una situación es la de Argentina y una muy distinta será la de Venezuela, por ejemplo. Chile no es la situación de Venezuela y tal vez tampoco sea la de Argentina.
El grado del control constitucional sobre el poder militar en los países de la región difiere de forma más que significativa. Por ello diría que adhiero a este concepto de contingencias creíbles que se ha formulado, que yo lo llamaría amenazas, y que admito que tiene mayor flexibilidad que el viejo conflicto de hipótesis y conflicto de guerra.
Pero en definitiva no podemos olvidar nuestra realidad de hoy cuando planifiquemos la dimensión, composición y despliegue de nuestras Fuerzas Armadas, sin que signifique que tengamos que hacerlas como antes, en función casi exclusivamente de un enemigo determinado.
El segundo pequeño detalle que yo quisiera formular es el siguiente: asumo que no puede haber maravillas presupuestarias. Realmente no es posible que las haya.
Ahora, si nosotros queremos hacer una reestructuración de las Fuerzas Armadas, es evidente que vamos a necesitar dinero. Es decir, que es imposible hacer una reestructuración de las Fuerzas Armadas de las características que son necesarias, sin contar con fondos además de los que tiene el presupuesto ordinario.
Por supuesto que una forma sería conseguir préstamos, como forma distribuir en el tiempo la carga momentánea de la reestructuración, pero me parece que es un punto que no cabe dejar de considerar.
En tercer lugar, si bien comparto que no se visualizan como probables conflictos prolongados, yo diría que no es imposible. Tengo en mente el caso de Bosnia; quién se hubiera imaginado que Europa tuviera un conflicto prolongado, y sin embargo fíjense ustedes los años que lleva ese conflicto.
Es decir, dentro del marco de la reestructuración preservaría mínimas capacidades de producción para la defensa de armamento básico y de munición.
En ese sentido considero errónea la tendencia que se está siguiendo en el momento de liquidar las capacidades. Hay que preservar mínimas capacidades que permitan llegado el caso enfrentar un conflicto, no prolongado, pero sí de alguna duración. Digamos que dure más de 10 días.
Con respecto a que estamos en un proceso de redefinición del rol del Estado, comparto absolutamente este concepto. No obstante señalo que sería importante que este proceso de redefinición constituyera también el fruto de un consenso entre las fuerzas políticas. En la Argentina no tenemos hábito de pensar a largo plazo y creo que sería importante que esto representara el fruto de un consenso general.
Aplaudo en forma calurosa la decisión de que se transfiera a otras áreas aspectos y funciones que no forman parte específicamente de la defensa. Por ejemplo, el caso de la defensa civil me parece algo realmente extraordinario, que yo comparto. Hay otras funciones (es una hipótesis de conflicto lo que voy a decir) como todo lo relativo a la aviación civil, que debería a mi juicio pasar a otras áreas del Estado (con excepción del control del espacio aéreo, que creo que debe continuar en manos de la Fuerza Aérea).
También comparto que en el plano educativo militar, todavía hay mucho para hacer.
Participante: Toda la reestructuración de que se habla en las Fuerzas Armadas tiende a resumirse a un punto final que es el poder militar de un país o de una nación.
La duda que me cabe en este momento es la siguiente: ¿cómo se logra un equilibrio en la región del poder militar, habida cuenta de que en estos momentos las diferencias del poder militar de nuestro vecinos son totalmente superiores al nuestro, y esto es real.
¿Por qué digo esto? Porque visto que en el presupuesto que acaban de decir no hay margen para poder elevar el poder militar, ¿cómo se va a poder lograr ese equilibrio, que casualmente es el que mantendría a priori una seguridad regional importante?
Para lograr ese poder militar es necesario tener conceptos de qué se quiere de las Fuerzas Armadas y qué operaciones van a tener que desarrollar, ya sea defensivas u ofensivas.
No se identifica: Esta presentación, no obstante las críticas que yo pueda hacer y se hagan después, representa un análisis muy completo y muy a tono con el estado de la cuestión en estos momentos, en la Argentina.
Quiero hacer dos o tres reflexiones complementarias de las cosas que se han venido diciendo. Más que nada quiero señalar dos avances importantes.
Cuando surgieron estos foros de discusión, entre los años 1986 y 1987, cuando realmente comenzó a tomar momentos la interacción y la voluntad de reflexión sobre estos temas, había más preocupación por las relaciones cívico-militares que por la defensa. Había mayor énfasis en esos temas, porque se preveía que ahí estaba el mayor peligro de desestabilización de la situación del país y de las posibilidades de lograr los intereses nacionales.
Cuando eso se superó, en parte por estos encuentros, vínculos, redes, pero más que nada por la evolución propia de la política nacional, comenzó a desplazarse el interés hacia los temas de defensa propiamente dichos. Me refiero a los intereses de los civiles, porque supongo que los militares han tenido más continuidad en sus preocupaciones y quedó siempre pendiente este punto, que es el punto de la reforma militar, que es un poco aquello de quien le pone al cascabel al gato. Porque es mucho más fácil hacer un buen debate en un foro como este, sobre el modelo de relaciones cívico-militares acordes con las posibilidades y los intereses del país, que hacer un buen debate sobre lo que hoy estamos discutiendo, y más aún si tratamos de precisarlo sobre cuáles son los aspectos de perfil organizacional, de modelo de institución militar, de capacidades específicas militares.
Es muy positivo que la iniciativa venga del lado del Poder Legislativo, y que esta cuestión se plantee hoy, porque las condiciones están dadas para encararla plenamente, y entre otros motivos porque pone en evidencia las necesidades de capacitación, de producción de política, de voluntad política, que requiere estar a tono en este terreno, comparado con otros terrenos en donde el Estado ya tiene rutina y capacidad de generación de políticas.
Ahora bien, me pregunto si el hecho de que ahora estemos más preocupados por la defensa que hace 4 ó 5 años se debe a que las relaciones cívico-militares han mejorado mucho, se debe a que ha empeorado la situación de defensa, o una combinación de ambas cosas.
Creo que la situación de defensa ha empeorado. Desde el punto de vista de la seguridad ha empeorado porque se ha profundizado un desequilibrio múltiple. Existe un desequilibrio que ha sido señalado en términos de capacidad militar, que se debe fundamentalmente a cierto deterioro o estabilidad; pero creo que hay un pequeño deterioro de la capacidad operacional de la Argentina. Ha habido un claro aumento, desproporcionado a cualquier fin pacífico, de la capacidad de esa índole en Chile.
También he señalado acá, y creo que vale la pena subrayarlo, que hay otras asimetrías, que tienen que ver con las relaciones cívico-militares, la estabilidad política, el grado de apertura hacia las nuevas concepciones de seguridad que hoy rigen en el mundo, la voluntad manifestada -o mejor dicho la falta de voluntad manifestada-, acerca de acuerdos de seguridad, o avances en las relaciones de seguridad, que salgan de las medidas de confianza simbólicas y de gestos amistosos, y pasen a iniciativas concretas en materia de transparencia y en materia de compromisos acerca de qué vamos o no a tener, cuánto, de qué tipo y para qué, en base a qué objetivos. Y que nos podamos decir recíprocamente cuáles son nuestras preocupaciones y qué es lo que nos gustaría ver en uno y en otro para estar más tranquilos.
Frente a todo esto creo que la respuesta no es automática ni obvia. El debate es fundamental, y debe ser público y comprometer a la sociedad, como decía el senador al principio de su exposición.
También tiene que haber un trabajo a puertas cerradas, donde podamos decir con todas las de la ley en qué situación nos encontramos.
Sería un error pensar que la seguridad simplemente va a aumentar en la medida en que aumente la capacidad militar específica de la Argentina. Tiene que haber un avance conceptual fuerte en un foro como este, para entender que el equilibrio militar no puede ser una precondición para el avance en seguridad, en confianza, en transparencia, en voluntad política y búsqueda afanosa de llevar a cabo una mayor transparencia no solo en los presupuestos, sino en el sentido de la preocupación. Un mayor acercamiento, en el sentido de que ponga su pelota en su campo, del otro lado de la cordillera, y decir si aceptan o no esto que la Argentina les está proponiendo, que está en consonancia con los cambios internacionales, con el concepto vigente globalmente, etc.
También quiero referirme a los números. La cantidad de recursos para la defensa con que cuenta y va a contar la Argentina en el futuro es bastante predecible y es bastante rígida. Y agregaría que es bastante alta.
Y acá viene el "quién le pone el cascabel al gato", porque esto implica que se está gastando de una manera que no es lo suficientemente eficaz y es bastante ineficiente, lo cual modificado va a afectar intereses de sectores, grupos, personas, pedazos de instituciones, circuítos; de estructuras que de algún modo se benefician o se van a ver afectadas o amenazadas por los cambios de las formas en que se asignen los recursos.
Para que el cambio que se logre saludablemente hace falta este tipo de acción, del Poder Legislativo, de los foros de ONG que buscan crear consenso, la discusión, etc.
Mi última afirmación es que creo que es tremendamente valioso para los intereses del país, el avance que se ha logrado en materia de participación en sistema, actividades, misiones, etc., de seguridad global, de no proliferación, de iniciativas acerca de la seguridad hemisférica, etc.
Por ejemplo, un ejecutivo de la empresa Techint, reconoció que ellos habían logrado negocios muy importantes en competencia con Japón gracias a la participación de Argentina en la Guerra del Golfo.
Pero me parece que hay una desproporción entre los logros a ese nivel de seguridad global y hemisférica, y el grado de seguridad alcanzado en términos de garantías de estabilidad de mediano y largo plazo, en términos de tranquilidad en cuanto a la relación vecinal en el campo específico de la seguridad, que es el territorio y sus alrededores, como decía el senador, que es donde además están los intereses específicos del país.
Por eso creo que es fundamental encarar ésta, que es la asignatura pendiente.
Brig. (R) Corino: En primer lugar quiero decir que voy a hacer una reflexión como ciudadano y la otra como militar. Como ciudadano estoy altamente satisfecho de ver que haya un reconocimiento por parte de la opinión pública y más de la clase política argentina, de que el tema de la defensa es una cuestión de Estado. Esto me parece que es un avance importante.
La segunda reflexión es que me parece tremendamente importante que el ámbito sea el Congreso Nacional. Y diría que me llama la atención que la primera convocatoria sea a los cuerpos extranjeros en esta materia.
Cualquier persona medianamente informada puede leer muchísimo con respecto a los demás, pero el tema de las Fuerzas Armadas es una decisión y un dilema exclusivamente argentino. Creo que esto ya se ha hablado bastante y creo que "Argentinos a las cosas", como dijera en su momento Ortega: y éste es un tema nuestro.
Si la defensa nacional no somos capaces de diseñarla los argentinos, creo que hemos perdido el tiempo.
Senador Vaca: Hago una aclaración. La invitación a los expertos extranjeros no es para que den su opinión sobre lo que hay que hacer en la Argentina; es para que nos cuenten qué es lo que han hecho en sus respectivos países. Es nada más que un trabajo de reforma comparada.
Brig. Corino: Le digo que me llama la atención porque creo que indiscutiblemente la presencia institucional de los distintos componentes del sistema de defensa en la Argentina va a ser lo suficientemente sólida y hay suficiente experiencia como para poder hacer un planteo inteligente y oportuno, porque creo que lo importante en este momento es la ventana de oportunidad política, que hay que aprovecharla.
Otra reflexión es lo referente al contenido del patrimonio territorial, marítimo, al patrimonio físico de los argentinos. Y en esto como militar, compenetrado y comprometido, e involucrado con todo lo que hace al espacio aéreo, tenemos que recordar que el espacio aéreo es un bien nacional; no es un bien de las Fuerzas Armadas argentinas ni mucho menos. Por una serie de circunstancias de tránsito histórico, o llámese como quiera llamarse, los hombres del aire a través del Estado Mayor de la Fuerza Aérea han tenido la responsabilidad de manejar de alguna manera aspectos que escapan a la Fuerza Aérea Argentina y que hacen al poder aéreo de los argentinos. El espacio aéreo argentino es un bien nacional que, si nosotros no lo preservamos, se nos va a escapar de las manos.
Por último, no me cabe la menor duda de que más tarde o más temprano, la industria, la aviación civil y comercial, pueden estar en cualquier parte de la Argentina. Lo que importa es que tengan una administración eficaz y eficiente, que cumplan con la misión que el pueblo argentino está demandando y que la clase política realmente interpreta, y que sea con criterios de la más sana administración. Pero cuidado, porque lo que quede, esa integralidad del poder aéreo tiene que preservar algo que es esencial. Las Fuerzas Armadas van a dejar de serlo si no son capaces de dar batalla. La esencia de las Fuerzas Armadas es dar batalla. Si las Fuerzas Armadas no sirven para la guerra, no sirven.
Por último, la actitud creo, Sr. Senador, es indiscutiblemente de naturaleza política. La actitud está en el alma de la gente, en lo que la gente es, en la cultura, en lo que realmente se muestra en los hechos.
Y los medios sirven para lo que uno los quiera utilizar. En esto hay que ser muy preciso, de otra forma nos podemos equivocar en cuanto a perder la esencia de las Fuerzas Armadas Argentinas.
Lic. Ernesto López: Poner en marcha esta discusión me parece un avance sumamente significativo, incluso para ir avanzando en la consolidación de nuestro propio sistema político argentino.
Estoy en amplio acuerdo con lo planteado por el Senador Vaca. Quiero simplemente señalar que lo que abrió el senador me parece que es una discusión sobre los temas, la agenda, y al discutir la agenda uno se mete en la sustancia.
Estamos más bien más del lado de los títulos y del temario, que de una discusión más sustancial de los asuntos.
Creo estar en más de un 90% conforme con los títulos de los temas, o los nombres de los temas que conformarían la agenda de debate.
Quiero señalar dos cosas, una quizás sustancial y la otra temática, quizás esta última complementaría en el cuadro global presentado por el senador.
Me da la impresión de que una propuesta de reformulación del sistema de defensa de la magnitud y envergadura de la que se echaría a andar demandaría una mayor presencia de la problemática de extrema vulnerabilidad externa de la Argentina.
Este es un dato que me parece de una centralidad notoria, enormemente significativa.
En Argentina a raíz de varias situaciones que todos conocemos, pero no sólo la derrota en la guerra, sino la pretensión de un país chico, de escasos recursos, de llevar adelante una guerra contra la OTAN; la crisis vinculada a la deuda externa, etc.; asuntos muy importantes generaron una crisis de confianza, de credibilidad, de seguridad, respecto de la marcha de los propios negocios de la Argentina, que es todavía hoy un ingrediente de defensa de la primera magnitud.
Si hiciéramos un análisis desapasionado y descarnado respecto de consideraciones de limitación política, no tendríamos ninguna duda en señalar que tenemos una situación conflictiva en el Atlántico Sur.
Un excelente criterio de gobierno es desarrollar una política de distensión en esa área; empezando por aquella iniciativa que sonó hasta graciosa en sus comienzos, sobre todo para aquellos que no la entendieron bien, en colocar la cuestión Malvinas debajo de un paraguas, por ejemplo.
Tenemos una situación de conflicto en el Atlántico Sur, ¿por qué no podemos pensar en la escalada del Atlántico Sur? No solo porque hay una enorme disparidad de medios. Es que cualquier situación de tensión en el Atlántico Sur, sea alrededor del petróleo, de la pesca, de lo que fuere, generaría inmediatamente la cancelación del crédito argentino, la corrida bancaria, la presión sobre el tipo de cambio, etc.
Se nos derrumba nuestro país por el costado económico débil, extremadamente vulnerable, frente a cuestiones que de repente tienen una índole de asuntos de defensa.
Entonces creo que valdría la pena llamar la atención y dedicar en la agenda un espacio a tratar de ver cómo se interconectan las vulnerabilidades económicas, financieras, tecnológicas, de inversión, etc., en la Argentina hoy, con la problemática de la defensa.
Lo segundo que quiero mencionar es que comparto la caracterización sobre el avance, la mejora, el progreso en materia civil-militar y en particular comparto la idea de que se ha avanzado en términos de verdadero profesionalismo, como decía el Senador, de recuperación de prestigio de las Fuerzas Armadas. Creo que se atravesaron en este período de regreso de la democracia situaciones sumamente tensas en materia de relaciones cívico-militares. Efectivamente se avanzó y se consolidó.
Ahora bien, debe hacerse una distinción entre lo que ha pasado en el campo de las propias Fuerzas Armadas y lo que pasa en el campo del sistema institucional, que está tratando de servir a este relacionamiento, y de la práctica de los propios actores.
He trabajado abundantemente en los últimos años sobre el concepto de mora de la clase política y de, no diré insuficiencia, pero quizás deficiencia del sistema institucional que media la relación entre Fuerzas Armadas y sistema político.
Por eso tendría precaución en este punto. Creo que se ha avanzado enormemente en términos de legislación, de disponibilidad para la subordinación de las Fuerzas Armadas, pero que sigue habiendo algunas cosas sobre las cuales valdría la pena trabajar para mejorarlas.
Yo tengo en la cabeza que el sistema, el modo, que mejor sirve en el relacionamiento Fuerzas Armadas y sociedad, o Fuerzas Armadas, sistema político y sociedad, es la modalidad de control civil objetivo; y creo que no estamos todavía plenamente instalados en una situación de control civil-objetivos.
No se identifica (Leon??): Yo no voy a elogiar al Senador una vez más, sino va a quedar muy engreído, ya que todos han reconocido con diferente entusiasmo en su charla la ruptura de esta burbuja de la cual estuvimos alrededor durante cuatro años, como en El Castillo, de Kafka.
Es bastante obvio, y varias veces se ha dicho acá, que el área de defensa es un área completamente retrasada en los dos gobiernos últimos constitucionales, sin excepción.
El primer gobierno presidido por el Dr. Alfonsín tuvo dificultades muy grandes de tipo político, y el gobierno del Dr. Menem, por lo menos en su primera etapa, ha avanzado enormemente en otras áreas del Estado y sin embargo no ha avanzado significativamente en el área de la defensa.
El área de defensa no se ha corregido, se ha podado.
Voy a dar un ejemplo un poco grosero. Se ha tomado a un elefante, se le ha cortado la trompa, las orejas, las patas, la cola, pero sigue siendo un elefante, aunque paralítico. Es decir, no ha habido un rediseño de la Fuerza, sino simplemente una cruda poda del presupuesto. Esto es sumamente notable, sobre todo en el segundo período constitucional, el cual estamos transcurriendo.
Es evidente que eso no implica una solución ni implica un agotamiento progresivo de un modelo que estuvo formulado adecuadamente hace cuarenta años y que no pareciera responder, o no resiste el análisis, de las circunstancias actuales, donde precisamente el problema del equilibrio estratégico quizás no deba evaluarse en la forma clásica. Es decir, evaluarse en el sentido de que mi vecino tiene tantos tanques, tantos soldados, tantos camiones, tanta artillería, y yo tengo que tener la misma cantidad o más. Eso suele ser un método muy peligroso, que lleva muchas veces a carreras armamentistas.
Tenemos que repensar todo el modelo de la Fuerza, y en ese aspecto esta exposición es muy importante, porque ha puesto por lo menos la indicación de hacia dónde es la cosa, que es un remodelamiento de las Fuerzas, que por supuesto debe llevar estudios y tiempo relativamente prolongado; pero que precisamente por ser prolongados tienen que empezar ya mismo y no dejarlos para mañana ni para pasado.
De la exposición del Senador podemos hacer algunas notas de pie de página. Por ejemplo, ¿cuál es el tipo de Fuerzas que se deducen de ella?
La concepción estratégica de nuestro país ha sido expuesta esporádicamente en diferentes circunstancias por el Presidente de la República y está basada en documentos cuyo origen es el Ministerio de Relaciones Exteriores y no el Ministerio de Defensa.
Hay una actitud que está implícita y tiene mucho que ver con lo señalado por el Senador Vaca. ¿Qué tipo de Fuerzas entonces?
Lo más obvio es que las Fuerzas Armadas son permanentes, de resorte exclusivamente nacional, cuya misión fundamental es combatir y ganar. Todo lo demás que está alrededor de las Fuerzas Armadas tiene ese único objetivo, desde los uniformes pasando por el armamento, la educación, el entrenamiento físico, la ideología... todo. Todo eso sirve para preparar hombres para combatir, por eso la misión de las Fuerzas Armadas, y aquí quizás tenga una pequeña divergencia con el Sr. Brigadier, es preparar al hombre para combatir y no para administrar empresas, ni manejar vuelos, ni cuidar otras cosas, porque esa tarea es lo suficientemente seria como para que sea exclusiva. Esa es la esencia de la profesión militar. No lo es administrar fábricas, ni producir, ni estimular industrias, menos al nivel al cual nuestro país ha llegado. Lo esencial es combatir y en los términos de la concepción que nos ha diseñado muy rápidamente el Senador, tener unidades muy pequeñas, con movilidad estratégica, con potencia de fuego, interoperables todas, quizás concentradas en guarniciones y con mando conjunto. Eso se me enseñó acá específicamente.
Si pensamos que el 80% del presupuesto de las Fuerzas Armadas, que es reducido, inflexible, un dato externo que no podemos modificar los que estamos interesados en la defensa, se dedica a personal, la única manera de reducir es justamente por ese lado. Eso es lo más doloroso, lo más difícil, porque cuesta mucho dinero formar a un oficial y no se puede formar a un coronel, o a un teniente coronel, o a un admirante, o a un comodoro, en 45 días, sino que se necesitan 25 años. Esa relación los tiene que tener listos para combatir permanentemente.
Allí se nos plantea un dilema muy difícil de solucionar. Sé que hay estudios que tratan de solucionar este problema, como que también hay que solucionar el problema de nosotros, los retirados, que estamos pesando en ese 80% del presupuesto de defensa.
Lic. Rut Diamint: Esta discusión me genera ciertas preocupaciones, porque pienso por un lado, que esto va a volver a plantear un tema que nunca quedó demasiado aclarado: si son o no necesarias las Fuerzas Armadas. Por otra parte, el tema de la conjuntez va a generar, me parece, algún tipo de reticencia de las Fuerzas Armadas a integrarse.
Otra de las cosas importantes para tener en cuenta, porque creo que esto genera preguntas que van muy directamente a la supervivencia, es lo que deben percibir las propias Fuerzas Armadas acerca de este debate.
Por otro lado, otro tema interesante, es el referido a con qué actitud estratégica se va a empezar a debatir.
Mi otro miedo mío es que a veces nos cuesta mucho empezar a trabajar acerca de por dónde plantearse el tema de la reforma, por dónde empezar a trabajar a corto plazo. ¿Tenemos que primero comenzar a discutir lo global, la estrategia nacional y el poder político?, ¿o tenemos que trabajar hoy una realidad inmodificable de, por ejemplo, los famosos cinco hospitales militares?
Espero que este tipo de cosas que nunca se pudieron poner en funcionamiento en la discusión no congelen la posibilidad de empezar a ponernos de acuerdo en algunos puntos, aunque no sean las grandes estrategias políticas, por supuesto que teniendo como marco que hay (a pesar de quienes descreen de este nuevo orden, códigos y valores dentro del orden internacional) una serie de países y regiones que están trabajando en medidas de cooperación, en ponerse de acuerdo en transparentar sus mutuas políticas de defensa.
No se identifica: En primer lugar, para dar una clara demostración de la subordinación militar al poder civil, no lo voy a elogiar al senador, ni tampoco lo voy a criticar. Ahora, yo diría que a título estrictamente personal, cosa que es difícil porque estoy en actividad, coincido prácticamente con todo lo que se ha dicho, en especial con lo que ha dicho el Sr. Senador. Lo único que voy a tratar de hacer, en lo posible de la manera más breve que pueda, es aportar algunos datos.
En el mundo moderno el conflicto es cada vez más económico que militar, o más bien esto es más visible, pero de todas formas lo militar no está ausente.
Dentro de este parámetro primero tenemos que relacionar cuál va a ser el esfuerzo de defensa en función de lo que queremos defender; cuál es el valor de nuestro potencial que queremos defender, y por eso tenemos que definir hasta dónde podemos gastar y cuánto podemos gastar. Creo que es lo que se usa en el mundo moderno, que es la relación gastos de defensa o presupuesto de defensa, para hablar con mayor propiedad, con el PBI. De todo lo que hemos investigado puedo afirmar que siguiendo las técnicas de presupuesto de defensa que usa la OTAN, por debajo del 1% del PBI no existe ningún sistema de defensa. Luxemburgo, que creo que tiene bastante diferencia con nosotros, tiene 1.1 del PBI. Por debajo del 1% del PBI no existe un sistema de defensa.
Los números que mencionó el Sr. Senador, que obviamente ha producido economía, nos ubicarían en 0.7 del PBI.
Según los números de 1994 -desagregando fronteras, Antártida, Defensa Civil, función seguridad-; o sea tomando estrictamente defensa y según la norma de presupuestación de la OTAN, estuvimos en 1.15 del PBI.
Lo que mencionaba el Sr. Senador que prevé en defensa Economía es prácticamente 0,7%, lo que es imposible. Es imposible a los valores mundiales.
En cuanto a la conjuntez y lo que hay que mantener cerrado y hay que mantener abierto, se logra perfecta y exclusivamente a partir de lo que definió el Sr. Senador: la administración centralizada de los recursos. Yo no voy a tener una escuela de aviación abierta si me cuesta más que mandar a formar el piloto a otro lado.
Como hoy no existe administración centralizada de los recursos y, lo que es peor, no hay presupuesto, yo mantengo abierta la escuela de aviación porque me genera presupuesto, y mantengo abierto el hospital porque me genera presupuesto. Cuando me salga más barato internarme en otro lado y la economía se revierta en mi mejora, la conjuntez aparece en no más de un año.
A mi afirmación un poco peligrosa de que no hay presupuesto, por las dudas le aclaro lo que quiero decir: una cosa es la ley de presupuesto que aprueba el Congreso con su esfuerzo y discusión, y otra cosa es lo que sucede en la realidad, que no tiene absolutamente nada que ver, ni con los números que publica la ley de presupuesto, ni con lo que las fuerzas tienen asignado, ni lo que las fuerzas pueden ejecutar de su presupuesto. Ese 1.15 del presupuesto de 1994 no fue lo ejecutado, sino lo que fijaba la ley de presupuesto. Lo ejecutado está debajo del 1.0 y por eso no hay sistema de defensa.
Dr. José Miguens: Primero quiero agradecer al Sr. Senador por su exposición, porque acotó muy bien los problemas, lo cual le permite discutir pragmática y concretamente estas cosas. Pero quisiera que me aclarara si esa proyección a 5 años del presupuesto era 2% anual acumulativo de aumento.
Senador Vaca: No, es 0.5.
Dr. Miguens: Pero subordinado al aumento del 4% anual del PBI, lo cual es bastante plata si ese PBI aumenta.
Ahora bien, yo propondría salir de esta cultura agraria cerrada. No hay que estar peleando si va a ser 0,1 comparado con el otro, que saca 0.2; tendríamos que empujar todos para adelante ,para que en lugar del 4 sea 6% el aumento del PBI, y tengamos entonces todos más para repartir.
Es decir, voy al hecho de que los países modernos se caracterizan por actitudes como esta: lo importante no es pelearse para ver quién se lleva un pedacito sacándoselo al otro, sino aumentar al máximo el total.
Fernando??: A título de elogio voy a decir que me siento identificado como participante de este Seminario, con estas conclusiones. Pero primero quiero contar una pequeña anécdota.
Hubo una vez un Jefe de Estado Mayor que al asumir su cargo se encontró con un problema agobiante dentro de la coyuntura. Entonces alguien le arrimó la idea de congelar la coyuntura y lanzar el pensamiento a futuro, porque eso le iba a permitir orientar la coyuntura.
Así lo hizo, y surgió un pensamiento estratégico naval, como para poder moverse.
Esto es lo mismo, e interpreto las palabras del Senador no como iniciadoras del debate sino como conclusión del mismo, porque cada una de las cosas que dijo fueron mencionadas en estos años. El las ha extractado en una forma tal que casi está dando el puntapié inicial para la reforma de las Fuerzas Armadas.
Nos habla de lanzar las fronteras a la región. Nos pinta un panorama de la situación argentina que parecerían factores de debilidad, pero que son en esencia factores de fortaleza como para tomar decisiones dentro de la región.
Nos indica que estamos parados en un punto donde no podemos volver a las Fuerzas Armadas de antes ni podemos proyectarlas con rapidez hacia el futuro; pero donde tampoco podemos quedarnos parados, porque eso es sucumbir. Es decir, que hay que orientar por lo menos el pensamiento estratégico de las Fuerzas Armadas.
De ahí en más la cosa es mucho más fácil.
Primero habló de lanzar las fronteras hacia la región e hizo una insinuación de que de alguna forma se puede interpretar como un renunciamiento de las Fuerzas Armadas a tener la capacidad de invasión a cualquier país de la región. Es decir, una castración de poder muy importante.
Dijo también que era factible la afirmación de factores de planeamiento geográficos por sobre los históricos.
Esto, que parece un slogan, tiene una capacidad de aventar las viejas estructuras. Es decir, hay una realidad geográfica que es el Atlántico sur. Y hay otra realidad, que es Inglaterra en el Atlántico Sur como un enclave, con una capacidad potencial de conflicto.
Si esto es así, vamos a estar en mejores condiciones en un sistema integrado de defensa en la región, donde vamos a tener el Atlántico Sur, que no es exclusivamente argentino; y no vamos a necesitar toda la marina del mundo para poder protegerlo, sino que vamos a trabajar en cooperación y operatividad combinada con otras fuerzas, para tener dentro de la región, con menores recursos, una mejor capacidad de integración.
Es decir, que hay un base política muy importante como para ampliar este criterio.
Yo noto que hay una fuerte resistencia, y a lo mejor estoy equivocado, porque me estoy adelantando a los tiempos, pero creo que con el trabajo y la política global del país puede llegar a concretarse una nueva visión total de la defensa, que obligue a cambiar totalmente el pensamiento acerca del fantasma de Chile y Brasil, y la vehemencia en estructurar Fuerzas Armadas para la integridad territorial. Hay herramientas que han surgido últimamente en el mundo para defender la integridad territorial sin necesidad de las Fuerzas Armadas.
No se identifica: Quiero puntualizar que cuando hablamos de modelos visualizo dos de ellos hasta ahora: uno aplicado en lo que podríamos llamar el período militar, desde 1945 en adelante, y un otro que se viene aplicando en el período de la democracia.
El modelo de desarrollo ha tenido en cuenta en ambos períodos la falta de capital propio en los países latinoamericanos, incluida la Argentina, por supuesto.
En el período militar se dijo que para el desarrollo necesitábamos esas inversiones extranjeras, que para esas inversiones necesitábamos estabilidad, y que para la estabilidad necesitábamos seguridad.
Vincularon el desarrollo a la seguridad y como expresión de esta doctrina se creó el Consejo Nacional de Seguridad, el Consejo Nacional de Desarrollo y todo tipo de planteamiento de posibilidad de inversión o de negocio, que salía de los cánones ligados a este concepto crítico, fue dejado de lado. Los resultados en cuanto a desarrollo se refiere ya los conocemos.
Cuando se produce la reinstalación del sistema democrático, se piensa en un cambio que puede venir de afuera hacia adentro. Y para esta misma posición de falta de capitales, para poder atraerlos, se dijo que el desarrollo estaba ligado a las inversiones, las inversiones a la estabilidad y la estabilidad a la cooperación, como si abriéndonos al escenario de cooperación internacional pudiera venir un cambio de afuera hacia adentro.
Creo que los cambios reales no son de afuera hacia adentro sino de adentro hacia afuera, y analizando modelos de desarrollo de otros países (que pueden ser aplicados a nuestra región y a nuestro país particularmente), veo -por ejemplo en el modelo americano- que el núcleo de pensamiento no está ligado a ninguno de los valores que hemos analizado, ni en el modelo militar ni en el democrático.
El modelo de desarrollo americano está ligado directamente a la libertad con responsabilidad y a la justicia con eficacia.
Tengo otro comentario, respecto a la expresión del Sr. Senador, de que nuestro sistema de defensa se encuentra al borde del colapso. La comparto ampliamente, pero quisiera caracterizarla un poco más.
Hasta donde conozco, en toda alianza o acuerdo, como en este caso el Mercosur, la coherencia se da hacia el actor -el país- de mayor peso específico; y la realidad Argentina hace que en su vinculación con el Mercosur, el país de mayor peso específico sea Brasil. No estoy hablando nada más que de volumen.
Lo que estamos viendo como parte de este colapso que hace mención el Sr. Senador, es que uno de los países, concretamente Brasil, no actúa en pie de igualdad, sino que se pone en una posición de primus inter pares.
No se identifica (almte Garcia???): Pero los ejércitos de ocupación tienen que desaparecer. Cuando la estructura política abarca íntegramente un país como es la Argentina, cosa que no sucede en Brasil ni sucede en Chile, estamos en condiciones de ver la realidad histórica.
Si estamos hablando de un perfil histórico de Fuerzas Armadas, con despliegue de colonias, con despliegue de ocupación, despliegue de colonización, que no lo necesitamos más, pueden ser aprovechadas esas energías en otro sentido.
Ese es el sentido de lo histórico, y que en lo geográfico -como se dijera anteriormente- es la realidad de nuestro Atlántico Sur, de nuestros espacios vacíos, o de nuestro extendido territorio. De ahí la importancia de ponderar para los perfiles de las Fuerzas Armadas y el análisis y la nueva estructura, lo geográfico por sobre lo histórico.
No se identifica: Usted almirante sabe como nadie qué es lo yo que pienso con respecto a los intereses argentinos en el mar. No me olvido en ningún momento de los espacios y voy a llegar a ese punto.
Siguiendo con el análisis y con este tema de la coherencia y el peso específico, en el Cono Sur de los tres actores (Chile, Argentina y Gran Bretaña), el país con mayor peso específico, con mayor coherencia en la aplicación de política, es Chile, y hacia ese punto en nuestra región austral se están dando las coherencias de políticas. Siempre nos reflejamos en qué hace Chile.
Argentina no puede tener un divorcio entre su Cono Sur y su Mercosur, su región del sur y su región del Mercosur. Si el sistema de defensa está al borde del colapso es por una ausencia de política, y creo que en este punto es saludable que el señor Senador haya dado el puntapié inicial, no por el lado de los números, sino por el lado de los principios.
Argentina necesita una política de defensa y una política exterior que contrabalancee esta actitud brasileña, que a lo mejor se debe pura y exclusivamente a la ausencia de una política argentina. Esto lo tenemos que analizar puntualmente más adelante, pero la forma de integrar nuestro territorio y de brindar seguridad total e integral es coordinando una política, teniendo una política de defensa que una nuestra realidad del Cono Sur y nuestra realidad del Mercosur.
El último punto hace referencia a la expresión del Dr. Lagorio, cuando habló de "republicano".
Si somos realistas podemos decir que en esta reunión están expresados todos los pensamientos que existen en materia de defensa en la Argentina. No es una reunión parcial sino total, y el Congreso de la Nación es presencia y representación del pueblo, y creo que esto es muy importante tenerlo en cuenta a los fines de lograr este consenso, que por primera vez veo en una reunión aquí, en Buenos Aires.
Ligado a ese consenso queda el fundamento esencial para poder avanzar en este tema de definición de una política de reestructuración de Fuerzas Armadas, que a partir de allí va a poder dar la política de defensa. Y para esta reestructuración de las Fuerzas Armadas, por una apreciación jurídica, digo que nuestras Fuerzas Armadas deben ser consideradas como un problema nacional, no es un problema que no esté ligado a lo federal; deben ser regulares porque están reconocidas por nuestra constitución; deben estar insertas dentro de lo que es el marco jurídico-político y deben ser institucionales en función de los espacios distintos en que deben funcionar: aire, mar y tierra.
Es muy importante tener esto en cuenta para los efectos de la conjuntez.
Pero además hay otro aspecto que hace al diseño, despliegue, presupuesto, etc., y es que nuestras Fuerzas Armadas deben ser profesionales, modernas, y adecuadas a dos valores: lo necesario y lo posible.
Recién en este punto, de adecuación a lo posible, es donde está involucrado el tema del presupuesto.
Lic. Luis Tibiletti: Se habló mucho acerca del problema del equilibrio del poder militar y básicamente, para ser muy claro, de cómo cierra en este problema el tema de Chile.
Lamas dio recién una forma de lectura. No había visto ese juego cono sur-Mercosur desde el punto de vista intelectual y creo que es interesante. Pero me interesa decir que uno de los temas que tenemos que discutir, porque quizás es el único punto de supuesto estratégico, o de los supuestos estratégicos que mencionó el Senador, es el de expandir la frontera de seguridad.
Habrá distintas formas, distintas posiciones, pero en realidad existe una cierta una concepción de que esto es estratégico para la Argentina. Pero surge inmediatamente el problema del poder militar y del debate sobre Chile.
Este es un punto que debemos ser capaces de analizar en profundidad.
Analizar el equilibrio militar entre Argentina y Chile, aún incorporándole los elementos meramente contables, habituales, de la aptitud, de la capacidad, todos esos elementos cualitativos, y no tener en cuenta el desequilibrio geográfico que la naturaleza le puso a Chile en términos de su escasísima profundidad estratégica, creo que lleva a que nunca podamos resolver el problema.
Digo esto con toda sinceridad, como alguien que en el 78 estuvo en la frontera esperando el día "D": los argentinos tenemos que hacer un análisis muy profundo de cuál es el grado de defensa que, dada la falta de profundidad estratégica, le aceptamos a Chile sin que implique para nosotros desequilibrio militar.
Si no somos capaces de resolver esto, toda nuestra reestructuración del sistema de defensa va a ser muy difícil, porque este fantasma aparecerá siempre.
Alberto??Luchessi??: Mi intervención es para tener una discordancia con el señor Senador, que me parece necesario aclarar porque el tema se ha venido repitiendo en otras reuniones, y está relacionado con la actitud defensiva.
Yo no comparto que en el nivel estratégico militar de antemano se adopte una actitud estratégica defensiva. Eso tal vez guarda relación con la actitud política de acercamiento con los vecinos, de buenas relaciones, etc. Pero decidida la guerra, la situación es igual a una que presencié el otro día: un camión venía apurando a un conductor, y cuando éste se decidió a dar batalla tenía dos posibilidades: huir o ganarle de mano. Entonces es muy importante que a la carencia de medios no le sumemos otra limitación más, como es subir a un boxeador con una mano atada, al ring.
Creo que es posible una actitud ofensiva y una actitud defensiva. Eso es importante por el diseño que luego va a tener el instrumento militar.
Senador Vaca: a medida que avanzaba el debate vi cómo crecía la lista de quienes se querían expresar. Me hubiera gustado contestar algunas cuestiones, o más bien referirme más que contestar, porque he tomado todo como cosas complementarias a las que yo he dicho.
Respecto del "control civil objetivo", creo que "control político objetivo" es más ajustado. El civil creo que mantiene una innecesaria visión. Creo que lo que hay aquí es un poder político.
Me hubiera gustado decir que estoy de acuerdo con que que no falta mucho para recorrer, y por eso planteamos que la discusión es de la reestructuración del sistema de defensa, no de las Fuerzas Armadas, y es por eso que empezamos por el Ministerio de Defensa y por eso decimos que tiene que ser el órgano central de la defensa. De todos modos creo que tampoco tenemos que tener una visión pesimista, porque hemos avanzado también en este terreno.
Voy a dar un ejemplo doloroso, porque reabre una discusión innecesaria, pero que me parece que hace al control político, como es la negativa del Senado de la Nación a proceder a brindar el acuerdo a pedidos de ascensos para los capitanes Rolón y Pernías (2). Sin entrar a discutir el fondo de la cuestión sobre la corrección o incorrección, justicia o injusticia de la decisión tomada por el Senado, lo cierto es que se está aplicando un mecanismo institucional y todo siguió funcionando adecuadamente.
Me parece que es un avance importantísimo el que hemos hecho con esto. Nadie ignora que no hay un control cierto si no hay un adecuado seguimiento presupuestario, y recién hoy estamos empezando a tener instrumentos como el montado en Hacienda, que nos permite ir haciendo el seguimiento de la ejecución presupuestaria en tiempo real, porque si no podemos hacer eso no hablamos de nada. Estamos hablando de cosas que ocurrieron en el pasado y como tales son irreparables.
Hice una afirmación de la que estoy bastante persuadido, pero que no es dogmática, cuando dije que la actitud estratégica debe ser defensiva. Vamos a discutir cuáles son las capacidades ofensivas que conservamos, porque si bien comparto con el brigadier Corino que lo central de que algo sea ofensivo o defensivo está en la actitud, en la prudencia y en la sabiduría del que conduce, siendo usted un hombre de la Fuerza Aérea sabrá mucho mejor que yo que no es la misma la capacidad de un cazabombardero que la de un cazainterceptor, y a lo mejor extremando mi posición diría: vamos a munirnos de 200 cazainterceptores, y a lo mejor no es esa la solución que hay que tomar. Quiero decir, comparto alguna preocupación suya en el sentido de las definiciones en este terreno.
A la reflexión que sí quiero referirme contradictoriamente es a la que se da de modo larvado en lo que dijo el Dr. Ugarte y que después reiteró el Sr. León de modo mucho más enfático. Dijo José Manuel que no se podía pensar en una transformación si no se amplían los recursos. Lo dejé pasar porque es propio de un miembro del partido opositor; cuando uno está en la oposición hace ese tipo de afirmaciones con más soltura que cuando está en el gobierno. Y tomó forma muy severa en el Sr. León.
Y me preocupa en los dos casos, porque ambos son asesores de la principal fuerza de oposición.
Señor León: Usted habló de eficacia y de eficiencia, y dijo que había que ser eficaz.
Usted puede ser muy eficiente, hacer las cosas muy bien, pero no ser eficaz. La eficacia necesita de muchos medios para ser realizada, o de determinados medios, mientras que la eficiencia en algunos casos no. Entonces, si usted no tiene esos medios, no logra la eficacia, fundamentalmente en el tiempo.
Lo que quise decir es que mi duda es como podíamos llegar a lograr esto con un presupuesto donde un 80% es de personal.
Senador Vaca: Claro, porque hasta ahora uno de los obstáculos que hemos tenido para avanzar son las limitaciones insuperables del costo de la transformación. Hasta ahora uno de los argumentos insuperables era que esto costaba mucho, y lo cierto es que debemos empezar a discutir cuánto cuesta y después veamos de dónde vamos a ir sacando los recursos, sabiendo que durante un tiempo vamos a tener cierta limitación, que iremos convenciendo probablemente a la sociedad de otras actitudes, si hacemos las cosas que tenemos a la mano realizar y que todavía no realizamos. Aquí se han mencionado algunas, que no voy a reiterar, pero se habló de administración centralizada, se habló de la cuestión de personal; todas cuestiones que en el seno de las Fuerzas ya están siendo debatidas. Pero me pareció importante que esto no sea obstáculo.
Debatamos y demos toda la vuelta que sea necesaria. Era el único tema que me preocupaba de los disensos planteados y las demás las acepto como agregados a lo expuesto. Y con respecto a esto quiero plantear lo siguiente, y es que aprendí, ya hace mucho tiempo que cuando alguien dice "muy bien lo que dijo Fulano" es porque ese Fulano está diciendo lo que uno quería decir. Nadie lo dice si éste dijo lo contrario a lo que uno piensa. Reitero entonces lo que dije al iniciar la conversación: no hice más que devolver con algún ordenamiento lo que durante cuatro años fuimos conversando entre todos. No pretendo originalidades de ninguna manera, y pienso que eso es lo que de modo motivó lo que creo que es un inmerecido elogio, porque realmente ha sido el trabajo de todos.
Y les reitero que sobre la base de este acuerdo sustancial que hemos ido alcanzado durante estos 4 ó 5 años empecemos la parte más peliaguda de nuestro propósito, que es avanzar en precisiones, ya no por los arrabales de la reforma sino por la reforma misma, en el menor tiempo posible, porque lo del colapso no es ninguna figura literaria, sino que creo que es la percepción que tenemos todos.
Además creo que es la percepción que tienen nuestros propios jefes. Si yo hubiera podido estar influido por algún tipo de literatura no adecuada, estas dudas se disipan cuando hablo con los jefes; hoy hemos estado hablando de una hipotética, lejana, casi imposible confrontación con Chile (pero que se inscribe dentro del marco de lo que a lo mejor alguna vez es). Y lo cierto es que hoy no necesitamos elegir a Chile para decir que estamos en una situación difícil. Podemos elegir a cualquier otro vecino para decirlo.
Razón ésta por la cual reitero mi invitación, que espero se continúe cuanto antes, de acuerdo a cuando así lo dispongan los coordinadores de esta reunión, y les agradezco el haber podido mantener durante todo este tiempo este esfuerzo, que como ustedes ven ha dado frutos. Muchísimas gracias.
(1) N. de la R.: a la fecha, estas audiencias se hallan en su etapa final.
(2) N. de la R.: oficiales de la Armada Argentina acusados de violación a los derechos humanos en época del Proceso de Reorganización Nacional, incluídos en los alcances de las leyes de obediencia debida y punto final.